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La Política me da risa
 


Por YAZMÍN ALESSANDRINI

ABURRIDO DEL SEXO

14-Mar-2018

ABURRIDO DEL SEXO

            Sin duda alguna se trata de uno de los terrenos más espinosos de la sexualidad humana, sobre todo de la masculina, porque los estereotipos nos han (mal) enseñado por generaciones que los hombres son depredadores sexuales por naturaleza y que sin importar la edad, ahí tienen el caso específico del actor Anthony Quinn que a sus 81 años fue padre por décima tercera ocasión, los varones siempre están pensando en el sexo sí o sí

            Pero como si se tratase de una epidemia, en los últimos años se han presentado numerosísimos casos de hombres que, ¡sí, ver para creer!, están confesando sentirse completamente aburridos de tener relaciones sexuales. Y, ojo, ¡mucho ojo! no se trata de caballeros que ya se cansaron de la rutina íntima con sus parejas (novias y/o esposas) o que están sintiendo curiosidad por explorar terrenos homosexuales. Nada de eso. A lo que me estoy refiriendo es a una gran cantidad de varones que a partir de cierta edad, más o menos ubicados en el radar del cuarto piso (los 40 años), no quieren saber absolutamente nada de tener sexo… ¡con nadie!

            ¿Y cuáles son las causas que están detonando esta condición? Pues ciertamente son varias y de diversa índole, por lo que cada caso que se presenta debe ser evaluado, jugado y diagnosticado de forma natural, aunque en líneas generales podemos señalar que en un altísimo porcentaje lo que se presenta en una primera instancia es un decremento en la generación de testosterona que, como todos sabemos es una hormona esteroidea sexual que se produce principalmente en los testículos de los machos mamíferos y sirve para regular el deseo sexual y la apariencia física de un hombre.

            Al descender los niveles de ésta (de la testosterona) el hombre de inmediato ve mermada su respuesta sexual y esto se presenta a partir de los 40 años de manera natural, aunque en varios caballeros este decremento se potencializa de forma por demás dramática al ser muy acentuada esta disminución de la líbido. Sin embargo, ésta no es la única causa que puede provocar que los varones pierdan interés en el sexo.

            Así las cosas, también podemos considerar dentro de estos factores el hecho de que un hombre puede iniciar su vida sexualmente activa a edad muy temprana, probablemente en la pubertad, por lo que la falta de interés en el sexo también pueda atribuirse a que éste deja de ser valioso en su escala de prioridades porque se trata de una actividad que ha realizado desde hace muchos años y tan frecuentemente que, llegado el momento, deja de interesarle parcial o totalmente. Y esto bien lo podríamos ejemplificar con una muy sencilla analogía: ¿Alguno de ustedes se aburriría de comer tacos al pastor durante tres veces a la semana por espacio de 25 o 30 años? Muchos responderán afirmativamente.

            Igualmente, también podemos atribuir la falta de interés hacia el sexo por el cúmulo de estrés que pudiera estar manejando cada individuo en este tipo de dinámica, porque si bien es cierto que la actividad sexual es uno de los desestresantes naturales más efectivos, tenemos que entender que todas las personas le otorgan a éste una importancia y un poder totalmente distintos, por lo que es digno de ser tomado en cuenta siempre que un hombre que pertenece a nuestro primer círculo de afectos comienza a mostrar desinterés en el sexo porque definitivamente algo no está marchando adecuadamente.

            Y no olviden que todos jueves a punto de la medianoche y los domingos a la 1:00 de la madrugada los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable preferido para verificar nomenclatura del canal).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 


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25-Jul-2018

SABIA VIRTUD DE CONOCER EL TIEMPO

            ¿Se han dado cuenta que desde tiempos ancestrales el ser humano (los hombres y las mujeres por igual) vive obsesionado por el tiempo, las consecuencias de éste y cómo la impaciencia por no saber esperar las circunstancias adecuadas para tomar las decisiones correctas le hacen pagar facturas altísimas a lo largo de toda su vida, olvidando por completo que el verdadero secreto de la felicidad está completamente reñido de aquellas situaciones en las que permitimos que la precipitación se convierta en la protagonista principal de la existencia?

            Cuando somos niños anhelamos con todas nuestras fuerzas convertirnos en adultos para poder hacer lo que se nos pegue la gana y así ya no tener que ceñirnos a las reglas de los mayores y cuando por fin crecemos, nos emancipamos y el peso de los compromisos y las responsabilidades nos apabulla, cerramos los ojos, suspiramos y deseamos vehementemente volver a ser unos pequeños cuya única “obligación” era obtener buenas calificaciones, sacar a pasear a nuestra mascota y no maltratar los zapatos…

            Sí. Se trata de un ejemplo como muchos en el que el tiempo juega un papel medular. Sin embargo, lo cierto es que el Padre Cronos es tan relativo como caprichoso con todos aquellos que esperamos algo de él. Queremos tener hijos y nietos como el vecino del departamento de al lado cuando lo cierto es que apenas llevamos un par de años de casados; y lo mismo pasa con aquellos que quisieran andar de “mochilazo” por Europa como algunos de sus compañeros de la preparatoria, pero la carrera de medicina que eligieron estudiar les exige un esfuerzo que requiere dejar de lado aquellas actividades que otros sí pueden realizar.

            El tiempo es relativo, ese es un hecho incontrovertible. Como lo es también aquella circunstancia intrínseca en la condición humana de que cada quien tiene que vivir a su ritmo y a su tiempo, más allá de lo que hagan o lo que tengan los demás.

            Tenemos que aprender a disfrutar y a valorar todo aquello que el tiempo nos permite vivir, porque nada nos garantiza un reloj de marcha interminable o que nuestra situación no podría tornarse, de un día para otro, en una difícil madeja de complejidades a causa de una enfermedad incurable, una bancarrota, una ruptura sentimental o la pérdida irreparable (muerte) de un ser amado. Por eso, lo mejor que podemos hacer es apropiarnos apasionadamente de nuestras propias decisiones y permitir que los demás hagan lo mismo con las suyas, porque a la larga resulta sumamente frustrarnos permitir que otros decidan por nosotros o, peor aún, hacer caso a los demás y vivir a su manera y no a la nuestra.

            Hay que entender al tiempo como un recurso natural no renovable. Es algo así como el obsequio más valioso que nos pudo regalar la biología. Cada minuto, cada hora, cada día, cada semana, cada mes, cada año, una vez transcurridos, con sus vivencias, sus sinsabores, sus silencios, sus enigmas y las decisiones tomadas y no tomadas, una vez que se hacen presentes y se diluyen, no los veremos de vuelta nunca. Por eso es importantísimo que podamos dimensionar en su justa preponderancia la contundencia del tiempo, no del reloj y las horas que éste marca, sino de esa intangible urgencia que tenemos que encontrar para verdaderamente aprovechar nuestro paso por este mundo y el rol que nos ha tocado interpretar en nuestra propia vida y en la de los demás también.

            Y el tiempo es tan relativo que el siguiente ejemplo, es tan contundente como nítido: Los dos presidentes más recientes del país más poderoso del mundo, los Estados Unidos,  Barack Obama y Donald Trump. El primero se retiró de la política a los 55 años y el segundo entró en ella a los 70 años. Por eso, es totalmente cosmético ser joven de edad o de espíritu o sentirse un alma vieja o caminar con la ayuda de un bastón. Lo importante es cómo interpretas tu tiempo y tu lugar.

            Y a ti… ¿qué tal te va con tu tiempo?

            Y no olviden que todos jueves a punto de la medianoche y los domingos a la 1:00 de la madrugada los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable preferido para verificar nomenclatura del canal).

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13-Jun-2018

¿CUÁNDO MENTIR Y CUÁNDO DECIR LA VERDAD?

            Desde muy pequeños, dentro de todo ese cúmulo de conceptos y valores que se nos inculcan dentro  del seno familiar, se nos ha enseñado que decir la verdad “es algo bueno” y decir mentiras “es algo (muy) malo”. Sin embargo, una vez que nos convertimos en adultos, los sucesos, situaciones y circunstancias a los que nos va encaminando y enfrentando la vida nos muestran que no siempre nos va a resultar tan conveniente aliarnos todo el tiempo a la verdad y tampoco nos va a ser tan perjudicial escudarnos una que otra vez en alguna mentira. Y es que, si partimos primigeniamente de que éstas (la verdad y la mentira) son cuestiones meramente subjetivas, lo importante es entender que todo aquello que hagamos vaya impregnado de congruencia para no lastimar a los demás y, por supuesto, no lastimarnos a nosotros mismos.

            Recalando exclusivamente en el terreno de las definiciones y las descripciones, entendemos por la verdad a aquello que usamos informalmente para significar la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere​ o la fidelidad a una idea, término se usamos en un sentido técnico en diversos campos como la ciencia, la lógica y matemáticas o la filosofía. Por tanto, el uso de la palabra verdad abarca la honestidad, la buena fe y la sinceridad humana en general; también el acuerdo de los conocimientos con las cosas que se afirman como realidades; por lo que las cosas son verdaderas cuando son “fiables”, fieles porque cumplen lo que ofrecen.

            En contraparte, la mentira es una declaración realizada por alguien que sabe, cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, de forma que se oculte la realidad en forma parcial o total y en función de la definición, una mentira puede ser una falsedad genuina o una verdad selectiva, exagerar una verdad, si la intención es engañar o causar una acción en contra de los intereses del oyente. Mentir es decir una mentira, por lo que esta acción, al llevarla a cabo, implica un engaño intencionado y consciente. En pocas palabras, las mentiras son conceptos equivocados de la verdad.

            Asimismo, cuando abordamos a la verdad y a la mentira en un entorno o una dinámica de relación de pareja, resulta de suma preponderancia que ambos involucrados entiendan que más allá de la enorme confianza y comunicación que deben existir para el buen desempeño de esta relación, también se debe atisbar en el manejo individual que cada uno realice de ciertos conceptos y valores, porque esto nos permitirá entender (a todos) que no hay mentiras pequeñas ni mentiras grandes y ni verdades absolutas ni verdades simples. Mentir es mentir y decir la verdad es decir la verdad, y estas dos acciones no se deberían cuantificar ni sobredimensionar por la buena salud de nuestra relación.

            Por tanto, en esos códigos no escritos que existen entre hombres y mujeres, pero que son tan valiosos al momento de hacer diagnósticos y emitir juicios sobre lo que está marchando bien y aquello que no está caminando apropiadamente, es elemental que todos entendamos que siempre habrá alguna razón de peso para decir una que otra mentira u ocultar una que otra verdad, sin importar el “tamaño” o la relevancia de éstas. Porque si algo puedo asegurarles a todos ustedes, desde mi labor en consultorio, es que me ha tocado escuchar muchísimas mentiras que han salvado matrimonios… pero también me he enterado de verdades que los han destruido.

            El nombre del juego se llama: Ba-lan-ce.

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24-May-2018

EL DILEMA DE LOS ‘ROOMIES’ DE DISTINTO SEXO

            Vivir una vida independiente, en una sociedad como la nuestra, no es nada fácil. El día a día para aquellos que viven con limitaciones (laborales, profesionales e incluso emocionales) se traduce en una constante toma de decisiones que permanentemente los obliga a readaptar sus planes y objetivos para irse allanando el camino en la búsqueda de una vida estable y exitosa.

            Por lo mismo, uno de los dilemas más complejos a los que se enfrentan tanto un hombre como una mujer es aquel que tiene que ver con, cuando la economía no les permite comprar o alquilar un sitio a donde vivir, elegir al tipo de compañer@ (ojo, no me estoy refiriendo a pareja o novi@) con el cual compartirán ese vital espacio en el que convivirán, cohabitarán, convergerán y coexistirán. Porque, en un análisis más profundo y en un intento por ver la fotografía completa de la circunstancia, no es poca cosa tomar una decisión de la que (no exagero) podría depender nuestra estabilidad emocional.

            Así las cosas, una vez que hemos contemplado aspectos tan ordinarios como lo pueden ser la administración del lugar en el que vivirán (a quién le corresponde hacer qué, cómo y cuándo) e incluso las reglas de convivencia (qué sí y qué no), cuando las circunstancias nos colocan en una posición en la cual tendremos que convivir y compartir con una persona del sexo opuesto, bien haríamos en poner límites a todo aquello que en el futuro inmediato podría representar un verdadero riesgo para este vínculo de características aparentemente fáciles de manejar.

            En primer lugar, la convivencia diaria y cotidiana entre un hombre y una mujer nos da como para poder adquirir a un nuevo mejor amigo, un confidente y hasta un paño de lágrimas cuando las cosas se pongan color de hormiga en todo sentido (problemas laborales, problemas familiares, problemas de pareja y hasta problemas existenciales). Sin embargo, esa proximidad y esa familiaridad podría convertirse en una verdadera arma de dos filos cuando nos encontremos en una posición de vulnerabilidad emocional, porque al encontrarnos con la guardia abajo, podríamos cometer el gravísimo error de inventarnos una historia donde no la hay y eso incomodaría a nuestro roomie e incluso desbalancearlo emocionalmente. No olvidemos que “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa…”.

            Por otra parte, también hay que tomar en consideración un factor que puede adquirir un peso específico sumamente preponderante y me estoy refiriendo al tema sexual, el cual indefectiblemente tarde o temprano pudiera presentarse entre roomies. Muchos de ustedes pensarán “bueno, eso se platica desde un principio y una vez que definamos las reglas de convivencia será sumamente fácil decir que no a este tipo de dinámicas…”, pero la realidad es, otra: Aquí debemos ser muy inteligentes y extremadamente cautelosos, porque de permitir que como roomies consintamos una sinergia de índole sexual tarde o temprano acabaremos por trastocar y transformar todas las características de este acuerdo las consecuencias podrían ser muy negativas para todos los involucrados. Así que, yo les sugiero, actúen con mesura y aunque les cueste mucho trabajo ver a es@ roomie del sexo opuesto como “alguien más”, procuren hacerlo de esa manera, porque de lo contrario el precio a pagar podría ser muy alto. Y no olviden, todo eso que han visto en películas sobre esta temática es mera fantasía…

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09-May-2018

EXPECTATIVA VS. REALIDAD

            Los hombres y las mujeres somos, cuando se trata de relaciones de pareja (noviazgos y matrimonios) unos verdaderos expertos en el finísimo arte de vendernos espejismos. De acuerdo a nuestras necesidades e inseguridades, vamos por la vida creyéndonos historias que sólo existen en nuestras cabezas al momento de coincidir con algún prospecto de novi@ o espos@ potenciales, y esto se debe primordialmente a que cuando encontramos a alguien que acapara nuestra atención lo primero que hacemos es mostrar a nuestro “mejor yo” y prácticamente escondemos bajo la alfombra a aquel individuo lleno de sombras y bajorrelieves, al tiempo que sólo vemos en la otra persona sus mejores rasgos y nos negamos a reconocer en ella algún defecto o falencia.

            Lo anterior, lamentablemente, como en la historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, detona en el corto plazo un conjunto de decepciones en la otra persona que si bien también posee virtudes y defectos como nosotros, es evidente que debido a sus propios conceptos (aquí es obligatorio considerar el ego de cada individuo) se van creando ciertas expectativas que en un momento determinado acaban chocando con la cruda realidad y a la postre eso conduce a las rupturas.

            Pero, ¿qué debemos hacer para que logremos aterrizarnos en una relación balanceada y sortear exitosamente aquellas trampas que nos tiende la tentación de querer vendernos como alguien que no somos y, al mismo tiempo, no poner en un pedestal a aquella en la que estamos depositando nuestros sentimientos y nuestro bienestar emocional?

            De nuestra parte, en una primera instancia hay que luchar a brazo partido por ser lo más auténticos que se pueda y dejar brotar nuestra personalidad, con sus luces y con sus sombras, para que así la persona con la que estamos conviviendo pueda formarse un mapa adecuado y asertivo de quiénes somos. Al mismo tiempo, no debemos olvidar que si ejercemos la empatía, la comprensión, la solidaridad, la educación, el respeto y la tolerancia habremos avanzado un muy buen trecho para que nos perciban nítida y honestamente. Obviamente, en esta fase es indispensable que nos mostremos totalmente sinceros bajo cualquier circunstancia y no engañar con poses o falacias a quien nos está acompañando.

            En el otro extremo, y el cual a mí me parece el más delicado en su tratamiento, tiene mucho que ver con la manera de cómo depositamos nuestras emociones y nuestras expectativas en la otra persona, porque si bien es cierto que cuando se trata de una pareja ambos deben abrir sus mentes y sus corazones, también debemos hacerlo gradualmente y de forma mesurada, porque hay muchas personas que vuelcan todos sus miedos, todas sus inseguridades, todos sus traumas e incluso todos sus fracasos previos. Tener una pareja es contar con alguien que nos acompañe a lo largo del camino y no para que le echemos sobre la espalda todo nuestro cúmulo de cicatrices o temores. Hay que aceptar en todo instante que el éxito o el fracaso de una relación dependerá de que tan capaces podemos ser de ver en el otro a una persona con derecho a una individualidad, a un espacio propio y a un poder de decisión único que al ejercerlo plenamente le conducirá a querer estar con nosotros, sin importar lo complejo que sea el panorama.

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11-Apr-2018

LOS ‘ENEMIGOS MORTALES’ DEL BUEN SEXO

            El sexo, el buen sexo, tanto para los hombres como para los mujeres, es importantísimo para vivir física, emocional y psicológicamente balanceados. La actividad sexual impacta, nos guste o no, en prácticamente todos los aspectos de nuestra cotidianeidad: En nuestra autoestima, en nuestro estado físico, en nuestro nivel hormonal… ¡en todo! Por lo mismo, valdría mucho la pena que pudiéramos reflexionar sobre la calidad del sexo que tenemos con nuestra pareja, la frecuencia con que lo tenemos y, sobre todo, lo mucho que impacta (positiva o negativamente) nuestro entorno en todo lo referente a nuestra intimidad.

            Y sí. Lo cierto es que al igual que cuando nos preparamos para una velada íntima apasionada, preparando todo un escenario que nos permita ponernos a tono para seducir y complacer a nuestra pareja; también es evidente que también hay un sinfín de factores negativos que propician un sexo totalmente desagradable e insatisfactorio.

            Uno de los principales “enemigos mortales” del buen sexo lo es, definitivamente, el estrés, la preocupaciones, vivir en un día a día sofocante, en el que no logramos sustraernos de todos aquello que nos presiona y nos preocupa: el trabajo, las deudas, los problemas con los hijos, pensar que nos vamos poniendo viej@s y que nuestro cuerpo ya no le va a provocar deseo alguno a nuestra pareja… ¡relájense!, procuren desconectar de su sistema todas esas circunstancias que los sofocan cotidianamente.

            Otro “enemigos mortales” del buen sexo vienen a ser los complejos y los prejuicios que arrastramos desde nuestra infancia y desde nuestro seno familiar. Por lo regular, los hombres y las mujeres de nuestra sociedad fuimos programados por nuestros padres y nuestros abuelos para desarrollar culpa e incomodidad con todo aquello que está relacionado con el sexo. Crecemos, principalmente las mujeres, con falsas ideas preconcebidas de que todo aquello que ocurre en la intimidad es malo y que genera consecuencias negativas de todo tipo. Y eso no es cierto. Toda pareja requiere de mucha comunicación para superar cualquier prejuicio y complejo que pudiera transformarse en un obstáculo que les impida alcanzar el placer. Hablen mucho con sus novi@s y sus espos@s y confíen totalmente al momento transmitir sus inquietudes en este terreno: lo que les gusta, lo que les desagrada, lo que les gustaría experimentar, aquello que les provoca curiosidad, etcétera…

            Asimismo, esto particularmente con los varones, otro aspecto que deriva en un muy mal sexo, tiene que ver con el hecho de la falta de caballerosidad y de sensibilidad al momento de estar con una mujer. Señores: Piensen más en su pareja, sean delicados, comprensivos y empáticos con ella. Las caricias, los besos, las palabras, la seducción en sí es tan o más importante que el coito en sí. No sean impacientes ni desconsiderados. Si priorizan el placer de su mujer indefectiblemente su placer será mayor. Garantizado.

            Igualmente las drogas y el exceso de alcohol, consumidos por alguno de los dos o por ambos, también va a traer resultados catastróficos en la búsqueda del placer; lo mismo pasará con aquellos que se sienten inseguros de sus cuerpos y creen que no son atractivos para su pareja, porque esa inseguridad los conducirá a enfocarse más en la incomodidad que les genera esa circunstancia y dejarán de lado el disfrute del sexo.

            Luchen y erradiquen a esos “enemigos mortales” del buen sexo, para que puedan disfrutar al máximo… juntos.

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14-Mar-2018

ABURRIDO DEL SEXO

            Sin duda alguna se trata de uno de los terrenos más espinosos de la sexualidad humana, sobre todo de la masculina, porque los estereotipos nos han (mal) enseñado por generaciones que los hombres son depredadores sexuales por naturaleza y que sin importar la edad, ahí tienen el caso específico del actor Anthony Quinn que a sus 81 años fue padre por décima tercera ocasión, los varones siempre están pensando en el sexo sí o sí

            Pero como si se tratase de una epidemia, en los últimos años se han presentado numerosísimos casos de hombres que, ¡sí, ver para creer!, están confesando sentirse completamente aburridos de tener relaciones sexuales. Y, ojo, ¡mucho ojo! no se trata de caballeros que ya se cansaron de la rutina íntima con sus parejas (novias y/o esposas) o que están sintiendo curiosidad por explorar terrenos homosexuales. Nada de eso. A lo que me estoy refiriendo es a una gran cantidad de varones que a partir de cierta edad, más o menos ubicados en el radar del cuarto piso (los 40 años), no quieren saber absolutamente nada de tener sexo… ¡con nadie!

            ¿Y cuáles son las causas que están detonando esta condición? Pues ciertamente son varias y de diversa índole, por lo que cada caso que se presenta debe ser evaluado, jugado y diagnosticado de forma natural, aunque en líneas generales podemos señalar que en un altísimo porcentaje lo que se presenta en una primera instancia es un decremento en la generación de testosterona que, como todos sabemos es una hormona esteroidea sexual que se produce principalmente en los testículos de los machos mamíferos y sirve para regular el deseo sexual y la apariencia física de un hombre.

            Al descender los niveles de ésta (de la testosterona) el hombre de inmediato ve mermada su respuesta sexual y esto se presenta a partir de los 40 años de manera natural, aunque en varios caballeros este decremento se potencializa de forma por demás dramática al ser muy acentuada esta disminución de la líbido. Sin embargo, ésta no es la única causa que puede provocar que los varones pierdan interés en el sexo.

            Así las cosas, también podemos considerar dentro de estos factores el hecho de que un hombre puede iniciar su vida sexualmente activa a edad muy temprana, probablemente en la pubertad, por lo que la falta de interés en el sexo también pueda atribuirse a que éste deja de ser valioso en su escala de prioridades porque se trata de una actividad que ha realizado desde hace muchos años y tan frecuentemente que, llegado el momento, deja de interesarle parcial o totalmente. Y esto bien lo podríamos ejemplificar con una muy sencilla analogía: ¿Alguno de ustedes se aburriría de comer tacos al pastor durante tres veces a la semana por espacio de 25 o 30 años? Muchos responderán afirmativamente.

            Igualmente, también podemos atribuir la falta de interés hacia el sexo por el cúmulo de estrés que pudiera estar manejando cada individuo en este tipo de dinámica, porque si bien es cierto que la actividad sexual es uno de los desestresantes naturales más efectivos, tenemos que entender que todas las personas le otorgan a éste una importancia y un poder totalmente distintos, por lo que es digno de ser tomado en cuenta siempre que un hombre que pertenece a nuestro primer círculo de afectos comienza a mostrar desinterés en el sexo porque definitivamente algo no está marchando adecuadamente.

            Y no olviden que todos jueves a punto de la medianoche y los domingos a la 1:00 de la madrugada los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable preferido para verificar nomenclatura del canal).

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07-Mar-2018

EL SEXO NO ES UN CAMPO DE BATALLA

            Recientemente, en este mismo espacio, abordé un tema por demás polémico pero al mismo tiempo sumamente recurrente en las parejas de la actualidad y que tiene que ver con tener sexo en la primera cita, lo que provocó que muchos de mis lectores me hicieran llegar sus comentarios (muy contrastantes, por cierto) y que entre ellos me hicieran un cuestionamiento por demás interesante: ¿Qué significado tiene el sexo para los hombres y qué significado tiene el sexo en las mujeres?, esto enmarcado en un contexto de relación de pareja, noviazgo o matrimonio.

            Por principio de cuentas, conceptual emocional y estructuralmente hombres y mujeres somos sumamente distintos. Por lo tanto, la interpretación y valorización que le concedemos al sexo es también distinta, aunque obviamente no podemos generalizar porque es indudable que hay damas y caballeros que logran desarrollar cierta empatía y conexión con el sexo opuesto que les permite ejercer una sensibilidad que deriva en balances y en acuerdos.

            Ahora bien, no es un secreto que muchos tenemos perfectamente bien identificado que el sexo para los hombres está familiarizado con el placer, con las gratificaciones, mientras que para las mujeres está más vinculado con los sentimientos, con las emociones. No olvidemos que en esta sociedad monolítica a todos se nos ha asignado de manera ancestral un rol a desempeñar y a los varones se les ha asignado la tarea de preservar la especie y a las féminas se les ha encomendado la misión de formar un hogar y, más allá de que esta concepción pueda ser acertada o errónea o que le gustes a algunos y le disguste a otros, para bien o para mal así está definida en nuestra sociedad desde hace muchísimas generaciones.

            Sin embargo, lo anterior no significa que los hombres sean los únicos que buscan y desean sexo. Las mujeres también lo buscan y lo desean. Y tampoco significa que los hombres necesitan más del sexo que las mujeres (todos lo necesitamos por igual). Pero lo cierto es que cada individuo, más allá de su género y su preferencia, le otorga una importancia y un valor determinado, en su escala de necesidades, que termina siendo muy particular y de características disímbolas.

            Por otra parte, también debemos considerar que para los hombres (ojo, no todos, pero estadísticamente sí está demostrado que la gran mayoría así lo considera) es necesario el acto sexual, incluida la eyaculación, para sentirse realmente satisfechos; mientras que a muchas mujeres les basta con ser abrazadas y acariciadas de manera tierna para sentir gran éxtasis. Y, al mismo tiempo, para ellas la relación sexual casi siempre va envuelta de mucha comunicación, verbal y no verbal; mientras que para los caballeros también va involucrada la postura del macho alfa que aspira a sentirse apetecido por pareja, por eso cuando una mujer le dice a su novio o a su esposo, cuando éste desea hacer el amor, “ahorita no, mi amor, me duele la cabeza”, éste se siente profundamente herido en su autoestima, lo que nos lleva a otro aspecto muy trascendental y que tiene que ver con el hecho de que muchas mujeres utilizan el sexo (o la negación de éste) para mantener el control de su relación y sentar el tempo de los acontecimientos de su vínculo. ¿Un ejemplo?  Cuando el hombre empieza a mostrar cierto desinterés o deja de ser cariñoso o detallista, ésta de inmediato le niega los beneficios y satisfacciones del sexo.

            Al final del día, lo importante es que todos nos podamos entender y que al mismo tiempo desechemos nociones preconcebidas relacionadas al universo masculino o al macrocosmos femenino, porque es un hecho que cuando un hombre se acerca a una mujer no necesariamente está buscando tener relaciones sexuales con ella. No olvidemos que el sexo también nos sirve para demostrarnos afecto y amor, y no nada más deseo.

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21-Feb-2018

¿SEXO EN LA PRIMERA CITA?

            ¿Sexo en la primera cita? ¡Vaya dilema! Se trata de una cuestión que desde ambos géneros, el masculino y el femenino, tiene a sus promotores y a sus detractores. Sin embargo, para considerar su conveniencia o inconveniencia, primero debemos analizar las expectativas tanto de los hombres como de las mujeres al momento de un primer acercamiento con alguien del sexo opuesto que les ha llamado poderosamente la atención. Y es que, más allá de caer en clichés o lugares comunes, es muy importante definir qué tan positivo o qué tan negativo puede resultarnos involucrarnos sexualmente con alguien a quien prácticamente no conocemos.

            Y sí, es válido dejarnos llevar por la atracción física, las feromonas y la química, pero no está de más considerar ese aforismo de caras vemos… traumas no sabemos o, lo que es peor Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) desconocemos. Además, los pros y los contras de dejarnos llevar por la adrenalina de un primer encuentro pueden traernos consecuencias de distinta índole tanto a damas como a caballeros porque este tipo de situaciones, de acuerdo a especialistas de distintas ramas (sexualidad, psicología, etcétera).

            ¿Cuáles son las ventajas de tener sexo en la primera cita?, es una interrogante que nos ofrece varias respuestas, aunque una de las más populares es que nos permite conocer desde el inicio si la persona con la que nos estamos involucrando tiene un buen desempeño en la intimidad y si sus prácticas sexuales son compatibles con las nuestras; esto sin olvidarnos de que muchísimas personas en la actualidad ejercen su genitalidad como medio para socializar.

            Por otra parte, cuando pensamos en las desventajas de tener sexo en la primera cita debemos considerar sobre todo que más allá de las ETS también nos estamos arriesgando a abrirle la puerta de nuestras vidas a personas que no conocemos bien a bien tanto en su comportamiento social como emocional y eso implica un verdadero riesgo tomando en cuenta que está comprobado por medio de estudios que un alto porcentaje de relaciones estables de pareja consideran el sexo como resultado de una serie de encuentros donde el aspecto emocional es gradual y que si bien toman en cuenta la atracción física y el deseo sexual los involucrados priorizan el establecimiento de varias etapas en las que es importante consolidar primero otras dinámicas antes de pasar a la sexual.

            Sin embargo, aquí lo verdaderamente preponderante es que cada quien saque sus propias conclusiones al establecer sus propias dinámicas íntimas porque, nos guste o no, los prejuicios y los estereotipos siempre terminan por imponerse a la hora de establecer los juicios de valor que nos definen socialmente. Y eso aplica tanto para los hombres como para las mujeres.

            Por todo lo anterior, debes considerar que si tienes sexo en una primera cita estás limitando tus posibilidades para encontrar el amor verdadero, aunque esto no lo podemos tomar como un absoluto; también debes tomar en cuenta que seguramente vas a tener que lidiar con ciertos arrepentimientos y de la misma forma corres un enorme riesgo de adquirir alguna ETS; igualmente el sexo en una primera cita detona que el proceso de cortejo se vea interrumpido y eso se traduce en que la atención, el cuidado y el compromiso pasen a un segundo término.

            Asimismo, si saltas a la cama con una persona que recién conociste también corres el riesgo de confundir el deseo sexual con amor (algo sumamente peligroso) y, por último, lo que viene a ser muy alarmante: Te estás exponiendo a involucrarte con una persona psicológicamente inestable y la consecuencias de ello pueden ser terribles. ¿Quieres arriesgarte?

            Y no olviden que todos jueves a punto de la medianoche y los domingos a la 1:00 de la madrugada los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable preferido para verificar nomenclatura del canal).

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31-Jan-2018

‘PERRHIJOS’

            Nos guste o no, la paternidad es un tema sumamente serio. Traer un ser humano al mundo, cuidarlo, criarlo, educarlo y mantenerlo pudiese ser la tarea más compleja a la que se puede enfrentar un ser humano a lo largo de toda su vida. Por lo mismo, no es de sorprendernos encontrarnos en la actualidad con parejas que, de plano, deciden obviar de su esquema tener hijos y en lugar de eso optan por tener… ¡perros!

            Sí… ¡perros!

            Y es que, más allá de la mastodóntica responsabilidad que implica ser padre, hombres y mujeres por igual han optado por estilos de vida que no son compatibles con la paternidad, además de que al mismo tiempo se abocan a consolidar otros aspectos de su vida como pueden ser crecer en el aspecto profesional, estudiar un posgrado e incluso fortalecer más el vínculo que tienen con su pareja (novi@ y/o espos@) invirtiendo considerables sumas de dinero para viajar juntos y pasar el mayor tiempo posible juntos; por lo que su mejor opción es incorporar a su núcleo de afectos a una mascota que eventualmente se convierte en un miembro permanente de su familia.

            Los expertos, tanto en temas de pareja como en temas de psicología, advierten que este fenómeno, cada vez más frecuente en las parejas actuales, se detona gracias a un interesante cruce de variables psicosociales, toda vez que la gran mayoría de los seres humanos desde niños hemos tenido una relación muy cercana con los animales y, por lógica, se vuelve sumamente fácil y explicable que nos encariñemos con los perros. Además, también hay que considerar que existe una tendencia en la que tanto los matrimonios como la paternidad se vienen retrasando en las parejas, tanto como el hecho de que también ha disminuido considerablemente el número de hijos por cada familia.

            Sin embargo, también existe una arista que no es del todo positiva para aquellos individuos que en lugar de hijos optaron por tener perrhijos y ésta es que se trata de un comportamiento eminentemente hedonista orientado al placer y a la gratificación personal que antepone la adquisición de bienes materiales por medio del trabajo remunerado.

            Asimismo, si has llegado a la conclusión de que te gustaría tener un perro como un miembro permanente de tu familia, es muy importante que dialogues con tu pareja para definir varios puntos trascendentales, como puede ser ¿quién se hará responsable de su cuidado integral? Esto es, alimentarlo, asearlo, sacarlo a pasear, enseñarle ciertas reglas de comportamiento, quién lo llevará al veterinario… porque todo esto no es algo que se deba tomar a la ligera, pues requiere de disciplina y, por supuesto, también se requiere de cierto poder adquisitivo, porque tener una mascota también implica adquirir un compromiso económico similar al de tener un hijo, porque un perro requerirá de varios cuidados que se traducen en adquirir ciertos artículos y alimentos, y también pagar servicios veterinarios, de pensión e incluso de transportación cuando decidan llevarlo de vacaciones.

            Pero más allá de todo lo anterior, hay algo muy importante que deberás tomar en cuenta todo el tiempo: un perro, al igual que un hijo, requiere prioritariamente de algo muy valioso y elemental: Amor.

            ¿Estás listo para integrar a un perro a tu familia?

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24-Jan-2018

CUESTIÓN DE MACHOS

            Seguramente muchos de ustedes se han enterado de la gran tensión en la que vivimos a diario gracias a los señores Donald Trump y Kim Jon-un, quienes trabajan como presidentes de Estados Unidos y Corea del Norte, respectivamente y que por su actitud de macho alfa espalda plateada prácticamente nos tienen al borde de una nueva guerra mundial porque tanto uno como el otro consideran que son mejores y superiores que su adversario y que, más allá de que tengan razón o no en considerarse así, lo único que manifiestan es que, sin importar su posición o jerarquía, aún en pleno Siglo XXI todavía existen caballeros que no logran superar cierto tipo de conductas primitivas.

            Y no, no es necesario que encendamos el televisor y sintonizar el canal “Animal Planet” para presenciar alardes de machos alfas que en un afán por demostrar su superioridad son capaces de ejecutar los actos más ridículos o despiadados sólo para dejar en claro que sólo sus chicharrones truenan y ¡ay! de aquel que se atreva a retarlo, porque corre el riesgo de ser puesto en ridículo o, mucho peor, ser totalmente aniquilado.

            Pero, y lo anterior, ¿cómo se traduce en hechos cotidianos en nuestra propia sociedad? Muy sencillo: Prácticamente el 99% de los hombres vive siempre en constante competencia contra aquellos que son de su mismo género y las 24 horas del día, los 7 día de la semana, los 365 días del año, presumiendo sus proezas: laborales, profesionales y, por supuesto, sexuales.

            Asimismo, bajo este contexto, bajo ese constante y permanente “yo soy mejor que tú y (hagas lo que hagas) jamás podrás superarme” los varones se valen de su hombría y su virilidad para retarse, a veces de maneras impresionantemente absurdas y demostrar que en el escalafón biológico-reproductivo no habrá nadie que los rebase física, intelectual, cultural y profesionalmente.

            Sin embargo, este tipo de comportamiento muchas veces es visto por las mujeres como un síntoma inequívoco de inmadurez, porque ellas consideran que alguien que todavía se comporta como “Tarzán de la Selva” es una persona que todavía no logra consolidar tanto su escala de valores como su orden de prioridades y que en lugar de comportarse como “un hombre de verdad” todavía prefiere involucrarse en juegos de niños arrogantes que desconocen que para llamar la atención de una mujer que busca construir un vínculo emocional sólido hay que actuar de cierta manera muy específica y que eso de andar en plan de macho alfa impide que sean tomados en serio.

            Ahora bien, ¿cómo es posible superar ese tipo de comportamiento y a partir de acciones comprometidas ir dejando atrás esa proclividad a competir por todo y para todo?  Para empezar, puedes ir desechando cualquier actitud en la que percibas que estás siendo arrogante y presumido, y al mismo tiempo comenzar a desarrollar, en lugar de rivalidad, una especie de empatía con aquellos hombres que te rodean y, al mismo tiempo, desarrollar dinámicas con ellos en las que en lugar de rivalizar puedas vincularte a grado tal de que se pueda detonar una amistad y también un ambiente de sana competencia en la que todos se animan y se impulsan a ser mejores en todo sentidos y dejen de lado tonterías como esa de, por ejemplo, a ver quién puede conquistar más chicas en el menor periodo de tiempo.

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10-Jan-2018

¡HAZ VALER TU VOZ!

            Ser asertivos no es cosa fácil. Ubicarnos en el punto medio entre la pasividad y la agresividad nos permite comunicar a los demás nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Por lo tanto, estamos siendo asertivos cuando tenemos la capacidad de transmitir nuestras ideas sin temor o timidez alguna.

            Sin embargo, muchas personas desafortunadamente con cuentan con las herramientas emocionales necesarias para plantarse ante los demás como seres asertivos y cuando eso ocurre, una de las principales consecuencias es que no pueden lograr que su voz (opinión) sea escuchada por el resto del mundo y, por lo tanto, al no lograr transmitir lo que se quiere comunicar deriva en una mayor inseguridad que se apodera de la personalidad de quien la presenta.

            Las personas de carácter definido o delineado por lo regular presentan características muy bien perfiladas: son muy seguros de sí mismos; su lenguaje corporal es contundente y llamativo; y sin tratar de imponer sus conceptos o puntos de vista, en todo momento están dispuestos a hacer valer su opinión no con imposiciones, sino con argumentos genuinos y convincentes .

            Por lo tanto, un individuo que bajo cualquier circunstancia e inmerso en cualquier tipo de entorno es capaz de mostrar las cualidades más sólidas de su personalidad, no tendrá dificultad alguna en comunicarse con los demás y poderles transmitir sus pensamientos, lo cual, más allá de que éstos sean aceptados o asimilados, o no, le permitirán afianzarse como una persona segura de sí misma que no muestra temor alguno frente a escenarios inéditos, desconocidos o adversos.

            Obviamente, aquellas personas que son capaces de entender y asimilar que tienen los mismos derechos que todos los demás seres humanos, también comprenderán que tienen el mismo derecho de expresarse y hacer valer su opinión. Y éstas (las opiniones), definitivamente pueden servir para expresar lo que pensamos/sentimos y también para convertirse en la solución a grandes problemas. Sin embargo, si permitimos que la timidez, el miedo o la inseguridad permeen nuestros pensamientos y nuestro estado de ánimo, difícilmente vamos a alcanzar el objetivo principal, que es que los demás nos escuchen, nos tomen en cuenta y -¿por qué no?- que nos respeten.

            Cuando permitimos que la timidez o la baja autoestima perfilen nuestro carácter y nuestra personalidad, difícilmente vamos a lograr comunicarnos atingente y adecuadamente con nuestros semejantes, porque de alguna manera nuestro temor a comunicarnos con los demás va a anular nuestra manera de pensar; por lo tanto, si somos de esa clase de personas que sistemáticamente nos quedamos calladas, que constantemente sentimos temor al rechazo y que incluso durante años hemos arrastrado cierto tipo de maltrato (físico o emocional), difícilmente nos podremos sacudir ese hábito que nos impide colocarnos del lado de aquellos que están dispuestos a pelear por ser escuchados y respetados.

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21-Dec-2017

¿ESTÁS PREPARADO PARA EL ÉXITO?

            Conforme se aproxima el cierre final del año es muy normal que muchos de nosotros, en un ejercicio de introspección, hagamos cierto tipo de balances para concluir si logramos alcanzar los famosos propósitos que nos trazamos allá por principios de enero. Obviamente, esta dinámica arrojará que si bien nos fue posible alcanzar algunos de nuestros objetivos, también, en contraparte, descubriremos que varios únicamente se quedaron en buenas intenciones y por “equis” circunstancias nos fue imposible cumplirlos.

            Hacer ejercicio, cambiar de trabajo, sacar mejores calificaciones en la escuela, dejar de ser tan celos@s, ya no despilfarrar el dinero a manos llenas, moderarnos con el alcohol…

            La verdad es que los propósitos que nos fijamos los seres humanos son infinitos. Sin embargo, más allá de cumplirlos o no cumplirlos, lo primero que debemos hacer es analizar si nuestros procedimientos están enfocados apropiadamente para que podamos tener éxito. Por lo mismo, lo primero que tenemos que evaluar es nuestro concepto muy personal de aquello que consideramos lo que es tener éxito o ser exitosos.

            Si nos adentramos exclusivamente al terreno de las definiciones, entenderemos que el éxito, término que se deriva de exitus (“salida”) no es más que el efecto o la consecuencia acertada de una acción o de un emprendimiento y muchas veces también lo podemos entender como “sobresalir”, “superar toda competencia” o simplemente “salir de la oscuridad del anonimato”. Pero, mucho ojo, la noción de éxito es totalmente subjetiva y relativa, sobre todo porque la mayor parte del tiempo asociamos la victoria y la obtención de grandes méritos y también porque lo hemos convertido en un ingrediente prioritario de nuestra vida cotidiana. Además, muchísima gente también lo relaciona directamente con la diaria competencia (feroz y encarnizada) en la que nos involucramos junto con otras persona que hacen lo mismo que nosotros y de manera consciente o inconsciente deseamos superarlos a toda costa, lo que no puede ser tomado como algo bueno o algo malo, sino simplemente como una condición sine qua non del ser humano. Prácticamente desde que nacemos, nuestros padres y aquellos que nos rodean, nos “programan” para ser competitivos y exitosos.

            El perfil de las personas exitosas lo conocemos todos: Disciplinados, persistentes, preparados, trabajadores, decididos, responsables, propositivos, empáticos, resilientes… características que si bien todos nacemos con una predisposición a desarrollarlas y consolidarlas, no cualquiera se atreve a poner manos a la obra para que éstas se conjunten en torno a su propia personalidad. Pero también debemos considerar que los seres humanos no siempre estamos preparados para conseguir lo que queremos o lo que merecemos y esto se deriva a varios factores psicológicos que vinculan la falta de éxito con la inseguridad y el mal entendimiento de diversos factores (familiares, sociales, culturales, etcétera). Pero ese es un tema aparte del que estaremos hablando muy pronto. ¡Felices fiestas!

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06-Dec-2017

¡NO CONTROLES!

            No podemos tapar el sol con un dedo. Las relaciones de pareja (los noviazgos y los matrimonios) son sumamente complejas tanto para los hombres como para las mujeres, sobre todo cuando uno de los dos (o incluso los dos) entiende este vínculo como una especie de adquisición de una posesión material y quiere controlarlo prácticamente todo, tanto al interior de la relación como de la vida de su novi@ o espos@; un amor tan controlador, tan sofocante, tan dominante que a final de cuentas termina siendo cualquier cosa… menos amor.

            Controlar a la pareja es visto por las sociedades actuales como una especie de violencia de género. Esa obsesión de alguien enamorado por querer saber y hacer todo con su pareja no está nada bien, aunque existan estudios sociales que arrojan que entre las parejas jóvenes una de cada tres considera que es una actitud “completamente normal” controlar y vigilar los movimientos de la pareja.

            Grave, ¿no creen?

            Así las cosas, si lo reflexionamos un poco más a profundidad, controlar a la pareja es ejercer cierto de tipo de violencia, pues si desde el principio no logramos relacionar dos conceptos tan elementales como lo son el amor y la libertad, es muy probable que en el futuro inmediato se asomen otras problemáticas que en lo individual viene arrastrando aquel que ejerce el control, porque éste es sinónimo de inseguridad, de celos, de agresión…

            En nuestra sociedad es muy común ver que los hombres controlen a las mujeres: A dónde van, qué hacen, cómo se visten, con quién conviven, sus dinámicas laborales; sin embargo, por lo que no debemos sentirnos sorprendidos, también las damas tienden a ser sumamente controladoras. Y este control se traslada a situaciones sumamente delicadas, porque muchas veces vamos a ver que el individuo controlado prácticamente no tiene derecho a pensar y mucho menos a opinar, sólo puede callar, asentir y ejecutar lo que su pareja le dice y esto es sumamente preocupante, porque esta clase de abuso puede ser detonante de conductas muchísimo muy violentas apenas aquel que está siendo dominado decida ya no querer continuar siéndolo.

            Por lo anterior, bien valdría la pena preguntarnos si en una relación donde predomina el sentimiento de propiedad está fundamentada en el amor verdadero y, al mismo tiempo, también deberíamos cuestionarnos qué tan factible y sano debe ser negociar ciertos límites y códigos de respeto para evitar episodios negativos derivados de los celos y el control porque, a final de cuentas, en una relación de pareja cada quien debe aportar su poder de decisión y, al mismo tiempo, tener voz y voto en todas y cada una de las decisiones que se deban tomar para el buen curso de esta relación.

            Podemos evitar las sinergias negativas derivadas del control si logramos controlar y manejar, en una primera instancia nuestros celos, los cuales son siempre perjudiciales para los dos integrantes de una pareja: Uno, porque siente que su libertad está siendo limitada y que para todo tiene que andarse con cuidado; y el otro, el controlador, porque se obsesiona y el resultado de esta acción impacta directamente en un amor que irremediablemente se encaminada a la destrucción porque contamina tanto el entorno que ya ninguno de los dos está disfrutando de la relación,

            ¡Pónganse las pilas!

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29-Nov-2017

APRENDER DE LOS ERRORES

            La sabiduría popular dice que el hombre (los seres humanos) es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Esta analogía, aterrizada a la vida diaria, se puede interpretar de distintas maneras; sin embargo, al momento de desmenuzar el comportamiento humano lo cierto es que hombres y mujeres reaccionamos de distinta forma frente a escenarios similares, principalmente cuando fallamos ante cierto tipo de circunstancias que creíamos tener controladas.

            Para entender mejor nuestras reacciones al momento de fracasar en algo, lo primero que debemos hacer es adentrarnos en el terreno de las definiciones, por lo que un error es una equivocación en un acto, escrito o trabajo y por lo general se le denomina así a todo juicio o valoración que contraviene el criterio de aquello que reconocemos como válido.

            Bajo este contexto, lo primero que debemos asimilar con respecto a los errores es que éstos son meramente subjetivos y que su importancia, relevancia, gravedad o afectación, cuando se presentan o cuando los cometemos, únicamente nos perjudicará si permitimos que se magnifiquen porque, al final del día, el peso específico de éstos sólo impactará en nuestras vidas si nos enojamos, si nos frustramos o si no los tomamos como una estupenda oportunidad para adquirir experiencia y fortalecernos.

            Pero, en contraparte, también tenemos que considerar el lado positivo de los errores. Sobre todo cuando sabemos cuando estos se presentan una vez que hemos tomado alguna decisión (que a la postre resultó equivocada). Una persona apática, temerosa e insegura difícilmente va a ejercer su prerrogativa de tomar la iniciativa de aquellas circunstancias que le competen y, por lo tanto, para no fallar o no verse expuesta a la frustración, preferirá quedarse en su zona de confort donde absolutamente no pasa nada… ni bueno ni malo.

            Sin embargo, cuando se trata de una persona cuyo perfil se distingue por ser de constante inquietud, por lógica estará tomando decisiones todo el tiempo y éstas no siempre van a ser acertadas, habrá algunas que acaben siendo erróneas, ¡qué más da! Los individuos de perfil competitivo constantemente se están enfrentando a los yerros inherentes a su inquietud.

            Ahora bien, es un hecho incontrovertible que las personas exitosas siempre están buscando la perfección, pero al mismo tiempo se permiten cometer errores e intentar una y otra vez las cosas hasta que consiguen el éxito. Un ejemplo de esto lo podemos tomar del basquetbolista retirado Michael Jordan, quien asegura que durante los entrenamientos fallaba aproximadamente el 30% de sus tiros a la canasta, pero al mismo tiempo lanzaba poco más de 2 mil disparos al aro más que el resto de sus compañeros.

            Cierto, la “Ley de Murphy” existe. Por ende, cuando algo puede salir mal… ¡va a salir mal! Pero si confiamos en nuestra inteligencia y en nuestra capacidad lo más probable es que si estamos fallando es porque seguramente no estamos utilizando los métodos adecuados o quizá no contamos con la información suficiente para desempeñar la tarea que deseamos realizar. Sin embargo, si nos ponemos autocríticos, lo cierto es que en todo momento somos propensos a cometer errores, pero si somos honestos, si los aceptamos, si no se los achacamos a otros, si los superamos como a cualquier otro obstáculo, lo más seguro es que acabaremos creciendo tanto en lo personal como en lo profesional.

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15-Nov-2017

¿QUÉ SIGUE TRAS UNA RUPTURA?

            En el plano de las relaciones de pareja, tanto en los noviazgos como en los matrimonios, el punto más difícil al que se pueden enfrentar hombres y mujeres es cuando se presenta una ruptura, cuando uno de los dos, o ambos, deciden que es momento de tomar caminos por separado. Sin embargo, al momento de enfrentar este tipo de situaciones, lo cierto es que cada quien las procesa y las asimila de manera muy diferente, por lo que resulta sumamente interesante analizar por qué las damas reaccionan de modo muy distinto a los hombres, y aquí también vale la pena estudiar paralelamente al fenómeno de la separación aquel que tiene que ver con los roles sociales preestablecidos, porque es un hecho que éste es un factor de mucho peso.

            Por principio de cuentas, más allá de que la ruptura se detone a causa de una infidelidad o por un desgaste natural del vínculo afectivo provocado por la monotonía y/o el desinterés de alguna o ambas partes involucradas, es un hecho de que si alguno de los dos protagonistas de esta historia todavía siente amor por el otro seguramente tendrá que atravesar por un proceso sumamente doloroso antes de superar el duelo inherente a la separación.

            Así las cosas, si por azares del destino es a la mujer a la que le toca enfrentar el trago amargo de la ruptura, todos sabemos que lo más seguro es que ésta se rodeará de sus mejores amigas para que éstas la apoyen y la reconforten mientras supera tan desagradable proceso. Saldrán a tomar el café, la “víctima” llorará a moco tendido, las amigas seguramente la van a apapachar y, llegado el momento, incluso alguna de ellas le presentará a algún prospecto para que vaya viviendo en carne propia aquello del un clavo saca a otro clavo

            Sin embargo, en contraparte, cuando esta misma situación se presenta en un hombre la cosa cambia diametral y dramáticamente, porque como por generaciones  a los varones, sobre a todo a los de nuestras sociedades occidentales, se les inculca el erróneo concepto de que “los hombres no lloran” y “usted se tienen que aguantar… ¡como los machos!”, resulta que tienen que afrontar este proceso en silencio y prácticamente no comparten con nadie lo terrible que la podrían estar pasando, derivando en agudos episodios de depresión porque como, literal, tienen prohibido mostrar que la están pasando mal a manera de olla de presión van acumulando toda esa gama de sentimientos negativos y tarde o temprano terminan estallando.

            Ahora bien, ¿qué podemos hacer, hombres y mujeres por igual, para sobrellevar, cuando menos de inicio, una ruptura sentimental? La verdad es que no hay recetas secretas ni pócimas mágicas para superar una hecatombe emocional de tal magnitud, cuando menos en su fase inicial. Pero lo que si podemos hacer, todos en general, es en aceptar que cuando se nos presenta una ruptura en nuestro vínculo de pareja debemos ser lo suficientemente inteligentes y maduros como para poder aceptar que muy probablemente no vamos a poder solos con una carga emocional tan fuerte y que lo más sano es acercarnos a las personas que nos quieren, abrirnos con ellos y darles a conocer nuestros sentimientos y, en casos más complejos, también es muy válido buscar ayuda profesional para que un especialista no oriente y nos aconseje adecuada y atingentemente porque, al final del día, pedir ayuda no es síntoma de debilidad. Al contrario.

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08-Nov-2017

            Todos, absolutamente todos, somos producto de nuestros tiempos. Sentimos, pensamos, actuamos y vivimos de acuerdo a la época que nos corresponde vivir. Y aunque algunos somos de personalidad conservadora y otros tantos somos de perfil liberal, lo cierto es que los múltiples desencuentros generacionales que a diario se gestan entre adultos y jóvenes casi todos tienen que ver con el hecho de que no sabemos tolerar ni respetar a aquellas personas que en su concepción y actuación son diferentes a nosotros porque “están demasiado rucos” o “son demasiado chavos”.

            Así de simple.

            Sin embargo, la convivencia entre jóvenes y adultos podría no ser tan conflictiva si ambos aprendieran de ellos mismos, pero también si atisban en los errores cometidos por aquellos que pertenecieron a las generaciones pasadas y que una y otra vez, a causa de la cerrazón, la arrogancia y la insensibilidad desperdiciaron infinidad de posibilidades para establecer vínculos emocionales más sólidos.

            Antes que nada hay que comprender, en una primera instancia, que los adultos reconocen que su entorno pasado, además de nostalgia, los remite en automático a sus vivencias y es, en base a éstas, que un ser humano logra forjar su carácter, ya sea para bien o para mal. Además, cabe destacar que una persona madura reconoce sus valores y creencias a partir de las enseñanzas que tuvo tanto de sus padres y de sus abuelos, lo que les permite, a diferencia de una persona joven, contar con una inteligencia emocional lo suficientemente definida como para saber distinguir asertivamente conceptos como el bien o el mal y, al mismo tiempo, sus acciones ya van impregnadas de una carga ético-moral consolidada, algo que un chamaco no tiene.

            Por su parte, los jóvenes son todo lo contrario, viviendo el día a día empapados del empirismo detonado por la simple condición de que no acumulan muchas experiencias todavía y porque, en la mayoría de los casos, consideran que “ya lo saben todo” y quieren comerse el mundo a puños para demostrarle a todos que ya están listos para vivir. Pero es justo que al comportarse de esta manera (que de ningún modo podemos considerarla una forma grosera de comportarse, sólo son impetuosos e imprudentes) que hacen sentir agraviados e insultados a los adultos, quienes a su vez también suelen proceder de manera impositiva cuando se trata de trabar una convivencia con gente menor a ellos. Un ejemplo clarísimo de esto lo podemos tomar de la sinergia diaria que se suscita entre padres e hijos, con los primeros queriendo hacer valer su autoridad y experiencia ante los segundos, que con su rebeldía e insensibilidad siempre quieren tener la razón… aunque no la tengan.

            Ciertamente es prácticamente imposible que los adultos del hoy, quienes irónicamente fueron los muchachos del ayer, logren ponerse de acuerdo con los jóvenes de la actualidad, quienes irremediablemente están destinados a ser los adultos del mañana y estos tendrán que enfrentar y confrontar a sus hijos, quienes les sacarán canas verdes lo quieran o no. La brecha generacional es algo contra lo que jamás habrá una vacuna o un antídoto, simplemente se tiene que vivir y se tiene que experimentar, primero siendo parte de unos y después siendo parte de otros. Aquí lo interesante es que, para lograr encontrar un balance y una armonía es que ambos pudieran desplegar un poco de empatía y ver que ninguno representa una especie de enemigo al otro, sino que, digamos, son como un “mal necesario” el uno para el otro.

            ¿O ustedes cómo lo ven?

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18-Oct-2017

            A pesar de que vivimos en un mundo exageradamente moderno y tecnificado, con la Internet y las redes sociales aparentemente trabajando todo el tiempo a nuestro favor para que estemos estrechamente vinculados con millones de personas que justo en estos momentos se encuentran al otro lado del planeta, lo cierto es que las computadoras, los teléfonos inteligentes, las tablets y demás gadgets tecnológicos al tiempo que ofrecen un sinfín de ventajas también nos presentan innumerables desventajas sobre todo cuando nos referimos a las relaciones de pareja.

            Sí, la verdad es que es muy emocionante que repentinamente una mujer que se encuentra, por ejemplo, en México, de un día para otro haga conexión con un hombre que radica en Australia y que al cabo de dos o tres meses de conversación cibernética, toneladas de correos electrónicos y algunos videochats decidan que están profundamente enamorados el uno del otro y que ya es momento de conocerse en persona para, al cabo de un par de semanas, determinen que lo más adecuado para ambos es contraer matrimonio… ¡qué locura!

            Sin embargo, nos guste o no, este tipo de dinámicas son tan posibles como comunes en pleno Siglo XXI, con hombres y mujeres rediseñando sus relaciones de pareja a grado tal que las prácticas de conquista, cortejo y seducción de los años sesentas, setentas e incluso ochentas les resultan sumamente obsoletas, aburridas y hasta aburridas. Y si no, los invito a realizar el siguiente simple ejercicio: Consulten entre todos sus amigos y conocidos quienes todavía salen los fines de semana a algún bar, a alguna galería o de perdida al súper ha hacer sus compras con la finalidad de poder ligarse a alguien del sexo opuesto. Seguramente muchos de ustedes obtendrán como respuesta sonoras carcajadas, irónicas burlas e incluso gestos de “¿de qué diablos me estás hablando?”.

            Para bien o para mal la modernidad que se vive en sociedades occidentales como la nuestra ha terminado por permear profundamente en nuestro comportamiento cotidiano. Estamos tan vinculados con millones de personas de todas partes del mundo, a través de la tecnología, que ya nos acostumbramos a la frialdad de un monitor de computadora encendido y millones de palabras (muchas veces sin emoción y muchas otras veces también falsas) surgiendo incesantemente, que palidecemos al menor pensamiento de intentar poner un pie a la calle para salir al encuentro de una persona desconocida por el mero gusto de simplemente socializar. Ahora lo que se acostumbra es enamorarnos y desenamorarnos vía chat, WhatsApp, con likes y tuits. Por muy complicado que les pueda resultar de entender, les comento que conozco a personas que se mueren de amor por alguien más ¡¡¡Y JAMÁS LES HAN VISTO EN PERSONA!!!

            Y a todo esto, ¿cómo consideramos el actual status que nos controla socialmente? ¿Se trata ya de un proceso psicosocial permanente o simplemente es una moda (que, por cierto, ya no tiene nada de pasajera) o tendencia que eventualmente sucumbirá ante una nueva y extraña forma de vincularnos emocionalmente? Para aquellos a los que todavía nos gustan las cosas a la antigüita, lo mejor siempre será hacer las cosas con calidez humana y dejar a la tecnología en su justa dimensión, para que ésta no nos supere y se quede donde siempre ha debido estar: muy a la mano, como una útil herramienta que llegó para hacernos la vida más sencilla. Pero nada más.

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11-Oct-2017

ENFRENTANDO LA DESGRACIA

            La vida de los seres humanos, hombres y mujeres por igual, se va conformando por la acumulación de todo tipo de vivencias, buenas y malas. Y es, a través de éstas (las vivencias) que las personas van perfilando su carácter y su personalidad, por lo que cuando se presentan situaciones adversas es gracias a este binomio que logran sobreponerse o hundirse en la depresión.

            Si nos apegamos única y exclusivamente al terreno de las definiciones entendamos la adversidad como una especie de suerte a la inversa y es justo cuando nos encontramos de frente con ésta cuando descubrimos realmente nuestro temple. Por lo tanto, cuando los seres humanos nos enfrentamos a la desgracia estamos plantándole la cara a una especie de adversidad magnificada cuya naturaleza provoca que sintamos una tristeza y un sufrimiento profundos.

            No se necesita investigar mucho para descubrir que las desgracias más grandes a las que se puede enfrentar un ser humano es a la muerte de los seres humanos o ver que éstos pasen por algún padecimiento o enfermedad sumamente dolorosos. Así las cosas, todos en alguna etapa de nuestra vida, lamentablemente, nos tendremos que enfrentar a la desgracia, ya sea directa o indirectamente, porque también cuando vemos sufrir a las personas amadas la empatía nos vincula más con ellas y sentimos y vivimos esa desgracia como propia.

            Para poder enfrentar la desgracia y poder salir librados de ella lo primero que requerimos entender es que “las cosas malas no sólo le ocurren a las personas malas”. Y es que muchas veces en nuestro devenir cotidiano vamos desarrollando concepciones parcialmente erróneas, principalmente aquellas que tienen relación directa con el bien y el mal, conceptos que todos sabemos son enteramente ambiguos y subjetivos. Por lo tanto, es de vital relevancia que podamos ir caminando en nuestro día a día totalmente conscientes de que en algún punto de nuestras vidas vamos a tener momentos de verdadera oscuridad en los que será necesario echar mano de toda nuestra resiliencia, pero también de nuestra paciencia y serenidad.

            Obviamente, negar el entorno y cegarnos a la realidad no harán que la desgracia desaparezca y que nuestro dolor y sufrimiento se disipen. Nada de eso. Tampoco ayuda en nada que nos aislemos de todo el mundo y que posterguemos indefinidamente todas aquellas actividades que nos permiten estar ocupados en cuerpo y en mente; incluso si consideras que emocionalmente te sientes sumamente vulnerable en una situación de esta envergadura es muy válido que te acerques a alguien que te pueda brindar ayuda profesional porque, repito, lidiar con la desgracia es sumamente complejo y no todos contamos con la fortaleza suficiente para salir bien librados de ella. Definitivamente.

            Otra cosa: Si tú no estás lidiando con la desgracia pero alguien muy cercano a ti sí lo está haciendo, es muy loable de tu parte que te quieras acercar a esa persona para brindarle tu apoyo escuchándola, acompañándola, guiándola. Sin embargo, tienes que ser muy respetuoso de los límites y de los espacios que necesita una persona que está atravesando por un momento así, por lo que debes ser prudente, comprensivo y nada invasivo, porque incluso cuando alguien está pasando por un trance tan terrible es capaz de emitir las señales suficientes para hacerte saber que puedes acercarte y que es seguro (para ambos) hacerlo.

            Y no olviden que todos los jueves y sábados a la medianoche los espero su programa favorito “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (chequen programación y nomenclatura de su respectiva compañía de cable).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

04-Oct-2017

¿PAPÁ ‘BARCO’ O PAPÁ DE VERDAD?

            Entiéndase la paternidad, para muchos hombres, que quede bien claro, como un sueño cumplido para aquellos que de alguna manera desde la infancia se visualizaron teniendo hijos y disfrutando al máximo la llegada y la crianza de éstos. Sin embargo, como todo en esta vida, tiene sus ventajas y sus desventajas, y al tratarse ésta (la paternidad) de una faceta la cual no viene con un instructivo detallado para desempeñarse y la cual se tiene que ir descifrando sobre la marcha nos encontraremos con papás de todo tipo.

            Hay padres disciplinarios, hay padres comprensivos, hay padres permisivos, hay padres desobligados, hay padres sobreprotectores, hay padres empáticos, hay padres hirientes, hay padres buena onda… lo cierto es que hay progenitores de todo tipo y el perfil de éstos obedece primordialmente a qué tan sólido es su instinto paternal y también a la manera como asimilan su entorno para adaptarse a la circunstancia de tener hijos.

            Lo que sí es un hecho incontrovertible es que cuando un hombre se convierte en papá su vida se transforma por completo, lo que definitivamente lo pone en una situación de constantemente aprendizaje porque los hijos, a cualquier edad, representan un reto y un compromiso permanente. Así que, si tienes pensando convertirte pronto en papá más te vale entender de una buena vez que para ser un buen padre vas a tener que esforzarte todo el tiempo.

            Antes que nada vas a requerir de abrir tu mente para adquirir conocimientos que muy probablemente no sabías que existían. Asimismo, será de mucha utilidad que hagas acopio de paciencia y tranquilidad para desentrañar todos los secretos ocultos que implica la paternidad. Obvio, si eres de mecha corta y explotas a la menor provocación y tienes muy poca resistencia a la frustración te recomiendo que busques otra actividad porque, definitivamente, esto de ser papá no será lo tuyo.

            A los hijos hay que inculcarles valores, enseñarles cosas positivas, educarlos de la mejor manera posible y guiarlos en todo momento a través del ejemplo. Igualmente, habrá que echar mano del carácter e imponer la disciplina cuando alguno de ellos muestre síntomas que querer descarrilarse del buen camino, porque en esta larga travesía que es la paternidad no hay nada peor que desentenderse de los hijos cuando éstos se están comportando de manera poco apropiada o asumir que “con el tiempo” se van a enderezar. ¡Nada de eso! Suponer que un mal comportamiento va a desaparecer como por arte de magia es renunciar al valiosísimo compromiso de influir positivamente en un ser humano en formación.

            Y, por favor, bajo ninguna circunstancia se te ocurra mirarte a ti mismo como “amigo de tus hijos”, porque no hay nada más catastrófico en esta vida que convertirte en el cuate de tus progenitores y comportarte como un compa de ellos. Lo cierto es que a lo largo de su vida tus hijos van a tener muchísimos amigos de todo tipo y padre sólo van a tener uno. Sí, construye una relación padre-hijo basada en la confianza, en el amor, en la familiaridad, pero bajo ninguna circunstancia permitas que ante los ojos de tu vástago dejes de ser esa (necesaria) figura de autoridad que él tanto necesita para su buen crecimiento para transformarte en “alguien más”.

            Es tu decisión, de ti depende: ¿Quieres ser un papá barco o un padre de verdad?

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13-Sep-2017

¿CUÁL ES LA CLAVE PARA TENER UNA RELACIÓN DURADERA?

            Suena como si fuera la pregunta de los 64 mil y, la verdad, es que lo es. Hombres y mujeres de todas las épocas nos hemos cuestionado en todo momento, cuando por fin estamos frente a frente con esa persona a la cual le podríamos dedicar el resto de nuestra existencia,  qué se debe y qué no se debe hacer para preservar esa relación y que ésta, al mismo tiempo, nos aporte tanto en lo estructural como en lo emocional para sentirnos satisfechos con nuestra pareja primero en el noviazgo y después en el matrimonio.

            Para empezar, lo primero que requerimos al momento de ir una relación es a estar 100% convencidos de que queremos comprometernos en cuerpo y alma con esa persona y con ese vínculo que vamos a forjar una vez que ya estemos juntos; además, es sumamente importante que ambos estén en la misma sintonía, o sea que los dos involucrados sientan, quieran y esperen lo mismo de la relación en la que están inmersos. En caso contrario, lo único que estarían generando sería un espejismo.

            Enseguida, lo que yo considero el ingrediente esencial: La comunicación. Para construir una relación duradera y relevante es importante ser transparentes y honestos en todo momento. Decir lo que nos gusta y lo que no nos gusta, siempre con tacto y de buena manera, nos llevará a tender puentes emocionales sólidos con nuestra pareja. Olvídense de esas cursilerías de salir a buscar a su media naranja, porque si salimos al mundo esperando a encontrar a una persona que también se sienta una mitad vamos a acabar cara a cara con una persona tan incompleta como nosotros. Lo más recomendable en este aspecto es que siempre estemos convencidos de que somos seres plenos, realizados y que lo único que requerimos es encontrar a alguien con quien complementarnos para convivir, coexistir y converger.

            Obviamente, para arrancar una relación de pareja también hace falta muchísima química y demasiada atracción física para que se pueda detonar esa pasión sexual tan necesaria en cualquier pareja de enamorados. Sin embargo, al mismo  tiempo también tendremos que ser lo suficientemente inteligentes y maduros para comprender que con el paso del tiempo esa pasión sexual poco a poco a irá apagando a grado tal que podría desaparecer por completo, lo cual no necesariamente significa que el amor entre esa pareja ha llegado a su fin. Nada de eso. Para afrontar esta situación de manera exitosa aquí vamos a requerir de dos personas con una inteligencia emocional desarrollada a grado tal para que puedan entender que su circunstancia ha cambiado y que eso no significa un distanciamiento o una ruptura. Sí, el sexo es sumamente importante en una relación de pareja, pero no es lo único y un hombre y un mujer inteligentes encontrarán la manera de seguir estrechamente vinculados pese a que la llama sexual se haya extinguido.

            Juntos tomen las decisiones importantes en torno a su presente y su futuro. Cuando vayan a adquirir un automóvil,  cuando vayan a abrir un fideicomiso para solventar los gastos universitarios de sus hijos, cuando vayan a cambiar de casa… los ejemplos en torno a este tema son infinitos y en todos será de vital trascendencia que decidan en par, tomando en cuenta la opinión y el sentir del otro. No hay nada que fortalezca más una relación que uno se sienta plena y totalmente apoyado por el otro, pero sobre todo que también se sienta tomado en cuenta en todo momento.

            Igualmente, ambos tienen que comprender que a lo largo de camino se presentarán dificultades y problemas y que nada debe ser considerado lo suficientemente grave como para destruir su vínculo. Cuando haya desavenencias actúen con respeto, con tolerancia y con total apertura (sean empáticos al 100%), porque dos personas que proceden en todo momento apegados a los valores que han forjado tienen más posibilidades de construir una relación duradera; pero por sobre todas las cosas aquí mencionadas, no sofoquen ni fastidien a su pareja, déjenl@ ser y permítanle tener sus propios espacios.

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06-Sep-2017

LA EMPATÍA

            En la actualidad, los seres humanos (hombres y mujeres por igual) procuramos actuar la mayoría de las veces a favor de nuestros propios intereses, dejando de lado cuestiones afectivas sumamente importantes que nos permiten consolidar nuestra calidad como individuos sensibles, tolerantes y comprensivos capaces de generar en los demás la más genuina de las confianzas y que a partir de esto el resto del mundo nos perciba como personas de valores y de valía.

            Para lograr lo anterior lo primer que debemos trabajar y desarrollar, algo así como si fuera un músculo que requiere trabajo de gimnasio, es la empatía, que no es más que nuestra capacidad de intentar comprender los sentimientos y emociones de los demás individuos intentando experimentar de manera objetiva y racional lo que éstos sienten. Y es que, como una especie de producto de primera necesidad que sufre por la voracidad de los especuladores, la empatía cada vez es más difícil de encontrar entre aquellos que nos rodean y esto se debe a que hemos permitido que el egoísmo y la insensibilidad se conviertan en las principales monedas de cambio con las que  a diario negociamos nuestras emociones.

            Aquellos que no están familiarizados con la empatía, les comento que ésta permite que las personas nos ayudemos y nos comprendamos entre sí. Cuando un sujeto logra sentir el dolor o la tribulación de otros poniéndose en sus zapatos, lo primero que ocurre es que en éste surja el deseo de ayudar y de actuar de acuerdo a los más elementales principios morales que nos fueron inculcados tanto en el seno familiar como en la escuela. Así las cosas, la empatía es una actitud positiva que nos permite construir puentes emocionales sumamente sólidos, confiables y duraderos, además de que es uno de los principales ingredientes para que exista una mejor convivencia entre hombres y mujeres.

            La empatía es afinidad y ésta a su vez es simpatía y comprensión. Por lo mismo, cuando nos relacionamos con otras personas es de vital importancia hacerlo con una actitud positiva y equilibrada, porque cuando se presenta el momento de coincidir con alguien que se encuentra en problemas o está pasando por algún tipo de sufrimiento a nosotros nos resultará más sencillo adoptar una postura amistosa, sincera y tolerante para que éstas se sientan en absoluta confianza con nosotros. A partir de esta sinergia detonada por el entendimiento podremos tener la capacidad de ayudar genuinamente a otros.   Sin embargo, para ser entes empáticos primero que nada vamos a tener que prescindir de dos enemigos: el egoísmo y la arrogancia. Punto.

            ¿Y cómo volvernos empáticos o cómo identificar a alguien empático? Fácil. Las personas empáticas poseen ciertas características que permiten ubicarlos rápidamente: Son más sensibles que la mayoría; poseen la capacidad para absorber las emociones de los demás; por lo regular son sumamente introvertidos; asimismo, también presentan una intuición altamente desarrollada; pasan largos periodos de tiempo a solas; se sobreprotegen a sí mismos de las relaciones sentimentales; pueden caer fácilmente en las garras de los llamados vampiros emocionales; se sienten muy a gusto en contacto con la naturaleza; siempre traen las emociones a flor de piel y, lo más importante, por lo general son muy buenas personas, incluso en detrimento del bienestar propio. Así las cosas ¿conoces a alguien así o consideras que tu eres así?

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30-Aug-2017

Lo que nos provoca placer

Cuando exploramos el terreno de las definiciones muchos coinciden en que el placer es algo así como una sensación o un sentimiento positivo, agradable, eufórico y explosivo

Probablemente se trata del Santo Grial de todas las emociones humanas, porque todos hablan de él y pocos, muy pocos en verdad, lo pueden describir acertada y asertivamente. Sin embargo, eso no significa que les sea ajeno o desconocido. Me refiero al placer, el cual, definitivamente, tiene muchísimos rostros y va más allá de lo carnal y/o lo sexual.

Cuando exploramos el terreno de las definiciones muchos coinciden en que el placer es algo así como una sensación o un sentimiento positivo, agradable, eufórico, explosivo y éste se presenta cuando un individuo consciente (hombre o mujer) logra satisfacer algún tipo de necesidad personal, por lo que éste es como una especie de monstruo de mil cabezas porque es totalmente subjetivo y se presenta de acuerdo a la personalidad, conocimiento y sensibilidad de quien lo está experimentando.

Así las cosas, podríamos ejemplificar que el placer se hace patente, por ejemplo, en bebida refrescante (no necesariamente embriagante o alcohólica) para aquel que tiene sed; el hambriento lo descubre a través de la comida; mientras que aquel que exhibe fatiga logra saciarla descansando y/o durmiendo; en tanto que aquellos que están excitados o con la líbido alta encuentras el placer teniendo sexo… lo cierto es que hay de placeres a placeres y éstos, obviamente, tienen su grado de complejidad para ser explicados y manifestados.

Por lo tanto, al momento de categorizarlo, nos encontramos que existen muchísimos tipos de placeres o satisfacciones, sobresaliendo entre éstos el placer físico, que va estrechamente vinculado a nuestros cinco sentidos (es totalmente sensorial) como lo son el sexo, la comida, los masajes, la música, el arte, el deporte, etcétera. Pero, ¡mucho ojo!, este tipo de satisfactores en exceso pueden convertirse en una primera instancia en vicios perniciosos y posteriormente en gravísimas adicciones.

También existe el placer psíquico, que como su nombre lo indica va poderosamente vinculado con la mente y/o el cerebro, por lo que la imaginación, la fantasía (sexual o no), el recuerdo de algo positivo, la felicidad, la empatía, los sentimientos de paz y serenidad nos ayudan a encontrar esta clase de satisfactor, los cuales bien encaminados y desarrollados nos pueden llevar a lo que conocemos como el placer intelectual, el cual podemos alcanzar si cultivamos nuestra curiosidad por cultivar el espíritu y nuestra sed de conocimiento, siendo el aprendizaje el mejor aliado para éste.

También existen los llamados placeres lúdicos, que se fortalecen por nuestro gusto hacia el juego (actividad física o mental). Sin embargo, como sucede con los placeres físicos, debemos tener mucho cuidado en no recurrir a éstos de manera exagerada, porque también podríamos desarrollar una especie de adicción.

Y mis placeres favoritos, sin lugar a dudas son aquellos que están relacionados con las emociones, porque de éstas podemos tener acceso a la empatía que nos da el compartir nuestro amor y nuestro afecto hacia nuestros familiares, nuestros amigos y todos aquellos con los que nos sentimos a gusto y que directa o indirectamente su cercanía nos provoca una tremenda felicidad y gozo, lo que en un aspecto meramente biológico nos permite liberar sustancias como la dopamina, las endorfinas, la oxitocina y la serotonina, entre otras, las cuales nos ayudan a trabar poderosos enlaces neuronales y esto nos permite combatir la tristeza, la frustración, el dolor y demás sentimientos negativos.

Por ahí también hay algunos que aseguran que “el dolor nos conduce al placer”, pero en mi expertise me parece que ése ya es otro tema del que hablaremos próximamente. Pero, por el momento sonrían y busquen hacer sonreír a los demás, que esto también genera gran placer.

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23-Aug-2017

¿PAREJA?, ¿EQUIPO?.... ¿AMBOS?

            Las parejas de hoy, sean de novios o de esposos, ya no son lo que eran antes. Eso a lo que llamamos “modernidad”, cuando se trata de relaciones sentimentales, viene aparejada con un sinfín de circunstancias que, definitivamente, nos hace ver que el “antes” y el “ahora” son diametralmente opuestos, lo que nos obliga a intentar entender (aunque sea un poco) cuáles son los ideales que buscan los hombres y las mujeres al momento de elegir a su media naranja.

            En primer lugar, en este Siglo XXI ya no caben más los núcleos familiares monolíticos en los que damas y caballeros tienen un rol social perfectamente definido del cual no se pueden zafar y que, de hacerlo, como solía ocurrir en el siglo pasado, detonaban tremendos escándalos sociales que derivaban incluso en tragedias para todos los involucrados y que hacían ver la historia de “Romeo y Julieta” de William Shakespeare como un relato infantil.

            Sin embargo, cuando se trata de entender al hombre y a la mujer actuales primero tenemos que atisbar en cuáles vienen a ser sus necesidades emocionales primarias, ¿qué buscan?, ¿qué quieren? y ¿qué necesitan? Obviamente ambos géneros responderán inmediatamente que esencialmente buscan en una pareja apoyo, respeto y comprensión, pero sobre todo que ésta les permita desarrollar un espacio propio en el que puedan crecer como individuos y que a partir de ahí logren alcanzar varias metas de distinta índole para que ese núcleo emocional (primero un noviazgo y después un matrimonio) tenga como hilo rector a dos sujetos de valores e importancia muy similares.

            ¿A qué nos estamos refiriendo exactamente (hombres y mujeres por igual) cuando aseguramos que ya no queremos estar en una relación como la que tuvieron nuestros padres y nuestros abuelos, y que en lugar de eso nuestra pretensión nos ubica en posición de ofrecer y exigir equidad? En primer lugar tenemos que estar dispuestos a ofrecer lo mejor de nosotros mismos para que esa relación prospere y se consolide, lo que definitivamente no es nada sencillo si recalamos en la circunstancia de que durante años hemos venido arrastrando con un extenso catálogo de convencionalismos sociales que gracias al machismo no hemos logrado erradicar. Así que, si de entrada vamos a una relación con el pensamiento de que “él es el hombre, a él le corresponde trabajar, abrirme la puerta, mantenerme y yo quedarme en la casa a tener todo quirúrgicamente limpio, a llevar a los niños a la escuela, cocinar y coordinar todas las finanzas familiares” indefectiblemente estaremos condenando al fracaso nuestra relación.

            Pero si por el contrario, en lugar de montarnos en estereotipos ancestrales optamos por romper viejos esquemas obsoletos y mejor optamos por crear una verdadera sociedad, en la que las opiniones, acciones y aportaciones de ambos tengan el mismo específico, por lógica se dejarán ver y sentir varias sinergias y dinámicas que poco a poco irán  dándole vida y forma a una relación que tendrá sus propios pulmones para respirar y sus propios pies para caminar. Porque, al final del día, cuando un hombre y una mujer adoptan el compromiso de convertirse en seres complementarios el uno para el otro, en todos los aspectos, siempre habrá oportunidad para que ambos caminen en la misma dirección y al mismo ritmo.

            Empero, no se requiere de pócimas mágicas o de algún hechizo para lograrlo. Sólo se necesita de respeto, tolerancia y una visión muy clara de hacia dónde quieren llevar su relación y con qué características desean que ésta se distinga.

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16-Aug-2017

CUANDO GANAS PERDIENDO

            Las relaciones de pareja (los noviazgos y los matrimonios) siempre vienen acompañadas de un sinfín de circunstancias, positivas y negativas, las cuales al momento que se presentan ponen a prueba nuestro carácter y en la medida en que vamos enfrentándolas nos ubican en una posición en la que fácilmente podemos diagnosticar si hemos aprendido de éstas para mejorar nuestro status como personas.

            Sin embargo, en muchas ocasiones hombres y mujeres por igual, ya sea por inmadurez, egoísmo o mera ignorancia, son incapaces de aceptar que está inmersos en una relación tóxica que a diario les ofrece múltiples problemas y muy pocos beneficios. Y pese a eso, de manera inexplicable, se aferran tanto a esa dinámica emocional dañina porque no logran darse cuenta que, como en las arenas movedizas, mientras más intentan moverse hacia delante lo único que consiguen es hundirse irremediablemente.

            Ahora bien, en ocasiones hay que considerar que muchas personas se aferran a relaciones tóxicas porque al mismo tiempo que están paralizadas no están del todo conscientes de que esa persona que consideran su media naranja lo único que les aporta a su vida son dolores de cabeza y conflictos de toda índole, lo cual se deriva definitivamente porque lo que existe en este vínculo emocional no es amor, sino una terrible dependencia ocasionada por una baja autoestima de quien vive bajo la filosofía de “más vale mal@ conocid@ que buen@ por conocer” y que ignora que para tener una vida plena el primer ingrediente del que se requiere echar mano es del equilibrio.

            La dependencia emocional tarde o temprano se transforma en una situación asfixiante que lo primero que provoca es la anulación de la libertad interior y esto, obviamente, sólo se puede contrarrestar con la inteligencia emocional y ésta se adquiere y se desarrolla únicamente tomando el control de nuestro mundo y nuestra existencia, animándonos a conocernos y a amarnos a nosotros mismos más allá de nuestras falencias (¡que por supuesto las tenemos!); pero también es importantísimo que bajo ninguna circunstancia intentemos fusionarnos con la persona a la que elegimos como nuestra pareja, porque cuando perdemos nuestra individualidad es muy fácil instalarnos en la infelicidad y en la frustración.

            Por lo tanto, intenta antes que nada no desvalorizarte y despréndete de todo aquello que te allega más perjuicios que beneficios, así se trate de el amor de tu vida. Porque si lo ves de la manera más fría posible, la persona más importante de tu existencia eres tú mismo. ¡Punto!

            Así que no te ciegues y primero reconoce que tienes un problema (o, quizá, varios) y haz caso a todas las señales de alarma que se te presenten en el camino, no te autoengañes; enseguida, haz una lista de todas esas cosas que te perjudican y que haces obligado por amor o por cariño y que ya no quieres hacer, aunque a causa de ello provoques regaños o enojos. Y, finalmente, para asimilar adecuadamente la lección, anímate a pasar un tiempo solo y descubre lo agradable que puede llegar a ser que pases tiempo contigo mismo, porque así empezarás a conocerte y también a darte cuenta que en esta vida también cuando perdemos se puede ganar algo.

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09-Aug-2017

¿ESTÁS ENVEJECIENDO? ¡ACÉPTALO!... NO ES EL FIN DEL MUNDO

            En esta vida, decían nuestras abuelas, sólo hay tres cosas que ninguno de nosotros, hombres y mujeres por igual, podremos evitar: Nacer, morir… ¡y pagar impuestos! Por ello, sumamente importante que desde muy jóvenes tengamos la atingencia y la asertividad para decidir cómo queremos vivir esta emocionante travesía en la que, nos guste o no, irreductiblemente tendremos que pasar por las siguientes etapas: niñez, juventud, adultez y ser ancianos. ¡No hay de otra!

            Así las cosas, principalmente los varones, deben ser sumamente inteligentes y sensibles para entender y disfrutar al máximo todas las etapas de su vida, porque de no hacerlo corren el peligroso riesgo que desde muy jóvenes tendrán que lidiar cotidianamente con la frustración y la inconformidad.

            Asimismo, conforme transcurren los años es de vital trascendencia que los caballeros aprendan a entender las distintas facetas de su existencia, porque eso es lo que les permitirá desarrollar una especie de sexto sentido para identificar cuál es su momento y cuál es su lugar porque, seamos honestos, no es ningún crimen ser joven e inexperto y, al mismo tiempo, tampoco hay nada reprochable en volverse un viejo lobo de mar con un largo y retorcido colmillo y ya no contar con el ímpetu característico de los llamados años mozos.

            Ser joven le permite al hombre contar con toda la energía posible para salir a explorar el mundo y allegarse un sinfín de experiencias que le permitirán, en la edad madura, convertirse en un individuo juicioso y con criterio. Y, al mismo tiempo, cuando el hombre logra ubicarse en el cuarto y quinto pisos (los 40 y 50 años), será poseedor de un peculiar atractivo que lo volverá sumamente interesante para las féminas que buscan como parejas a caballeros estables, solventes y con criterio.

            Sin embargo, también es muy importante que los hombres, al llegar a la edad madura, logren entender que sus capacidades físicas (aquí incluyo las sexuales) definitivamente ya no serán las mismas que cuando fueron jóvenes. Orgánica, biológica y metabólicamente está demostrado que a partir de los 35 años, días más-días menos, se presenta un ineludible declive en todo tipo de funciones, lo que suele detonar severos cuadros depresivos entre quienes no logran entender que el curso de la naturaleza no se puede impedir o retrasar.

            Y sí, lamentablemente para muchos hombres resulta muy doloroso descubrir que los fines de semana “de reventón” que comenzaban los jueves y terminaban los domingos por las noches no son lo mismo a los 28 años que a los 51, por ejemplo. Las desveladas, las parrandas, las bacanales sexuales y todos esos excesos cometidos durante la juventud y que aparentemente no les pasaban factura, ya en la edad adulta, cuando llegan a presentarse, les causan efectos devastadores en su organismo, tardando varios días en recuperarse de actividades que 20 años atrás ni siquiera les despeinaban los cabellos.

            Por eso, es muy importante que, querido lector, tengas la edad que tengas, le des la debida importancia al cuidado de todo tu ser y que, al mismo tiempo, entiendas que no es ningún pecado envejecer y que sentar cabeza no es sinónimo de fracasar, porque definitivamente la clave para una vida plena, de principio a fin, es conocerte a ti mismo y que aceptes que tener 30, 40, 50, 60 más tiene sus ventajas y sus desventajas, por lo que, efectivamente, no es lo mismo Los 3 Mosqueteros… ¡que 20 años después!

            Y no olviden que todos jueves a punto de la medianoche y los domingos a la 1:00 de la madrugada los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable preferido para verificar nomenclatura del canal).

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02-Aug-2017

Y TÚ… ¿DE QUÉ ESTÁS HECHO? (LA RESILIENCIA)

            ¿Cuántas veces han escuchado decirle a la gente –hombres y mujeres, niños adolescentes y adultos por igual), al momento en el que alguien atraviesa por momentos de adversidad y/o apremio, “ahora sí vamos a ver de qué está hecho este sujeto”? ¿Verdad que muchísimas? Sin embargo, a fuerza de ser sinceros, ¿cuántas veces hemos visto triunfar y/o sucumbir a alguien (incluidos a nosotros mismos) de cierto tipo de situaciones y bien a bien no alcanzamos a explicarnos acertada y atingentemente cómo es que logramos aplicar puntualmente este aforismo utilizado en un sinfín de ocasiones?

            De entrada, para entender este tipo de frases primero tenemos que analizar un concepto al que se le ha dado por llamar resiliencia y que no es más la capacidad con la que contamos todos los seres humanos (algunos en menor y otros en mayor medida) para adaptarnos positivamente a las situaciones adversas y que responde conceptualmente, de acuerdo a estudios realizados por investigadores de este Siglo XXI, a tres modelos socioculturales: el de compensación, el de protección y el de desafío, por lo que no se trata de una condición innata, ya que ésta se conforma y se desarrolla a través de conductas, pensamientos y acciones que bien pueden ser aprendidas o también pueden ser desarrolladas.

            Ahora bien, los traumas, las tragedias, las amenazas y aquellas fuentes de tensión que enfrentamos a diario en nuestra vida cotidiana (a nivel personal, a nivel laboral, a nivel profesional, a nivel familiar, a nivel emocional, etcétera) siempre nos van a ubicar en posición de rebote o de regreso, o sea que nuestra capacidad de reacción y respuesta serán puestas a pruebas frecuentemente. Y para sortear positivamente estas circunstancias siempre será necesario ejercer una especie de “músculo invisible” en nuestra psique que nos permitirá lidiar positiva y adecuadamente con la realidad y también nos impulsará a diseñar estrategias sobre la marcha para desarrollar determinadas fortalezas y habilidades que nos ubicarán en una posición favorable para salir adelante.

            Pero ¿es posible transformarnos en personas resilientes cuando en el pasado inmediato siempre nos caracterizamos por dejarnos derrotar ante cualquier problema o adversidad? La respuesta es un sí contundente. ¡Sí podemos! Y para lograrlo tenemos que sacar lo mejor de nosotros mismos cuando un evento, de cualquier índole, nos afecta emocionalmente en demasía. Debemos ser inteligentes y muy ecuánimes para analizar y diagnosticar estas vivencias que a tantas dificultades nos remiten cada vez que hacen acto de presencia. Y para esto es muy válido acudir al encuentro de nuestros amigos y familiares, incluso solicitar ayuda profesional (un psicólogo, un terapeuta, etcétera), porque a final de cuentas el futuro inmediato requiere de mostremos actitud y fortaleza.

            Asimismo, la resiliencia nos conmina a enseñar nuestra flexibilidad y nuestra tolerancia, porque en la medida en que las circunstancias adversas se presentan nos daremos cuenta de que éstas no todo el tiempo son idénticas y eso requiere de nuestro mejor juicio para que ataquemos los problemas y enfrentar las demandas cotidianas de nuestro proceder. Hay que hacer acopio de mucha autoestima, no caer en pánico o en pesimismo y también reconocer nuestros alcances y limitaciones, pues las personas resilientes son autocríticas, creativas, confiadas, asertivas, conscientes, optimistas, desprendidas, tenaces y tienen buen sentido del humor.

            Y no olviden que todos los jueves a la medianoche en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

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26-Jul-2017

COMENZAR DE CEROS… POR ENÉSIMA OCASIÓN

            Los seres humanos perfilamos y reforzamos nuestro carácter a través de las vivencias. Por lo mismo, cuando caemos en estado de depresión (a causa de una ruptura amorosa, la pérdida del empleo o la muerte de alguien muy cercano), es común que uno de nuestros pensamientos más frecuentes sea querer mandar todo a volar y desear irnos muy lejos, a un sitio donde nadie nos conozca y comenzar nuestra vida desde ceros.

            Sin embargo, a la hora de verdaderamente tomar al toro por los cuernos son muy pocos los que se animan a darle un cambio de 180º a sus vidas y, efectivamente, como el Ave Fénix, resurgir de las cenizas propias y construir una nueva vida.

            Pero, ¿cuándo es momento de realmente animarnos a dar un giro total a nuestra existencia y no morir en el intento? Pues bien, lo cierto es que ésta es una interrogante que no se puede responder de manera general, toda vez que las circunstancias de todos los hombres y mujeres son muy particulares, algo así como los casos de gripe (nunca hay uno igual). Por lo mismo, siempre es pertinente que cuando se nos presente alguna crisis emocional podamos mantener la calma y así lograr identificar y diagnosticar la coyuntura ideal para dar tan importante paso.

            En una primera instancia deberás tener un plan, bien diseñado y bien estructurado, proporcional a la magnitud del golpe emocional que te sacudió y que te está motivando a querer cambiar radicalmente tu rumbo. Por lo tanto, empieza por trabajar tu autoestima y define una ruta de cambio gradual y paulatina, para que la frustración no se presente a la primera de cambios y de pronto te veas envuelto en una crisis depresiva aún más profunda que la que te motivó a querer cambiar de aires.

            Enseguida haz el “autocompromiso” de que, pase lo que pase, intentarás en todo momento analizar con cabeza todos los escenarios posibles. Descifra qué es lo que está ocurriendo precisamente, cómo te sientes con respecto a esa situación, qué la derivó y cómo piensas solucionarla. Aquí no cabe pero para nada la autoconmiseración y tampoco que te estés echando la culpa por todo lo malo que ocurre alrededor tuyo; lo verdaderamente trascendente en este punto es establecer un plan de acción que, paso por paso, te permita ir alcanzando pequeñas metas intermedias y al alcance de tu mano. Nadie mejor que tú conoce tus alcances y tus limitaciones.

            Asimismo, para superarnos y ubicarnos en un escenario realista tenemos que saber diferenciar nuestras verdaderas necesidades de nuestros caprichos, pues nuestro esquema de satisfactores siempre debe estar apegado a aquellos retos que responden atingente y asertivamente a aquello que sí podemos establecer en base a nuestro talento, nuestro conocimiento, nuestras habilidades y nuestra visión. Si quieres empezar una nueva vida porque “estás hart@ de tus compromisos y tus responsabilidades” definitivamente estarás cometiendo un error gigantesco, porque el secreto para ser feliz también pasa por el autoconocimiento y la honestidad que podamos ejercer al momento de aceptar que estamos ejerciendo muy poca disciplina en nuestra vida diaria.

            Por lógica, en este nuevo viraje de tu vida, si es que finalmente te has animado a emprender ese cambio, vas a tener que ampliar tu espectro del perdón, tanto para ti mismo como para los demás; también deberás tomar la iniciativa para adquirir más poder al momento de tomar decisiones (desde las más sencillas hasta las más complejas) y, por último, tendrás que dejar de juzgarte con tanta severidad para así poder disfrutar de tus logros y victorias. La autocrítica también es muy destructiva, por lo que será vital que te felicites por cada pequeño triunfo que obtengas y que esté dentro del esquema que tú mismo planificaste.

            ¿Estás listo?

            Y no olviden que todos los jueves y sábados a la medianoche los espero su programa favorito “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (chequen programación y nomenclatura de su respectiva compañía de cable).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

19-Jul-2017

            Se dice que los seres humanos, hombres y mujeres por igual, desde que nacemos, venimos provistos con ciertos instintos que conforme transcurre el tiempo los vamos desarrollando y perfeccionando, a grado tal que éstos terminan perfilando y delimitando la propia personalidad; por lo que podemos considerar que los individuos más exitosos a cualquier nivel –personal, sentimental, social, profesional, etcétera- son aquellos que, más allá de sus propias limitaciones, aprenden a ser asertivos y persuasivos, y que, partiendo de este par de características logran establecerse como sujetos de confianza, respeto y admiración.

            Sin embargo, por principio de cuentas, ¿qué entendemos por asertividad y por persuasión?

            Dentro de los distintos estilos de comunicación que existen, las personas asertivas son aquellas que en su accionar cotidiano tienen perfectamente bien identificados cuáles son sus derechos y son mismos los que les conceden a los demás. Además, saben ubicarse atingentemente en el punto medio entre la pasividad y la agresividad, lo que les permite accionar cotidianamente con objetividad y con eso logran defender sus posturas e ideas sin necesidad de agredir u ofender a los demás.

            Por otra parte, la persuasión es aquella habilidad que poseen algunas personas para transmitir ideas y que éstas sean aceptadas, ejecutadas difundidas por el receptor de las mismas porque éste se convenció al 100% de que dicha idea, además de conveniente, le puede acarrear determinado beneficio o satisfactor.

            Así las cosas, aquellas personas que logran combinar en sus acciones cotidianas la asertividad y la persuasión en definitiva logran ubicarse en una posición de mayor ventaja en comparación con esos individuos que no lograron desarrollar óptimamente estas dos habilidades y que con frecuencia fracasan en su intento por establecer procesos de comunicación y sinergias de convivencia que requieren de sujetos poseedores de personalidades perfectamente definidas.

            Por lo anterior, es trascendental que cuando nos relacionemos con los demás (en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la colonia, en el club deportivo, etcétera) siempre tengamos presente que a la hora de comunicarnos debemos ser sumamente claros y concisos con lo que esperamos del resto del mundo. Si queremos convencer a los demás de algo, si deseamos transmitirles cierta idea, si necesitamos que hagan algo por nosotros, es muy importante que en todo momento utilicemos un vocabulario accesible, un lenguaje corporal contundente (pero no agresivo), que nuestro tono de voz sea firme y respetuoso al mismo tiempo, y, como se dice coloquialmente, que no nos tiemble la mano pero tampoco hay que ser groseros y humillantes.

            Ahora bien, si nos apegamos al viejo aforismo aquel de que “en la manera del pedir, está el dar”, tenemos que considerar en todo momento las necesidades emocionales de aquellos con los que nos estamos comunicando, porque si bien por un lado con algunas personas funciona hablarles de manera muy fuerte e impositiva, también debemos considerar que hay otros sujetos que requieren de un trato y de palabras más sutiles para que al final se suban al mismo vagón en el que estamos nosotros.

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12-Jul-2017

            El ser humano en la adultez es un extenso muestrario de todo aquello que asimiló durante la infancia y la adolescencia. Es por eso que en la mayoría de las ocasiones cuando una persona madura tiende a evadir sus responsabilidades y a culpar a todo el mundo por sus desgracias y su mala suerte, bien vale mucho la pena analizar el entorno en el que ésta se desarrollo, porque el origen de todo comportamiento fallido y poco resiliente se fundamenta principalmente en una serie de valores y conductas que no logró asimilar a edad temprana.

            Y este tipo de personas, hombres y mujeres por igual, que todo el tiempo juegan el rol de víctimas ante las adversidades y que tal pareciera que viven en una depresión permanente, no son más que el resultado de una cadena de malas decisiones tomadas a lo largo de su vida y que, llegados a un punto de su edad adulta, estallan como una olla de presión porque no aprendieron ni a manejar ni a resolver los problemas que se les presentan en el día a día.

            Así las cosas, podemos encontrarnos con adultos que inexplicablemente se encuentran entrampados en lo que conocemos como el “Síndrome de Peter Pan”, que no es más que el miedo a crecer y a aceptar los roles que les corresponden por su edad, lo que definitivamente termina por impedir que éstos se desarrollen personal y profesionalmente porque su comportamiento en definitiva se quedó anclado en una etapa en específica en donde lo más común es evadir, procrastinar o desentenderse de las responsabilidades y compromisos, ignorando que esta manera de pensar/actuar les acarreará gravísimas consecuencias en cualquier aspecto de su vida.

            Pero, ¿qué es lo que impide que un hombre adulto sea incapaz de proporcionar seguridad y certeza a otra persona, ya sea a nivel emocional o material? De acuerdo al psicólogo Dan Kiley, quien se hizo famoso en la década de los ochentas por realizar diversos estudios para analizar este tipo de conductas, principalmente en varones, aquí el problema principal es que estas personas no saben o no quieren aceptar las obligaciones propias de su edad y esto, a su vez, los imposibilita para desempeñar determinados papeles (padre, esposo, jefe, etcétera) que son inherentes al ciclo vital de cada individuo.

            Asimismo, esta conducta, que se deriva de alteraciones emocionales y conductuales, es producto de elevadísimos niveles de ansiedad y de tristeza que desembocan en un estado de depresión permanente que requiere de atención profesional urgente. Y es que cuando una persona se siente poco realizada con su vida y a su alrededor tiene a otros que sí tienen éxito en lo que hacen, prácticamente en automático deja de asumir sus responsabilidades y, por ende, tampoco disfruta de los retos… el resultado es una autoestima totalmente vapuleada.

            Y cuando esta conducta se prolonga por mucho tiempo lo que vamos a encontrar será a una persona con agudos trastornos de pensamiento que difícilmente se va a adaptar a dinámicas en donde se requiere de disciplina, esfuerzo y compromiso. Así que si tu eres de esos que se aferran a seguirse vistiendo como cuando tenías 19 años, si acostumbras a prometer cosas que jamás cumples, si tan sólo duras unas cuantas semanas en tus empleos, si nunca tienes suficiente dinero en la cartera como para poder invita a salir a una mujer… ¡cuidado!, es muy seguro que pertenezcas a esta repudiada estirpe de hombres que se niegan a crecer y a resolver su propia vida y sus propios problemas.

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05-Jul-2017

¿QUÉ ONDA CON TU CARÁCTER?

            La semana pasada hablé sobre aquellas cosas que las mujeres no toleran en los hombres, esa especie de anticualidades que cuando hacen su aparición provocan que ellas salgan huyendo sin detenerse y sin mirar atrás. Sin embargo, dentro de todas éstas hay una que se ubica muy por encima de todas éstas y que en definitiva desnuda emocionalmente por completo a un caballero y se trata nada menos que la falta de carácter.

            Y no, no nos confundamos, cuando yo me refiero al carácter por favor no asocien el término con tantas cosas que echan a perder la personalidad de un varón. Referirnos al carácter no tiene nada que ver con ser machista, descortés, intransigente e incluso violento ante las necesidades de las mujeres. ¡Por supuesto que no! Pero lamentablemente como vivimos en una sociedad que desde tiempos inmemoriales maneja conceptos ambivalentes y erróneos, sobre todo a la hora de entender y explicar las relaciones de pareja, nos hemos acostumbrado a vivir atrapados en estereotipos muy dañinos para todos.

            Para entender el carácter de un hombre primero hay que adentrarnos en el conjunto de aspectos psicológicos que se moldean y se consolidan con la educación, el ejercicio de la voluntad y los hábitos, los cuales a su vez se van estableciendo en el entramado de la personalidad a través de las experiencias. Por lo tanto, el carácter está fuertemente vinculado al temperamento y las personas actúan en consecuencia de éste. Así las cosas, cuando conocemos a personas de carácter nervioso, de carácter apático, de carácter sentimental, de carácter colérico, de carácter apasionado o de carácter amorfo, entre otros, para entenderlas tenemos que hacer juicios y diagnósticos sumamente asertivos para comprender que su respuesta ante circunstancias muy en específico va a ir en respuesta a todo lo que han asimilado y desarrollado a partir de su propia cognición.

            Sin embargo,  para contextualizar un poco más en el tópico de lo que es el carácter, vale la pena recalar que para la creación de éste se requiere de tres ingredientes primordiales: La emotividad (la reacción emocional del sujeto frente a los acontecimientos), la actividad (la capacidad de respuesta de la persona frente a determinada situación) y la resonancia (la reacción ante los hechos). A partir de estos tres pilares emocionales podremos clasificar a las personas “de mal carácter”, “de carácter fuerte”, “de carácter insufrible”, “de no tener carácter”, etcétera.

            Pero lo más importante de todo es que el carácter forma parte de un proceso a través del cual nos relacionamos con nuestro entorno y todos esos fenómenos internos que ocupan nuestra mente, así que no debemos sorprendernos si de repente una persona a la que creemos “conocer perfectamente” de un día para otro cambia su manera de ser o de comportarse, porque al final del día el carácter también tiene mucho que ver en cómo los seres humanos nos adaptamos a nuestras circunstancias cotidianas. No hay que olvidar que la sociedad en la que nos desenvolvemos es una plataforma gigantesca de constante interacción en la que todo mundo estamos trabajando y puliendo nuestras actitudes y aptitudes.

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28-Jun-2017

LO QUE (DEFINITIVAMENTE) NO LE GUSTA A LAS MUJERES

            La atracción física y lo que deriva de ésta, cuando un hombre y una mujer logran superar esa emocionante etapa en la que todo es sexo, sexo y más sexo, siempre acaba por ubicar a las parejas en contextos tangibles que no son del todo convincentes para ambos porque, una vez superada la fase en la que la química lo domina todo, damas y caballeros se ven obligados a reevaluar y a replantear su relación en torno a las virtudes y defectos que presenta esa persona a la que eligieron para intentar construir una relación a largo plazo.

            Y sí, ya todos sabemos que cuando se trata del complejo macrocosmos femenino las mujeres ya tienen, a manera de inventario, una kilométrica lista de cualidades que deben reunir esos prospectos a los que eventualmente podrían darles el “sí” definitivo para (como en los cuentos de hadas) vivir juntos y felices por siempre.

            Sin embargo, en el lado opuesto de la moneda, las féminas también tienen muy bien identificadas aquellas aristas que bien podrían ser llamadas anticualidades y que, definitivamente, las hacen huir despavoridas en dirección contraria a ese príncipe azul percudido.

            Para empezar, podemos considerar que a toda mujer le parece encantador tener un hombre (novio o esposo) varonil, de carácter bien templado y sensible. Pero mucho ojo aquí, porque como dice el aforismo de nada con exceso, todo con medida, a las damas no les gusta pero para nada que su galán sea un adicto al gimnasio y a los músculos inflados; tampoco les agrada que sea intolerante e inflexible, y lo que es peor, no soportan tener que competir con un caballero que les rivalice en cursilería y ramplonería. Así que si tú eres de esos tipos que les da por llorar con las puestas de sol o con el final de la telenovela de moda o cuando ves a un bebé precioso en el súper… ¡olvídalo!, porque ellas odian a alguien que chille más que ellas. ¡Punto!

            Otra cosa que no soportan las mujeres actuales es a los hombres codos y tacaños. De acuerdo, vivimos en una época de emancipación femenina, en la que ellas sin autosuficientes e independientes, pero todavía se ve muy mal que salgas al cine, a cenar o a bailar y le propongas a ella que dividan la cuenta, que te dispare las palomitas o que salgas con el ridículo y falso argumento de que “olvidé mi cartera en el otro saco ¿me prestas para pagar cuenta?”. Ni se te ocurra hacer algo así porque eres hombre muerto, ¡literal!

            No te muestres indiferentes hacia los problemas cotidiano de esa mujer a la que aseguras amar con locura. Sí, ya sabemos que muy pocas son capaces de charlar profundamente sobre temas deportivos o el óptimo funcionamiento de los gadgets de moda. Sin embargo, cuando estés con ella, aunque sea de manera fingida pero préstale total atención a lo que te esté contando sobre esos “asuntos de mujeres” que te quiere compartir. Aprende a escucharla, mírala con atención y aunque en tu cabeza sólo puedas retener la trama del capítulo más reciente de “Los Simpson”, convéncela con tu actitud y tu lenguaje corporal que si le estás haciendo caso.

            Otra cosa que las mujeres no toleran de sus hombres es que sean sucios, descuidados y fachosos. Cuida al máximo tu aspecto personal aunque ya tengas 8 años de casado con ella porque ese detalle influye mucho al momento de que una chica se decide a ser infiel. Asea a diario tus dientes cuando estés en casa, no traigas puestas todo el día esas horribles chanclas y bajo ninguna circunstancia creas que la pijama es el uniforme del diario y que puedes usarla todo el mes completo. Siempre ten buenos modales frente a ella y también usa un vocabulario educado.

            Obviamente, sobra decir que cuando estés con ella jamás voltees a mirar a otra mujer, no atiendas a tus galanas por el teléfono celular cuando estén juntos y bajo ninguna circunstancia te quieras hacer el donjuán con sus amigas.

            ¿Les quedó claro?

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21-Jun-2017

LO CORRECTO Y LO INCORRECTO

            En una relación de pareja, cuando un hombre y una mujer se disponen a acompañarse hacia la intimidad y el placer se dice que si ambos están de acuerdo prácticamente todo se vale. Sin embargo, más allá de esta suposición, la cual en varias de sus aristas es verdadera, hay ocasiones en que al momento de que la sexualidad entra en juego muchos de nosotros lo hacemos desde una perspectiva sumamente egoísta y desconocemos o ignoramos (o ambas) lo que le gusta y lo que le disgusta a esa persona que eligió estar con nosotros para compartir y expandir tan importante parte de su existencia.

            La sexualidad, dicen los expertos, debe ser compartida, reciproca y corresponsable. Pero también, para ser placentera, debe ser sumamente empática para que a nivel orgánico y a nivel emocional quienes construyen esa intimidad puedan estar en un entorno 100% balanceado, con cada uno ofreciendo desde su nivel de experiencia y conocimiento logre salir fortalecido en todos los aspectos relacionados al sexo.

            Sin embargo, como todo en esta vida, muchas veces la ignorancia, los complejos, la timidez, el machismo y los valores mal entendidos y mal asimilados provocan que muchos hombres y mujeres echen a perder algo tan bello como lo es el sexo en pareja. La falta de comunicación y el desinterés en lo que quiere y necesita el otro en la alcoba nos hace cometer errores gigantescos de daños incuantificables e irreversibles. La desconsideración, la insensibilidad, la mala educación, la rudeza, la falta de tacto (para decir y hacer), la impericia, la impaciencia y el desconocimiento de nuestra pareja arrojan como resultado que algo tan hermoso como la sexualidad acabe siendo un ejercicio fisiológico de consecuencias horribles.

            No es ningún delito sentarse a platicar con nuestra pareja sobre sus gustos y sus miedos, conocer de primera mano todo aquello que le inquieta con respecto a la sexualidad tampoco. Es totalmente válido que dejemos de lado nuestras inseguridades para pedirle a nuestra pareja qué es lo que nos gusta y cómo nos gusta que nos lo hagan, y si algo nos hace sentir incómodos por supuesto que también lo debemos manifestar. Por otra parte, cuando nos llegue a proponer alguna práctica que desconocemos por favor no digamos de facto “no” o “no quiero” o “no me gusta”, porque eso puede desanimar a nuestr@ novi@ o espos@. Siempre hay que tomar en cuenta que alguna cosa que hacíamos con nuestras parejas previas probablemente no le gustará en absoluto a la actual y, en contramano, también nos adentraremos a terrenos desconocidos cuando nos sea planteada la posibilidad de ejecutar algo nuevo o diferente.

            Está más que claro que en las sociedades occidentales, como la nuestra, hombres y mujeres por igual suelen ser tradicionalistas y repetitivos en casi todas las facetas de su existencia. Y el sexo definitivamente no puede ser la excepción. Estamos haciendo en la cama lo que hacían nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros bisabuelos y así… pero también con un poco de atrevimiento y desparpajo (y mucho respeto mutuo) podemos ser capaces de sacudirnos viejos paradigmas con respecto a lo que se debe y no se debe hacer en la cama. El deseo y la imaginación no deben estar sujetos a convencionalismos inservibles que sólo ayudan a exacerbar nuestros complejos. Anímate a hacer algo distinto la próxima vez que vayas a la alcoba con tu pareja, verás lo bien que se van a sentir.

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14-Jun-2017

            Nacer, crecer y desarrollarse dentro de una sociedad monolítica no es nada sencillo, sobre todo cuando por generaciones nos hemos dedicado a perpetuar y a exacerbar determinados estereotipos cuyo ejercicio siempre tiene como objetivo final que hombres y mujeres vivan en un mundo en el que “esto es para ellos”, “esto es para ellas”, “esto no es para ellos” y “esto no es para ellas”. ¿Les suena familiar?

            Uno de los ejemplos más claros de lo anterior lo podemos encontrar cuando, desde la niñez, a los varones se les educa dentro de cartabones de rigidez emocional que les impiden mostrar sus sentimientos abiertamente y manifestarse como seres sensibles. Y sí, por un lado somos las mismas mujeres, cuando desempeñamos el papel de madres, las responsables de educar a un hijo misógino y machista; también, por otra parte, queda totalmente demostrado que desempeñando nuestro rol como padres de familia obligamos en todo momento a que nuestros hijos se porten como hombres y que si algo les provoca dolor o molestia no lo externen o lo manifiesten porque las quejas y las lágrimas son cosa de niñas.

            Y así, durante la niñez, posteriormente en la adolescencia y finalmente en la edad adulta los hombres terminan por formarse estructuralmente de una manera totalmente inconcebible porque, de acuerdo a lo que les inculcaron en sus familias y también de acuerdo a lo que dicta la sociedad a la que pertenecen, ellos tienen que ser fuertes en todo momento y bajo ninguna circunstancia deben mostrar debilidad alguna por medio de la tristeza o las lágrimas, lo que en consecuencia provoca que cuando, por ejemplo, sufran alguna desilusión amorosa o enfrentan el fallecimiento de un ser muy cercano y querido, se hundan permanentemente en la depresión y nunca se puedan abrir con nadie (ni con los amigos o con algún terapeuta) para hacer catarsis con todo el cúmulo de dolor con el que están lidiando.

            Sin embargo, al igual que las mujeres, los hombres están provistos de glándulas lagrimales, lo que les permite llorar. Entonces, ¿por qué a los varones no les está permitido llorar?, ¿por qué les está vetada la posibilidad de manifestar que están sufriendo por algo o por alguien?, ¿por qué cuando el mundo entero ve a un caballero externar sus sentimientos y sus emociones automáticamente es calificado como alguien débil o pusilánime o carente de hombría?, ¿por qué tienen que hacerlo en silencio o cuando nadie los observa?

            Se dice que los hombres reaccionan de manera muy distinta que las mujeres cuando tienen que enfrentar a la desdicha o a la desgracia y que precisamente es debido a todas esas imposiciones sociales con las que cargan desde tiempos inmemoriales que la gran mayoría de ellos están impedidos para manejar de manera adecuada con sus emociones, sobre todo las más extremas.

            En alguna ocasión el actor Richard Pryor comentó que  “Cuando las mujeres tienen el corazón roto, lloran. Pero cuando a los hombres les rompen el corazón éstos se guardan el dolor como si no estuviera pasando nada y después salen a dar un paseo por ahí para dejarse atropellar por un camión o arrojarse de algún puente”. Triste pero cierto.

            Ojalá que, al igual que las mujeres, los hombres pudieran tener ese chip que les permitiera poder compartir con sus amigos más cercanos aquellos pensamientos, sentimientos y situaciones que los agobian y que les causan dolor para, poco a poco, poderse ir despojando de esa pesadísima armadura que les impide vivir con mayor plenitud y sin importarles que alguien pudiera criticarlos si algún día sueltan las lágrimas sentados en la banca de un parque o mientras van caminando por la calle.

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07-Jun-2017

EL BUEN JUEZ… ¿POR SU CASA EMPIEZA?

            En este espacio hemos abordado frecuentemente temas que bien podríamos considerar como “piedras en el zapato” para muchos de nosotros y los cuales casi siempre se originan desde la doble, la triple o la múltiple moral. Sin embargo, cuando se trata de ser autocríticos, la mayoría de nosotros, hombres y mujeres por igual, recurrentemente somos demasiado laxos con nuestros juicios y eso nos ubica en una posición de ambigüedad porque para una misma situación (sobre todo si estamos involucrados en ella) llegamos a tener más de una interpretación y eso, lamentablemente, podría colocarnos fácilmente en terrenos de la hipocresía o la vaguedad.

            En su diario devenir, el ser humano se ve inmerso todo el tiempo en situaciones que lo llevan a tomar distinto tipo de acciones y al final del día se dispone a elaborar diagnósticos para concluir si actuó de manera correctamente o si, en caso contrario, obró de forma errónea y eso derivó en que cometiera errores. Y lo mismo pasa con aquellos que lo rodean, por lo que su atención también va dirigida hacia los demás, por lo que será un ejercicio cotidiano evaluar y calificar las acciones de otros, sobre todo las de quienes considera sus competidores porque, la naturaleza humana ha llevado al hombre desde tiempos ancestrales a un estado permanente de competencia con los demás. Por eso existen la avaricia, la codicia, la guerra e incluso el racismo.

            Y es que el hecho de que los seres humanos constantemente, en un afán de reafirmarnos en nuestro entorno, estamos buscando la manera de ser mejores o superiores a aquellos que consideramos nuestros iguales, irremediablemente nos arroja a los senderos donde la crítica y la desaprobación son los preceptos máximos.

            No hay vuelta de hola, los seres humanos, desde nuestra concepción, venimos “equipados” con una serie de aditamentos emocionales que nos permiten ser como somos y éste es un hecho incontrovertible al que difícilmente podremos renunciar. Desde el primer día de nuestra existencia comenzamos a desarrollar una serie de valores y conceptos, también eso que conocemos como virtudes y defectos… eso es lo que nos moldea y nos define para bien y para mal. Asimismo, conforme nos vamos involucrando en el núcleo social al que nos tocó pertenecer también adquirimos y perfeccionamos cierto tipo de habilidades que erróneamente, cuando no existe objetividad en nuestros conceptos y juicios, nos hacen creer que somos mejores, superiores o diferentes a los demás, y esto ocurre cuando somos incapaces de manejar adecuadamente nuestro ego porque es éste (el ego) el que nos desubica y nos hace creer que por nuestra circunstancia podemos acusar, señalar, denostar y desestimar aquello que los demás están haciendo y que a nuestro parecer resulta estar mal hecho.

            Obviamente, cuando esto sucede es porque nuestra autoestima se encuentra en un nivel muy bajo, tan bajo que en lugar de ubicarnos en una posición que nos permita trabajar en aquellas cosas en las que estamos fallando preferimos darle más importancia a aquello que los demás no están haciendo correctamente de acuerdo a nuestra perspectiva, nuestros conceptos y nuestro conocimiento. Cuando le damos más importancia lo que están realizando otros es porque, definitivamente, nuestra vida está careciendo de elementos sólidos que merezcan nuestra aprobación para que valga la pena tomarla en cuenta por encima de otras.

            Es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno y pasar por alto la enorme viga que nubla la visión del nuestro. Pensar que somos mejores que los demás también. Pero si nos ponemos a analizar que por cada vida humana existe una circunstancia de características propias y particulares, y que eso la hace totalmente diferente del resto, podríamos empezar a construir relaciones más positivas con el resto del mundo, incluso con nosotros mismos.

            Empieza con un pequeño cambio en ti mismo…

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31-May-2017

FIDELIDAD E INDIFELIDAD… PROS Y CONTRAS

            Se dice que la fidelidad es una imposición social y que va contra natura, porque ningún ser vivo con capacidad reproductiva puede ser limitado a una sola pareja sexual. Sin embargo, hay quienes consideran que la infidelidad indefectiblemente conduce a la promiscuidad y eso nos acarrearía muchísimos problemas de distinta índole, sobre todo de salud.. no olvidemos que vivimos en la era del VIH y las ETS (enfermedades de transmisión sexual).

            Pero, más allá de problemáticas y convencionalismos, en realidad ¿qué significa ser fiel o ser infiel y cómo es que hombres y mujeres por igual se ven tentados a caer en dinámicas que los orillan a buscar otras personas con las que terminan de romper la promesa de hasta que la muerte nos separe?

            Por principio de cuentas lo primero que debemos desmenuzar son los conceptos de “fidelidad” e “infidelidad”, los cuales, me parece, dado el entorno de cada individuo, terminan siendo brutalmente subjetivos, porque con todo y que vivimos en una sociedad que tiene muy bien delimitadas las características de una y otra, lo cierto es que la condición humana, tan voluble, cambiante y convenenciera, una y otra vez adapta y readapta aquellas circunstancias en las que de pronto tenemos que juzgarnos a nosotros mismos y también juzgar a los demás.

            Todos sabemos que la infidelidad se refiere a aquellas relaciones afectivas (noviazgos o matrimonios) establecidas por personas que, por libre albedrío, deciden hacerlas públicas o mantenerlas en secreto y que, llegado el momento se ven afectadas cuando uno de sus dos componentes (o ambos), ya sea por carencia de lealtad o por curiosidad erótica hacia otr@, quebranta el compromiso moral, religioso, legal, sexual, previamente establecido. Sin embargo, previo a este escenario, sería muy interesante cuestionarnos quién o quiénes decidieron que los componentes de una pareja están obligados, hasta que la muerte los separe, a renunciar a tener encuentros sexuales con otras personas más allá del hecho de afectar o no el vínculo emocional que existe entre esta pareja.

            Ahora bien, ¿se puede tener sexo con otra persona y seguir amando a la pareja con la que se convive a diario desde hace mucho tiempo atrás? o ¿es necesario que exista contacto sexual con otra persona para considerar que existe infidelidad o simplemente hablar con alguien, salir con alguien más (a comer, al cine, a tomar una copa) y/o fantasear con alguien más en la intimidad ya debe ser considerado un adulterio? ¿Verdad que no es fácil llegar a un punto de acuerdo que nos permita forzar un balance favorable para las partes involucradas?

            Sin embargo, cuando todo se mira bajo la lente de lo social, de lo políticamente correcto, de lo que hicieron nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros bisabuelos y todos nuestros ancestros, lamentablemente vamos a entrar en terrenos sumamente complicados. Y lo es porque la moral (o, más bien, la moralina) siempre nos hace mirar con ojos condenatorios aquello que hacen los demás, buscando la comprensión y la benevolencia de los otros cuando nosotros caemos en esa conducta que nosotros tanto reprochamos. ¿Y por qué ocurre esto? Simple: Porque todavía no somos capaces de despojarnos de esa careta que nos impone la doble moral; porque en lugar de confeccionar nuestros propios conceptos de lo correcto y lo incorrecto, del bien y del mal, seguimos permitiendo que convencionalismos ancestrales nos sigan dictando qué debemos juzgar como bueno y qué debemos considerar malo.

            ¡Analízalo y reflexiónalo!

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24-May-2017


¿Quiénes de ustedes aún recuerdan a sus abuelos, a sus padres, a sus hermanos, a sus vecinos, a sus amigos, a todos aquellos con los que convivieron durante su infancia, preguntarles “¿qué quieres ser de grande?”? Estoy segura de que la gran mayoría de ustedes aún mantienen esa interrogante zigzagueando dentro de sus cabezas; sin embargo, también estoy segura de que muchos de ustedes, a modo de reflexión, ocasionalmente también se preguntan “¿Logré convertirme, ya de adulto, en eso que quería llegar a ser de grande cuando era niño?”.

            Difícil, ¿verdad?

            Y es que, lamentablemente, la vida nos va empujando hacia caminos muy distintos a los que suponíamos durante nuestra infancia y nuestra adolescencia. Las ilusiones, los sueños, las inquietudes, los anhelos, al igual que nosotros mismos, de pronto acabaron transformándose y, de paso, también nos transformaron a nosotros mismos; por lo que de pronto nos toca convivir con personas que de niños querían ser bomberos, pilotos de la Fórmula 1, estrellas de rock, aventureros de safari, rescatadores de especies en peligro de extinción y futbolistas profesionales y ya siendo adultos se convirtieron en abogados, contadores, empresarios, terapeutas y vayan ustedes a saber que otras tantas profesiones, las cuales no sólo sepultaron a aquellos niños entusiastas que eran ustedes, sino que abrieron a paso, irremediablemente, a adultos amargados inconformes con su presente.

            Pero, ¿qué es lo que sucede que son muy pocos los que al final logran concretar sus ilusiones infantiles y ya siendo adultos se desempeñan en actividades que los tienen felices, satisfechos, emocionados y exitosos? Muchos aseguran que cuando uno crece hay que dejar de lado las fantasías y hay que ocuparse de la realidad, por lo que siempre será preferible abrazar una carrera o una profesión sumamente remunerativa que dedicarse a alguna actividad que sólo les dejará algunas sonrisas y muchos bolsillos vacíos.

            Sin embargo, cuando la decisión de dedicarse a una actividad que genera ganancias económicas choca con la cotidianeidad de los individuos, sobre todo aquellos de espíritu idealista, esta circunstancia indefectiblemente comienza a pavimentarle el terreno a la frustración, al enojo, a la tristeza y a la depresión, porque los seres humanos (principalmente los hombres) cuando llega el momento de realizar ciertos balances muchas personas concluyen que de manera por demás inexplicable le dieron la espalda a sus sueños y acabaron cumpliendo los sueños y las expectativas de otros, principalmente los de los padres. Y cuando este escenario se hace presente, lamentablemente se manifiesta a través de pensamientos negativos que agudizan la depresión referida.

            Afortunadamente, cada vez son más los individuos que logran deshacerse de esos grilletes emocionales y poco a poco van estructurando su vida y su cotidianeidad para construirse un panorama lo más parecido a lo que soñaban tener y hacer cuando eran niños. Y sí, seguramente, por ejemplo, a los 40 años difícilmente lograrán ser pilotos de la Fórmula 1 o ser futbolistas profesionales, pero ¿qué tal si se compran un lindo auto deportivo y se van los fines de semana a la carretera para disfrutarlo o si integran un buen equipo de cuarentones (como ellos) y se inscriben a una liga de veteranos para echar la cáscara los jueves por la noche?

            ¿Terminaste la licenciatura en Derecho porque tu mamá soñaba con ver a su hijo convertido en todo un abogado, como su abuelo? ¡Está bien! No te amargues. Ahora trata de encontrar la manera de estudiar para ser veterinario y curar a todos los animalitos que tanto te gustan? Aquí la cuestión es que consideres que nunca es demasiado tarde para cumplir con tus sueños y que nada es imposible, porque los únicos límites están en tu cabeza.

            Y no olviden que todos los jueves y sábados a la medianoche los espero su programa favorito “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (chequen programación y nomenclatura de su respectiva compañía de cable).

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17-May-2017
SER HUMANOS

            Desde un punto de vista biológico, el ser humano es aquel espécimen cuya especie está vinculada al homo sapiens poseedor de características y diferencias que lo colocan, aparentemente, por encima del resto de todas las especies animales porque éste es capaz de realizar acciones tan complejas y específicas como hablar, pensar y que, más allá de los aspectos corporales, cuenta con la capacidad de amar, reflexionar, crear, interactuar con sus semejantes, leer, escribir, crear sistemas de pensamientos, etcétera. Sin embargo, dadas las actuales circunstancias bajo las que vivimos en nuestra sociedad actual, está más que claro que hombres y mujeres por igual poco a poco han ido renunciando, no sé si voluntaria o involuntariamente, a esa valiosísima peculiaridad que les permite ser humanos.

            Y es que, definitivamente, el hecho de que seamos capaces de realizar complejas operaciones conceptuales y simbólicas, como puede ser el uso de refinados sistemas lingüísticos que nos permiten comunicar nuestros pensamientos a través del lenguaje hablado, no nos ubica en una posición tangible que nos permita considerarnos superiores a otras especies. Y esto lo menciono porque desgraciadamente mientras el hombre evoluciona en distintos ámbitos de su cotidianeidad pareciera decidido a alejarse de las características que le permitieron ubicarse como el principal  protagonista de la pirámide evolutiva.

            Triste pero cierto. Los llamados “seres humanos” actualmente ya son cualquier cosa, menos humanos. Inmersos en la vorágine de sus afanes y ambiciones, hombres y mujeres día a día van demostrando que prácticamente ya dejaron de regirse por el amor y ahora sólo parecieran estar interesados en demostrar su supremacía individual a través de acciones que, lamentablemente, los van alejando de aquellos rasgos humanos que los caracterizaban.

            Ser humano significa desarrollar dentro de nosotros mismos pensamientos y sentimientos que podemos concretizar a través de nuestras acciones, acciones que siempre debieran tener un impacto positivo tanto en nuestras vidas como en las vidas de aquellos a quienes amamos. Ser sinceros y sensibles, reconociendo que el amor es parte de nosotros mismos y de todo lo demás, desarrollando una capacidad  para poder equilibrarnos y adaptarnos a los cambios siempre esperando lo mejor de nosotros mismos y no sacando ventaja de aquellos a quienes percibimos como vulnerables.

            En definitiva, ser humano significa reconocernos como entes únicos e irrepetibles que debemos aceptar nuestra misión en esta vida (sea cual sea) y ejecutarla para beneficio de nosotros mismos y los demás, dejando de lado el miedo, el egoísmo, la envidia, la duda, la injusticia y el resentimiento, aceptando que ningún hombre es una isla desierta y que todos necesitamos de todos para mejorar todos aquellos aspectos perfectibles de nuestra existencia.

            Vivir a plenitud nuestra vida, ser responsable al 100% de ésta, asimilar en su totalidad que la creación siempre es más poderosa que la destrucción, reconocer que el progreso, la evolución y el desarrollo evitarán que nos transformemos en seres inútiles y apáticos… son las mejores armas con las que podremos contar para almacenar modestia, sabiduría y amor, preceptos que si sabemos compartirlos definitivamente nos permitirán el mayor logro al que podemos aspirar: Ser humanos.

            Y tú… ¿eres un ser humano o simplemente eres un ser?

            Y no olviden que todos jueves a punto de la medianoche y los domingos a la 1:00 de la madrugada los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable preferido para verificar nomenclatura del canal).

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03-May-2017

NO SEAS DIFERENTE… ¡HAZ LA DIFERENCIA!

            A diario, en nuestra vida cotidiana, todos los seres humanos encaramos diversos tipos de escenarios (algunos sumamente negativos) que requieren de nuestro mayor esfuerzo y la mejor de las actitudes para superarlos y salir adelante. Pero como en todas las cosas, habrá ocasiones en las que podremos quedar satisfechos por haber superado el desafío, lo que nos permitirá robustecer nuestro carácter y acrecentar nuestra experiencia; pero también habrá veces en las que será muy difícil salir con el brazo levantado y no nos quedará más remedio que aceptar el fracaso, aprender de éste y seguir adelante.

            Y sí, la vida definitivamente no es nada sencilla, a diario todos debemos enfrentar y superar adversidades para consolidarnos como seres humanos. Sin embargo, existen muchísimas circunstancias que sólo nos exigen echar mano de una mejor actitud para que éstas puedan resolverse, pero por adolecer de inteligencia emocional no nos damos cuenta de ello.

            Por lo mismo, es sumamente importante que, ya ubicados en nuestra etapa adulta, todos podamos contar con un autodiagnóstico de nosotros mismos para conocer de cabo a rabo cuáles son nuestras virtudes y nuestros defectos, nuestros talentos y nuestras limitantes, porque sólo así sabremos bien a bien con qué tipo de herramientas contamos para enfrentar atingente y eficientemente nuestra cotidianeidad. Porque al final del día todos tenemos talento para algunas cosas pero al mismo tiempo, también todos estamos acotados y cortos de conocimiento como para querer pretender ganar todas las batallas que enfrentemos.

            Aquí lo importante es procurar evitar las confrontaciones y los conflictos. Hay que ser prácticos y pragmáticos en la manera como vivimos nuestras vidas. En la medida en la que ponemos sobre la mesas nuestras habilidades y nuestros conocimientos para facilitarnos el día a día, pero también para poder ayudar a las personas más cercanas a nosotros porque una de las claves de saber vivir bien tiene mucho que ver con la manera como aprendemos a ser útiles para los demás. Vivimos en un universo donde, nos guste o no, todo el tiempo vamos a restar rodeados de  gente y, nos guste o no también, mucha de esa gente va a requerir de nuestra ayuda en algún momento dado y ahí es cuando tenemos el enorme compromiso (con nosotros mismos) de demostrar que podemos hacer aportaciones positivas a las vidas de otros.

            Y no es necesario quebrarnos la cabeza y asumir que tenemos que arreglar el planeta entero para que toda la gente sepa de nuestro valor y nuestro talento. Nada de eso. A veces sólo basta con un poco de cortesía, con una poca de sensibilidad, con esfuerzos muy mínimos (pero constantes y disciplinados) para que nuestro propio entorno y el de muchos más que están cerca nuestro cambie radicalmente y se convierta en un mejor lugar de residencia para todos. Mejorar nuestra actitud, pero sobre todo nuestra óptica de cómo percibimos las situaciones, a las personas, los problemas, nos va a ayudar en mucho para salir de esa horrible zona de confort que nos orilla a pensar todo el tiempo que aquello que ocurre a nuestro alrededor si no nos afecta no es problema nuestro.

            Ser mejores personas sólo se resume a una acción muy simple: Empezar a ser buenos con nosotros mismos.

            Y no olviden que los viernes a las 00:00 horas y los domingos a la 1:00 de la madrugada (repetición) los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula.

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26-Apr-2017

NO SEAS UN PAPÁ TÓXICO

           

Seguramente, durante alguna época de tu infancia o durante tu infancia completa y también en tus años de juventud, tus padres hacían cosas que te afectaban emocionalmente a grado tal que acabaste alucinándolos y, en consecuencia, replicando ese nefasto patrón, tú también, en el futuro, desempeñando el rol de papá, también le hiciste la vida de cuadritos a tus hijos.

            Terrible, ¿no crees?

            A diario los seres humanos tenemos que lidiar en nuestra vida cotidiana con un sinfín de personalidades tóxicas de todo nivel (en el trabajo, en la calle, en el vecindario… ¡en todos lados!, incluyendo la familia), lo que en definitiva se traduce en una carga de estrés sumamente compleja que con el paso del tiempo van perfilando a individuos de comportamiento disparejo e inestable.

            Ahora bien, está claro que es padre no es cosa sencilla, en ningún lado se pueden adquirir manuales o instructivos que nos permitan desempeñar exitosamente la dura misión de criar a un ser humano. Sin embargo, en ese difícil proceso de educar y encaminar a un pequeño hacia la adolescencia y posteriormente a la adultez muchos de nosotros cometemos gravísimos errores porque inconscientemente repetimos aquellos patrones con los que nuestros padres (literal) nos fastidiaron la existencia.

            Pero ¿cómo hacer para no dañar a nuestros hijos irremediable y permanentemente?, ¿qué debemos implementar para no convertirnos en unos padres tóxicos y sí en unos aliados invaluables de nuestros vástagos.

            Primero que nada hay que dejar de ser tan exigentes y perfeccionistas. Para lograrlo debemos ser lo suficientemente objetivos con nuestros hijos y conocer/aceptar sus talentos y sus limitaciones, porque cuando un padre exige demasiado lo único que está haciendo es dejar asomar su baja autoestima.

            Lo siguiente que debemos hacer es no ser manipuladores y para eso hay que dejar de lado nuestra proclividad al control y una vez que hayamos erradicado de nuestro comportamiento el gen de la manipulación debemos trabajar arduamente en no ser autoritarios, intolerantes e intransigentes, porque estos tres comportamientos lo único que consiguen cuando los ejercemos es anular las necesidades y las emociones de nuestros hijos. Cuando somos inflexibles lo único que estamos consiguiendo es criar pequeños agresivos que seguramente harán del bullying un mecanismo habitual con sus amigos y compañeros de colegio.

            Obviamente para evitar ser un papá tóxico debes contemplar en todo momento que el maltrato y físico son inadmisibles para educar a un niño. La violencia física (los golpes) y la violencia verbal (los insultos, las groserías, etcétera) van minando irremediablemente la autoestima de los chicos. Mucho ojo con esto.

            Un pequeño, sin importar sus características emocionales, siempre requerirá que sus padres sean afectuosos y cariñosos. Por eso, si amas a tu hijo, si lo consideras lo más importante del universo, ¡debes demostrárselo! Dile que lo quieres y que lo amas, abrázalo, juega con él, hazle caricias y, obvio, para eso requerirás echar mano en todo momento de la comunicación, por lo que todos los días deberás hablar con él/ella, que de viva voz él/ella te diga qué le preocupa, cómo se siente, cuáles son sus necesidades, sus miedos, lo que le hace sentir bien y feliz.

            Por último un par de aspectos preponderantes y esenciales: Bajo ninguna circunstancia jamás culpes a tus hijos de tus fracasos o frustraciones, porque el único responsable de ellos eres tú; y, finalmente, nunca proyectes tus sueños o fantasías incumplidos en ellos. No les pases factura de aquello que tu no pudiste realizar, deja que vivan a su ritmo, que alcancen sus propios objetivos y que se desarrollen de acuerdo a su personalidad… no de acuerdo a la tuya.

            Y no olviden que los viernes a las 00:00 horas y los domingo a la 1:00 de la madrugada los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

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05-Apr-2017

¿QUÉ NOS HACE FELICES?

           

En la actualidad, a la hora de buscar y encontrar nuestros propios satisfactores, no los de pareja, hombres y mujeres por igual caen frecuentemente en frustración y depresión porque no disponen de las herramientas emocionales adecuadas para diagnosticar, analizar y aprovechar aquellas situaciones y circunstancias que les permitan ser verdaderamente felices. Es más, estoy plenamente convencida de que muchos de ustedes, amables lectores, a diario enfrentan múltiples conflictos existenciales porque no comprenden asertiva y atingentemente qué es lo que realmente nos hace felices y nos permite tener una vida plena.

            Por principio de cuentas, ya bien instalados en lo que consideramos la adultez, los seres humanos somos un manojo de conceptos y valores tanto mal entendidos como mal aplicados a la hora de tratar de explicarle a los demás cuáles son las razones por las que somos felices o infelices, lo que por ende nos lleva a confundir todo aquello que somos y hacemos con respecto a si, efectivamente, el ser, el hacer y/o el tener nos conducen efectivamente a la genuina felicidad.

            Vivimos en una sociedad que constantemente confunde a aquellos quienes la conforman, a grado tal que todos los días, a base de engaños y estereotipos, nos quieren obligar a creer que tener cierto tipo de apariencia física y consumir cierto tipo de productos, por ejemplo, nos va a hacer sumamente felices y triunfadores. Sin embargo, cualquiera con dos dedos de frente sabe muy bien que la felicidad es una cosa y el éxito es otra, aunque ambos bien podrían ir de la mano siempre y cuando los dos se sujeten del principal precepto del que podemos echar mano todos los habitantes de este universo: el amor.

            “¿Qué quiero?”, “¿qué necesito?”, “¿qué me hace falta?”, entre otras interrogantes, son preguntas que a diario nos hacemos y que incesantemente golpean nuestra psique porque por falta de madurez e inteligencia perdemos mucho tiempo viendo y envidiando los logros de los demás y prácticamente nos olvidamos de las cosas buenas que nos rodean y que realizamos. Así las cosas, prácticamente todo el día estamos envidiando al vecino porque se compró un automóvil último modelo; porque la compañera del gimnasio posee un cuerpo envidiable sólo con ejercitarse tres días a la semana y nosotros lo hacemos cinco; o porque nuestro hermano mayor se puede ir de vacaciones al extranjero mientras nosotros apenas podemos irnos un fin de semana a un balneario cercano a la ciudad donde vivimos…

            Y es justo éste tipo de pensamiento el que nos impide disfrutar nuestro entorno y nuestros logros, por muy pequeños o insignificantes que nos parezcan.

            No hace mucho tiempo conversaba con un amigo mío, un artista plástico muy afamado y me compartió una enorme enseñanza que tenía mucho que ver con la felicidad: Se fue a vacacionar a Miami con un cuate suyo al que tenía mucho tiempo de no ver y éste le dijo: “¿Sabes? Seguramente tu piensas que soy sumamente feliz porque tengo una casa cerca de la playa, porque poseo un yate y porque tengo una buena cantidad de dinero ahorrado en el banco. Pero ¿qué crees? Nada de lo que tengo me hace feliz y esto se debe a que casi todos los días de mi vida me pregunto a mi mismo: ‘¿tengo una enfermedad incurable?’, ‘¿tengo un hijo en la cárcel por ser un delincuente?’, ‘¿tengo una esposa que me está fiscalizando las 24 horas del día, qué hago, dónde estoy, con quién hablo?’. ‘¿tengo tantas riquezas materiales que no encuentro la manera de poder falsear mi declaración para no tener que pagar tantos impuestos?’. Y mi respuesta a todas estas preguntas es un tajante y contundente ‘no’. Por lo tanto, lo que me hace feliz no es lo que tengo… ¡sino lo que no tengo”.

            ¡Vaya perla de sabiduría!

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29-Mar-2017

           

Encontrar el amor (me refiero al “amor verdadero”) por medio de las redes sociales pudiera parecer un espejismo. Sin embargo, no podría ser del todo tajante y asegurar que eso es imposible, porque de inmediato recibiría reclamos de muchísimas personas (hombres y mujeres) que conozco las cuales, por increíble que parezca, efectivamente han sido flechad@s por cupido  y cuyas historias comenzaron con el click de una computadora o de alguno de sus dispositivos móviles (creo que actualmente les llaman gadgets).

            En lo personal, a mi parece un poco disparatado poder iniciar una historia de amor echando mano del Internet y renunciando a los llamados métodos tradicionales a los que todos hemos recurrido. Pero, en un mundo donde la tecnología prácticamente se ha apoderado de nuestra cotidianeidad, aquellos a los que nos gustan las cosas a la antigüita bien nos valdría empezar a espabilarnos un poco y aceptar que los tiempos han cambiado y que las cosas ya no son como antes.

            Sin embargo, ¿cómo atinarle a la persona correcta sobre todo cuando a diario nos enteramos de historias terribles en las que un hombre y una mujer que se conocen por medio de las redes sociales se involucran y se vinculan?, ¿cómo confiar en un inmenso macrocosmos de personas que se valen de cualquier tipo de engaño (utilizando fotografías que no son suyas e inventándose vidas inexistentes) para lograr que un hombre o una mujer se abran emocionalmente?, ¿cómo saber hasta que punto debemos ser permisivos con nosotros mismos y animarnos a experimentar situaciones que están fuera de nuestro esquema cotidiano?

            Adentrándonos en terrenos de la psicología, cabe destacar que estos juegos virtuales nos permiten a todos (sí, ¡a todos!) animarnos a ser quienes en persona no somos y a decir cosas que muy difícilmente le diríamos frente a frente a alguien más, y esto se debe a que descontextualizamos todo por la necesidad que tenemos de liberar el llamado superyó, el cual indefectiblemente se potencializa en estas nuevas dinámicas de simulación en donde el narcisismo juega un papel preponderante. Así las cosas, al final del día lo único que acaba teniendo significado para aquellos que se involucran en este tipo de sinergias es la interacción que logran tener a través de Twitter, Facebook, WhatsApp, Snapchat y otras redes.

            En contraparte, también habríamos de tomar en cuenta los aspectos positivos de estas ciberrelaciones, toda vez que el informe Pew de Internet de 2014 arrojó que el 74% de cibernautas adultos reconoció que la llamada súper carretera de la información impactó positivamente en su relación sentimental; mientras que el 20% aseguró que la afectó negativamente.

            Mantener contacto con una persona a larga distancia requiere de un esfuerzo más complejo que cuando tenemos una relación convencional. Por lo mismo, cuando nos decidimos a incursionar en estos terrenos es sumamente importante tener muy en claro lo que estamos buscando y qué queremos encontrar, pero también debemos tener muy en claro que hay posibilidades muy altas de que lo que obtendremos no será amor, sino otra cosa.

            Así que, tengan mucho cuidado con lo que desean, porque podría hacerse realidad…

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22-Mar-2017

LAS MALAS DECISIONES

           

Nos guste o no, y esto no sólo se ciñe a las relaciones de pareja sino a nuestra vida en general, nuestro pasado nos condena. Sí, para bien o para mal, prácticamente todo lo que hacemos previamente termina repercutiendo tanto nuestro presente como nuestro futuro. Por eso, es importantísimo que al momento de tomar algún tipo de decisión (por muy insignificante que ésta pudiera parecernos) lo hagamos totalmente convencidos de que ésta será siempre la mejor que pudimos tomar porque, lo crean o no, tarde o temprano (cuando hemos decidido de forma incorrecta) el peso de éstas terminarán sepultándonos e incluso afectando a aquellos que más nos importan.

            Sin embargo, lo importante al momento de tomar una buena decisión para que eventualmente no se acabe convirtiéndose en una mala decisión es que hombres y mujeres por igual primero debemos tener bien definidos tanto nuestro catálogo de valores como nuestra lista de prioridades, porque una vez que tenemos bien definidos ambos lo más seguro es que eso nos permitirá tener un carácter y un criterio lo suficientemente sólidos para poder ir por la vía correcta.

            En una primera instancia tenemos que empaparnos de algo que muchos conocemos como sentido común, el cual no es más que los conocimientos y las carencias compartidos por una comunidad o una sociedad y que son considerados como prudentes, lógicos y válidos, y nos permiten adquirir una especie de capacidad natural para juzgar todos los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor de forma razonable. Cabe destacar que el sentido común se va robusteciendo de acuerdo al tipo de experiencias que va experimentando a lo largo de su vida cada individuo, pues su buen o mal juicio dependen la mayoría de las veces de éste. Por eso es que cuando metemos la pata o la regamos muchos señalan que carecemos de sentido común.

            Por lo regular, cuando tomamos una mala decisión es porque con contamos con la información suficiente para tomar la decisión correcta o, en su defecto, tenemos la información pero no sabemos interpretarla adecuadamente. Un ejemplo muy claro podríamos tomarlo de las relaciones de pareja en las que los protagonistas, tras apenas llevar un mes de conocerse, deciden involucrarse sexualmente sin siquiera tener el conocimiento suficiente del carácter, creencias y hábitos de uno y de otro. Eventualmente estas dos personas podrían descubrir que no son lo suficientemente compatibles como para abrazar una relación comprometida y a largo plazo, pero de pronto la mujer descubre que ha quedado embarazada, porque además tuvieron sexo sin protección… ¡vaya mala decisión! No. Mala no… ¡pésima!, ¿no creen?

            Igualmente puede ocurrir en el ámbito laboral o profesional: Tenemos equis periodo de tiempo siendo infelices en nuestro trabajo, quisiéramos aspirar a un mejor entorno y también a un mejor salario. Confiamos ciegamente en nuestra capacidad y precipitadamente, sin tener un Plan “B” a la mano, renunciamos a nuestro empleo creyendo que encontraremos otro de manera inmediata, lo cual no sucede y de pronto podemos acabar desempleados por un larguísimo periodo de tiempo (¿qué tal un año?). Vaya terrible decisión que tomamos y todo por precipitarnos y no contemplar en ningún momento que era necesario establecer un plan.

Seamos maduros y actuemos en consecuencia. No hay que precipitarnos jamás y siempre tengamos presente que nuestros miedos nos pueden llevar a actuar de manera incorrecta o dejarnos en la inacción. Cuando nuestra percepción y nuestro juicio son cegados por la precipitación y la ignorancia, lo más probable es que terminaremos tomando una mala decisión. Toma el control de tu vida y no permitas que las malas decisiones determinen el rumbo de ésta.

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15-Mar-2017

¿CÓMO SALIR DE UNA MALA RACHA?

Los seres humanos, principalmente aquellos que ya son adultos y que en su día a día cumplen con responsabilidades de diversa índole, frecuentemente enfrentan escenarios adversos que,  dada la actitud con la que los afrontan, se agudizan paulatinamente hasta convertirse en entornos problemáticos de larga duración y que acaban por considerarlos como malas rachas.

Y éstas (las famosas malas rachas) se presentan a todo nivel y en cualquier entorno, tanto que es común encontrarnos con personas que en lo familiar, en lo laboral, en lo social y hasta en lo emocional están frecuente y permanentemente inmersas en universos cotidianos sumamente enredados de los que difícilmente se pueden zafar y que, por el contrario, como si se tratara de una especie de arenas movedizas, cada que intentan algún movimiento para sacudirse ese mal momento terminan hundiéndose más y más…

Pero, ¿a qué se debe que los seres humanos enfrentemos casi todo el tiempo estas malas rachas?

Ciertamente, los factores son diversos para que un hombre (o una mujer, nadie está exento) se vea envuelto en una mala racha. Sin embargo, en una primera instancia podemos considerar que la gran mayoría de las personas que se ven atrapadas en este tipo de situaciones presentan una personalidad de aristas negativas, poco seguras de sí mismas y sumamente proclives a procrastinar (postergar) aquellos asuntos que requieren de una atención y una solución inmediatos. Así las cosas, cuando un individuo no se responsabiliza de su entorno, sus acciones y sus decisiones finalmente se ve acorralado por todas aquellas situaciones que en su momento evadió y debió haberles puesto atención.

En una segunda instancia también debemos de asumir un compromiso permanente por superar el mal momento que se está atravesando y para eso se requiere identificar las características de esa mala racha que nos está sofocando y una vez realizado este diagnóstico (que en la mayoría de los casos va a requerir de muchísimo análisis y autocrítica) debemos tener confianza en nosotros mismos, estar convencidos de que somos capaces de implementar soluciones y disciplinarnos lo suficiente como para poder salir de esa cadena de situaciones y resultados negativos.

Y sí,  una mala racha significa que “vamos perdiendo”, como si se tratara de algún deporte en el que el adversario (en este caso la vida) nos está derrotando, lo que en definitiva nos debe ubicar en una posición de explorar todas la posibilidades que estén a nuestro alcance para revertir la situación y suponer una mejora. Y esto debe ser poco a poco, sin precipitarnos, porque de fallar nuestra estrategia inicial podríamos generar estrés y frustración suficientes como para agudizar el status en el que nos encontramos. Por lo tanto, hay que ser inteligentes, pacientes, conscientes y muy resilientes.

Obviamente, en una situación de esta índole es muy legítimo recurrir a un especialista (psicólogo, terapeuta, psicoanalista, etcétera) que pueda convertirse en un aliado tan valioso como necesario porque la visión y la motivación no siempre se obtienen desde un ángulo individual porque cuando llevamos inmersos en una mala racha durante un periodo prolongado de tiempo nos es sumamente complicado observar el panorama de manera nítida.
¿Qué esperas?, ¡es momento de trabajar y de salir adelante!
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08-Mar-2017

¿ERES PARTE DE LA SOLUCIÓN O ERES PARTE DEL PROBLEMA?

            Los seres humanos, hombres y mujeres por igual, estamos llenos de virtudes y defectos que perfilan nuestra personalidad de manera definitiva e inherentes a ellos, casi como si fueran parte de su ADN están los problemas. Sí, esas pequeñas, medianas, grandes y gigantescas dificultades que a diario se presentan en nuestra vida cotidiana y que, conforme a nuestro carácter tenemos la capacidad de enfrentarlas y resolverlas o, de plano, evitarlas y dejar que sean otros quienes las resuelvan… si es que se solucionan.

            Pero, por principio de cuentas, ¿qué es un problema? Si nos apegamos exclusivamente a lo que nos entregan los explican los diccionarios, un problema es un asunto específico que requiere de una solución y que al resolverse adecuadamente nos brinda una satisfacción de efectos positivos para nuestro entorno. Por ejemplo: “Estoy en un grave problema, debo tres meses de renta y, si no saldo esta deuda con el casero mañana mismo, éste me desalojará y esta situación se convertirá todavía en algo aún más complicado”. Si  somos objetivos, para esta dificultad sólo hay de dos sopas (desenlaces y/o soluciones): 1) Conseguir el dinero que se debe, saldar la deuda y quedar tranquilo o, 2) No lograr pagarle al arrendatario y éste indefectiblemente hará valer su derecho lanzando al moroso a la calle. El primer escenario nos ofrece un desenlace satisfactorio para el emproblemado, mientras que el segundo lo ubica en una situación aún más complicada que seguramente lo conducirá a un lío mayor o a más problemas simultáneos derivados del primero.

            Los problemas, vistos desde una perspectiva psicosocial, pueden ser considerados como un arma de dos filos. Por un lado, tomando en cuenta la personalidad y el carácter de quien los está padeciendo y enfrentando, pueden ser devastadores; mientras que, por el otro, motivan a grado tal que catapultan al máximo las capacidades de quienes están inmersos en dificultades para que éstos los resuelvan y sean mejores. Pero todo se resume a la estructura emocional que hemos construido a lo largo de nuestra vida. Ser tímidos, fatalistas, indecisos y desidiosos en nada abonará a la solución de nuestros aprietos; pero si somos personas extrovertidas, proactivas, emprendedoras y enfocadas, definitivamente tendremos la capacidad de darle resolución a cualquier tipo de atolladero que se nos presente.

            Saber resolver problemas es una de las habilidades más esenciales en esta vida. La forma en cómo hacemos frente a nuestros desafíos será determinante para tener éxito en todas las misiones que nos involucremos. Por lo tanto, es muy importante que en todo momento podamos contar con el criterio suficiente para saber si la dificultad que se nos presenta es pequeña o grande y, una vez hecho este diagnóstico, nos corresponde tener la visión y serenidad suficientes para, paso a paso, poder destrabar la conflictiva que se nos presenta. Y, obviamente, también debemos pensar en distintas soluciones.

            Éstas (las dichosas soluciones), al igual que los problemas, son de distinta índole y también no es fácil llegar a ellas porque, antes que nada, requerimos de inteligencia y sensibilidad para identificar si el conflicto que enfrentamos requiere de una solución inmediata, una solución paulatina o una solución a largo plazo. Por eso, es trascendental, primero, definir el problema, enseguida hay que desarrollar un plan, posterior a esto debemos llevar a cabo el plan diseñado y al final hay que evaluar los resultados. Si la respuesta no es aceptable o satisfactoria, quizá no definiste adecuadamente el problema o lo contaminaste con asuntos ajenos. Por lo tanto, cuando busques resolver un problema tienes que concentrarte exclusivamente en el problema real y, obviamente, al desplegar el plan que ideaste por lógica podrían suscitarse pequeños problemas aledaños, pero éstos no son trascendentales. El quid es tener la madurez y el enfoque para estar concentrado al 100% en solucionar el problema importante.

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01-Mar-2017

MENTIRAS DE ALCOBA

El último reducto de intimidad entre una pareja definitivamente es su dormitorio. Es ahí, en esa habitación, donde hombres y mujeres todos los días y todas las noches se comunican y ejercen su sexualidad. Sin embargo, a causa de la rutina y la cotidianeidad, llegado el momento, para ambos resulta sumamente desgastante tomar la iniciativa para vincularse física, emocional, sexualmente para que ambos puedan alcanzar el placer y la satisfacción.

Admitámoslo, el sexo marital (refiriéndome a una pareja de larga duración) se vuelve monótono y aburrido. Con el transcurrir de los días, los meses y los años la emoción se diluye y eso orilla tanto a hombres como a mujeres a mentir en la cama, a buscar pretextos y a evadir aquello que en un principio les era tan necesario como respirar o alimentarse.

Y ambos terminan echándose la culpa mutuamente: “A él sólo le interesa satisfacer sus más bajos instintos”, “ella prácticamente se olvidó de mi desde que nacieron los niños, mis necesidades dejaron de importarle” y así las quejas se van acumulando hasta descubrir que aquello que solía ser una sexualidad plena y alocada acabó convertida en un tedioso lastre íntimo. Triste pero cierto.

Algunos de estos casos derivan en la disolución del vínculo matrimonial, alguno de los dos (o incluso los dos) termina solicitando el divorcio; en otras ocasiones lo que lamentablemente ocurre es que uno de los dos (o incluso los dos) recurre a la infidelidad y en otros casos, ¡increíble pero cierto! acaban convertidos en dos amigos que comparten mucho en común… menos el sexo.

Sin embargo, todo este escenario de ruptura o divergencia comienza con uno de los dos componentes de la pareja inventando mentiras para evadir el sexo o deshacerse de éste lo más pronto posible. En las mujeres -¡increíble pero cierto, siguen recurriendo a este cliché en pleno Siglo XXI!- es muy común que argumenten que tienen un terrible dolor de cabeza o que finjan los orgasmos; mientras que con los varones la excusa más común es que están sumamente cansados, pues tuvieron mucho trabajo en la oficina.

Desafortunadamente, lo que ambos no ven al recurrir a este tipo de pretextos es que están abonando al terreno del desánimo y la decepción, porque renunciar a hacer el amor con sus parejas es como construir un gigantesco muro (¡tan de moda que están en la actualidad!) entre dos seres humanos que en algún momento fueron tan afines que consideraron al sexo como parte esencial de su esquema.

 

Lo cierto es que hombres y mujeres sólo buscan sentirse querid@s y desead@s por sus parejas. Por lo mismo, es muy importante que al estar en el dormitorio ambos se comprometan, aunque sea por unos instantes, a ponerse en los zapatos del otro y comprometerse a reforzar ese vínculo que definitivamente todavía existe y que ahí está, sólo tienen que comprometerse un poquito para recuperarlo y seguir disfrutando de algo que definitivamente les pertenece siempre y cuando dejen de fingir y mentir.

Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

22-Feb-2017

EN GUERRA CON NUESTRA PROPIA MENTE

            Las personas inseguras, las personas acomplejadas, las personas con baja autoestima, cuando tienen una relación de pareja, prácticamente son incapaces de  disfrutar esta circunstancia porque frecuentemente viven atormentados por sus pensamientos, lo que en definitiva convierte a estas personas y a sus mentes en una especie de enemigos mortales que las 24 horas del día viven una tortuosa rivalidad que al final del día acaba con echarles a perder su noviazgo o su matrimonio.

            Y esta condición no crean que sólo se presenta en los hombres, quienes supuestamente son “celosos y desconfiados por naturaleza”. Nada de eso. Las mujeres también suelen ser víctimas de pensamientos sumamente tóxicos que afectan terriblemente todo su entorno.

            Vivir hundidos en una permanente infelicidad provocada por los espejismos que genera nuestra mente es algo verdaderamente terrible. Ser incapaces de ponernos en la misma sintonía que nuestra parte supuestamente racional hace que nos desenvolvamos en entornos conflictivos e inestables, y lo que es peor es que este tipo de comportamiento se llega a convertir en un hábito.

            Para superar este tipo de dinámicas, lo primero que debemos hacer es aceptar que la mente es muy poderosa. Sin embargo, como se trata de nuestra mente, también debemos asumir que nosotros somos poderosos y que podemos controlarla. Los celos, las dudas, la desconfianza y todas esas marañas mentales que de repente aparecen y nos sacan de balance tienen su origen en un solo factor: el miedo. Sí, el miedo a perder, el miedo a que nos dejen, el miedo a que nos sean infieles, el miedo que nuestra pareja se encuentre a alguien mejor que nosotros y cuando nos hundimos en este tipo de pensamientos la dinámica es muy similar a la de una bola de nieve: una vez que hemos empezado a maquinar malas situaciones en nuestra cabeza ya va a ser sumamente difícil detenernos y revertir este tipo de sinergias.

            Porque, siendo sinceros, ¿cuántas veces no hemos platicado con nuestr@ novi@ o espos@ y le proponemos salir a tomar una copa o ir al cine y él/ella nos responde que no puede porque tiene muchos pendientes por completar (¡efectivamente!), y nosotros de inmediato asumimos que no quieren vernos porque ya tienen compromisos con alguien más con quien seguramente se la van a pasar mucho mejor que con nosotros, permitiéndonos que los celos y la incertidumbre nos carcoman las entrañas?

            Y el origen de todo esto parte de la percepción que tenemos de nosotros mismos, de cómo nos vemos a nosotros mismos con respecto al resto del mundo. Porque si nosotros mismos somos incapaces de darnos un valor o una importancia, por lógica en nuestro propio pensamiento vamos a dar por sentado que tod@s l@s demás nos superan y nuestra pareja se dará cuenta de que nuestras cualidades representan un argumento muy poco sólido para que él/ella decida estar a nuestro lado y que prefiera buscar a alguien mejor que nosotros.

            Todo cambio para bien requiere del poder de decisión. Repetir patrones sin analizar a conciencia en qué estamos equivocados no aportará nada benéfico a nuestras vidas. Si frecuentemente caes en pensamientos tóxicos procura clarificar tu perspectiva con un poco de meditación o reflexión y enseguida aborda la situación desde otra perspectiva. No son los demás quienes nos están ubicando en una posición de incomodidad o molestia por lo que hacen o lo que nosotros suponemos que están haciendo; somos nosotros mismos quienes estamos corriendo a un sentido contrario de la lógica. Vivir con menos estrés y con más tranquilidad sólo depende de ti. ¡Anímate!

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15-Feb-2017

LA CULPA ES DE LAS FEROMONAS

            Son como el Santo Grial de la sexualidad humana, porque todos hablan de ellas pero jamás nadie las ha visto. A ellas se atribuye que hombres y mujeres, y también los animales, enloquezcan de deseo cuando están cerca unos de otros. En años recientes se han realizado infinidad de estudios para analizarlas, para descifrarlas, para comprenderlas, para explicarlas…

            Me refiero a las feromonas.

            Pero, ¿qué son las feromonas?, ¿en qué consisten?, ¿cómo funcionan? De acuerdo a la famosísima y a veces no muy confiable Wikipedia, las feromonas son sustancias químicas que secretamos los seres vivos cuyo objetivo es provocar comportamientos específicos en otros individuos de la misma especie y pueden ser consideradas un medio de transmisión de señales tanto volátiles como no volátiles y el término se remonta a finales de la década de los años 50, derivado de las raíces griegas pheran (transferir) y hormas (excitar)  y en resumen podemos considerar que éstas envían señales de olor de manera subconsciente a aquellos individuos del sexo opuesto que de manera natural detonan los sentimientos de atracción sexual.

            Cuando un hombre o una mujer tienen éxito al intentar conquistar a alguien que les es atractiv@ ocurre lo siguiente: El sujeto interesado en copular (o tener relaciones sexuales) va a segregar algo que es conocido como ectohormonas, que no es más que un mensaje químico que sale del emisor y que impacta los neurocircuitos del receptor, provocando cambios fisiológicos en el sistema inmunitario y en el comportamiento.

            Para aquellos que piensen que sólo existe un tipo de feromonas, lamento desilusionarlos, pero no es así. Al día de hoy, los especialistas tienen un catálogo que incluye a las de Agregación, de Alarma, de Liberación, de Llamado, de Respuesta, Territoriales, de Rastro y Sexuales, siendo éstas las más célebres y famosas porque las emplean todo tipo de seres vivos, desde aquellas bacterias unicelulares hasta las ballenas azules (el mamífero más grande sobre la faz de la tierra) y, obviamente, nosotros, los seres humanos. Además, cabe resaltar que en la mayoría de los casos son las hembras quienes expiden estas sustancias químicas para enviar la información a los machos de que están dispuestas para tener sexo.

            Y para que esta dinámica sea posible hay un actor imprescindible: Se trata del órgano vomeronasal, quien es el encargado de percibir estas señales especializadas. Cabe destacar que este órgano, que se localiza en el hueso vómer, entre la nariz y la boca, que es parte del sistema respiratorio, es el primero en desarrollarse en el embrión y está comunicado directamente con el cerebro (a través de las fosas nasales), por lo que el sentido del olfato se vuelve sumamente preponderante para esta sinergia, lo que se refuerza cuando vemos que existe una industria multimillonaria en todo el planeta que se dedica a vender perfumes tanto para damas como para caballeros porque el olor es algo importantísimo.

            El tema en sí deriva hacia discusiones que terminan apartándonos del tema químico y del sentido del olfato para adentrarnos también en aspectos de índole emocional que obviamente también inciden en la respuesta química de aquellos individuos que desean vincularse no solamente en el ámbito sexual.

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08-Feb-2017

DE TANGOS Y DE PANCHOS…

             Los seres humanos, que no les quepa duda, somos temperamentales. A veces los hombres, a veces las mujeres, en mayor o en menor medida pero indefectiblemente cuando se trata de relaciones de pareja siempre uno de los dos (o a veces los dos) componentes de este núcleo emocional se caracterizará por ser una persona proclive al melodrama, lo que derivará en que frecuentemente se presenten episodios en los que el eje central serán las rabietas, los tangos, los panchos, los osos

            Y no hay necesidad de recurrir a textos como “Los hombres son de Marte-Las mujeres son de Venus” de John Gray. La realidad es que cuando dos personas deciden involucrarse emocional y sentimentalmente siempre, por cuestiones de diferencias (ideológicas, culturales, sociales, psicológicas y un larguísimo etcétera) siempre se requerirá de trabajo extra para que ambos puedan compaginar adecuadamente. Y esto no tiene nada de malo, porque al final del día todos somos diferentes. Sin embargo, cuando dos personas superan la fase de la atracción química-sexual y descubren que son muy pocas las coincidencias y las afinidades entre ellos, lo más probable es que frecuentemente esas diferencias derivarán en múltiples episodios de enfrentamiento.

            Cierto, es una verdad incontrovertible que la mayoría de las mujeres son sensibles y temperamentales. De hecho, hay féminas que son extremadamente sensibles y extremadamente temperamentales, lo que definitivamente conllevará a que sus novios y/o esposos batallen con ellas casi todo el tiempo para lograr mantenerlas felices y contentas, por lo que en definitiva mientras una mujer sea más controladora y manipuladora sus tangos, panchos y rabietas serán más frecuentes y complicados, porque de ésta manera ella logrará tener el control de la relación y también así se ubicará en posición de conseguir lo que ella quiere.

            Las mujeres, sobre todo las más atractivas, están acostumbradas a echar mano de su belleza física para tener a los hombres comiendo de su mano y esta “cualidad” aprenden a desarrollarla desde que son niñas, cuando en el seno familiar (principalmente sus padres) les hacen creer que son unas reinas merecedoras de todo y que aquel hombre que aspira a conseguir su amor debe ser tratado como un súbdito o como alguien inferior que en todo momento se debe esforzar (de distintas maneras) para que ésta lo tome en cuenta y así la convenza de que es digno de ella.

            Pero cuando ocurre algo distinto a lo que establece este molde social, cuando la mujer se encuentra con un hombre que no es tan manipulable, ésta reacciona de manera poco favorable y a través de la agresión, el desprecio, el menosprecio, la arrogancia, los lloriqueos, los chantajes y otros recursos le hace saber al hombre que no está dispuesta a ser ignorada o que no le cumplan todos sus caprichos. Porque ella está acostumbrada a salirse siempre con la suya y para que esta “dinámica” funcione será necesario que a menudo tenga frente a ella a un hombre pusilánime acostumbrado a morder el anzuelo y ser sumiso, porque en su pensamiento ésta desarrollará la idea de que si no hace todo lo que ella le demanda, lo abandonará para irse con otro hombre que sí le cumpla todas sus exigencias, por muy ridículas que éstas sean.

            Si todo lo anterior se asemeja a tu actual situación, no cabe duda de que estás en una relación tóxica de la que no vas a obtener nada positivo. ¡Huye!

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01-Feb-2017

¿QUÉ ES EL ÉXITO?

            En la escala de conceptos sistémicos que se nos inculcan desde niños, a hombres y mujeres por igual, indudablemente uno de los más preponderantes es el éxito. Sin embargo, nuestra percepción de éste se torna sumamente cambiante conforme nos vamos adaptando a las circunstancias de nuestra realidad y nuestro entorno, sobre todo porque todos aquellos que intervienen directa o indirectamente en nuestras vidas trastocan nuestra idea de lo que es ser exitos@ con sus propias concepciones.

            Pero, para empezar… ¿qué es el éxito?, ¿en qué consiste?, ¿cómo lo identificamos? ¿a qué huele y cómo sabe? Y es que éstas y otras interrogantes más, todas sumamente válidas al momento de que las formulamos, nos ubican en una posición de ambigüedad cuando se trata de explicarles a los demás y también a nosotros mismos con respecto a este término que hoy por hoy representa una especie de “Santo Grial” de la cotidianeidad, porque muchos hablan de él pero muy pocos lo conocen en realidad.

            Si nos adentramos exclusivamente al terreno de las definiciones, encontraremos que el éxito refiere al resultado final y satisfactorio de una tarea emprendida, por lo que consideramos éxito una acción de la que obtuvimos resultados positivos y benéficos, sin embargo éste no es absoluto porque no siempre que se hacen bien las cosas, con disciplina, con buena gestión, con buena organización y con buena actitud, vamos a alcanzar y/o a superar las expectativas construimos en torno a un objetivo que nos hemos trazado. Y es que muchas veces el éxito depende de factores externos que no están vinculados a nosotros y que, por ende, no podemos controlar. Por lo tanto, es pertinente que, durante ese complejo de aprendizaje que implica convertirnos en personas exitosas o de éxito, entender y asimilar que éste es primo-hermano de la frustración.

            Otra cosa muy importante con relación al éxito tiene que ver con la personalidad de cada individuo, pues éste (el éxito) es totalmente subjetivo toda vez que cada quien tendrá su noción muy personal y particular de lo que es alcanzarlo y ¡mucho ojo!, éste no siempre viene aparejado del bienestar o la felicidad. Es más, existen millones de personas que ante los ojos del resto del mundo pueden lucir envidiablemente exitosas y en su particularidad ni son felices ni se sienten bien consigo mismas, y esto ocurre porque en muchas ocasiones los principios morales, la ética profesional y los valores humanos se contraponen a todo aquellos que ejercemos para alcanzar el éxito.

            Así las cosas, si para ti que estás leyendo el éxito significa acumular riquezas materiales, está muy bien, porque en tu muy particular visión tienes entendido que aquello que te proporciona la felicidad y la tranquilidad se desprende acumular dinero y todas esas cosas que puedes adquirir con él. Sin embargo, no esperes que los demás piensen y sientan igual que tú, porque para algunos otros el éxito pasa más por el hecho de desempeñar un trabajo en el que se puedan desarrollar como personas o profesionales; o por poder tener una familia unida cuyo precepto supremo es el amor y la convivencia; o por gozar de total y cabal salud para poder viajar a lugares exóticos o desempeñar deportes extremos… lo cierto es que todo se resume a una cosa muy simple: ser exitoso, en el buen sentido (porque también pueden serlo en el mal sentido), tiene mucho que ver con el hecho de erradicar la mediocridad de nuestras vidas. Reconocer nuestras capacidades (y también nuestras propias limitaciones) y que todo aquello que hacemos en nuestro día a día, hasta el acto más insignificante e irrelevante, vaya encaminado a convertirnos en individuos excelentes y excepcionales sin tener que dañar a los demás.

            En una frase: el éxito es… ¡vivir bien!

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25-Jan-2017

VENCE LAS EMOCIONES NEGATIVAS

            La actual es una generación de hombres y mujeres con muy poca tolerancia a la frustración. A lo largo de nuestra vida, desde la niñez, pasando por la adolescencia o juventud y concluyendo en la edad adulta, los seres humanos afrontamos a diario infinidad de situaciones o circunstancias que ponen a prueba nuestro carácter, algunas de estas vivencias provocan que brote lo mejor de nosotros mismos y reaccionemos positivamente; sin embargo, por otra parte, en ocasiones no somos capaces de manejar ni controlar nuestro entorno y es ahí cuando dejamos que se asome lo peor de nosotros mismos, lo que da pie a que aparezcan (y nos dominen) las llamadas emociones negativas.

            Éstas, las emociones (tanto las positivas como las negativas), destacan los especialistas, son reacciones psicofisiológicas que todos experimentamos ante determinadas circunstancias y no permiten o nos impiden adaptarnos al entorno inmediato que se nos presenta. Ocupándonos en esta ocasión exclusivamente a las negativas, podemos destacar que son aquellas que implican sentimientos desagradables, valoración de la situación como dañina y la movilización de muchos recursos para su afrontamiento, siendo las más básicas el miedo, la ansiedad, el enojo, la hostilidad, la tristeza y el asco.

            Bajo este contexto, cabe destacar que sentir es inherente al ser humano. Sin embargo, no todos reaccionamos de la misma manera ante las emociones negativas, porque mientras unos se ven abrumados y sobrepasados por éstas, existen otras personas que apenas se dan permiso de sentir un poco y todo esto depende de la asertividad que hemos logrado desarrollar a lo largo de nuestra vida para que éstas nos afecten en mayor o en menor medida.

            Dentro del extenso catálogo de emociones negativas humanas existentes definitivamente las tres más importantes son: el enojo, el miedo y la tristeza. Cada una con sus peculiaridades, son sensaciones que todos conocemos porque lo largo de nuestra vida nos hemos sentido enojados, temerosos o tristes por “equis” o “ye” circunstancia.

            Para ejemplificar estas tres emociones negativas podemos tomar como botones de muestra que 1) el enojo lo sentimos cuando nuestr@ novi@ nos pone el cuerno y nos enteramos; 2) el miedo lo experimentamos cuando caminamos por una calle oscura de un barrio peligroso a altas horas de la madrugada y 3) la tristeza hace presa de nosotros cuando nos enteramos de la muerte de un ser amado. Todas estas situaciones se presentan cotidianamente en la vida de todos nosotros y aunque cada uno reacciona de manera distinta ante ellas lo cierto es que tomando en cuenta el estado de ánimo que permeé en nosotros al momento que se presentan nos pueden afectar mucho, poco o (por muy increíble que parezca) nada.

            Para superar en una primera instancia estas tres emociones negativas a los enojones les sugiero que trabajen en cultivar una mayor empatía, tolerancia y flexibilidad; los miedosos pueden ir superando esa condición buscando vincularse poco a poco con su yo interno y actuar en base a la aceptación y no de acuerdo a la crítica; mientras que aquellos que son proclives a la tristeza requieren urgentemente de desarrollar esperanza y generar independencia emocional. No estoy diciendo que sea fácil, pero es posible.

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18-Jan-2017

¿ERES VÍCTIMA DE UNA ACOSADORA?

            No, no se trata de una inversión de roles o de que ahora los patos le tiran a las escopetas. Nada de eso. En nuestro país, aunque no existen estadísticas disponibles al respecto, porque muy pocos hombres se atreven a denunciar este hecho, hay muchísimos caballeros que sufren de acoso sexual por parte de una mujer. ¿Díficil de creer? Probablemente. Sin embargo, es un problema que afecta a más varones de los que imaginan.

            Por principio de cuentas, en una sociedad como la nuestra, ¿qué entendemos como acoso sexual? Si nos adentramos a los rígidos terrenos de la descripción, entendemos como acoso sexual a la conducta de intimidación o coerción de naturaleza sexual, o la promesa no deseada, o inapropiada de recompensas a cambio de favores sexuales. En la mayoría de los contextos jurídicos, incluido el mexicano, el acoso sexual es ilegal.

Además, éste se deriva de cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual con la intención o el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se fuerza un ambiente intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo.

            Bajo este contexto, podemos concluir que tanto hombres como mujeres somos propensos a ser víctimas de acoso sexual en cualquier lugar en el que nos desenvolvemos: en el trabajo, en el transporte público, en la escuela, en la calle e incluso en nuestra propia casa y con alguno de nuestros propios familiares, por muy inverosímil que les pueda parecer esto. Y todo se reduce a una simple ecuación: el victimario acosa a su víctima sistemáticamente para que ésta acceda a tener relaciones sexuales con él/ella.

            De acuerdo a un estudio realizado por la Universidad de Stanford en 2009, del universo total de acosadores sólo un 12 o 13% pertenecen al sexo femenino. Sin embargo, especialistas en psiquiatría de la Universidad de Victoria, en Australia, concluyeron que una mujer acosadora puede resultar más depredadora y peligrosa que un homólogo masculino, pues éstas emplean métodos de acoso que superan los que utilizan los hombres, pues muchas llegan a amenazar a sus víctimas con situaciones verdaderamente extremas, como perjudicar a sus familias, sus trabajos o sus propiedades (vehículos o casas, por ejemplo). Además, la naturaleza de su agresión siempre va a ser proporcional a la afectación de su autoestima porque, cuando una mujer adopta el rol de acosadora y apenas se percibe rechazada, ella traslada este rechazo a su autoestima, así que… ¡aguas!

            Por lo regular cuando una mujer se dedica a acosar es porque quiere hacerle pagar el precio a aquel que la rechazo, pero también hay que tomar en cuenta que muchas adoptan esta posición porque están necesitadas de llamar la atención; pero también es importante considerar que cuando un hombre tiene una estrecha cercanía o familiaridad con una mujer, en este caso podríamos englobar la situación en un entorno laboral o profesional, la intensidad del acoso será mayor y si a esto le sumamos que si la acosadora es la jefa o superior del acosado, la situación para la víctima se puede tornar más complicada.

            Así las cosas, si en estos momentos estas sufriendo de acoso sexual y tienes miedo o vergüenza de denunciar, te recomiendo que por un momento dejes de lado tu actitud pasiva y des un paso al frente para superar esta situación, pues tomar al toro por los cuernos no sólo puede beneficiarse a ti, sino que podría ayudarle a otros que están en tu misma situación.

            ¡Anímate!

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11-Jan-2017

CUANDO EL KARMA ACECHA…

            Cuando se trata de relaciones de pareja en las que no están muy bien definidos y asentados conceptos como la fidelidad y la lealtad, es muy común que hombres y mujeres opten por actuar bajo el reprochable principio de que tu mano izquierda no sepa lo que haga la derecha, lo que al final del día provoca un severo e irreversible deterioro del vínculo emocional que pudiera existir entre los dos protagonistas ya sea de un noviazgo o un matrimonio.

            Por eso es que, llegado el momento, cuando una dama o un caballero deciden trabar una relación comprometida y exclusiva con alguien lo primero que deben reflexionar es que siempre que uno tiene una pareja debe considerar que éstas siempre deben ser como una calle de doble sentido, de ida y vuelta, donde es sumamente importante, además de la comprensión, la reciprocidad, el respeto, la paciencia, los detalles, el compañerismo, la complicidad, la sensibilidad y el amor (¡obviamente!), actuar de manera congruente y no hacerle al otro lo que no quisiéramos que nos hicieran.

            Y es que, en muchas ocasiones, a hombres y mujeres por igual, cuando su relación llega a un punto en el que todo se vuelve rutinario y monótono, se les hace fácil echarse una canita al aire e incluso tener una casa chica, creyendo que sólo basta con ser discret@s, precavid@s y cuidados@s para que todo marche sobre ruedas y puedan gozar al máximo de esa doble vida que han elegido ya sea de manera temporal o permanente.

            Sin embargo, lo que much@s pasan por alto cuando echan a andar este tipo de dinámicas es que de alguna manera hay fuerzas convergiendo de manera negativa en torno a ellos para que el karma se encargue de revirar y  magnificar todo aquello (sobre todo lo malo) que se le hace a los demás, principalmente a la pareja. Y aquí es donde se vuelve en un asunto de vital importancia entender y comprender que cuando nos involucramos en una sinergia cuyo eje rector es la traición y el engaño la retribución será catastrófica porque, al final del día, “al que hace mal, (muy) mal le va”.

            Así las cosas, cuando uno tiene pareja (novi@ o espos@) siempre es recomendable tener una amplísima comunicación con respecto a todas las inquietudes, incomodidades e incertidumbres que puedan estar flotando en el entorno. Si en tu relación ha quedado poco espacio para las emociones fuertes o para implementar una que otra locura que te gustaría llevar a cabo, no salgas a buscar a alguien más para materializarla porque el desenlace podría ser terrible para ti y para tu relación. Lo mejor que puedes hacer es encontrar los conductos apropiados para fortalecer el vínculo emocional con tu pareja y comunicarle que hay muchas cosas que te gustaría hacer con él/ella: un viaje, una escapada de fin de semana a algún lugar seductor, una que otra locura en la intimidad (para revivir la llama de la pasión), inscribirse en el gimnasio para ir juntos a hacer ejercicio… el etcétera es larguísimo.

            El asunto aquí es portarse bien con aquellas personas de las que sólo recibimos amor y atenciones porque, si en un momento dado tomamos la peligrosa decisión de pintarles el cuerno seguramente las consecuencias serán terribles para todos los involucrados. Porque es muy probable que la persona a la que engañemos nos pueda llegar a perdonar… ¡pero el karma no!

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14-Dec-2016

CUIDADO CON LO QUE DESEAS… PODRÍA HACERSE REALIDAD

            La vida se trata, sobre todo cuando nos referimos a relaciones de pareja (noviazgos y/o matrimonios) a una constante búsqueda. Encontrar el balance perfecto entre deseos, sentimientos y pensamientos prácticamente es imposible tanto para los hombres como para las mujeres, sobre todo porque unos y otras, en las distintas etapas de su vida, coloquialmente van cambiando de piel adaptándose primordialmente a lo que sus instintos y emociones les van dictando, por lo que es muy frecuente descubrir un día quieren una cosa y otro día quieren otra.

            Sin embargo, a veces (bueno… ¡muchas veces!), empujados por falsos conceptos y comportamientos que imitamos de los demás, nos confundimos de más autoengañándonos con espejismos que al final nos terminan afectando terriblemente.

            ¿Cuántas veces ustedes, chicos, no han puesto los ojos en mujeres con aura de inalcanzables y ustedes se aferran a tal grado que mueven cielo, mar y tierra con tal de alcanzar su objetivo sin importarles si les convenía trabar una relación con ella? Y los motivos por los cuales no les era apropiado este vínculo pueden ser muchísimos: emocionalmente inestable; ideológica, cultural y hasta socialmente de un estrato distinto al suyo; celosa, superficial, proclive a ser infiel y un larguísimo etcétera.

            Y no me estoy refiriendo a casos de nuestros años adolescentes, cuando nuestras mamás ponían el grito en el cielo cuando ustedes se fijaban en una lagartona que sólo les provocaría dificultades y ellas hacían lo imposible por alejarlos de ellas. Nada de eso. Estoy hablando de relaciones ya en edad madura cuando supuestamente ya están equilibrados emocionalmente y totalmente curtidos en cuestiones amorosas y al final de la historia acaban perdiendo más de lo que ganan, pero aún así se aferran y, sin medir las consecuencias, se dirigen a toda velocidad y sin frenos al desastre amoroso.

            Por lo mismo, nunca está de más echar mano de la prudencia al momento de enamorarnos de alguien, por muy intensa que pueda ser la atracción física. Hay que tener la inteligencia emocional suficiente para evaluar tanto a la persona como las situaciones que pueden venir aparejadas con ella porque, si nos involucramos con alguien a quien prácticamente no conocemos, las consecuencias podrían ser desastrosas en muchos sentidos.

            ¿Quieres tener como novia o esposa a una mujer físicamente despampanante y que llame la atención en todos los lugares a donde la lleves? ¡Perfecto! Entonces deberás ser lo suficientemente maduro para entender que ella atraerá las miradas y despertará el deseos de otros hombres que la desearán de la misma manera como tu la deseaste cuando la conociste; ¿deseas tener a una mujer que vista de manera sofisticada y que su gusto sea ir a los lugares de moda? ¡excelente!, entonces empieza a trabajar duro (¡muy duro!) porque todos los caprichitos que a ella se le ocurran tendrán que salir de tu cartera…

            Así las cosas, recuerda todo el tiempo que a toda acción corresponde una reacción, por lo que deberás evaluar todos los pros y los contras al momento de querer iniciar una relación con alguien, sobre todo cuando se trata de una persona a la que todavía no conoces lo suficientemente bien como para querer involucrarte a fondo con ella, por lo que siempre es mejor tener presente que “hombre precavido, ¡vale por dos!”.

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky) y, por lo pronto, yo los espero en este espacio a partir del año próximo. ¡Felices fiestas!

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07-Dec-2016

SI TU MUNDO NO CAMBIA… ¡CAMBIA DE MUNDO!

            Decía el gran Albert Einstein que si buscamos resultados distintos debíamos dejar de hacer siempre lo mismo. Y sí, el ser humano, lamentablemente, transcurre la mayor parte de su vida cometiendo una y otra vez los mismos errores esperando resultados diferentes en las distintas aristas que componen su vida: su familia, su trabajo, su existencia misma…

            Tienes un trabajo donde eres olímpicamente infeliz. Ganas muy poco, el dinero que te pagan ahí prácticamente no te alcanza para nada; tu jefe de trata con la punta del pie y, además de todo, por ningún lado ves oportunidad de crecimiento alguno. Sin embargo, de lunes a viernes (incluso los sábados) muy puntual asistes a trabajar y bajo ninguna circunstancia supones que tu vida laboral podría ser mejor. Sabes bien que esto se puede solucionar simplemente saliendo a buscar otro trabajo, pero por alguna razón no lo haces y permaneces ahí por años. ¡Vaya mediocridad!

            Y éste es sólo un ejemplo de muchos que puedo utilizar para aterrizar la triste condición humana que provoca que muchos vivamos infelices todo el tiempo, incapaces de salir a buscar alternativas que nos permitan sentirnos mejor en todo sentido. Y es que, ya sea por miedo o por conformismo, millones se quedan postrados en su realidad (triste realidad, por cierto) aún sabiendo que con muy poco esfuerzo pueden cambiar radicalmente su situación.

            Por lo tanto, toda esta mediocridad y conformismo, sí, ¡acéptenlo!, tiene que ver con la autoestima. Y tiene que ver absolutamente porque ni una sola persona en este universo con cinco gramos de amor propio permite bajo ningún motivo que cualquier circunstancia que le incomode permanezca por un prolongado lapso de tiempo en su vida y eso se logra únicamente desarrollando una personalidad totalmente echada para adelante, atrevida y temeraria. Si algo en tu vida no te gusta, ¡cámbialo! y si no puedes cambiarlo pues entonces cambia de vida, pero no permitas que aquellos que se conforman con la pasividad en sus existencias te contagien.

            Un poco de esfuerzo combinado con una actitud positiva siempre te va a permitir establecer cambios de todo tipo en tu vida. Permitir que pasen los días involucrado en dinámicas improductivas sólo provoca, incluso sin darte cuenta, que tus proyectos fracasen y que tu cotidianeidad se empantane.

            Por eso es vital siempre procurar tener un poco de visión y planeación sobre los acontecimientos que generamos a través de nuestras acciones. Todo esfuerzo, por muy pequeño que parezca, nos tiene que conducir a un objetivo y también debemos dejar de hacer por hacer, porque si estamos involucrados en dinámicas intrascendentes al final del día nuestra vida también se vuelve intrascendente. Y lo mismo pasa cuando en nuestras relaciones de pareja nos permitimos estar al lado de alguien que no tiene definido su rumbo personal y profesional, porque esa pasividad y/o desidia ante situaciones o circunstancias en las que debería involucrar todos sus esfuerzos para revertirlas para transformarlas en algo productivo y positivo son contagiosas y cuando menos te des cuenta estarás actuando bajo la terrible ley del menor esfuerzo.

            Así que, si no estás conforme con un mundo haz un esfuerzo por cambiarlo. Y si no logras que esto suceda, no te estreses, cambia de mundo, pero no te vuelvas como los demás.

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

30-Nov-2016

¡ALGUIEN TIENE QUE CEDER!

            Cuando un hombre y una mujer mantienen una relación de pareja durante un lapso de tiempo prolongado, ya sea un noviazgo o un matrimonio, la convivencia, la convergencia y la coexistencia detonan que ambos, por el nivel de conocimiento y aceptación del otro, logren sacar lo mejor de sí mismos pero, al mismo tiempo, también, en determinadas circunstancias, sacan lo peor de sí mismos, lo que podemos entender como algo perfectamente normal. Sin embargo, cuando ya existe cierto nivel de desgaste emocional, lo cual es totalmente comprensible, al momento en el que se presentan las discusiones y/o las discrepancias, se vuelve sumamente complicado que uno u otro, o ambos, dejen de lado sus diferencias para encontrar la solución al problema que se ha presentado y reconciliarse.

            Por lo anterior, resulta sumamente importante dejar en claro que las parejas felices y estables no son aquellas que no tienen problemas, discusiones o peleas, sino las que a pesar de tenerlas logran echar mano de la madurez suficiente para resolver cualquier desavenencia y, mediante el diálogo y la comunicación, se sientan a solucionar cualquier dificultad, por muy compleja que ésta sea.

            Cierto, con el paso de los años todos aquellos que sostenemos una relación de pareja tenemos que enfrentarnos a diario con situaciones provocadas por nuestr@ novi@ o espos@ que definitivamente nos sacan de nuestras casillas. Acciones, palabras u omisiones que ell@s hacen, consciente o inconscientemente, y que provocan que estallemos en enojo, sobre todo cuando se trata de situaciones que reiteradamente se hacen presentes y que tal pareciera que la penúltima vez que se presentaron y que tras dialogar para resolverlas se repiten una y otra y otra vez. Y lo que es peor: A él/ella pareciera no interesarle adaptar un poco su comportamiento para cambiar dicha circunstancia.

            Pero una vez que se presenta un entorno de tensión derivado de alguna pelea o discusión, lo que de por sí ya representa una dificultad en la comunicación de la pareja, lo es todavía más cuando uno de los dos, o los dos, se empecina en creer que tiene la razón (cuando no la tiene) y ésta no le es concedida, lo que provoca una molestia doble: la primera, por la raíz original de su enojo y, la segunda, porque su pareja no le concede la razón… la tenga o no.

            Y esta situación, con el transcurso de los días, comienza a minar el vínculo entre él y ella, porque dejan de hablarse, hay distanciamiento (físico y emocional), silencio, conversaciones a fuerza, y todo porque, ya sea por orgullo o por cerrazón, uno de los dos (o, insisto, ambos) se niega a propiciar el diálogo que les permita superar esa situación adversa que, por muy grave que pueda ser, si la conversan, si cada uno expone sus puntos de vista y razones, puede arreglarse. Pero no, el empecinamiento y el menosprecio/desprecio por lo que piensa y siente el otro siempre es más fuerte y esto acaba por abrir una brecha cada vez más grande entre ambos componentes de la pareja.

            Si estamos con una persona, sobre todo cuando se trata de una relación de varios años, nuestra permanencia al lado de ella es porque definitivamente la amamos y porque es muy importante para nosotros. Por lo tanto, cualquier situación que derive en alguna discusión o pelea siempre debe ser susceptible a ser superada, sobre todo refiriéndome a una pareja de seres humanos maduros, comprensivos, respetuosos y amorosos. ¿Están de acuerdo conmigo?

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23-Nov-2016

EL AMOR… ¿SENTIMIENTO O DECISIÓN?

            El sentimiento más importante de todos, el amor, es tan incomprensible como indescifrable. Nos inspira a realizar lo más sublime y, al mismo tiempo, llevado al otro extremo, nos empuja a lo más ridículo, por lo que el ser humano, hombres y mujeres por igual, desde que nacemos y hasta el último día de nuestras vidas lo buscamos, lo anhelamos, lo idealizamos… pero también lo destruimos.

            Y como tal, el amor o las inacabables manifestaciones de éste son como la gripe: no hay dos iguales. Por lo mismo, adentrarnos en estos (espinosos) terrenos, para explicarlo y entenderlo, nos puede llevar a discusiones épicas con nuestros interlocutores y probablemente jamás llegaríamos a una conclusión que permita quedar satisfechas a todas las partes involucradas, justo como cuando discutimos con el resto del mundo por temas de religión, política o fútbol.

            Por principio de cuentas, debemos entender el amor como un concepto universal relativo a la afinidad entre las personas, que va más allá de ideologías y puntos de vista pero que, al mismo tiempo, se complementa gracias a la presencia de éstos (las ideologías y los puntos de vista). Sin embargo, es tan complejo desmenuzarlo, por todas las emociones que en torno a éste se aglutinan, que a final del día cada ser vivo y racional crea su propia idea de éste, aunque muchos acaban por comportarse de forma irracional echándole siempre la culpa por todas las tonterías cometidas.

            A estas alturas ya todos sabemos que los idealistas defenderán a muerte la idea de que el amor es un sentimiento, una emoción incontrolable que, repentinamente, surge entre dos seres que en cierto punto de su interacción forjan una química difícil de explicar y que entienden como una necesidad irrefrenable de estar cerca de esa persona que los ha cautivado y/o conquistado; y, por su parte, los pragmáticos, esos que por lo regular no despegan los pies del suelo, defenderán a capa y espada que el amor es una decisión, porque aquellos entes racionales que precisamente se jactan de esta circunstancia, tienen la capacidad de elegir a quién, cuándo y en qué medida amar a alguien y, a su vez, atacan a los idealistas con el argumento de que lo que ellos emplean como estandarte emocional o es amor, sino enamoramiento (?).

            Y la verdad es que, a fuerza de ser sinceros, a ambos (a los idealistas y a los pragmáticos) les asiste la razón. Y les asiste porque en cierta etapa de una relación de pareja el hilo rector es esa desbordante pasión que consume a ambos protagonistas y ésta se manifiesta principalmente por una exacerbada sexualidad que obnubila por completo el entorno de ambos; y, transcurrido cierto tiempo, ese fuego va menguando y tanto el hombre como en la mujer se van adentrando en una convivencia en la que ponen a prueba todo aquello que los une y que, si efectivamente se trata de amor, acabará rebasando todo aquello que en un inicio de fundamentó en la atracción física y lo coital, y no necesariamente tiene que asumirse como la extinción del amor, aunque si puede ser el fin del enamoramiento.

            Sin embargo, lo que si es un hecho incontrovertible es que debemos ser capaces de aceptar nuevos paradigmas con respecto al amor y entender de una buena vez por todas que éste no es ciego sino todo lo contrario. El amor verdadero observa, escucha, huele, palpa, respira y sobrevive el día a día cuando una pareja decide que no hay recetas secretas o embrujos con pócimas para mantenerlo vivo, fuerte y en constante transformación porque, el amor, al igual que la materia, no se crea ni se destruye, solamente se transforma.

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16-Nov-2016

APRENDE A DECIR “NO”

            El ser humano, por naturaleza, tiende a ser solidario, generoso o, como lo manejan los jóvenes en su lenguaje, es buena onda. Sin embargo, cuando un hombre está en plan de conquista y desea agradarle a esa mujer que le ha llamado la atención, por lo regular éste suele cometer el gravísimo error decirle “sí” prácticamente en todo lo que ésta le pide, aún por encima de que el interfecto quisiera negarse porque simplemente se trata de situaciones en las que se siente incómodo o le provocan malestar. Pero, como siempre, puede más el enamoramiento o el deseo masculinos, al final del día los caballeros muchas veces pasan por momentos verdaderamente amargos porque simplemente muchos de ellos no fueron educados ni aprendieron a decir “no”.

            Y todo esto tiene que ver única y exclusivamente con los límites, los cuales difícilmente distinguimos a simple vista porque, admitámoslo, vivimos el día a día esforzándonos por agradarle a todo el mundo, porque tenemos una llama que nos incendia por dentro cuando se trata de ser aceptados, lo cual no es definitivamente malo, pero si llega a convertirse incluso en un patrón patológico cuando una y otra y otra y otra vez no poseemos ni la decisión ni la asertividad para rechazar aquellas cosas que no deseamos hacer porque simple y llanamente no nos gusta hacerlas.

            Pero el no saber decir que “no” la mayoría de las ocasiones no tiene que ver exclusivamente con nuestra relación de pareja, con nuestr@ novi@ o espos@. Nada de eso. Someternos a dinámicas incómodas de manera prácticamente instintiva se vincula prácticamente con todas esas personas con las que convivimos a diario en nuestro entorno, lo que definitivamente se convierte en un impedimento para sentirnos satisfechos y felices porque, en nuestro catálogo cotidiano de acciones, nos acostumbramos a recibir órdenes, a hacer favores e incluso a cumplir chantajes con tal de no polemizar, enojar o herir los sentimientos de los demás. Y esto nos ocurre desde muy pequeños, en nuestra infancia, cuando mamá nos pide que hagamos frente a sus amigas ese bailecito ridículo que tanto la hace reír aunque quisiéramos que nos tragara la tierra; pero lo hacemos porque si no, mamá se va a sentir muy mal o simplemente “porque ella manda”.

            Definitivamente estamos hablando de dinámicas de abuso que le permitimos a los demás y esto bien puede suscitarse porque existe un deterioro constante y permanente de nuestra autoestima. Una persona segura de sí misma, tiene el aplomo y el carácter suficientes para decir “no” a una situación que le desagrada así se lo esté pidiendo el mismísimo Sumo Pontífice o el Presidente de la República y esto se logra únicamente si podemos identificar y diagnosticar todo aquello que nos puede provocar molestia o incomodidad. No saber decir que “no” al resto del mundo es como darle autorización a todos para que nos hagan víctimas de bullying. Y no exagero.

            Decirle “no” a los demás no es algo negativo y si argumentas porque te estás rehusando a hacer algo que te están solicitando incrementas y fortaleces tu autoestima, porque ser solidarios y empáticos definitivamente no tiene que significar que debamos estar disponibles para todo y para todos. Puede ser que en alguna ocasión accedas a hacer algo por alguien, pero eso no significa que estarás accesible siempre que seas requerido, por lo que nadie te puede obligar a hacer algo que no deseas y tampoco será el fin del mundo si no eres la persona más accesible del universo.

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09-Nov-2016

LA IMPORTANCIA DE LOS (MALDITOS) DETALLES

            Seamos sinceros, los cuentos de hadas no existen. Las princesas de vestidos y cabelleras despampanantes y los caballeros de brillante armadura sobre portentosos corceles, en la realidad de las parejas modernas, de plano, no existen. Sin embargo, cuando se trata de hombres y mujeres decididos a convivir, coexistir y converger ya sea en un noviazgo o en un matrimonio, siempre habrá algunos elementos preponderantes de los que pueden echar mano, ambos, para que sus relaciones de pareja sean plenas y satisfactorias. Y, créanme, no se requiere de embrujos, hechizos o pócimas mágicas.

            Para empezar, siempre es muy importante que cuando ya le hemos echado el ojo a alguien no sólo mostremos nuestra mejor cara sólo en las citas o en los momentos de convivencia. Damas y caballeros deben tomar en cuenta, incluso antes de que puedan concretar su noviazgo y, obvio, cuando también ya estén matrimoniados con el amor de su vida, que más allá de las coincidencias y afinidades que compartan es trascendental que, en la medida de su sensibilidad e inteligencia emocional, logren tender un vínculo con su novi@ y su espos@ a través de los detalles. Y es que, digan lo que digan los agoreros de la modernidad, que son enemigos de las cursilerías a grado superlativo, ser una persona detallista con nuestra pareja siempre redundará en múltiples beneficios.

            Y no, no me estoy refiriendo a obsequiar flores, tarjetas, bombones y chocolates, los cuales, por cierto, nunca pasan de moda. Tampoco estoy enfocándome en esas reglas de cortesía que despliegan los caballeros y que bien pueden ser consideradas “detalles”, como lo es abrirle la puerta del auto a su mujer, permitir que ella camine en la parte interior de la acera cuando vayan a su lado o ayudarle a que se siente en el restaurante sosteniéndole la silla. Todos estos ejemplos ciertamente hablan, de quien los lleva a cabo, de un sujeto bien educado y con modales perfectamente asimilados, lo cual está muy bien. Pero en esta ocasión yo quisiera profundizar en situaciones más complejas que nos permiten diagnosticar si estamos conviviendo con una persona de verdad y no solamente educada.

            Es un hecho irreductible que hombres y mujeres somos estructuralmente (tanto física como emocionalmente) muy diferentes. A ustedes y a nosotras nos gustan y nos hacen sentir bien muchísimas cosas similares, pero al mismo tiempo, cuando la cotidianeidad de una relación de pareja nos permite conocer a fondo los sentimientos de nuestr@ novi@ o espos@, descubrimos que con la convivencia diaria esa persona que está a nuestro lado poco a poco ha ido adaptando su comportamiento en base a nuestras necesidades y nos lo demuestra todo el tiempo en cada pequeña cosa que realiza y que no necesariamente tiene que estar dentro del amplísimo catálogo de las cursilerías o las situaciones románticas.

            Cierto, una persona detallista en cada acción que lleva a cabo está demostrando su amor y su capacidad para amar a su pareja y cuando eso ocurre, cuando alguien todo el tiempo está tomando en consideración lo que pensamos, lo que hacemos, lo que decimos, y, sobre todo, ¡nos respeta! no solamente nos está halagando y por ende nos hace sentir bien, sino que también nos permite descubrir que a nuestro lado tenemos a alguien sumamente confiable con quien es posible construir y planear algo verdaderamente sólo en el futuro inmediato porque, sí, efectivamente, todos nos sentimos extremadamente bien cuando los demás nos inflan el ego y nos hacen sentir como reyes o como reinas; pero cuando alguien despliega no sólo educación, caballerosidad y sensibilidad, sino que en cada momento que transcurre nos demuestra que está dispuest@ a transformar el entorno de esa pareja a través de sus acciones (incluso las más insignificantes), indudablemente se convierte en él/la indicad@.

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02-Nov-2016

¡NO HEREDES PROBLEMAS!

            Decían nuestros abuelos, un tanto en broma y otro tanto muy en serio, que en esta vida sólo hay dos cosas seguras: Morir y pagar impuestos. Y con respecto a la primera, muy a tono con las celebraciones del llamado “Día de Muertos” (ayer martes y hoy miércoles), bien harían todos aquellos hombres con familia, refiriéndome muy en específico a los que tienen esposa, hijos y que durante un largo periodo de tiempo han desempeñado el rol de proveedores, reflexionar por un instante en torno a una muy compleja y desagradable situación: Morir y heredar un cúmulo de problemas a los familiares.

            Sí, de acuerdo, yo sé bien que ninguno de nosotros sabemos cuando llegará ese irremediablemente momento de abandonar este mundo material y también sé muy bien que para muchos resultará un poco perverso imaginarse en el hipotético escenario de transcurrir sus días planificando (no planeando) su muerte. Sin embargo, viendo las cosas desde una perspectiva práctica y objetiva, sería de mucha ayuda para nuestros seres queridos si a través de un simple ejercicio “administrativo” evitamos que pasen por momentos sumamente desagradables, sobre todo en el terreno jurídico.

            El primer paso para desahogar en el futuro un cúmulo de episodios negativos entre los mismos familiares es pensar en un testamento porque, más allá de considerar que se posean pocos o muchos bienes materiales, es de elemental sentido común contemplar que siempre habrá un prietito en el arroz dispuesto a quererse aprovechar del pesar emocional de los demás y quererse apoderar de aquellas pertenencias que el finado ya no puede repartir entre aquellos que quisiera que las conserven.

            De acuerdo al artículo 1295 del Código Civil para la Ciudad de México, el testamento se define como “un acto personalísimo, revocable y libre por el cual una persona capaz dispone de sus bienes y derechos, y declara o cumple deberes para después de su muerte”.

            Al ser personalísimo, el testamento sólo lo puede realizar o redactar el interesado y nadie más; además, como se trata de un documento revocable, puede haber marcha atrás en su redacción y realizar uno nuevo si así convienen los fines de quien lo redacta, lo que deja sin validez el anterior. Y por su característica de ser libre, queda de manifiesto que nadie puede obligar a otra persona para que redacte su testamento de forma distinta a la deseada u obligarlo a que lo anule y en caso de que así ocurra, un juez puede intervenir para declarar la nulidad de este documento.

            Asimismo, también es pertinente que en un afán de no complicar el entorno de tus familiares, te tomes un tiempo para dejar en orden todos aquellos pendientes de índole jurídico-administrativo como pueden ser una hipoteca, asuntos bancarios e incluso deudas personales porque, aunque nadie tiene contemplado en su plan de vida partir al más allá, lo cierto es que, nos guste o no, todos en algún momento, vamos a dejar de existir.

            Por eso, no procrastines un asunto tan importante como éste. Tómate un tiempo, reflexiona en tu soledad y dialoga mucho con tu familia para que, llegado el momento de emprender el llamado viaje sin regreso, lo único doloroso para tus seres queridos sea tu partida y no la montaña de problemas que les heredarás por no haber puesto en orden todos tus asuntos.

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26-Oct-2016

LA DOBLE, LA TRIPLE…. ¡Y HASTA LA CUADRÚPLE MORAL!

            Una de las más importantes incongruencias que presenta la sociedad desde sus núcleos más elementales es la referente a la doble moral, la cual desde su definición ciertamente no tiene nada que ver ni con lo bueno ni con lo malo. Sin embargo, la forma en cómo la aplicamos prácticamente en todo momento, definitivamente nos ubica en un papel ambivalente de ser algo así como “juez y parte” de todo aquello que ocurre en nuestro entorno ya sea que nos afecte o no.

            Por principio de cuentas, la moral tiene que ver con aquellos valores éticos y creencias que a lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo y desarrollando, lo cual vuelve a ésta una especie de Pepe Grillo que está presente prácticamente en todos nuestros actos y “nos aconseja”, por así decirlo, en todas aquellas cuestiones en las que debemos tomar decisiones aplicando nuestro criterio para definir (aquí sí) lo que es correcto y lo que es incorrecto.

            Para fines prácticos, la doble moral tiene que ver con decir una cosa y actuar de manera totalmente distinta a lo que decimos. Además, la doble moral no sólo nos presenta ante nuestros semejantes como personas de valores y acciones inconsistencias, también nos deja frente a nosotros mismos como individuos inmaduros incapaces de asimilar homogéneamente nuestro entorno, por lo que si un día vemos algo de color azul, lo más coherente es que ese algo lo veamos todos los días de color azul sin importar las circunstancias o las personas. Una persona consistente en conceptos y acciones difícilmente va a caminar los terrenos de la doble moral.

            En días recientes pudimos informarnos sobre el deleznable comportamiento del candidato del Partido Republicano a la presidencia de los Estados Unidos, el empresario Donald Trump, a quien le balconearon una serie de conversaciones en donde se expresaba de manera asquerosa sobre determinadas mujeres, lo que indudablemente indignó a millones de féminas, entre ellas a la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton. Sin embargo, ésta, para aquellos que lo hayan olvidado, está casada con un sujeto (el ex presidente Bill Clinton) que le fue infiel en innumerables ocasiones y quien también en su momento fue cuestionado por su pésimo tacto para tratar a las mujeres -¿alguien recuerda su affaire a su becaria Mónica Lewisky?-. En su momento Hillary se hizo de la vista gorda ante el pésimo comportamiento de su marido, siguió casada con él y unos años más tarde le reprochó a su rival político un comportamiento similar al que tuvo su esposo… ¡eso es doble moral!

            Por supuesto que aquellos que ejercen la doble moral no tiene moral alguna, porque éstos siempre acaban torciendo las cosas a su conveniencia, criticando en público aquellas acciones y comportamientos que muy seguramente ellos ponen en práctica cuando no están bajo los reflectores de esa sociedad que muy probablemente los tiene ubicados en una posición de prominencia. Y esto definitivamente nos lleva a una degradación del concepto “moral”, con una raza humana que predica y no practica. Como esos caballeros que buscan fuera de su matrimonio, para tener como “amante de planta”, a una mujer pervertida y dispuesta a cumplirles sus más bajos deseos y en casa tienen a una esposa inmaculada, prácticamente una santa, con la que no se atreverían a hacer nada de lo que hacen con su amante porque “es mi mujercita adorada, ella no hace esas cochinadas”.

            Y hombres de doble moral hay de todo tipo: políticos, sacerdotes, maestros, activistas, etcétera.

            ¡Qué feo!, ¿no?

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19-Oct-2016

LO QUE NO DICE (NI HACE) UN CABALLERO

            Seguir de cerca las peripecias de los dos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, la demócrata Hillary Clinton y el “republicano” Donald Trump, con éste último convertido en el máximo patán de patanes por su asqueroso comportamiento hacia las mujeres, me lleva a reflexionar que en la actualidad existen muchísimos hombres que a diario conviven a todo nivel con el sexo femenino y, lamentablemente, no todos saben comportarse frente a ellas. Pero peor aún, tampoco manejan conceptos muy honorables cuando se refieren a éstas cuando ninguna de ellas está presente.

            Cierto, para bien o para mal los tiempos actuales nos han provisto de un sinfín de circunstancias que nos permiten concluir que hombres y mujeres ya pueden convivir, converger y coexistir con cierto grado de equidad e igualdad. Sin embargo, en la mente de muchos caballeros, me refiero a aquellos de perfil eminentemente machista, todavía no les queda muy claro que uno de los principales ingredientes para aspirar a una convivencia social más o menos adecuada es el respeto, el cual definitivamente no se le puede exigir a un individuo a quien desde la cuna se le inculcaron antivalores que ubican a la mujer como un ser inferior a él en todo sentido.

            Sí, en verdad provoca asco e indignación escuchar hablar a un sujeto como Donald Trump, quien con toda la desfachatez del mundo insulta, denigra, humilla y denuesta a cuanta mujer se cruza por su camino. Pero si nos ponemos a pensar por un instante que vivimos en una sociedad en la que existe un Donald Trump en potencia por cada persona del sexo masculino, al final del día resulta sumamente preocupante que todas las mujeres que forman parte de nuestra cotidianeidad (nuestras madres, tías, abuelas, hermanas, hijas, esposas, novias, amigas, compañeras de trabajo, etcétera) todo el tiempo están corriendo el riesgo de chocar de frente con un sujeto que las va a mirar únicamente como objetos sexuales. ¿Verdad que no es agradable?

            Por eso, es muy importante que todos ustedes, me refiero a todos mis lectores caballeros, sean capaces de recopilar toda la sensibilidad que les permita su concepción para ponerse en los zapatos de las mujeres cada vez que se sientan tentados a maltratar a una, ya sea a través de una acción, a través de una palabra o a través de un pensamiento. Porque, famoso o desconocido, rico o pobre, citadino o provinciano, estudiado o inculto, un hombre acrecienta su valor (el moral, sobre todo) cuando sabe de qué manera tratar a las mujeres que cerca, más allá de su propia esposa, sus propias hijas, su propia madre o sus propias amigas. Pensar, actuar y decir de manera apropiada tiene que ir más allá de una mera cuestión de tratar como Dios manda solamente a aquellas féminas con las que se tiene algún vínculo (sanguíneo, emocional, profesional, etcétera); porque en la medida en la que un hombre trate con dignidad y respeto a una mujer desconocida para él, al final del día éste se proyectará como un individuo respetable pero, sobre todo, como alguien a quien se le deberá imitar en su comportamiento.

            Es fácil caer en conductas indebidas cuando estamos conviviendo con nuestros amigos íntimos, abrir la boca de más y decir cosas que pueden lastimar a terceros en un afán de alardear y presumir. Sin embargo, un hombre real, un caballero de verdad, en todo momento tiene conectada la boca con el cerebro y aunque la tentación sea grande, siempre encontrará la mesura que se requiere para demostrar que es un sujeto respetable, ¿no creen?

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12-Oct-2016

CATÁLOGO DE RELACIONES TÓXICAS

            Vivimos en la era de las relaciones tóxicas. Hombres y mujeres las vivimos a todo nivel y en cualquier ámbito de nuestras vidas. Son dinámicas emocionales negativas que lo mismo las tenemos en el hogar, en el trabajo, en la escuela, en nuestra colonia y, por supuesto, con nuestra pareja. Y con tan frecuentes que muchos estamos acostumbrados a ellas, a grado tal que las consideramos como algo “normal” e incluso si en algún momento llegamos a estar libres de ellas nos sentimos mal o incompletos, lo que definitivamente es síntoma de que incluso ya hemos llegado a desarrollar ciertas patologías por este tipo de vínculos.

            Para aquellos que no conozcan sobre las relaciones tóxicas y quieran evitarlas a toda costa de su vida, cabe mencionar que éstas nos hacen sentir mal, alteran nuestro comportamiento sin que lo podamos controlar y destruyen tanto nuestra esencia como nuestra personalidad. En resumen, se trata de relaciones que nos vuelven infelices y de las cuales es muy complicado salir.

            Los ingredientes principales de una relación tóxica son: una persona dominante y una persona sumisa, básicamente; también debe existir un serio problema de comunicación, aderezado con manipulación, mentiras, chantajes, agresión e incluso violencia (psicológica, verbal y física), lo que definitivamente nos dice que existen formas de amar sumamente peligrosas y lesivas, tanto que existen estudios que arrojan que el 36% de la población mundial pasa en estos momentos por una relación tóxica.

            Entre las principales relaciones tóxicas encontramos las siguientes:

-       Hostigante.- En donde una de las dos partes acosta y hostiga al otro constantemente. Le persigue, le vigila cuando el otro no lo sabe, le insulta, le menosprecia, le subestima y le hace saber que nos es dign@ de toda la confianza y por eso se da el acoso frecuente.

-       Narcisista.- En este tipo de relación siempre uno de sus componentes es un egoísta consumado, sólo habla de sí mismo, de lo que hace, de lo que le pasa. El mundo gira a su alrededor y lo único que importa es su satisfacción, mientras el otro simplemente es una especie de espectador.

-       Caótica.- Ésta es una relación totalmente inestable e imprevisible, de episodios explosivos, donde el común denominador es la bipolaridad de uno de sus componentes. En este tipo de relaciones puede existir algún tipo de adicción al alcohol o a las drogas.

-       Paranoide.- Aquí también existe mucha desconfianza y también celos, muchos celos. Se trata de un vínculo en el que uno de los dos componentes se pasa la vida pensando que le están engañando y por eso le vigila el teléfono celular y la computadora a su pareja, le controla las llamadas y las salidas con los amigos habituales… ¡un verdadero infierno!

-       Obsesiva.- Ésta es muy común, porque se trata de una relación en la que uno de los dos le saca la vuelta al compromiso pero al mismo tiempo existe que el otro esté a su total disposición. Quiere saberse en control total de la relación, tener atada a su pareja y al mismo tiempo contar con libertad suficiente para seguir comportándose como solter@.

-       Antisocial.- Aquí existe mucho maltrato de por medio, hay gritos, golpes, menosprecio de uno hacia el otro, le hace sentir mal todo el tiempo a través de humillaciones de todo tipo y al final del día el agresor no experimenta sentimiento de culpa alguno.

Y tu relación ¿cómo es?

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05-Oct-2016

ADMÍTELO: SEGUNDAS PARTES… ¡NUNCA FUERON BUENAS!

            Las relaciones de pareja, tanto los noviazgos como los matrimonios, son complejas e impredecibles. El comportamiento masculino y el comportamiento femenino se encargan, juntos y por separado, de construir y de destruir con acciones y palabras entornos de características propias e irrepetibles. Sin embargo, cuando nos adentramos en terrenos de la ruptura, sobre todo cuando ésta se presenta dolorosa y traumática, hombres y mujeres por igual suelen adoptar una actitud de enterrar en el pasado todo lo relacionado con aquella persona que se encargó de romperles el corazón, en algo que nuestras abuelas daban a entender de manera muy coloquial como: chancla que yo aviento, no la recojo jamás.

            Celos, mentiras, intrigas, desconfianzas, incompatibilidades (ideológica, psicológica, económica, sexual, etcétera)… lo cierto es que cuando un hombre y una mujer deciden poner fin a su relación es porque en la mayoría de los casos uno de los dos (o ambos) termina completamente exasperado, ahogado y sofocado por las falencias del otro. Ya saben: “me fue infiel varias veces, en todas me pidió perdón, lo acepté de regreso, pero ésta fue la última…”;  “se acabó, no puedo con los celos de esta mujer, a quién se le ocurre irse a parar a mi oficina para armarle una escena a la pobre de mi secretaria, que apenas tiene cuatro meses de casada…”; “no tolero un día más el alcoholismo de mi pareja, siempre comete estupideces cuando se embriaga y al día siguiente es un mar de arrepentimientos y culpas por cosas de las que ni siquiera se acuerda…”.

            Pero aceptémoslo, muchos de nosotros somos proclives a las personas y a las relaciones tóxicas. Día a día manejamos un concepto muy pobre y muy mediocre respecto a la felicidad y por eso casi siempre estamos inmersos en dinámicas de repetición de patrones emocionales nocivos. Damos por terminada una relación y al cabo de unas semanas o meses iniciamos otra con una persona nueva cuyas características son muy similares a las de la persona que dejamos atrás o, en el peor de los casos, dejamos pasar un tiempo y, como dice el refrán, “otra vez la burra al trigo…”,  regresamos con la persona con la que tronamos tiempo atrás y repetimos una vez más el círculo vicioso referido.

            Cuando logramos entender nítidamente las razones por las que terminamos una relación, accedemos a una posición de claridad con respecto a aquello que nos hace bien y nos hace mal. Por lo mismo, antes de darle otra oportunidad a tu ex para regresar, siempre debes tener presente los motivos por los que acabaron separándose y, después de eso, tienes que anteponer tu dignidad, tu valor individual como ser humano y respetar tu postura de que ya no estás dispuest@ a que te lastimen una y otra vez “en nombre del amor”. Si echas de menos a esa persona y sólo por eso permites que se retome la relación que tuvieron, terminarás, como dice la canción de Fito Páez y Joaquín Sabina, con “una soledad al cuadrado”.

            Así que empieza a espabilarte y resuelve tanto tus necesidades como tus temores. Además, piensa muy bien cuáles los beneficios que obtendrás (sí, tienes que ser un poco egoísta, eso es válido) por regresar con esta persona que te está pidiendo que renueven su relación. ¿Estás dispuest@ a invertir tu tiempo, tus sentimientos, tus pensamientos, tu esfuerzo, tu afecto y hasta tu dinero en alguien que te fue infiel, que te maltrató (física y/o psicológicamente), que no te incluye del todo en su vida, que no te da su lugar frente a su familia, frente a sus amigos y que casi nunca tiene tiempo para ti? ¡Tú decides!

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

28-Sep-2016

ATRACCIÓN FATAL: CARAS VEMOS… CONSECUENCIAS NO SABEMOS

            La infidelidad está por todos lados. Hombres y mujeres por igual, sin generalizar, cuando están comprometidos, ya sea dentro de un noviazgo comprometido o matrimoniados, suelen caer en la tentación de buscar en alguien más lo que muy probablemente con su pareja no encuentran o no saben cómo pedírselo. Sin embargo, en estas dinámicas de andar poniendo el cuerno muchas veces damas y caballeros, sin darse cuenta, pueden engancharse con una persona que bien podría convertir sus vidas en un verdadero infierno.

            Y, por favor, no piensen que exagero. No crean que situaciones extremas como la de la película “Atracción Fatal” (1988) con Glenn Close y Michael Douglas sólo pasan en la pantalla grande. Nada de eso. Vivimos en un mundo donde, afortunada y desafortunadamente, por lo regular la realidad siempre acaba por superar a la ficción. Por eso es muy importante que antes de hacer cualquier cosa piensen muy bien en dónde están parados porque las consecuencias de tomar una decisión como ésta pueden ser catastróficas en todos los aspectos de su vida.

            Pero, ¿qué tan peligroso puede ser para un hombre y una mujer echarse una canita al aire sólo una vez?, ¿de verdad al hacer esto corre tanto riesgo el vínculo con su novi@ o con su espos@? La respuesta es simple y contundente: ¡Sí!

            Tan sólo reflexionen por un momento (principalmente aquellos que están a punto de ser infieles, aunque también valdría que aquellos que ya lo están siendo también lo piensen) si verdaderamente conocen profundamente a esa persona con la que pretenden tener algún episodio de sexo ocasional para sosegar esa inquietud detonada probablemente por la monotonía de su vida íntima. Esa persona, hombre o mujer, ¿consideran que es una persona psicológica y emocionalmente equilibrada, discreta, sana (en su mente y en su salud), carente de malicia?, ¿por un momento han valorado lo que podría ocurrir si ustedes le ocultan que están casad@s y él/ella posteriormente se enteran del engaño?, ¿cuál será su reacción? ¿Verdad que no es tan sencillo como lo imaginamos?

            Con todo y lo mucho que hemos avanzado como sociedad y que con el paso de los años hemos logrado sacudirnos de algunos prejuicios con respecto al tema de la monogamia y la infidelidad, lo cierto es que cuando engañamos a nuestra pareja, tal acción pone en evidencia los valores y conceptos de quien la ejerce porque, sin importar las razones por las cuales comete tal acto, manifiesta que esa persona con la que convive, converge y coexiste no le interesa en lo más mínimo, ni sus sentimientos, ni sus necesidades…

            Adentrarse en terrenos de la infidelidad con personas a quienes prácticamente no conocemos es como jugar a la ruleta rusa, poner en la cuerda floja todo cuanto somos y cuanto tenemos. Nuestra relación, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra reputación, la manera como nos perciben aquellos con quienes convivimos a diario y nos respetan… ¡todo! Tirar a la basura valores y conceptos que lleva toda una vida construir y consolidar solamente lo puede hacer un tonto o un egoísta y eso, al final del día, es lo que tienes que poner sobre la balanza antes de cometer un error que te puede costar muy caro. Nada de lo que has logrado a lo largo de toda tu existencia vale un momento de calentura. ¡Piénsalo!

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21-Sep-2016

ES DE SABIOS CAMBIAR DE OPINIÓN… ¡Y TAMBIÉN DE PAREJA!

            Dicen los que saben, y saben muy bien por cierto, que “nada es para siempre” y cuando este aforismo es trasladado a los terrenos de las relaciones de pareja lo cierto es que no existe ningún otro que se apegue de manera tan fiel las dinámicas sentimentales entre hombres y mujeres, quienes dada su compleja naturaleza emocional suelen ser tan cambiantes que un día quieren una cosa y al día siguiente quieren otra cosa. ¡Así de sencillo!

            Y aunque no es válido generalizar respecto a este tema, porque también es posible poder encontrarnos con honrosísimas excepcionales (dignas de ser estudiadas a fondo) que nos demuestran que hay amores que si pueden llegar a ser eternos, lo cierto es que los macrocosmos masculino y femenino nos han enseñado una y otra vez que mantener y sostener una relación de pareja a largo plazo nos puede resultar más perjudicial que benéfico.

            ¿Por qué? Es muy simple. Cuando el ser humano abandona la adolescencia y se adentra en territorios de la adultez lleva a flor de piel conceptos que todavía no están del todo afianzados y consolidados. En materia de noviazgos y matrimonios su experiencia es prácticamente nula y su noción de ideal se recarga prominentemente en aquellas parejas que conoce y que, a su juicio, considera que son exitosas. Si sus padres han logrado conservar su matrimonio durante equis cantidad de años, a pesar de las dificultades y obstáculos, lo más seguro es que esta persona anhele emularlos y en su intención aspirará a tener una novia la cual eventualmente se convertirá en su esposa y, con un poco de buena suerte, acabará siendo una especie de clon de su madre.

            Pero, la verdad es que las cosas no siempre resultan así…

            Y no es como para ponernos melodramáticos. Cuando se presentan las rupturas, muchas veces traumáticas por cierto, la mayoría de las veces somos incapaces de analizar por qué ocurren. Cuando se llega el momento del truene con el novio o la novia o el divorcio, prácticamente en automático esta circunstancia se apodera de nuestro entorno emocional y difícilmente tenemos la claridad para reflexionar ciertas cosas. Entre pleitos y reproches, frecuentemente hombres y mujeres no se permiten autoevaluarse para lograr llegar a un diagnóstico que los ayude a entender los cómo y los porqué de sus fracasos amorosos.

            La verdad, sin caer en solemnidades, prácticamente en un 99% de las ocasiones en que se presenta una ruptura emocional de parejas es porque uno de sus componentes, o quizá los dos, simplemente han cambiado. Con el transcurso de los años, si el cuerpo de un hombre o una mujer cambian de manera drástica, imagínense las ideas, los conceptos, las necesidades, las ambiciones… y a veces esto es lo que detona que una dama y un caballero se digan adiós de forma definitiva. Cuando se es joven uno anhela una motocicleta, después pasan los años y la moto queda atrás para dar paso a un automóvil deportivo, enseguida viene otro cambio por un coche compacto de cuatro cilindros de bajo perfil y al final todo termina en una camioneta familiar para pasear con la esposa, los hijos, los nietos y hasta la mascota. ¡Así es la vida!

            Sin embargo, hay muchísimas personas que apenas empiezan a ver las primeras señales de que su vida en pareja se ha tornado monótona y aburrida deciden cortar de tajo con esta situación y se marchan, lo cual tampoco está mal porque, viéndolo en perspectiva, el ser humano siempre está buscando cambiar o evolucionar, y si la persona con la que está conviviendo, convergiendo y coexistiendo no se mueve al mismo ritmo o hacia la misma dirección, también es muy válido hacer un cambio de pareja, aunque a muchos les parezca una manifestación de egoísmo. Obviamente, cambiar de novi@ o de espos@ no es como cambiar de zapatos o de automóvil (se requiere de un análisis de las situaciones muy profundo), pero absolutamente nadie tiene que verse obligado a permanecer a lado de una persona con la que ya no comparte ilusiones, afinidades, coincidencias, objetivos…

            ¿No creen?

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07-Sep-2016

DISFUNCIÓN SEXUAL MASCULINA

            El hombre actual definitivamente vive a un ritmo totalmente distinto y, por lo tanto, mucho más acelerado al que estaban sometidos nuestros abuelos, nuestros bisabuelos y los predecesores de éstos. Por lo mismo, la sexualidad masculina de nuestros días presenta aristas muy particulares que la hacen completamente diferente a la sexualidad de tiempos pasados y ésta, por lo mismo, se ve impactada hoy día por  muchísimos factores que vale la pena analizar para entender el por qué del comportamiento sexual que presenta el homo sapiens del Siglo XXI.

            Y lo anterior, por lógica, también nos arroja a nuevos escenarios de disfunciones sexuales que desde el área clínica ya están siendo abordadas y tratadas con nuevas dinámicas para que aquellos caballeros que las padecen logren implementar terapias y tratamientos encaminados a superarlas y así poder seguir disfrutando de su sexualidad sin problema alguno.

            Para considerar que un hombre está padeciendo una disfunción sexual es imperativo que éste presente dificultades para experimentar el deseo sexual (tener ganas) o para excitarse (tener una erección) y/o para alcanzar orgasmos (eyacular, sentir y disfrutar el orgasmo).  Así las cosas, podemos determinar que cualquier hombre puede experimentar, ocasional o frecuentemente, fallas en la respuesta sexual; sin embargo, para considerar “oficialmente” que se trata de una disfunción sexual ésta se tiene que presentar como mínimo durante tres meses de manera persistente.

            Ahora bien, ya adentrados en los terrenos de las disfunciones sexuales los terapeutas requerimos clasificar éstas adecuadamente para hacer un diagnóstico y un tratamiento oportunos y correctos, por lo que estas clasificaciones se definen de la siguiente manera: 1) Disfunciones del Deseo, 2) Disfunciones de la Excitación y 3) Disfunciones del Orgasmo, cada una con sus características y tratamientos muy particulares. Pero, mucho ojo, aquí también cabe destacar que los casos se tratan de manera muy distinta cuando se trata de hombres menores de 40 años o cuando a rebasan esta edad, porque las causas de las disfunciones en estos dos grupos obedecen a distintos factores orgánicos y psicológicos.

            Entre las distintas causas que detonan la disfunción sexual masculina están las enfermedades cardiovasculares (problemas de corazón, colesterol e hipertensión), ya que éstas se derivan de una mala circulación sanguínea, que a su vez se convierte en una mala irrigación hacia el pene. Incluso aquellos que han sufrido ataques al corazón una vez recuperados pueden sentir miedo a que en el acto sexual se les vaya a presentar un episodio de esta índole y eso les causa impotencia.

            La diabetes, también es causa de disfunción sexual masculina, porque ésta genera altos niveles de glucosa en la sangre y eso daña las venas (incluidas las del pene). También hay que tomar en cuenta que muchos diabéticos presentan obesidad y ésta igualmente es factor para afectar el desempeño sexual del hombre que la padece.

            Asimismo, los trastornos hormonales en el hombre también inciden para que se presente la disfunción sexual, toda vez que la testosterona (la hormona masculina por excelencia) regula la libido y le permite sentir deseo sexual. La ausencia de ésta provocará que un caballero se vuelva impotente; aunque también debemos considerar que los altos niveles de hormonas como la prolactina, el cortisol y las tiroideas se traducirán en un dramático descenso de la testosterona y, por ende, del deseo sexual.

            El alcoholismo, el tabaquismo, las adicciones a las drogas y las enfermedades neurológicas también están contemplad@s dentro del amplio catálogo de factores que detonan la disfunción sexual masculina, por lo que es importante tener mucho cuidado cuando se pisan estos terrenos. Pero apenas se presente ésta, sea cual sea la causa, no duden en acudir con un especialista y al mismo tiempo tengan total y abierta comunicación con su pareja.

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31-Aug-2016
EL ABUSO SEXUAL: DE CAZADORES Y PRESAS…

-Con cariño y respeto para mi jefe y mi amigo, Juan Gabriel. ¡Hasta siempre, Alberto!

            Vivimos días en los que, supuestamente, la equidad y la igualdad están tomando tal preponderancia que hombres y mujeres de pronto están viendo cómo su rol en la sociedad se está redefiniendo, a grado tal que conceptos afianzados durante décadas poco a poco se han ido desmoronando para dar paso a una nueva cultura en la que la tolerancia y la comprensión parecieran estarse convirtiendo en los pilares principales de nuestra convivencia y nuestras relaciones.

            Sin embargo, como todo en esta vida, aquellos vicios perpetuados se resisten a desaparecer, como lo es el machismo, una expresión que desde tiempos ancestrales acompaña a nuestros hombres y a nuestras mujeres, y que lamentablemente estereotipa y cosifica al sexo femenino en varios aspectos de nuestra vida cotidiana.

            Y uno de ellos, desafortunadamente tiene mucho que ver con la vestimenta o la manera de vestir de muchas mujeres y la cual es interpretada por varios varones, principalmente aquellos que tienen muy arraigado en su ADN el fallido concepto de que “nosotros (los hombres) somos  los cazadores y ustedes (las mujeres) son las presas”, filosofía que lamentablemente ha derivado en muchísimos casos de violación y acoso sexual que vistos desde la perspectiva masculina en la mayoría de los casos les resultan incomprensibles e injustos porque, de acuerdo al comportamiento de éstos, obedecen a reacciones 100% naturales e incluso provocadas.

            El paradigma del que todavía muchísimos hombres se aferran para justificar su comportamiento esta relacionado, además al hecho de que fueron educados para depredar, a la circunstancia de que, por ejemplo, en la mayoría de casos de abusos y ataques sexuales la mujer es la que ha propiciado este tipo de episodios porque “ellas provocan a los hombres porque se visten demasiado llamativas y, al final, uno no es de palo”.

            ¡¿Pueden creerlo?!

            Señores: Tienen que comprender que al vivir enquistados en una sociedad están obligados a sujetarse a las reglas y a las leyes que ésta se ha encargado de crear para que entre todos permeé el respeto y el entendimiento. Si no son capaces de entender que las mujeres, al igual que ustedes, poseen una importancia dentro del contexto de esta convivencia, lo más seguro es que constantemente se estarán metiendo en problemas… y cada ves más graves.

            Una falda corta, un vestido o una blusa con escote pronunciado, unas lindas medias, un peinado sexi, un maquillaje llamativo, unas zapatillas altas, un cuerpo curvilíneo o voluptuoso no deben ser jamás motivo para que un hombre acose a una mujer. ¡Jamás! El discurso conservador tiene que ser erradicado desde todos los sectores que conforman a nuestra sociedad, sobre todo esa parte en la que (como lapidaria regla no escrita) se le hace creer al hombre que es el dueño señor de absolutamente todo… incluidas las mujeres.

            Erradicar todo aquello que nos lastima como individuos y como sociedad cuesta mucho trabajo. Y con respecto a este tema me parece que pasarán muchos años para que hombres y mujeres logren redimensionar su rol al interior de nuestro núcleo social, porque unos y otras son igualmente importantes. Pero con pequeños esfuerzos individuales podemos empezar a cambiar las cosas, ¿no creen?

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24-Aug-2016

¿AMOR O CONTROL?

            Se dice que “el amor es una cosa esplendorosa” y, si consideramos este aforismo desde una perspectiva cursi, romántica e idealista, lo más seguro es que así sea. Sin embargo, al momento de analizar a fondo tal aseveración, específicamente cuando nos referimos al enamoramiento que se da entre un hombre y una mujer, la verdad es que la situación se torna sumamente completa, sobre todo porque los seres humanos no somos tan asertivos en nuestra cotidianeidad cuando este sentimiento nos obnubila por completo la razón y terminamos haciendo muchas tonterías empujados por los celos, la inseguridad, los complejos y nuestras experiencias previas.

            Y es que, lamentablemente, vivimos en una sociedad en la que hombres y mujeres por igual tendemos a confundirnos con respecto al hecho de que cuando estamos enamorados y somos correspondidos nos creemos esa patraña de que la persona que está siendo depositaria de nuestro amor es de nuestra propiedad y comenzamos a actuar en consecuencia, ejerciendo esa territorialidad que es tan común en varias especies animales (los felinos, por ejemplo) dominando y sofocando a nuestra pareja hasta que destruimos por completo un vínculo que supuestamente debía ser positivo para nosotros y para él/ella.

            Esto sucede porque al final del día este sentimiento, que muchos consideran el más grande e importante que podemos generar, está prominentemente influenciado por mecanismos de desigualdad y la falta de respeto hacia la libertad de la otra persona, lo que deriva en una especie de “necesidad” por querer controlarl@.

            Por principio de cuentas, lo primero que debemos hacer es intentar mirar toda la fotografía no de nuestra relación, sino de nosotros mismos, lo que somos, lo que queremos y lo que necesitamos o creemos necesitar. Porque esa persona con la que compartimos sentimientos, con la que hay muchísima afinidad y cuya presencia nos proporciona un gran bienestar, además de tener una vida con nosotros también posee una vida propia, cuya circunstancia detona que tenga un trabajo y actividades que no puede realizar contigo; también tiene una familia y amigos que demandan su presencia y atención del mismo modo que tu demandas su presencia y atención, lo que significa que tu pareja deba administrar su tiempo, por decirlo de algún modo, para que el afecto que le merecen todas las personas que conviven, coexisten y cohabitan (tú incluid@) no se vea perjudicado. Su tiempo no te pertenece, ni siquiera el que pasa junto a ti, entiéndelo.

            Del mismo modo, el control sobre las personas que amamos también se manifiesta en un afán enfermizo por querer que éstas cambien las aristas de su personalidad que no nos son tan agradables o afines. Y así, todo el tiempo los controladores se la pasan presionando a sus parejas para que no hablen o no se vistan de cierta forma, que se deshagan de algunas amistades porque “no les convienen” (la verdad es porque no les gustan) y que sus pasatiempos, principalmente los que no comparten con ellos, “no les dejan nada bueno”, por ejemplo.

            Igualmente nos podemos sentar por horas a intercambiar distintas experiencias sobre el control que se ejerce a través de los teléfonos celulares, para que la pareja se esté reportando a toda hora, explicando todo el tiempo qué hace, con quién lo hace, dónde está … y eso que todavía no menciono el control psicológico (incluido el sexual), el cual es terrible y merece ser tema de otra entrega, de tan complejo y extenso que es.

            Y, por cierto, ¿tú de qué manera controlas a tu pareja?

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17-Aug-2016

DIME QUÉ POSICIÓN TE GUSTA Y TE DIRÉ QUIEN ERES

            La sexualidad humana, cuyos orígenes se remontan prácticamente a los primeros pobladores de este planeta, o sea a Adán y Eva, nos distingue como los únicos animales capaces de utilizar ésta más allá de fines reproductivos. Y es por esta misma condición que hombres y mujeres por igual, en el pleno ejercicio de ésta, van reforzando sus vínculos afectivos hasta establecer un entorno en el que tanto el deseo como el placer se fusionan a grado tal que se convierte en un poderoso factor que incluso determina la salud psicoemocional del individuo.

            Por lo tanto, es de particular relevancia que hombres y mujeres, al momento de tener relaciones sexuales, logren establecer en su dinámica sexual conjunta cuáles son sus gustos y preferencias en la intimidad, porque es a través de éstas que logran dejar plasmada su propia personalidad y también permiten que se asomen todas sus concepciones, inhibiciones, libertades, apertura y/o cerrazón con respecto al sexo, como si se tratara de un “Kamasutra” personalizado para cada uno de nosotros.

            - Así que si lo tuyo es la posición Del Misionero, indudablemente es porque eres una persona que le gusta “ir a la segura” en todo, pero al mismo tiempo también estás apegad@ a las estructuras tradicionalistas y muy “a la antigüita”.

            - Aquellos a quienes les gusta la posición De Perrito es porque tienden a sentir un poco (pero sólo un poco, no es cuestión de alarmarnos) hacia las mujeres; además de que también puede ser una especie de apertura para explorar su lado salvaje.

            - Cuando te gusta que tu pareja esté arriba, o sea sobre ti, lo que conocemos como la postura De Vaquera, es porque no tienes ningún problema de que alguien más sea quien tome la iniciativa siempre y cuando ambos aspiren al mismo objetivo, que en este caso es el orgasmo.

            - Si a ti te gusta la postura De Cucharita, ¡cuidado! Puede ser que estés pasando por un periodo de depresión y/o que tu autoestima no se encuentre en el mejor de los niveles; pero al mismo tiempo representa que tu pareja es la única persona en la que confías en este mundo.

            - Cuando eres adept@ a hacer el amor de pie seguramente es porque percibes a tu pareja como a un igual, tanto que constantemente estás en competencia con él/ella, quien tiene el mejor trabajo, el mejor auto, el mejor salario, quien cuenta con mejor condición física para llegar al orgasmo…

            - Tener sexo frente al espejo, sea la posición que sea, pero siempre muy pendiente del reflejo, denota que se trata de una persona que maneja un nivel muy alto de narcisismo; pero al mismo tiempo puede significar que eres alguien que considera que todo el tiempo estás siendo observad@: por tu pareja, por tu familia, por tus amigos, en tu trabajo, etcétera.

            - Cuando tu favorita es la De piernas arriba, con las extremidades de tu pareja apoyadas en tus hombros, es porque en mente y en espíritu te sientes totalmente conectado con esa persona, pero también con tu propia realidad. En esta postura cuenta tanto “dar” como “recibir”, por lo que manejas cotidianamente el concepto de la reciprocidad, en todo sentido.

              - Aquellos que son fans del 69, no es necesario que se diga gran cosa sobre ellos, sólo que se trata de personas extrovertidas, dispuestas prácticamente a todo y que en su vida cotidiana no tienen ningún tipo de frontera. No censuran ni se autocensuran.

            Como pueden ver, éstas son tan sólo unas cuantas posturas que integran el extenso catálogo sexual de todos los que a diario aspiramos a vivir una sexualidad más libre, más plena e incluso más divertida.

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10-Aug-2016

MAMÁ, NO DESTRUYAS LA VIDA DE TU HIJO

            Entender la relación de un hombre con todas las mujeres de su vida, con su madre, con sus hermanas, con sus hijas y principalmente con aquellas que se convierten en sus novias y/o esposas, es cosa un asunto sumamente complejo. El psicoanálisis, con muchísimos de sus especialistas, se ha encargado de desmenuzar y diseccionar prácticamente todos los aspectos, hasta el más mínimo e insignificante, para tratar de entender y darle una explicación lógica al comportamiento masculino cuando éste se pone en marcha específicamente en las dinámicas que involucran la relación de pareja.

            Sin embargo, todo se remite o se remonta a una fase elemental del individuo: la niñez. Y es que, como dice la frase, infancia es destino, es justo en esta etapa cuando se forjan las principales sinergias que un hombre tendrá en su edad adulta con aquellas mujeres que potencialmente llegarán a convertirse en sus parejas. Y el perfil (psicológico y humano, incluso hasta físico) que éstas tendrán estará estrechamente vinculado con el tipo de relación que el sujeto en cuestión llevó con su madre.

            Para bien o para mal…

            Hombres triunfadores, hombres alcohólicos, hombres sensibles, hombres golpeadores, hombres pusilánimes, hombres inmaduros, hombres amorosos, hombres trabajadores, hombres misóginos, hombres irresponsables, hombres machistas, hombres dependientes…. todos, ¡sí todos! prácticamente serán el resultado del tipo de relación que tuvieron (o que no tuvieron) con sus progenitoras.

            El vínculo entre una madre y el hijo varón, como lo ha explicado atingentemente el psicoanálisis, es sumamente fuerte, representa, a grandes rasgos, como nos los explica el “Complejo de Edipo”, el deseo inconsciente del niño por sostener una relación sexual con la mamá y esta relación, no la sexual sino la que de facto se da entre madre e hijo, le permitirá a éste desarrollarse con las características emocionales que lo distinguirán de los demás en cuanto a su relación con las mujeres.

            Y es que hay muchas mujeres, algunas se dan cuenta de ello y otras no, que con sus acciones y manifestaciones de amor y/o de rechazo hacia sus hijos varones esculpen en definitiva el carácter de esos hombres que saldrán al mundo a buscar una pareja esperando agradar o contrariar a sus madres, todo dependiendo del tipo de relación que llevaron. Una mamá que tuvo constante comunicación, abierta y directa, con su pequeño, haciéndole todo tipo de demostraciones de cariño y afecto, transmitiéndole seguridad y aceptación, en definitiva se encontrará con un hijo que su edad adulta tendrá el conocimiento emocional suficiente para poder buscar, encontrar y sostener relaciones de pareja con una mujer tan plena y segura de sí misma como él.

            Sin embargo, si por el contrario sucede que este niño o muchacho transcurre su infancia y su adolescencia expuesto a una madre de personalidad de castrante, inquisitoria y machista, el resultado seguramente será negativo, con un hombre adulto incapaz vincularse exitosamente con ninguna persona, no sólo con las mujeres. Además, los entornos donde existe el maltrato, la violencia, el bullying y el menosprecio, entre otros, obviamente acabarán por impactar desfavorablemente la personalidad de aquel hijo que crecerá y se convertirá en un adulto emocionalmente discapacitado que incluso podría desarrollar una personalidad agresiva y violenta que acabará por sabotear todas sus relaciones, no sólo las de pareja.

            Esta es una columna “Exclusiva Para Hombres”, pero sí quien la está leyendo es una mujer, por favor, procura llevar una linda relación con todos tus hijos.

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27-Jul-2016

¿CONSEGUISTE LA VIDA QUE SOÑABAS?

            Sacar balances en esta vida, cuando se llega a la edad adulta, no es nada sencillo. Nuestra realidad, a grandes rasgos, se conforma de todas las circunstancias y decisiones (las tomadas y las no tomadas) que se hilvanaron con el paso de los años y que, para bien o para mal, nos ubican en la justa dimensión del tipo de persona en la que nos hemos convertido. Porque, más allá de que seamos individuos exitosos, bien vale la pena atisbar un poco si efectivamente logramos convertirnos en todo eso con lo que soñábamos ser cuando éramos niños o adolescentes.

            Futbolistas profesionales, astronautas, médicos prominentes, poderosos empresarios, finos aristócratas, valiosos activos para nuestra comunidad, millonarios admirables, temibles políticos… lo cierto es que todos aquellos que tuvimos una niñez y una adolescencia sabemos muy bien que las posibilidades son infinitas, pero también sabemos muy bien que siempre se nos van a presentar situaciones en el trayecto que por equis o por ye provocan que nuestro plan principal sufra incontables transformaciones hasta acabar siendo algo que ni siquiera teníamos contemplado en nuestro proyecto original.

            Y lo anterior bien puede tener dos vertientes. La primera, que en la edad adulta muchos hombres y mujeres vivan completamente frustrado porque en su día a día se dedican a un oficio o una profesión que no les agrada pero que les permite “irla pasando”; o, la segunda, que el destino y (sí, las famosas) circunstancias los hayan colocado en un sendero en el que afortunadamente encontraron su verdadera vocación.

            No hace mucho tiempo, platicando con un amigo muy cercano, éste me dijo (lo que me hizo recordar una película que probablemente muchos de nosotros vimos) “si mi ‘yo’ de 17 años se encontrara con mi ‘yo’ actual, seguramente me acomodaría una tremenda paliza”. Consternada, le pregunté “¿pero por qué?”. Y su respuesta fue contundente: “Porque me convertí en una caricatura de todo aquello que deseaba ser. Permití que mi papá me convenciera para hacerme cargo de sus dos empresas, me lleno los bolsillos de dinero, pero vivo completamente infeliz. Yo quería recorrer el mundo, volverme uno de los mejores concertistas de piano del mundo, ¡porque tenía talento para la música! y mira donde acabé: Vendiéndole tabla-roca a todo México y Centroamérica, encerrado en las cuatro paredes de un despacho e imaginando qué hubiera sido de mi vida si tan sólo hubiera enfrentado a mi padre y decirle que yo no dedicarle a lo mismo que él”.

            Triste historia, ¿no creen?

            Y como ésta, se los digo de verdad, hay miles de relatos así (todos verídicos, que superan cualquier ficción). Y lo peor de todo es que nunca acabarán, todos los días se acumularán más y más porque inexplicablemente millones de personas deciden renunciar a sus sueños, postergarlos, dejarlos de lado, para irse por el “camino fácil” que les exige su condición de adultos y convertirse así, sin más, en una estadística, en una tarjeta para checar horario de entrada/salida, en alguien llenando solicitudes de trabajo cada seis meses para obtener un subempleo y así…

            Cierto, cuesta trabajo no renunciar a los sueños y pelear por ellos hasta el final. Pero vale la pena.

            Y tú, ¿estás luchando por tus sueño o ya te rendiste?

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

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20-Jul-2016

LOS ÑOÑOS DEL SEXO

            El ritmo de estos tiempos modernos es vertiginoso. Todo, absolutamente todo, cambia y se transforma a la velocidad de la luz. El mundo cambia, la vida cambia, la gente cambia y, por consecuencia, la manera como los seres humanos abordan y entienden sus relaciones de pareja y su sexualidad obviamente también cambian. Hoy por hoy, la libertad sexual que vivimos en estos días tan bipolares definitivamente no tiene nada que ver con aquello que enfrentaron nuestros padres y nuestros abuelos.

            Vinieron los sesenta, la llamada revolución sexual, la liberación femenina, junto con tendencias, modas y movimientos, y prácticamente los conceptos de sexualidad e intimidad jamás volvieron a ser los mismos. Para bien y para mal.

            Sin embargo, como una especie de eslabón perdido, extraviado y desubicado, por ahí se quedó, rezagado, un tipo de hombre cuyos conceptos y costumbres “a la antigüita” le impidieron adaptarse a estas modernas expresiones sexuales que no logró entender y que, por ende, ya no le permitieron encontrar mujeres afines para gozar de una sexualidad que muchos ya consideran anticuada.

            Porque, hay que reconocerlo, con la emancipación de la mujer y la irrupción del feminismo la sexualidad sufrió cambios verdaderamente dramáticos y poco comprensibles para muchos. Las nuevas dinámicas sexuales condicionadas por la apertura y la curiosidad femeninas de pronto han sido del todo comprendidas por los hombres, quienes en consecuencia han tenido que sufrir sobre la marcha y en carne propia todas estas transformaciones en las que no encajan del todo, ya sea por cuestiones morales, sociales e incluso religiosas.

            Para much@s resulta sumamente complicado de entender que existan hombres y mujeres que gustan de prácticas como hacer tríos o intercambios de parejas (swingers), mientras al mismo tiempo existen varias personas más que consideran este tipo de sinergias como “muy normales” e incluso cotidianas dentro de su sexualidad. Cuestión de enfoques… y también de educación.

            Asimismo, hay caballeros que durante los años de su juventud sus episodios más perversos tenían que ver, a lo mucho, con la masturbación y mirar pornografía en las revistas del papá, de los tíos o del hermano mayor y ahora, de repente un buen día se encuentran con una mujer que es adicta a mirar pornografía por internet o está suscrita a un sitio en el que, en tiempo real, se masturba simultáneamente con un desconocido que está prácticamente al otro lado del mundo.

            ¿O qué tal esas chicas que están acostumbradas, además de tener relaciones intimas con su pareja, van acompañadas de sus juguetes favoritos o gustan de consumir algún estimulante (legal o ilegal) para optimizar o extender su rendimiento sexual, lo que de inmediato “saca de onda” a su pareja, sobre todo si se trata de alguien que no sea tan open mind como ella?

            Lo mismo sucede con aquellos varones de espíritu y mentalidad tradicionalistas que disfrutan del sexo únicamente en la comodidad de su alcoba y echando mano de posiciones “muy normales”, lo cual no es malo, pero probablemente si un poco pasado de moda para algunos, sobre todo para algunas devoradoras que gustan de practicar el sexo donde sea y como sea, incluso convirtiéndolo en una especie de deporte extremo por el altísimo grado de riesgo y de adrenalina que le imprimen.

            Ciertamente la sexualidad se disfruta mejor (en calidad y en cantidad) entre aquellas personas que comparten gustos similares y descubren afinidad entre ellas. Sin embargo, es un hecho incontrovertible que muchos hombres se quedaron varados en el pasado en lo que respecta al tema sexual y difícilmente encuentran su sitio en el convulsionado Siglo XXI porque, como dice Roberto Carlos, son de esos amantes a la antigua…

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13-Jul-2016

LOS “HETEROFLEXIBLES”

            Aunque este término todavía no es sujeto a profundo análisis clínico por parte de sexólogos, psicólogos, psicoterapeutas y otros especialistas, las nuevas “modas sexuales” que han irrumpido en esta primera parte del Siglo XXI nos presentan a una nueva subespecie sexual (algo así como una tribu, por decirlo de alguna forma) de hombres aparentemente heterosexuales que ocasionalmente sostienen encuentros sexuales con personas de su mismo sexo y que al mismo tiempo aspiran a conservar su identidad sexual.

            Sin embargo, aunque muchos consideran a este tipo de personas como bisexuales, lo cierto es que ellos mismos no se perciben así, porque la bisexualidad es una inclinación y ésta, la heteroflexibilidad, vista desde la perspectiva de quienes la ejercen, solamente es una alternativa ocasional para explorar en su búsqueda del placer sexual, por lo que tampoco consideran que sea válido que los cataloguen como “gays reprimidos”.

            Si acaso, aceptan que les digan “bicuriosos”.

            Pero ¿cuál es la motivación que transforma a un hombre heterosexual en uno “heteroflexible” o “bicurioso” y cuáles podrían ser las consecuencias de asumir un rol de esta índole? De acuerdo a un estudio publicado en el año 2000 por la psicóloga Laurie Essig, catedrática de la Universidad de Middlebury en Vermont (Estados Unidos) esta “tendencia sexual” por lo regular se detona tras la ingesta de bebidas embriagantes, ya que el alcohol es un elemento que ayuda a la desinhibición de quienes lo consumen. Además, los heteroflexibles no se enamoran de sus parejas, porque son ocasionales, por lo que no manejan el concepto de la fidelidad porque el único vínculo que establecen con sus amantes son exclusivamente sexuales y su gusto íntimo es penetrar y que su pareja les realice el sexo oral, pero por lo regular entre ellos no existen los besos.

            Cabe destacar que en la antigua Roma se registraban aventuras sexuales entre hombres heterosexuales que incluso estaban casados y socialmente éstos ostentaban rangos importantes (militares, políticos, artistas, etcétera) y tras estos encuentros se incorporaban a su cotidianeidad como si nada, sin que hubiera señalamientos por parte de la sociedad que los ubicaran como homosexuales.

            Las motivaciones para que un hombre se vuelva heteroflexible son diversas, siendo unas de las principales el hecho de que muchos varones son, por naturaleza, exploradores sexuales y eso ocasiona que frecuentemente les guste experimentar cosas y situaciones nuevas sin que éstas necesariamente les cambien la vida en lo estructural y conceptualmente; por otra parte, también podemos tomar como elemento preponderante al hecho de que muchos caballeros suelen desencantarse de las mujeres y tras varias rupturas con éstas, su razonamiento los lleva a concluir que muy seguramente pueden congeniar con alguien de su mismo sexo, sobre todo porque los hombres suelen expresar sus sentimientos a través de los genitales y no con el corazón. Y también no podemos sustraernos al poderoso factor que implica el narcisismo (tan presente en los gimnasios), donde los cuerpos bien formados despiertan la admiración tanto de damas como de caballeros.

            Al final del día, todo mundo tiene derecho de ejercer su sexualidad de la manera más libre que consideren y si las prácticas que abrazan, tanto momentánea como permanentemente, no les provocan conflicto alguno, pues no hay razón para considerar que aquello que estén haciendo sea necesariamente malo o equivocado.

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06-Jul-2016

NO VIVAS A TRAVÉS DE TUS HIJOS

            La paternidad, compleja en todas sus aristas, nos obsequia estupendas oportunidad para que, a través de la crianza de los hijos, los hombres logren transmitir, por medio de enseñanzas y valores, conceptos sólidos para que sus vástagos, ya siendo adultos, logren tener una vida satisfactoria producto de tomar sus  propias decisiones y que esto les permita alcanzar todas las metas y objetivos que se tracen pero, sobre todo, que el ingrediente principal de su felicidad sea el respeto de sus progenitores.

            Sin embargo, como todo en esta vida, no siempre es posible llevar a buen puerto aquellos planes que se tienen para con los hijos, sobre todo cuando se trata de padres (el papá, la mamá o ambos) controladores que tras vivir una infancia frustrante los obligan a cumplir con aquellos sueños que ellos no lograron alcanzar de niños o de jóvenes con el argumento “es que yo te estoy dando lo que yo no pude tener y no lo estás aprovechando”. ¡Terrible!

            Por principio de cuentas, cuando un padre o una madre tienen un hijo muy difícilmente logran comprender del todo lo delicado de esta misión. Y cuando se trata de personas que llegaron a la edad adulta arrastrando innumerables traumas, complejos y frustraciones por todo aquello que no lograron realizar o no lograron tener y lo canalizan para que sus chamacos sí puedan hacerlo, sea o no la ilusión y la intención de éstos, al final del día lo que se consigue es “educar” a niños y adolescentes brutalmente estresados que incluso llegan a desarrollar odio hacia sus padres porque presionaron una y otra y otra vez para que se convirtieran en algo que ellos no pretendían y que no estaba dentro de sus planes.

            Y los ejemplos pueden ser infinitos: aquella señora que de niña anhelaba ser tan buena bailarina como Anna Pavlova pero no lo logró; de adulta, sin consultarle a su hija, la inscribe a cursos de danza clásica ignorando por completo que ella quisiera ser diseñadora de modas o tocar el violín y así pasan los años de la niñez y la adolescencia de esta pequeña que día a día va acumulando una terrible animadversión a esta disciplina que seguramente le encanta a muchas otras pequeñas de su edad pero a ella no y al mismo tiempo va acumulando un gigantesco resentimiento hacia su mamá porque ésta la obligó a abrazar una actividad que no era de su agrado.

            ¿O qué tal aquel abogado millonario que tanto anheló tener un heredero para que éste, llegando a la edad adulta, se hiciera cargo del despacho y al mismo tiempo se convirtiera en el mejor litigante del mundo pero éste soñaba (dormido y despierto) con llegar a ser un gran futbolista y así emular las hazañas de sus ídolos Rafael Márquez y Hugo Sánchez? Obviamente, el papá al saber del deseo del hijo en lugar de apoyarlo lo presionó a grado tal que éste sí consiguió graduarse como licenciado en Derecho pero al no tener la vocación acabó hundiendo el despacho, ante la desilusión de su progenitor.

            Lo importante aquí y en cualquier otro tema relacionado a la crianza de los hijos es saber escucharlos, poner mucha atención a sus inquietudes y sus deseos (incluso a sus temores), porque esto nos permitirá conocerlos mejor para entender y respetar las decisiones que ellos tomen, sean o no de nuestro agrado. Lo que nos gusta y nos apasiona a nosotros no necesariamente les debe gustar y apasionar a ellos, porque como entes individuales y al vivir en una época distinta a la nuestra seguramente sus intereses serán muy diferentes a los nuestros. Por lo tanto, mientras más echemos mano del amor y de la comprensión hacia nuestros hijos tendremos mayores oportunidades de orientarlos adecuadamente y también de celebrar al lado de ellos todos sus triunfos y sus logros.

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29-Jun-2016

EL BENDITO SEXO MAÑANERO

            El sexo, como dice la canción, “es una cosa esplendorosa”. Y cuando es mañanero, o sea cuando recién estamos despertando o cuando nos despiertan con él, pues mucho mejor. Por eso, es muy importante que hombres y mujeres por igual, me refiero a todos aquellos que ya viven en pareja, jamás desestimen la importancia y los beneficios del sexo matutino porque, ya todos lo sabemos, una de los ingredientes principales para tener una vida plena es vivir una sexualidad 100% satisfactoria.

            Pero regresando al tema del sexo mañanero, ¿alguna vez se han puesto a reflexionar sobre lo placentero que resulta ser que, tras unas buenas horas de sueño reparador, nuestro descanso se vea “interrumpido” porque nuestra pareja amaneció (obviamente, antes que nosotros) y con muchas ganas de hacer travesuras, las cuales está dispuest@ a hacerlas previo al café, la ducha y el desayuno?

            Y es que, aunque los sexólogos aún no se ponen de acuerdo con respecto al tema de qué hora del día es la mejor o la más adecuada para sostener relaciones sexuales, está muy bien documentado (a través de estudios muy serios) que aquellas personas que practican o ejercen el sexo matutino suelen manifestar un mejor rendimiento en sus actividades cotidianas, presumen un carácter más jovial y su estado de salud por lo general suele ser más equilibrado que el de aquellos que renuncian a esta muy exquisita alternativa.

            Incluso hay especialistas que aseguran que el sexo mañanero resulta más favorable para el cuerpo humano que el ejercicio o la yoga porque le permite a las damas, a través de los orgasmos, aumentar sus niveles de estrógenos, lo que detonará en un cabello y una piel de mayor calidad, además de que serán menos propensas a la depresión; mientras que por el lado de los caballeros, estos elevarán sus niveles de testosterona, lo que en automático derivará en una mayor cantidad de energía para poder realizar sus tareas cotidianas, al mismo tiempo que esa mayor cantidad de testosterona se traducirá en un creciente deseo sexual que le hará despertar su instinto no sólo por las mañanas, sino a mediodía, por las tardes, en las noches ¡a cualquier hora!

            Otros beneficios a ponderar con el sexo mañanero, en hombres y mujeres por igual, tienen que ver con la quema de calorías, porque con una buena sesión coital al despertar fácilmente podrán quemar de 200 a 300 calorías, al mismo tiempo que estarán mejorando ostensiblemente su capacidad aeróbica y, por otra parte, al tener relaciones sexuales, van a permitir que su cuerpo sude y transpire, lo que provocará que los poros de la piel se purifiquen, lo que resulta en una piel más brillante y al mismo tiempo reducirán el riesgo de desarrollar dermatitis. En resumen, el sexo (no sólo el mañanero, sino a cualquier hora del día) ayuda a reforzar ostensiblemente el sistema inmunológico.

            Sin embargo, también es importante considerar que el sexo mañanero no necesariamente tiene que concluir en un orgasmo, tanto el de ella como el de él. Tomando en cuenta que la gran mayoría de las personas que viven en pareja se despiertan por las mañanas con el tiempo contado para llegar puntuales a sus respectivos trabajos, obséquienle unos cuantos minutos a esta actividad al momento de despertar no sólo por el placer mismo que proporcionan las relaciones sexuales, sino para fortalecer el vínculo con sus parejas, desplegando ternura, caballerosidad y pasión en esos instantes que difícilmente se pueden presentar durante el transcurso del día. ¡Aprovéchenlo!

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22-Jun-2016

¿NO QUIERES PERDERLA…? ¡CAMBIA!

            Por fin lograste dar con tu media naranja, con el amor de tu vida. Pero estás a punto de perderla porque tu carácter y varias aristas de tu personalidad están por estropearlo todo. Eres celoso, nada caballeroso, tacaño e infiel… ¡Qué te pasa! Reacciona, recapacita, deja de lado ese egoísmo que siempre te ha acompañado y de una buena vez pon manos a la obra para transformarte y transformar tu entorno porque, aunque la mayoría asegura que “todos los hombres son iguales” y “nadie cambia” te puedo apostar a que están equivocados.

            Y no es necesario tocar fondo o llegar a situaciones verdaderamente alarmantes para tomar una decisión contundente con respecto a dejar de lado todos esos comportamientos que a la postre siempre acaban provocando que echemos a perder nuestras relaciones de pareja, sobre todo aquellas que empiezan de maravilla y que en algún punto comienzan a torcerse hacia lo negativo.

            De entrada, tienes que entender que no hay trucos ni hechizos para que aquello que tantos problemas nos acarrea (de nuestro carácter) pueda erradicarse. Nada de eso. Entiende que en una primera instancia, como aquellos que padecen de una adicción y quieren curarse de ella, lo primero que tienen que hacer es aceptar que están enfermos y que desean curarse. Y eso significa que muchas de las veces superar este tipo de problema no está en nuestras propias fuerzas, por lo que llegado el momento quizá requerirás de ayuda profesional.

            Con respecto a esas situaciones negativas que emanan de tus inseguridades, seguramente habrá varias que tú mismo podrás superar, como puede ser tu falta de caballerosidad, el que seas poco detallista, que tiendas a ser tacaño e incluso que seas proclive a ser ojo alegre. Sin embargo, hay problemáticas que van más allá de estos ejemplos que necesariamente requerirán de que te acerques a alguien que te pueda ayudar a superarlas, como puede ser el alcoholismo, la hipersexualidad o que seas exageradamente celoso y que esto te conduzca a episodios de agresión o violencia en los que pierdas el control.

            Y todo esto se detona de un principio elemental: la comunicación. Tienes que apoyarte en todo momento de tu pareja (novia o esposa) y abrirte totalmente, reconociendo antes que nada que tu forma de ser no te agrada, que quieres y que estás dispuesto a cambiar. Y para esto, antes que nada, vas a tener que echar mano del amor y respeto por ti mismo; enseguida tienes que hacer una autoevaluación y construir un diagnóstico de todas aquellas situaciones que lamentablemente te han colocado en una situación en la que prácticamente estás a punto de perder a la persona que amas y poco a poco, paso a paso, empezar a trabajar y ponerte prueba día a día y demostrarte a ti mismo y también demostrarle a ella que estás interesado en renovar aquellas aristas negativas de tu comportamiento.

            Nunca olvides que los seres humanos somos seres racionales y emocionales, y que más allá de cualquier problema en el que te puedas meter a causa de tu propio carácter, tienes que pensar (en todo momento) en la importancia que tiene en tu vida esa persona a la que dices amar y que tanta relevancia ha adquirido en tu cotidianeidad. Nadie mejor que tú para responderte a esa pregunta de si, efectivamente, la gente es capaz de cambiar por amor.

            Hazlo antes de que sea demasiado tarde…

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15-Jun-2016

Y TÚ… ¿QUÉ  LE OFRECES?

            A ti, que andas por la vida aspirando por la mujer perfecta, a la reina de reinas, a aquella que es, en conjunto, el arquetipo de la perfección (interna y físicamente) para que sea tu novia, tu pareja, tu esposa, te pregunto: ¿En algún momento te has autoevaluado a conciencia para diagnosticar si efectivamente estás a la altura de lo que estás buscando y exigiendo?

            Los seres humanos, hombres y mujeres por igual, absolutamente todos, fuimos educados, según nuestros padres, como si fuéramos la última Coca-Cola en el desierto, merecedores de todo lo bueno que ofrece esta vida. Sin embargo, muy pocos de nosotros somos capaces de analizar a conciencia si efectivamente estamos a la altura de todo aquello que creemos merecer porque, cuando menos en lo que refiere a las relaciones de pareja, siempre debemos considerar que éstas son como una calle de doble sentido, en donde la reciprocidad y la equidad deben ir de la mano si es que se quiere tener una relación satisfactoria en todos los sentidos.

            Así las cosas, primero de niños, después de jóvenes y posteriormente como adultos, vivimos y nos desarrollamos abrazando conceptos (la mayoría de las veces erróneos) que nos hacen suponer que somos individuos perfectos y que, dadas nuestras características (físicas, emocionales, sociales, psicológicas y hasta económicas) solamente podemos relacionarnos e involucrarnos con personas de un perfil similar o superior al nuestro, por aquello de que es que hay que mejorar la especie. Pero lo cierto es que cuando se trata de cuestiones del corazón, por decirlo de algún modo, no siempre nos comportamos de manera racional y frecuentemente erramos de acuerdo a nuestras expectativas iniciales.

            Porque, a fuerza de ser sinceros, ¿a que obedece que le exijan la vida que los premie con una princesa o una reina si ustedes no son ningunos príncipes o reyes (y miren que sé de varios casos de plebeyos que creen que pertenecen a la monarquía sueca)? Y es que si su aspiración es una mujer fina, educada, decente, culta y de una belleza física sobresaliente es porque seguramente ustedes son finos, educados, decentes, cultos y exageradamente bien parecidos. Todo se resume, a final de cuentas, a una simple cuestión de sentido común y de perspectiva.

            Ubicarnos en nuestra justa dimensión no tiene nada de malo. Tampoco está mal que postremos nuestros ojos en alguien que muy probablemente esté fuera de nuestro radar, porque ser ambiciosos también nos ayuda a mejorar nuestro status, cualquiera que éste sea. Pero también es muy importante que nos ubiquemos en todo sentido al momento de iniciar la búsqueda de una pareja porque eso nos permitirá evitar que la vida nos acomode descontones que además de dolorosos suelen ser insuperables y que imposibilitan emocionalmente de por vida.

            Por lo pronto, si estás 100% convencido de que eres merecedor de la mujer más destacada del universo en todos los sentidos, también debes estar 100% convencido de que esa destacadísima mujer también aspira a un hombre totalmente excepcional, íntegro, respetuoso, trabajador, fiel, buen esposo y buen padre, solidario, cariñoso, buen amante, amable, caballeroso, cumplidor en todo sentido…

            ¿Estás dispuesto a ser ese hombre para ella?

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08-Jun-2016

LOS TORPES DE LA CONQUISTA

            Se quejan, se molestan e incluso se deprimen de que no tienen éxito con las mujeres. Piensan que su poca suerte con las féminas se deriva de que no son agraciados físicamente o que no cuentan con los recursos económicos suficientes para darse a notar entre las damas a las que desean ligarse. Sin embargo, poca importancia le dan a las estrategias de seducción que despliegan al momento de intentar conquistarlas.

            Sí, se trata de esos hombres (que los hay en legiones) que son bastante torpes a la hora de desplegar su arsenal para acercarse y llamar la atención de mujeres que, más allá de la apariencia física o su poderío económico, los prefieren pulcros, sensibles, inteligentes, decididos, respetuosos y, sobre todo, nada patanes.

            Y es que, viviendo en una sociedad como la nuestra, donde el machismo y la misoginia vienen impresos en el ADN del género masculino desde que éstos nacen, lo más común (y corriente, créanme) con lo que nos enfrentamos las mujeres prácticamente a diario es con hombres sumamente torpes al momento de intentar conquistarnos. Y si a todo esto también agregamos un factor de muchísimo peso como lo es la timidez (sí, también hay caballeros limitados por esta “característica”), al final del día tenemos ejércitos de hombres carentes de recursos a la hora de la seducción.

            Por lo mismo, es muy importante que los hombres que una y otra vez son bateados por las chicas hagan una autoevaluación sobre su comportamiento y actitudes cuando tienen interés en alguna mujer en específico, ya sea para conquistarla con miras a una relación estable o solamente para “pasar el rato” o aspirar a un simple y efímero encuentro sexual. Ser egocéntricos, fanfarrones, escandalosos, presumidos, descorteses y codos, son cosas que las mujeres consideramos “cualidades” muy poco atractivas y que lejos de llamarnos la atención provocan que nos alejemos de cualquiera cuyo perfil manifieste estas características.

            Y, al contrario, estaremos profundamente interesadas y cautivadas en caballeros que echen mano de la buena educación y la autenticidad porque, aunque ustedes crean que no nos damos cuenta, es muy fácil que nos demos cuenta cuando un hombre aparenta lo que no es, lo que deriva en que en automático a nosotras se nos muera el interés.

            Así que, si estás interesado en darle un vuelco a tu suerte y convertirte en un hombre visible y notable para el sexo opuesto, replantea tus actitudes y pule todo aquello que consideres te va a permitir renovar tu personalidad. Sé un hombre educado, pulcro y cortés; no te pierdas en el egocentrismo y no alardees de más, porque eso te resta puntos; aprende a escuchar y regálate la oportunidad de conocer lo que piensa y dice esa mujer en la que estás interesado; vestir bien no necesariamente significa que debas comprar ropa cara o de diseñador y si consideras que no eres muy agraciado físicamente, aprende a sacarle provecho a lo que tienes y a lo que eres y no pierdas tiempo en aquello que no está al alcance de tu mano. Sé un poco atrevido, no hagas piropos corrientes, pero tampoco seas un ñoño. Aprende a conversar de manera interesante y nunca olvides que “verbo mata carita… y billetera”.

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01-Jun-2016

¡AUXILIO, ME PAREZCO A MI PAPÁ!

            La paternidad, indudablemente, es la mayor responsabilidad a la que se enfrenta un hombre durante toda su vida. Tener un hijo requiere de una especial sensibilidad que no cualquiera puede presumir. Por lo mismo, criar y educar a un vástago se convierte, desde el día de su nacimiento hasta el momento en el que éste se emancipa, en un verdadero reto que bien puede detonar que un hombre saque lo mejor o lo peor de sí mismo.

            En nuestra sociedad, machista, monolítica y de valores confusos, es muy común escuchar a hombres maduros contar a sus amigos e incluso a sus propios hijos que sus padres fueron demasiado “estrictos” con ellos, por no decir violentos y agresivos, a grado tal de que prácticamente en casi todos los hogares podemos dar cuenta de innecesarios episodios de violencia en las víctimas fueron aquellos quienes ahora son papás.

            Por lo mismo, es muy común en la actualidad encontrarnos con hombres en edad adulta que o bien se rehúsan a tener hijos o, en el peor de los casos, viven el día a día temerosos de repetir el patrón del que ellos fueron víctimas. Y es que resulta sumamente complejo entender la psicología de una persona cuya infancia y adolescencia transcurrieron junto a un padre exageradamente disciplinario y que hizo de la violencia (verbal y física) su credo cotidiano.

            Sin embargo, romper con ese patrón de violencia e insensibilidad no es tan complicado como muchos creen. Para empezar, basta con que un individuo que se encuentre en el umbral de la paternidad realice un análisis de aquellas situaciones que lo hirieron durante su niñez y su adolescencia y que, eventualmente cuando éste se encuentre en una posición de educar y de convivir con sus hijos, muestre la voluntad suficiente para no replicar ese modelo afectivo que tanto daño le hizo. Y si se trata de una situación que no pueda manejar y controlar por sí mismo, siempre es válido diseñar una estrategia adecuada ayudado por su esposa o, en el último de los casos, acudir él o ambos con un especialista en estos temas.

            Ser papá no es nada sencillo. Se trata de una misión con un altísimo grado de complejidad que no cualquiera la puede asimilar en una primera instancia. Por lo mismo, es comprensible que algunos, la mayoría o todos los candidatos a ser padres presenten cierto temor e inseguridad al momento de cuestionarse qué tipo de progenitores quieren ser y cómo deberán tratar y educar a sus hijos mientras dure la convivencia entre ambos.

            Si tú que estás leyendo esto fuiste un chico maltratado por su padre, te invito a que con mucha decisión rompas con esa desagradable línea y paso a paso procures ir al otro extremo con tu hijo. Ten paciencia, recárgate siempre en el amor paternal y piensa que tu misión en esta vida es convertirte en un padre como el que tú jamás tuviste. No levantes la voz, no intimides, no castigues injustamente (y si prometes una recompensa no olvides cumplir con esa promesa) y mucho menos recurras a los golpes para hacer válidos tu punto de vista o tu autoridad. En tus manos está que de una buena vez se destruya esa cadena que probablemente tu padre aprendió de tu abuelo y éste a su vez de tu bisabuelo.

            Recuerda que el arma más poderosa que tienes para salir exitoso de esta batalla es el amor.

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25-May-2016

PROCRASTINAR: EL FEÍSIMO “ARTE” DE POSTERGARLO TODO

            Definitivamente, y aquí me voy a ceñir única y exclusivamente a su fonética, se trata de un verbo que, escuchado a todos los volúmenes posibles e imposibles se oye en verdad horrible (leído también). Y al profundizar más, esto es averiguar su significado, pues todavía peor. Se trata de la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse y resolverse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

            Así que, después de esta definición, estoy completamente segura de que muchísimos de nosotros (es más, me atrevería a asegurar que todos nosotros) en algún punto de nuestras vidas le hemos hecho, en menor o mayor medida, a los procrastinadores, afectando severamente el progreso de las distintas facetas de nuestra vida.

            Pero lo más complejo del asunto es que la procrastinación es un trastorno del comportamiento que se deriva principalmente a aquella resistencia o dolor que se deriva de cambiar (voluntaria o involuntariamente) nuestras dinámicas cotidianas, ya sea laborales, escolares, familiares, sociales, emocionales, etcétera. Así que cuando este síndrome se hace presente lo más seguro es que detrás de él se encuentre oculto algún tipo de estrés o frustración que limita nuestra fuerza de voluntad para llevar a cabo tareas que estamos acostumbrados a realizar.

            Lamentablemente, la procrastinación es, además de un ladrón de nuestro tiempo, un factor que corta de tajo cualquier intención que podamos tener por superarnos en cualquier terreno de nuestra cotidianeidad. Además, qué feo es que muchos de nosotros por lo regular bromeamos con el “no dejes para mañana lo que puedas hacer… ¡pasado mañana!” a grado tal que ya lo hemos adoptado como una (terrible) filosofía de vida.

            Así que si te siente incapaz de poder llevar a cabo los proyectos que alguna vez te propusiste, presta atención a los siguientes tips que te voy a obsequiar:

1)    Haz una cosa a la vez. No te satures de tareas y si tienes varios compromisos por cumplir te sugiero que comiences a resolverlos uno por uno, del más sencillo hasta el más complejo.

2)    Establece plazos. Eso de ponerte un deadline para cumplir con “equis” o “ye” tarea no tiene nada de malo. Al contrario. Fijarte metas siempre ayudará a que el trabajo sea más fácil de acabar.

3)    Haz las cosas “bien hechas”, no “perfectas”. Cuando nos obsesionamos con la perfección desgraciadamente acabamos por repetir las cosas una y otra vez hasta que acabamos por invertir demasiado tiempo en ellas.

4)    Pasear y dormir sin pensar. Deja de “comerte” la cabeza todo el tiempo. Tienes que dedicar unas horas de tu día a no pensar nada. Manda de vacaciones tu cerebro un par de horas al día. Eso ayudará a despejarte.

5)    ¡Ponte a trabajar! Deja de creer que todo aquello que realizas requiere de la aparición de la musa de la inspiración. No eres daVinci ni Einstein. Entrégate al esfuerzo y sé productiv@.

          Pero si tu estado de ánimo te tiene irremediablemente postrad@ en la inactividad y por más que intentas echarle ganas a las cosas de plano no consigues involucrarte en dinámicas de utilidad, siempre será muy válido que acudas con un especialista para que te realice un diagnóstico.

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

18-May-2016

UNA FELIZ DÉCADA DEFENDIENDO A LOS HOMBRES

            Una década de ser la defensora de los hombres y sus causas. Se dice fácil, pero acompañar durante 10 años al género masculino en sus inquietudes, en sus problemáticas, en sus pensamientos, en sus inseguridades y en sus sentimientos ha sido un viaje sumamente complejo porque a pesar de que casi todas las mujeres aseguran que todos los hombres son iguales la realidad es que no es así.

            Y una columna semanal, todos los miércoles durante 10 años en este tu diario predilecto, “Publimetro”, sin repetir un solo tema; dos libros, ambos best-sellers y un exitosísimo programa de televisión (todos los sábados a las 11:00 de la noche) desde hace cuatro años en Telefórmula y ¡aquí estamos!, felices y contentos celebrando un hito periodístico del que muy pocos pueden presumir y del que me siento muy orgullosa de ser parte de él.

            Lo que son las cosas, parece que fue ayer cuando escribí aquel polémico y escandaloso artículo (que tan variadas reacciones despertó) sobre el que escribí, inspirada por una noticia que leí procedente de Alemania donde una legisladora de nombre Garielle Pauli solicitaba que se contemplara que los matrimonios tuvieran un plazo temporal (siete años) y si al término de éste no hubo afinidad en la pareja, el vínculo marital quedaba disuelto automáticamente.

            Aquí en México la diputada perredista Lizbeth Rosas Montero impulsó hace unos años una iniciativa similar tropicalizando la propuesta teutona y dejando el asunto en dos años de matrimonio renovables, lo que definitivamente, en parte por lo que escribimos en este mismo espacio, provocó tal polémica que hasta los políticos le entraron al tema.

            Sin embargo, más allá de ser la pionera en abrazar las causas masculinas y desestigmatizarlos poco a poco y semanalmente, lo que verdaderamente me provoca una enorme satisfacción es que semana a semana caballeros de distintas edades me escriben y con el corazón abierto me confían sus más inconfesables traumas y problemas. Y vieran que en el fondo no son tan malos como los pintan. Al contrario, estructural y emocionalmente son muy parecidos a nosotras las mujeres: ríen, temen, gozan, dudan, sufren, lloran, se enamoran, mienten…

            Cierto, al género masculino lo envuelven mitos y realidades que los convierten en seres fascinantes. Y en estas aproximadamente 500 colaboraciones, obviamente desde una óptica eminentemente femenina, pero también imparcial, he intentado (espero haberlo logrado) proporcionarles conceptos y comentarios que verdaderamente les hayan sido de utilidad a todos, porque aunque este espacio es “Exclusivo Para Hombres”, definitivamente también les interesa (y mucho) a las mujeres.

            Ahora vamos por 10 años más, acompañando a los caballeros en su compleja travesía por la masculinidad, donde cada día surge una nueva duda o una nueva interrogante con respecto a su sexualidad, su psicología, su devenir emocional, su rol social y todas aquellas aristas que los convierten en sujetos dignos de estudio y de análisis. Y aquí en “Publimetro” pueden estar seguros de que siempre tendrán espacio suficiente para expresarse, para desahogarse, para comunicarse y para verse reflejados en estas columnas que con tanto amor les entrego todos los miércoles.

            Por todo esto, mi felicitación es para “Publimetro” y para todos ustedes. ¡Felicidades a todos!

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

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11-May-2016

¿TU EGO TE ESTÁ MATANDO?

            Una de las tareas más complejas a las que se enfrenta diariamente un ser humano, ya sea hombre o mujer, es encontrar los balances necesarios para llevar una vida más o menos satisfactoria. Y es que en ese constante ir y venir de tomas de decisiones (desde las más insignificantes hasta las más definitorias) siempre nos vemos tentados a dejar que quien hable y actúe por nosotros es el ego. Sí, ese gigante prácticamente indestructible capaz de controlar nuestra existencia a grado tal que es capaz de destruirla sin que nos demos cuenta.

            Sin embargo, por principio de cuentas, ¿qué es el ego?, ¿qué tenemos identificado en nuestro esquema de conceptos como el ego? De acuerdo a la psicología, el ego es la instancia psíquica a través de la cual el individuo se reconoce y es consciente de su propia identidad, por lo que podemos identificarlo como el punto de referencia entre la realidad del mundo exterior y aquellos ideales emanados del superyó.

            Bajo esta definición, podemos entender que el egocentrismo es tener la creencia de que todo el mundo y lo que hay en él se mueve alrededor de un mismo, lo que provoca que el individuo (hombres y mujeres por igual) sienta que es el centro del universo. Y aunque el psicólogo suizo Jean Piaget aseguró que el egocentrismo se trataba únicamente de una conducta pasajera, lo cierto es que en la actualidad es muy fácil echar abajo esta teoría cuando frente a nuestros ojos desfilan ejemplares que retan a sujetos tan estudiados como Freud, Lacan y el mismo Piaget.

            Ahora bien, cuando el ego es exaltado a un grado superlativo estamos entrando a terrenos que la psiquiatría define como narcisismo, cuyos exponentes se caracterizan por ser sujetos que presentan una exagerada autoestima que además de ser extremadamente egocéntricos también desarrollan sentimientos de omnipotencia, omnisciencia e incluso llegan a sentirse como si fueran seres con poderes especiales, rechazando todo aquello que cuestione esa metaimportancia de que se han investido ellos mismos.

            Obviamente, aquellas personas con la autoestima exacerbada pasan verdaderas dificultades para vincularse con su entorno, por lo que ubicarlos en un contexto de relación de pareja (un noviazo o un matrimonio) se traduce en un ejercicio de mucho desgaste emocional para aquellos que por ignorancia o por descuido se atreven a establecer algún tipo de relación que requiere de cierto nivel de convivencia cotidiana.

            Cuando una persona toma plena conciencia de su personalidad (de sus virtudes y sus defectos) y por voluntad propia toma la determinación de reducir en la medida de sus recursos las actitudes tóxicas contra sí mismo y contra los demás, y además renuncia a los modos de vida antisociales, eligiendo formas de superación y realización a la medida de sus posibilidades, poco a poco encontrará alternativas para encontrar su propio lugar en esa sociedad de la que él mismo decidió separarse en su momento cuando vivía preocupad@ por las fantasías de éxito, poder, brillo, belleza, ambición y altas expectativas no realistas.

            Por lo tanto, si sueles sobredimensionar la imagen que tienes de ti mismo; niegas tus sentimientos de depresión; eres intolerable a las críticas; fantaseas constantemente con entornos de amor ideal y perfecto (también aplica con tu universo laboral/profesional); exageras todo lo positivo que has podido conseguir (éxitos, relaciones, premios, reconocimientos, dinero, etcétera), yo creo que ya va siendo hora de que…

            ¡Le bajes dos rayitas a tu ego!

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

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04-May-2016

LA CAMA: ¿UN LECHO DE ROSAS O UN CAMPO MINADO?

            Cuando se vive en pareja (matrimonio, unión libre, etcétera) el área más importante de la casa donde ésta convive, cohabita, coexiste y converge es, sin lugar a dudas, la recámara. Y lo es porque, definitivamente, es en esa zona donde hombres y mujeres no sólo duermen y tienen relaciones sexuales. Se trata de un espacio íntimo sumamente importante donde es muy probable que todos aquellos seres humanos que tienen un esposo o una esposa lo reconocen prácticamente como la sala de acuerdos porque,  prácticamente a diario se negocian un sinfín de asuntos para que la relación pueda “marchar sobre ruedas”.

            O no…

            Y es que, si nos apegamos exclusivamente a las estadísticas, resulta sorprendente que todos los habitantes de esta planeta, los que ya no están, los que están y los que estarán, prácticamente pasan una tercera parte de sus vidas adentro de una cama, lo que definitivamente le obsequia una importancia superlativa a este mueble que, visto con una óptica más compleja, resulta ser algo más que una base, un colchón, sabanas, cobijas, colchas y almohadas…

            Por ello, se vuelve sumamente trascendente que al convivir en una cama con la persona más determinante de nuestras existencias podemos ser lo menos egoístas que podamos para poder hacer de nuestro lecho de descanso en una especie de “oficina de nuestra intimidad”. ¿Y esto qué significa?, pues simple y sencillamente que hombres y mujeres requerimos, en el día a día, de mucha sensibilidad y educación (¡sí, e-du-ca-ción!) para que demostrarle a esa persona con la que vivimos y dormimos que verdaderamente nos importa y que estamos dispuestos a establecer cierto tipo de dinámicas, por cierto todas muy sencillas, para que se sienta cómod@ a nuestro lado.

            El aseo de nuestra persona y de la ropa (pijamas) que utilizamos para dormir son elementales. Por muy cansados que acabemos de nuestra jornada laboral, no nos tomará más de 5 minutos si nos echamos un regaderazo, nos lavamos los dientes y nos ponemos ropa limpia. ¿Alguien se ha imaginado por un instante lo desagradable que debe ser irse a acostar con alguien que huele a sudor, que tiene mal aliento, que tiene las manos sucias y que se mete a la cama con la ropa tuvo puesta todo el día en la calle, en el trabajo, en el transporte público? ¡Qué asco!

            Otra cosa muy importante: fijen un horario para irse ambos a la cama. No es posible que uno se acueste a las 10:00 de la noche y el otro a la 1:00 am porque aquel que se duerme temprano tiene que tolerar, probablemente ya en su sueño profundo, que el otro llegue, encienda la luz, haga ruido y se mueva de un lado a otro en la cama mientras cae en los brazos de Morfeo. Obviamente, aquí también es muy valioso que se respete este espacio dejando fuera de él los televisores, los teléfonos celulares, las computadoras y cualquier otro dispositivo electrónico que emita una incandescencia a través de su pantalla, porque ésta también impide que alguien cansado pueda tener un sueño reparador.

            Y la lista es interminable: jamás comas encima de la cama o te hagas manicure/pedicure encima de ella; sé educado y descarta lo más que puedas en este espacio las escatologías (eructos, gases, etcétera); si eres de los que acostumbra a jalar las cobijas y destapar a tu pareja, también procura encontrar una solución a esta situación; no te vayas a acostar con los tubos en la cabeza y la mascarilla de aguacate en la cara; no adoptes como tu pijama favorita el overol que ya no usas en el almacén; y si lo tuyo es un problema más serio de los anteriormente mencionados, como puede ser roncar y/o hablar escandalosamente mientras duermes, también es válido que acudas a un especialista para que te ayude a superar este problema, en caso de que lo tengas.

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

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27-Apr-2016

¡PROTEGE TU VIDA PRIVADA!

            Vivir en la era del Internet y de los grandes avances tecnológicos nos permite disfrutar de la vida como quizá nuestras generaciones antecesoras jamás lo hicieron. Y es que, no se puede tapar con el dedo, somos protagonistas y partícipes de una época que puede jactarse de muchísimas ventajas y beneficios; sin embargo, al mismo tiempo, también es un hecho incontrovertible lo anterior también acarrea un sinfín de enormes desventajas, sobre todo si reflexionamos que hoy por hoy las redes sociales prácticamente han llegado para quedarse y muchos de nosotros todavía no somos lo suficientemente hábiles para saber manejarlas y controlarlas.

            Fortuna de unos y desgracia de otros, refiriéndome específicamente a aquellos que tienen una relación de pareja (noviazgo o matrimonio), hombres y mujeres por igual han visto cómo sus vínculos emocionales se han visto seriamente afectados para bien y para mal porque en pleno auge de las redes sociales su vida privada se ha hecho pública ya sea iniciativa personal o porque alguien más decidió compartir con el resto del mundo lo que grabó o fotografió con su smartphone mientras se encontró con fulanito y sutanita en un restaurante, en una discoteca, en el aeropuerto o justo en el momento en el que éstos salían de un motel a altas horas de la madrugada.

            Está más que comprobado que el sentido menos común de todos es el sentido común, razón por la cual son verdaderamente alarmantes los casos de personas cuyas vidas quedan marcadas y desgraciadas por la falta de discreción y el exceso de confianza en los que caen a la hora de manejar sus vidas privadas. Cierto, no podemos sustraernos al contundente hecho de que estamos rodeados de personas maliciosas, malintencionadas y siempre dispuestas a perjudicar a quien se deje sin medir las consecuencias.

            Debemos estar muy claros en algo muy importante: Sin importar nuestra edad, nuestro género y nuestra condición social siempre debemos estar dispuestos a proteger nuestra vida privada. Protegerla de nuestra propia familia, protegerla de nuestros colegas en el trabajo, protegerla de nuestros amigos, protegerla de los desconocidos e incluso protegerla de nosotros mismos. Ser maduros, responsables, discretos, congruentes, cuidadosos  y respetuosos nos permitirá llevar una existencia libre de conflictos y problemas.

            Asimismo, debemos tomar muy en cuenta que de todas las actividades que realizamos en nuestra cotidianeidad no todas las debemos compartir con aquellos con quienes tenemos algún tipo de vínculo. Y no se trata de andar jugando al Doctor Misterio, sino que es importante que consideremos que el sujeto que mejor va a cuidar de nuestra espalda seremos nosotros mismos, por lo que no debemos permitirnos margen de error alguno para que otra persona conozca aspectos sumamente delicados de nuestra vida, so pena de que pueda utilizar esta información en contra nuestra y hacernos daño de una manera irreparable e irreversible.

            Cuando una persona nos traiciona, nos afecta, nos daña, nos defrauda y/o nos destruye la existencia es porque, sin lugar a dudas, nosotros les proporcionamos aquellas armas con las que nos lastimaron. Por eso, es válido que todos estemos alertas y en base a la desconfianza podamos desarrollar una especie de sexto sentido para cuidarnos de todo y de todos.

            Y recuerda: Si no quieres que tu vida privada se haga pública, no la hagas en público y no permitas que nadie (ni siquiera tú) la difunda.

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20-Apr-2016

¿TODOS LOS HOMBRES SON IGUALES?

            Axioma que, de tanto ser utilizado por las mujeres despechadas, ya se ha convertido en frase cliché. Sin embargo, a la hora de analizar, superficial y profundamente, a aquellos especímenes pertenecientes al género masculino, es muy fácil darse cuenta de que, sin importar la sociedad y la generación a la que han pertenecido, pertenecen y pertenecerán, resulta sumamente aventurado e irresponsable clasificarlos a todos como ejemplares fabricados en serie y unidimensionales.

            Pero lo cierto es que cuando una mujer llega a la conclusión de que todos los hombres son iguales, lo que bien vale la pena analizar es por qué ésta mujer abraza tal aseveración con semejante contundencia.

            ¿Todos los hombres mienten? Falso. Hombres y mujeres por igual mentimos, algun@s más que otr@s, pero también hay honrosas y valiosas excepciones. ¿Todos los hombres son infieles? Falso también. La infidelidad no es endémica de los varones. Damas y caballeros somos proclives a ponerle los cuernos a nuestra pareja en un porcentaje muy similar. ¿Todos los hombres nos rompen el corazón a las mujeres? Falso nuevamente. En las relaciones de pareja, dadas las circunstancias, ellos y ellas tienden a pensar, decir y hacer cosas que pueden lastimar irremediable e irreversiblemente a sus novi@s y a sus espos@s detonando así rupturas y divorcios…

            Lo interesante de esta creencia totalitarista acuñada por el sexo femenino evidentemente habla de la personalidad y el carácter de aquellas mujeres que una y otra vez acaban acusando a su contraparte emocional por aquellos patrones erróneos en los que caen frecuentemente y que única y exclusivamente son responsabilidad de ellas. Porque un hombre golpeador, dos hombres golpeadores, tres hombres golpeadores, cuatro hombres golpeadores, apareciendo sucesivamente en la vida de una mujer nos lleva indefectiblemente a cuestionar cómo es posible que alguien permita no a una, ni a dos, ni a tres, sino a cuatro personas que tuvieron como común denominador la violencia hacia esa mujer que les abrió las puertas de su vida una, dos, tres y hasta cuatro veces para ser agredida, violentada y humillada.

            Y lo mismo pasa con los hombres celosos, los infieles, los mentirosos, los chantajistas, los controladores, los vividores y tantas y tantas subespecies más. Cuando una mujer registra, admite y consiente la presencia de personalidades con estos perfiles tóxicos es porque definitivamente los que están fallando no son estos individuos, sino la mujer que les da acceso a su vida y cuando esto ocurre así es porque definitivamente esta repetición de patrones se remonta a la infancia de la afectada, con un seno familiar adulterado por comportamientos sociales y afectivos que en definitiva acabaron por perjudicar su crecimiento y su desarrollo personal y emocional.

            Pero, mucho ojo, esta reincidencia de cometer el mismo error de relacionarse con hombres de perfil similar o idéntico no tiene que ser aceptada con resignación. Porque en la medida en la que podamos hacer acopio de dignidad, inteligencia y sensibilidad, nos será posible sacudirnos la presencia de sujetos perjudiciales en nuestras vidas. Y esto aplica tanto para los hombres como para las mujeres.

            Y sí, efectivamente, al final del día somos nosotros quienes le dictamos a los demás cómo queremos que nos traten, cómo deseamos que nos quieran, cómo anhelamos que nos amen. Pero todo parte de un principio elemental: querernos a nosotros mismos antes de pretender que alguien más nos quiera.

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13-Apr-2016

¿OPACADO POR UNA MUJER EMPODERADA?

            Entender el llamado empoderamiento femenino desde una perspectiva meramente masculina en pleno Siglo XXI resulta complejo y complicado.  Y ciertamente lo es porque al vivir en una sociedad prominente machista, refiriéndome a la mexicana, con todo y los muy importantes avances que hemos logrado en temas de equidad de género es el día de hoy en el que muchísimos hombres, sin importar edad y condición, siguen sin poder entender lo importante que resulta concederle a la mujer mérito alguno cuando ésta, por determinación propia, decide ser exitosa, independiente, autosuficiente.

            Por principio de cuentas, ¿qué debemos entender por empoderamiento femenino? Para entender el concepto, primero debemos remontarnos al año de 1995 a la Conferencia Mundial de las Mujeres que se celebró en China. Ahí, por primera vez se contempló el aumento de la participación de las féminas en los procesos de toma de decisiones y acceso al poder (político, empresarial, etcétera), lo que nos lleva a la toma de conciencia del poder que de manera individual y colectiva ostentan las mujeres en cuanto a la recuperación de la propia dignidad de las mujeres como personas.

            En México y en Latinoamérica, aunque básicamente se trata de un fenómeno que se presenta básicamente en todo el mundo, en los países del llamado Primer Mundo también, es común que la respuesta masculina hacia el empoderamiento femenino vaya impregnada de dos ingredientes principales: el machismo y la misoginia. Y es que si algo caracteriza al comportamiento desde los primeros estertores de nuestra civilización es que éste considera a la mujer como un ser inferior, lo que le dificulta entender y aceptar los esfuerzos de ésta por ser independiente y por cimentarse una existencia libre de dependencias y codependencias, lo que ha derivado en terribles y ancestrales estereotipos que de alguna manera u otra se han encargado de obstaculizar el pleno desarrollo de las mujeres hacia cualquier ámbito.

            Por lo tanto, es de esencial urgencia y sensibilidad que desde la infancia los hombres sean educados de tal manera que puedan comprender y asimilar que la presencia de las mujeres en sus vidas de ninguna manera tiene que entenderse como una oportunidad para aprovecharse o sacar ventaja de alguien, o, en su defecto, que deban ponerse en guardia porque “en automático” entrarán en una encarnizada competencia para averiguar quién es mejor y/o superior.

            Sin embargo, estos tiempos modernos, afortunadamente, también nos han permitido atisbar en una nueva especie de caballeros cuya sensibilidad e inteligencia les ha permitido disfrutar de los beneficios de estar rodeados de mujeres empoderadas, porque es un hecho incontrovertible que las sociedades humanas conformadas por individuos extirpados de complejos y estereotipos tienden a sacar lo mejor de todos aquellos que se involucran en éstas. Y es que hay que entender el empoderamiento femenino más allá de las cuestiones antropológicas o psicosociales. Una mujer con voz y voto en todo aquello en lo que se involucra siempre será bienvenida en cualquier parte porque, al final del día, si queremos empezar a avanzar en temas de igualdad debemos permitirle a todo mundo, no nada más a las mujeres, un piso parejo para que podamos superar todos esos rezagos que nos impiden crecer como individuos y como sociedad.

            Y tú ¿q           uieres a una mujer empoderada en tu vida? Te lo dejo de tarea…

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31-Mar-2016

ASEXUALIDAD

             Asexuali… ¡¡¡¿¿¿qué???!!! Sí. Lo más seguro es que éste sea un término prácticamente nuevo y desconocido para muchos de nosotros. Por lo tanto, con todo y que sólo el 1% de la población mundial se manifiesta como asexual, es de suma importancia adentrarnos en terrenos de lo tangible para que todos podamos entender de qué se trata cuando nos estamos refiriendo a hombres y mujeres asexuales.

            Por principio de cuentas, la asexualidad es la falta de atracción sexual o el bajo o nulo interés en tener relaciones sexuales. Si bien se le puede considerar una orientación sexual como lo son la heterosexualidad, la homosexualidad o la bisexualidad, es imperativo atisbar en el comportamiento de los individuos que la manifiestan porque al día de hoy son demasiados los especialistas que difieren en sus conceptos al momento de definirla ya sea como una orientación sexual o como una parafilia. Incluso hay demasiados debates a la hora definir si la asexualidad es una decisión o una condición (trastorno).

            Hay que dejar muy en claro que una persona asexual no padece enfermedad alguna y que su rechazo o aversión al sexo no tiene absolutamente nada que ver con algún episodio traumático que se haya presentado en su vida a edad temprana. Nada de eso. Lo cierto es que los asexuales son personas biológica y psicológicamente muy saludables que aceptan su bajo o nulo deseo hacia las relaciones como una muy clara manifestación de su identidad sexual.

            Sin embargo, también cabe establecer muy nítidamente que los asexuales no son personas emocionalmente insensibles y mucho menos son seres que no requieran de dar y recibir afecto. Su aversión hacia el sexo de ninguna manera los vacuna, por decirlo de algún modo, de la importantísima necesidad humana de requerir de amor y romance, por lo que su elección (la de no querer sostener relaciones con nadie) no tiene porque marginarlos o estereotiparlos y si los hace sujetos dignos de respeto nos agrade o no la manera como decidieron ejercer su sexualidad.

            De hecho, dentro de este sector de la población existen personas (hombres y mujeres por igual) que suelen recurrir a la masturbación (suelen hacer uso de la pornografía e imaginar fantasías también) y experimentar orgasmos solos, de manera privada, sin necesidad de compartir su sexualidad con nadie más simplemente porque tienen ningún interés en vincularse (emocional, afectiva y sexualmente) con alguien más.

            Lo cierto es que, nos guste o no, desgraciadamente todos somos parte de una sociedad que en todo momento ejerce una enorme presión en todos nosotros para que, queramos o no, nos manifestemos como seres (altamente) sexuales y que ante esta postura no reconozcamos a aquellos que se rehúsan a formar parte de este tipo de dinámicas. Y la verdad es que no hay razón alguna para ejercer discriminación alguna sobre quienes han decidido ser asexuales y la ciencia, así como tiene respuestas y estudios para definir a aquellos seres que optaron por ser alta, mediana o bajamente sexuales, también tiene mecanismos bien definidos para establecer cómo es que un individuo, utilizando el sagrado derecho del libre albedrío, opta por ser asexual, demisexual, gris-sexual o lithroromántic@.

            Como podrán darse cuenta, éste es tema que merece un amplio debate…

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16-Mar-2016

¿POR QUÉ MIENTEN LOS HOMBRES?

            Cualquiera, me refiero a las mujeres, pudiera responder con un simple, llano y muy lapidario “¡Porque son mentirosos por naturaleza!”. Sin embargo, cuando nos adentramos en los terrenos de la complejísima psicología masculina lo cierto es que no es nada sencillo analizar y mucho menos comprender las razones por las que un hombre se vuelve un aliado permanente del engaño verbal pero, por lo mismo, tampoco es aconsejable caer en la generalización y asegurar que “…todos los hombres son iguales”.

            Cuando se trata de relaciones de pareja, dicen los expertos, el hombre convierte a la mentira en parte de su inventario cotidiano y esto se debe fundamentalmente a que al ser concebidos de distinta manera (me refiero a un aspecto meramente estructural), las mujeres muy pocas veces logramos entender y comprender qué tipo de intereses persigue un varón cuando se trata de tener una relación estable.

            Así las cosas, para bien o para mal, incluso desde antes de que la relación comience, durante el cortejo o el proceso de conquista, el hombre comienza a echar mano de todo tipo de mentiras: chiquitas, grandes, piadosas, peligrosas, inofensivas, dañinas… sin embargo, nada de todo esto que les he explicado hasta este punto nos responde la famosísima pregunta de los 64 mil que nos ocupa el día de hoy.

            ¡¡¡¿¿¿Por qué mienten los hombres???!!!

            Algunos lo hacen para alimentar su ego porque tienen la creencia de que presumiendo sus posesiones materiales y sus logros personales/profesionales (verdaderos o falsos) quedarán bien parados frente a las féminas que desean conquistar, amén de que esto les permitirá también ubicarse en una (aunque falsa) posición de machos alfa. Pero, ojo, quien miente para levantar su ego es porque tiene una autoestima muy frágil.

            Otros caballeros recurren frecuentemente a la mentira para impresionar a sus iguales y a las mujeres, principalmente, ¿por qué? Simple: Porque vivimos en una sociedad donde prácticamente todo aquello a lo que aspiramos está encaminado a ubicarnos por encima de aquellos cuyas aspiraciones son modestas o insignificantes. El juego del “yo soy / yo hago / yo tengo” se magnifica y se adereza con invenciones.

            También hay quienes hacen del mentir su modus operandi porque buscan conseguir sexo. Sí, así de simple. Cuando el objetivo primordial es tener sexo no hay obstáculo que pueda frenar a un hombre para que mienta y deje de mentir; incluso después de que lo han conseguido seguirán mintiendo con el legendario “luego te llamo”. Y esto deriva a otra circunstancia detonante de la mentira: Quien controla el sexo, también tiene el poder y un hombre que aspira a tener el control en su relación también recurrirá a la mentira para conservar esa posición de liderazgo. ¿O no?

            ¿Y qué tal aquellos que mienten para cubrir sus infidelidades? Estos si que se vuelven maestros en el fino y deleznable arte de mentir, porque para tapar sus deslealtades van a tener que recurrir una y otra vez a muchísimas mentiras, so pena de perder su relación estable; ¿y qué piensan de los que dicen mentiras piadosas para no herir a su novia/esposa?, en apariencia éstos son encantadores, porque son incapaces de herir a sus parejas y prefieren ocultar la verdad por medio de comentarios reconfortantes: “¿Me veo gorda, mi amor?”, “no, cómo crees”, aunque la novia se coma a diario ocho platos de pozole y de postre pida cinco flanes napolitanos…

            Como podrán darse cuenta, los ejemplos son interminables, pero al final del día los hombres mienten básicamente por tres razones esenciales: por inseguridad, para evitarse problemas y porque son inseguros…  ¡ah! y por mentirosos.

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09-Mar-2016

¿EXISTE EL MATRIMONIO PERFECTO? ¡SI!

            Para much@s, se trata de la pregunta del millón. Generaciones van, generaciones vienen y lo cierto es que hoy por hoy todavía no existe una sola respuesta, ¡una sola!, que nos permita atisbar en cuál es la verdadera clave para poder tener un matrimonio exitoso (ya no digamos “perfecto”). Obviamente, de existir esa “alternativa única” para lograrlo, no estaríamos viviendo una época en la que los divorcios están a la orden del día, esto sin considerar a los consejeros matrimoniales que prácticamente se están haciendo millonarios porque esposos y esposas se la viven agarrados del chongo.

            Sin embargo, hombres y mujeres por igual podemos aspirar a tener un matrimonio considerablemente exitoso si nos comprometemos con cumplir ciertos aspectos (que son trascendentales, de hecho) que en mucho nos pueden servir para vivir una relación marital encaminada a la satisfacción y el crecimiento de ambos tanto en lo individual como dentro del núcleo familiar.

            Alguna vez se han preguntado ¿cuáles son las cualidades que definen a las parejas que funcionan mejor? Dejen de lado las respuestas llenas de obviedades y vayan más allá de conceptos como la química, la afinidad o el buen humor. Nada de eso. Los buenos matrimonios, aquellos que logran trascender el tiempo con una mujer y un hombre felices, que se complementan y se retroalimentan en el día a día, se estructuran esencialmente en una serie de factores (todos tangibles) en los que ambos están sumamente involucrados y comprometidos para que las cosas siempre marchen adecuadamente. Aquí no valen eufemismos como el …y vivieron felices para siempre o el todo ha sido miel sobre hojuelas.

            En primer lugar, hay que estar plenamente convencidos de vivir en una autodisciplina que permita, desde lo actos más insignificantes hasta los más complejos, practicar y demostrar ¡¡¡TODOS LOS DÍAS!!! el amor hacia nuestra pareja; enseguida, debemos considerar en implementar hábitos, para él y para ella, que ayuden a conservar la seguridad financiera del matrimonio y esto no tiene nada que ver con “yo trabajo y ella se queda en casa a administrar”, esto es algo más serio.

            Asimismo, ante las situaciones adversas (de cualquier índole) es imperativo que procuren mantener el sentido del humor y también, cuando alguno de los dos o los dos cometa errores (desde fallos sin importancia hasta garrafales pifias) priorizar el perdón, tanto el autoperdón como el perdón hacia nuestr@ espos@. Otro aspecto primordial a tomar en cuenta y que con el paso de los años vamos dejando de lado es el referente a proporcionarnos placer mutuamente; eso será detonante para que todos los días de la semana puedan vivir bajo una atmósfera alegre.

            Y ya que hablamos de “proporcionarnos placer”, es elemental construir bases de conciencia sexual fundamentadas en la comunicación y, por supuesto, en el mutuo acuerdo porque, cualquier práctica a implementar en la intimidad siempre debe ser negociada y consensuada entre ambos para evitar episodios dolorosos y/o irrespetuosos. Sean honestos y auténticos.

            Igualmente, deben dedicar tiempo a forjar historia familiar. Compartan vacaciones, celebraciones familiares, ubiquen acontecimientos que les permitan reforzar el vínculo emocional que dio pie a que se unieran; y para eso, obviamente también deben poner en práctica el valioso ejercicio de escucharse el uno al otro, aún cuando van a darse momentos en el que nuestra pareja nos va a decir cosas que no nos agradan escuchar; por eso también es importante que respeten las diferencias que existen entre ustedes: ideológicas, religiosas, culturales, etcétera. ¡Tolerancia!

            Y siempre, siempre, ¡siempre!, siéntanse orgullosos de la pareja que les tocó (¡ustedes la eligieron!) y demuéstrenselo al mundo entero.

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

02-Mar-2016

¿TE MANDARON A LA FRIENDZONE? ¡ESTÁS PERDID@!

            No, querid@s amigos y amigas, no se trata de la famosísima “Dimensión Desconocida”. Es algo peor, mucho peor. ¡Terrorífico! Y no vacilo. Cuando una persona, ya sea hombre o mujer, es enviad@ directito y sin escalas a la temible friendzone no hay poder humano o sobrehumano que pueda sacarl@s de ahí. Y lo peor de todo es que puede sucederle a prácticamente todo ser viviente: jóvenes, adultos, divorciados, viudos… ¡y no hay vacuna o cura para esta horrible enfermedad que provoca que quienes la padecen vayan por la vida con el corazón hecho pedazos!

            Pero, por principio de cuentas, ¿qué es la friendzone?

            Para empezar, el término es un anglicismo cuyo significado es “zona de amigos” y suele utilizarse cuando en una pareja de amigos uno de los dos quiere algo más, o sea avanzar al noviazgo y el otro ni por enterado está. Pero lo peor no es ni enterado esté, sino que prácticamente no está interesado en llevar esa relación de amistad hacia otra cosa, lo que provoca que aquel que busca una dinámica de enamoramiento entre ambos la pase terriblemente mal porque su amor no es correspondido.

            Y esta friendzone, créanme, resulta ser verdaderamente traumática para quien vive en ella, porque tiene que verse forzad@ a reprimir sus sentimientos y soportar prácticamente a diario la tortura de estar cerca de una persona que le inspira un sentimiento tan fuerte como es el amor y ésta a su vez sólo le puede corresponder con una amistad. Y, mucho ojo, friendzonear no sólo es exclusivo de las mujeres hacia los hombres, existen muchísimos casos de caballeros que sostienen largas amistades con féminas que mueren de amor por ellos y éstos ni las pelan. ¡Verídico!

            Sin embargo, al momento de evaluar este tipo de situaciones, donde uno se crea falsas expectativas con respecto a otra persona y en la que algún momento se llega a creer que podemos lograr que es@ amig@ nos vea con otros ojos, tenemos que ser sumamente cuidadosos sobre todo al momento de tener que enfrentarnos con un eventual rechazo porque, a final de cuentas, todos los seres humanos somos susceptibles a que nos den con la puerta en las narices cuando se trata de confesar nuestros sentimientos y nuestras intenciones. Además, también hay que considerar que muy probablemente vamos a sentir algún tipo de dolor al momento que alguien nos diga “es que… nada más te quiero como amig@”. ¡Ups!

            Por eso, siempre es mejor que desde un principio seas muy clar@ con tus sentimientos y tus intenciones. Por mucha que sea la timidez o la inseguridad que sientas, siempre es preferible ser honesto antes de que alguien acabe rompiéndote el corazón. Así que antes de que empieces con los detalles, los regalos, las salidas frecuentes, el contacto físico y otras tantas cosas que acostumbramos a hacer cuando alguien nos interesa, aprende a leer las señales que esa persona te estará enviando en el día a día, porque no hay nada peor cuando se trata de las relaciones humanas que nosotros mismos nos coloquemos una venda en los ojos y creamos historias que no existen más que en nuestra mente.

            ¿Es difícil salir de la friendzone? La verdad, sí. Pero es más difícil quedarse en ella.

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24-Feb-2016

UN (MUY) TERRIBLE EJEMPLO DE EQUIDAD

            Entender y asimilar, en pleno Siglo XXI, un concepto como lo es la equidad, créanme, no es nada sencillo. Atisbar en el terreno de las definiciones, como lo hace la mayoría, me parece un ejercicio muy comodino para quien lo lleva a cabo. Porque, vivir en una sociedad como la nuestra, que es machista, misógina, inequitativa y, por ende, también muy injusta, a veces nos lleva a cometer gigantescas barbaridades en nombre de conceptos que bien a bien muy pocos saben sobre su real significado e implicancias.

            Mi comentario viene a colación porque hace algunos días tuve la oportunidad de ver, gracias a la magia de las redes sociales, un video de poco más de cinco minutos en los que diversos jóvenes (hombres y mujeres) son entrevistados en la calle preguntándoles si les parecía correcto que a los hombres infieles se les mutilaran los genitales (pregunta realizada a las mujeres) y que a las mujeres infieles también se les cortaran los genitales (pregunta formulada a los varones).

            Las respuestas de las chicas y de los chicos me parecieron ¡sor-pren-den-tes!, pero particularmente las argumentaciones femeninas me resultaron abominables.

            Veamos:

            Prácticamente al 100% de los muchachos interrogados (parecían ser universitarios) les pareció terrible que se pudiera castigar con la ablación a una mujer que le haya sido infiel a su novio o a su esposo. Muy serios, y también muy preocupados, así lucían las expresiones de sus rostros en el video, argumentaban que como hombres a ellos les parecía brutal y excesivo castigar de tal manera a una mujer que pudiera haberle sido infiel a su pareja. Sin embargo, cuando se trató de interrogar a las chicas, todas ¡absolutamente todas!, sin excepción, consideraron justo castigar con mutilarle el pene a aquel hombre que le haya sido infiel a su novia o a su esposa. Incluso en el video se puede observar que muchas aplaudían regocijadas ante la posibilidad de volver tangible este escenario hipotético.

            ¿Qué lectura se le puede dar a lo anterior? Una terrible. Estamos viviendo una era en la que todo (o casi todo) aquello que está vinculado a la justicia, la imparcialidad y la igualdad social se ha malentendido y tergiversado, llegando a un punto en el que hombres y mujeres prácticamente, esto visto a través de la mirada de seres de mentalidad supremacista, se han convertido no en individuos complementarios, sino en enemigos a muertes que buscan ferozmente ubicarse en un estrato superior al del otro género.

            Sinceramente, a mi me entra muchísimo miedo atestiguar que estamos aproximándonos a un punto en el que las mujeres feministas perciben, en su mundo, a los hombres, del mismo modo como los machistas perciben en el suyo a las mujeres. Competir para superar, para humillar y para lastimar a aquellos que son de otro género (incluso las mujeres feministas consideran como inferiores a ellas a aquellas que no son feministas) género me parece muy peligroso, pero también muy egoísta, porque ese separatismo creo nos está llevando a terrenos en los que la convivencia armoniosa ya no tiene lugar. Y voy más lejos: nos estamos aproximando a situaciones en las que muchas y muchos ya consideran obsoleto que hombres y mujeres coexistan, convivan, cohabiten.

            De verdad espero estar equivocada…

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17-Feb-2016

VENCIENDO LA (TERRIBLE) TIMIDEZ

             Ser tímid@ es una verdadera pesadilla para quien posee este rasgo en su carácter. Tener o ser de personalidad tímida puede transformar en un verdadero infierno la vida diaria de una persona, pues sentirse cohibido o intimidado ante ciertas personas o situaciones definitivamente limita todo nuestro potencial.

            Pero, mucho ojo, nadie nace tímid@. Lo cierto es que ese rasgo (tan desagradable, por cierto) de nuestra personalidad lo adquirimos posiblemente desde la niñez, etapa de nuestra vida en la que prácticamente perfilamos y definimos todas las aristas de nuestro comportamientos y la timidez, muy en particular, que se define como una sensación de inseguridad o vergüenza ante situaciones sociales nuevas que nos impide relacionarnos con los demás, es producto seguramente de haber sido sometido, por nuestros padres y familiares más cercanos, a episodios de frecuente incomodidad en los que el resultado final siempre fue recibir críticas y/o burlas.

            ¿Quién no ha querido, refiriéndome particularmente a los hombres, acercarse en un momento determinado a aquella mujer que, literalmente, los trae cacheteando las banquetas y decirle que están locos por ella y, sin embargo, a la hora de la verdad siempre terminan “abortando la misión” porque poderosísimas fuerzas les impiden siquiera abrir la boca y decirle “hola… me llamo fulanito”? o, hablando en términos generales, ¿quién no se ha quedado con las ganas de disfrutar de un merecido aumento de sueldo o de una promoción en la empresa en la que trabajan porque simplemente les da pavor acercarse a su jefe para solicitarle lo que creen merecer en el aspecto laboral?

            El miedo al rechazo y/o el miedo al ridículo acompañan al ser humano desde tiempos inmemoriales. Probablemente en el hombre, porque también desde muchísimas generaciones atrás, particularmente en nuestra sociedad (tan machista y estereotipada), este rasgo se manifiesta que en las mujeres porque a ellos se les ha impuesto el rol social de ser quienes tomen la iniciativa en prácticamente todo; sin embargo, también existen muchísimas mujeres que viven atormentadas por la timidez y que ven limitado su desarrollo personal y social por la timidez.

            Para comenzar a superar la timidez antes que nada debes reconocer que la padeces y que está frenando tu desarrollo. Así que en una primera instancia tienes que comenzar por readaptar tu lenguaje corporal e intentar proyectar que eres una persona relajada y segura de sí misma, sin olvidar sonreír y hacer contacto visual con la gente; enseguida, procura sostener conversaciones imaginarias en tu mente con personas a las que deseas aproximarte y tratar de visualizar en esa película imaginaria que eres tu quien lleva la voz cantante en la charla y que te muestras amen@, simpátic@ y que no hay persona más empática que tú. Recuerda: proyecta y ejecuta.

            También ayuda mucho que en esas conversaciones imaginarias repases una y otra vez lo que quieres decir. No te fuerces a situaciones sociales que exijan mucho de ti, utiliza palabras simples y oraciones concisas en tus diálogos con los demás para que jamás te veas traicionado por la mala memoria; y también deja de ser tan autocrític@ y exigente cuando se trata de calificar tus habilidades sociales. Siempre procura considerarte a ti mismo como tu mejor amigo. Sé amable contigo, trátate bien, ¡quiérete!

            Por último, ser asertiv@ te ayudará muchísimo para superar la timidez. Sentarnos frente a frente con otra persona siempre nos va a exigir la sensibilidad de tratar de entender lo que el otro desea, pero sobre todo también a procurar ser muy claro y definido con lo que nosotros queremos. ¡Inténtalo!

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03-Feb-2016

¿SER UN CABALLERO O SER UN PATÁN?... HE AHÍ EL DILEMA

-Con todo mi amor para mi queridísima Nadine Markova; hasta siempre, amiga

La tienes en la mira. A lo lejos ya la has identificado perfectamente, posee todos los atributos (físicos e internos) que te permiten considerarla una candidata a entregarle tu pasión  y tu corazón. Has decidido acercarte a ella sin importar que te suden las manos y los latidos de tu corazón aumenten a la velocidad de la luz. Te has arreglado como todo un galán, fuiste a que te hicieran un corte de cabello moderno y hasta te has puesto esa loción cara que sólo utilizas “para ocasiones especiales”; estás a punto de saludarla y decirle tu nombre, pero…

            Sí, el siempre molesto “pero” que se hace presente cuando se trata de conquistar a una fémina y no sabes bien a bien cuál debe ser tu comportamiento frente a ella porque, a final de cuentas, has escuchado tantas cosas y has protagonizado tantos fracasos cuando quieres ser todo un Don Juan que ya no puedes distinguir con claridad qué es lo que exactamente buscan las mujeres en un hombre.

            Tu primer pensamiento es, lógico, dejar brotar tu yo encantador, aquel hombres que sinónimo de caballerosidad, simpatía, sensibilidad, limpieza, modales porque, a final de cuentas, recuerdas que tu abuelita y tu mamá siempre te han alabado cuando de comportas como todo un clon de aquellos galanes que las hacían suspirar cuando veían esos viejos filmes en blanco y negro.

            Sin embargo, la realidad golpea con contundencia tus intenciones y recuerdas cómo en la preparatoria un patán machista y malhablado que fumaba cigarrillos baratos literalmente te dio baje con aquella muchacha con la que soñabas día y noche y que viste esfumarse con ese vago en una motocicleta sucia y desvencijada justo el día en que (¡por fin!) te habías animado a declararle tu amor. Sí, yo lo sé, tú lo sabes, todos los sabemos, ayer, hoy y siempre la famosísima frase “nice guys finished last” (los chicos buenos siempre pierden) está más vigente que nunca.

            Pero, ¿cómo saber lo que una mujer quiere cuando ellas mismas ni siquiera lo saben? ¿Es válido tener un comportamiento cuasi bipolar y convertirnos en una versión moderna del Dr. Jekyll y Mr. Hyde para, de manera convenenciera, ser de tal o cual forma para que podamos alcanzar nuestros objetivos y, al mismo tiempo, impedir que hieran nuestros sentimientos y nuestra autoestima se vea pisoteada?

            ¡De ninguna manera! Aunque quizá para muchos la caballerosidad ya esté prácticamente en desuso y los patanes cada vez se apuntan más victorias en el terreno de las conquistas, lo mejor siempre (creo yo, desde mi muy humilde óptica) es mostrarse como una persona educada, sensible y auténtica porque estas cualidades jamás pasan desapercibidas y siempre son bien recibidas por aquellas que todavía suspiramos por alguien que cuando nos invite a salir nos abra la puerta del automóvil, nos preste atención mirándonos a los ojos fijamente (aunque esté pensando en el resultado final del partido de fútbol de su equipo favorito) mientras conversamos con él y que no finge un repentino ataque de diarrea y sale disparado hacia el baño cuando se trata de pagar la cuenta en el restaurante. Las mujeres con dignidad, seguras de sí mismas y con amor propio siempre van a preferir a un hombre cuyas divisas principales sean el respeto y la caballerosidad.

            ¿Quieres ser un patán e ir por la vida ofendiendo con tu actitud  a todas las mujeres que se crucen por tu camino o prefieres ser un caballero que, vaya donde vaya y esté donde esté, siempre será bienvenido? ¡Tú decides!

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27-Jan-2016

la andropausia ¿mito o realidad?

            Se trata de uno de los fantasmas que más atemorizan a los hombres maduros, sobre todo de aquellos que consideran su vigor sexual como una de sus características primordiales. Me estoy refiriendo a la temible andropausia la cual, pese a que muchos especialistas se refieren a ella como un “mito genial”, efectiva y lamentablemente sí existe.

            Entrando en el terreno de las definiciones y las descripciones, la andropausia es un proceso por el cual las capacidades sexuales masculinas van disminuyendo con el transcurso de la edad, al igual que otras funciones orgánicas y la cual se presenta debido a los bajos niveles en la generación de testosterona o por el mal funcionamiento de los receptores de ésta.

            Muchos se preguntará, ¿qué es la testosterona? Pues bien, la testosterona es una hormona que producen los testículos del hombre, siendo la hormona androgénica (masculina) más importante en el cuerpo y ésta es muy importante porque ayuda a mantener los huesos y los músculos fuertes; también es fundamental para la producción de espermatozoides; es uno de los principales ingredientes para mantener el sexual y entre otras funciones también sirve para sentirse bien y tener energía. A medida que un hombre envejece, los niveles de testosterona van disminuyendo lentamente, lo que provoca que se presente un bajo deseo sexual, problemas de erección, un bajo conteo de espermatozoides, disminución del tamaño y la fuerza muscular, depresión, pérdida de la concentración e incluso es detonante para que se presente insomnio.

            Se estima que a partir de la cuarta década de vida, lo que muchos llamamos el cuarto piso o sea, de los 40 en adelante, empieza a haber una pérdida anual del 1 al 2% de la testosterona y al llegar a los 70 años de edad esta reducción puede incluso llegar al 35%.

            Pero no se alarmen caballeros, esto no es el fin del mundo y mucho menos representa la extinción de una buena vida sexual. En la actualidad existen varios tratamientos que permiten a los hombres que sufren de bajos niveles de testosterona les sea administrada esta hormona de manera artificial: gel aplicado a diario en los hombros, brazos o abdomen; solución aplicada en la axila; parche cutáneo pegado en cualquier parte del cuerpo o al escroto; una especie parche que se aplica en la encía superior dos veces al día; inyecciones aplicadas cada dos o tres semanas; reemplazo hormonal, etcétera; pero, ¡mucho ojo!, todas estas alternativas tienen que ser supervisadas por un especialista, por lo que no se recomienda la automedicación, porque puede llegar a ser fatal.

            Asimismo,  en el terreno de los afectos secundarios, una vez que el especialista te ha dado luz verde para ser un candidato a la aplicación de un tratamiento de testosterona artificial, debes considerar que puedes desarrollar un aumento en el conteo de glóbulos rojos (esto implica un riesgo de accidente cardiovasculas), acné o piel grasosa, agudizar el insomnio, crecimiento de las mamas, retención de agua y otros.

            Por todo lo anterior, el tratamiento más adecuado indudablemente es el de la terapia con undecanoato de testosterona, que consiste en aplicar un tratamiento trimestral (inyección intramuscular) que permite llegar a los niveles normales de testosterona en una semana y permanece en los niveles fisiológicos hasta tres meses, por lo que requiere ser administrado cuatro veces al año.

            Pero, insisto, siempre asesórense con un especialista. No pongan en riesgo su salud.

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20-Jan-2016

            Por lo regular, cuando un hombre y una mujer deciden tener una relación de pareja, primero en forma de noviazgo y posteriormente ya como un matrimonio, muy pocos reflexionan sobre la importancia que juega en el peso específico de su vínculo el tipo de sexualidad que están ejerciendo en su intimidad. La gran mayoría difícilmente dialoga con su novi@ y su espos@ sobre las características de tan importante aspecto. Lo cierto es que, arrasados por el deseo y la pasión, nos dejamos llevar por la emoción de la relación sexual per se y muy pocas veces reflexionamos si la intensidad con la que sostenemos nuestras relaciones sexuales a los tres meses de noviazgo será la misma cuando ya llevemos, digamos, unos cinco, seis, siete años de matrimonio.

            Es por eso que, atrapados en una sexualidad rutinaria, poco a poco vamos descubriendo que cada vez es menos la atracción sexual que sentimos hacia nuestra pareja, a grado tal que siquiera pensar en el coito con él/ella nos resulta aburrido e incluso tedioso y eso no necesariamente tiene que significar que ya no existe amor entre ese hombre y esa mujer que comparten un proyecto de vida juntos, por lo que se vuelve de suma prioridad atisbar con mucha inteligencia, con mucha sensibilidad, pero sobre todo con mucha intensidad a la hora de desmenuzar el porqué esa persona con la que llegamos a vivir episodios sexuales verdaderamente épico prácticamente ya no nos despierta ningún tipo de inquietud que conduzca a forzar la intimidad.

            El primer ingrediente que detona la extinción de la vida sexual en la pareja es la monotonía. Cuando relacionamos alguna actividad (particularmente el sexo) con el aburrimiento obviamente no nos apetece llevarlo a cabo y si tú (hombre o mujer) analizas con detenimiento los más recientes capítulos sexuales con tu novi@ o tu espos@ descubrirás que por mucho tiempo estuviste haciendo siempre lo mismo y eso los condujo al tedio que a su vez minó considerablemente el deseo que siempre debe sentir uno por el otro.

            Pero, ¿cómo romper esta situación de aburrimiento?, ¿cómo reactivar esa llama de pasión que definitivamente llegó a estar presente entre ustedes?

            Definitivamente (obvio, si es que están interesados en reavivar su intimidad) tiene que haber comunicación. Sentarse uno frente al otro y hablar con honestidad sobre las razones por las cuales ya no se les antoja tener sexo. Platicar sobre esas prácticas que quizá realizaban con anteriores parejas sexuales y que les agradaba llevarlas a cabo; traer a la conversación (¿por qué no?, también es válido) proponer situaciones que durante mucho tiempo las han dejado en el terreno de las fantasías e incluso incursionar en situaciones que, conocidas por medio de la pornografía, les gustaría experimentar.

            Aquí la clave, cuando menos en una primera instancia, es llevar todo lo que quisieran hacer al terreno del juego. Abrirse de mente y dejar de lado los prejuicios (¡todos!) para convencer a su pareja de que lo que le estás proponiendo puede resultar en algo positivo y placentero para ambos. Implementar sesiones exclusivas de: 1) Mirar películas eróticas y estimularse por medio de la masturbación; 2) Sólo sexo oral, todo lo demás está prohibido; 3) Utilizar juguetes y accesorios para estirar un poco su visión sobre esos artefactos y aprender a disfrutarlos; 4) Un juego de roles, con disfraces, personajes, llamadas o chats tipo hot-line… lo cierto es que las posibilidades son infinitas. Todo depende de ustedes.

            ¡Anímense a hacer algo diferente y compartan su experiencia contándonos cómo les fue!

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13-Jan-2016

¡Deja de culpar al Mundo!

            Para quienes en alguna ocasión han escuchado un tema musical en cuya letra se incluye la frase “la vida es así, no la he inventado yo”, seguramente entenderán que el devenir cotidiano de todos los seres humanos (¡sí, de todos!), desde que nacemos hasta que morimos, vamos a tener que pasar por un sinfín de situaciones en las que nuestra resiliencia será puesta a prueba en todo momento y será gracias a ésta, pero sobre todo a nosotros mismos, nuestro trabajo, nuestro esfuerzo y nuestra actitud, que lograremos salir adelante de cualquier situación por muy difícil que ésta luzca.

            Sin embargo, también debemos contar con una muy comprometida capacidad de autoanálisis para poder escanear y diagnosticar todas esas cosas que a diario acontecen en nuestras vidas, tanto las buenas y las malas, pero sobre todo las negativas, porque es a través de los errores que cometemos que podemos tener acceso a un inmenso cúmulo de aprendizajes (de distinta índole) para ir forjando nuestro carácter, el cual se empieza a formar desde nuestro seno familiar, durante la infancia.

            Crecer y convertirnos en adultos no es nada sencillo, y afrontar las responsabilidades que conlleva hacernos cargo de nosotros mismos y de una familia, tomando decisiones adecuadas, requiere de distintos tipos de fortalezas y de características muy bien delineadas de las que vamos a abrevar para triunfar y/o fracasar a lo largo de nuestras vidas.

            Por eso, si eres un hombre joven o ya eres un hombre adulto, es muy importante que aprendas a tomar responsabilidad total de todo tu entorno, a controlar (sin llegar a niveles obsesivos) no todo lo que ocurre alrededor de ti, pero si las causas y los efectos de todo cuanto sucede en donde tu eres protagonista. Y así como te enorgulleces de tus logros y éxitos, ya sea a nivel profesional, a nivel familiar, a nivel social, en donde antepones por sobre cualquier cosa tu disciplina, tu compromiso y todas las ganas que le echaste al asunto; también es de vital trascendencia que asumas la paternidad por aquellas cosas malas y/o negativas que de repente te llegan a ocurrir y que dejes de repartir culpas a diestra y siniestra por todo aquello que no salió bien.

            Atravesar por situaciones complicadas o negativas u obtener malos resultados en distintas misiones emprendidas, insisto, nos encamina a consolidar nuestro carácter y eso implica que nuestro comportamiento debe ser parejo en las buenas y en las malas. Desde que somos niños sabemos que “la maestra no nos reprobó en matemáticas porque nos tuvo mala fé”. Nada de eso. La maestra nos reprobó porque tuvimos inasistencias a las clases, no entregábamos tareas y los exámenes apenas los pasábamos “de panzazo”.

            Igualmente, la esposa no nos va a pedir el divorcio “porque sus amigas son unas chismosas que ya le llenaron la cabeza de ideas” y “porque su mamá desde que me conoce no me quiere”. La realidad es que (y eso tú lo debes saber perfectamente) no sólo eres un hombre incapaz de tener detalles con ellas, nunca estás al pendiente de sus necesidades y además le has pintado el cuerno dos o tres veces. Entonces, al final del día ¿quién tiene la culpa de que las cosas te hayan resultado mal? ¿Tú o los demás?

            Jamás obtendrás resultados distintos si vives haciendo siempre lo mismo. Tu serás tan feliz o miserable o exitoso en la medida que tu lo desees y lo trabajes. Así de sencillo.

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06-Jan-2016

Conviértete en tu propio rey mago

            Si ya olvidaste la inmensa emoción que experimentaste durante las mañanas (a veces madrugadas) del 6 de enero de tu niñez, este artículo es para ti. Sí, ya sé que eres un hombre maduro y que las obligaciones, los compromisos y las responsabilidades prácticamente de convirtieron a fuerzas en un adulto gruñón y enojón. Pero ¿qué tal si, más allá de la edad que puedas tener en este momento,  te pones a hacer un inventario de lo que eres, de lo que fuiste, de lo que tuviste, de lo que tienes y de lo que quieres para transformar todo tu entorno en un mejor lugar para estar y existir?

            Y mucho ojo, no se trata de una cuestión de ponernos a fantasear con sueños inalcanzables. Pero, ¿qué tal si (como corresponde a la mayoría de los adultos, sobre todo aquellos que ya son padres de familia), por un momento le escribes una cartita a los Reyes Magos y les pides tres regalos, uno a Melchor, uno a Gaspar y uno a Baltazar… o sea, a ti mismo, para que te traigas tres obsequios que siempre has necesitado?

            Bien puede tratarse de cosas materiales o emocionales, porque a final de cuentas todos tenemos necesidades distintas. La importancia de este ejercicio es que por unos instantes te puedas sacudir esa adultez que poco a poco, y sin darte cuenta, te ha ido amargando a grado tal de parecerte al Grinch o al Scrooge de la Navidad.

            Para empezar, hagamos una autoevaluación de cómo nos portamos (con nosotros mismos y con los demás el año pasado). Si nuestro comportamiento fue bueno o aceptable,  pensemos en auto-regalarnos tres obsequios importantes, de impacto: Una nueva pareja (o si ya la tienes, novia o esposa, reavivar la pasión con un viaje a un lugar paradisiaco o una nueva luna de miel a su destino predilecto), un nuevo automóvil (no tiene que ser último modelo o un ostentoso Ferrari) o cambiar ese anticuado guardarropa que ya nos hace ver como un aburrido episodio de nuestra ochentera adolescencia.

            También puedes optar por actualizarte en el tema de los llamados gadgets: ya es hora de sustituir ese teléfono celular por uno más moderno, con conexión supersónica a Internet y con acceso a las famosas redes sociales (si no sabes qué es eso, acércate a tus sobrinos para que te asesoren); igualmente, esa laptop o notebook que presumías en la universidad ya está totalmente obsoleta, es hora de adquirir una tablet. Y ni qué decir de tu consola de videojuegos, hace siglos que ya no sacan nuevos títulos para ese modelo… nuevamente pide asesoría con los expertos: tus sobrinos.

            Igualmente, puedes considerar regalos no materiales o intangibles. Si te has vuelto calculador y temeroso, ya es tiempo de que te sacudas esa actitud y nuevamente te conviertas en una persona osada, con ganas a tomar riesgos en cualquier ámbito de tu vida. ¿El paso de los años te robó el ímpetu que te permitía ser un líder (en el trabajo, con tu grupo de amigos, en tu propio hogar…)? Pues entonces en tu cartita escribe que quieres ser un sujeto lleno de decisión y personalidad, como cuando eras niño y con tu bicicleta pasabas por todos los charcos de lodo con tal de lucirte enfrente de todas las chicas de tu colonia sin importarte que al llegar a casa tu mamá te pusiera una tunda de antología.

            ¡Pídete lo que quieras, el cielo (y tus miedos) es el límite!

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16-Dec-2015

            Recta final del año. Inevitable que muchos de nosotros, principalmente aquellos que somos proclives a establecernos objetivos y metas por cumplir, nos sentemos por un momento a reflexionar sobre todo lo que nos ha ocurrido (bueno y malo) en este 2015 que está por fenecer. Es el momento de los balances, de ponernos a cuentas con nosotros mismos y concluir, en un muy válido ejercicio de autocrítica, si lo que construimos durante estos 365 años merece entrar a la categoría de lo positivo o de lo negativo.

            Y no se vale gritarle al mundo entero que este año nos fue mal porque tuvimos mala suerte o echarle la culpa a los demás de todas esas cosas feas que nos ocurrieron, porque todos, absolutamente todos, como dice aquella frase cliché, “somos arquitectos de nuestro propio destino”.

            Asimismo, reconocer que nos hemos visto favorecidos en varias situaciones de nuestra vida también merece que lo atribuyamos al esfuerzo, al trabajo, a la disciplina, al sacrificio y a ser 100% entregados a aquellas causas que de manera individual hemos identificado como dignas de esforzarnos por ellas. Buscar y luchar denodadamente por un buen entorno emocional, laboral, material y todo aquello que vale la pena para nuestro propio bienestar definitivamente habla bien de nosotros y del nivel de compromiso que estamos dispuestos a adquirir para ser cada día mejores.

            Puedes hacer balances por medio de una lista mental y repasar una a una todas las circunstancias que afrontaste a lo largo del año; pero también puede sacar una libreta y apuntar todo aquello que consideres haya sido parte de tus planes y ¿por qué no? también aquello que no era parte de ellos pero que indefectiblemente se hizo presente en tu vida. ¿Tuviste un cambio de empleo con una mejora salarial y profesional?, eso va al apartado de las cosas positivas; ¿sufriste una ruptura de pareja, traumática y dolorosa?, eso indudablemente es algo negativo, pero al mismo tiempo aprendiste una lección, pues entonces es parcialmente negativo/parcialmente positivo… aquí si aplica ver el vaso medio vacío o el vaso medio lleno. Lo que sí debe estar prohibido es mirar con indiferencia todo cuanto hemos hecho ¿de acuerdo?

            Hay que ser autocríticos y también exigentes para determinar si este año supera o se quedó corto con los anteriores y también debemos ser lo suficientemente listos como para entender que los balances poco o nada tienen que ver con los  “propósitos de año nuevo”. Estos tienen que ver más con aquellas cosas que deseamos para que nuestra vida mejore y los balances están relacionados más que nada con todo lo que ya forma parte de nuestra vida (lo bueno y lo malo) y lo mucho que nos comprometemos y trabajamos para que se apuntale, cambie o desaparezca.

            Por todo lo anterior, yo les recomiendo que al momento de balancear acciones y circunstancias procuren hacerlo sin caer en comparaciones donde se vea involucrada otra persona (un familiar, un amigo, un adversario). Nuestra vida, tal cual, es única e irrepetible, sus características la vuelven “sólo para nosotros” y no para que la viva alguien más, por lo que la vida de otros tampoco nos encaja a nosotros. No copiemos, no imitemos, ¡seamos originales!

            Si tu balance de este año, en líneas generales, es bueno, ¡adelante!, procura mejorar todo para el año siguiente; y si resultó ser todo lo contrario, negativo o malo, sacúdete toda esa malaria y proyecta un plan de acciones y resultados a corto plazo para que poco a poco veas que los buenos resultados aparecerán sí o sí. Y mientras, nos leemos el año próximo. ¡Felices fiestas y mis mejores deseos para todos!

Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

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09-Dec-2015

            Llegada esta época del año, con sus fiestas, celebraciones, brindis, convivencias, regalos, reuniones, demostraciones de afecto y demás, es fácil pensar que para todos, hombres y mujeres por igual, será muy fácil navegar sobre las plácidas aguas de la felicidad. Sin embargo, lo cierto es que cuando se llega a la recta final del calendario, cuando indefectiblemente nos tenemos que enfrentar a los balances de todo tipo, muchos de nosotros salimos perdiendo al momento de poner en perspectiva lo hecho y lo no hecho, lo que en consecuencia provocará que muchos caigamos en depresión.

            Aceptémoslo, la temporada decembrina no es precisamente miel sobre hojuelas para muchas personas, sino todo lo contrario y eso es perfectamente tangible si revisamos y analizamos que las tasas de suicidios a nivel mundial se disparan precisamente en estas fechas.

            Vivimos en un mundo tan canibalizado en todos los sentidos que cada vez son más las personas que, ya sea por factores internos o externos, lamentablemente no saben cómo reaccionar y cómo actuar cuando intempestivamente se ven forzadas a enfrentar algún tipo de crisis en su vida: una crisis económica provocada por el desempleo; una crisis emocional porque una ruptura (con la pareja) se hizo presente en el momento más inoportuno; una crisis existencial porque no sabemos cuál es nuestro lugar en este mundo…

            Y es que con todo y la algarabía y festividad que flotan en la atmósfera en esta época supuestamente para todos, lo cierto es que desde un plano individual aún muchos de nosotros no sabemos manejar adecuadamente los escenarios de crisis que a diario se presentan en nuestra cotidianeidad. Vivimos tan dependientes de lo cosmético y superficial que muy pocas veces reflexionamos si todo lo que hacemos en el día a día nos está ayudando para fortalecer nuestra personalidad y consolidar nuestra autoestima ante eventuales situaciones de conflicto (con nosotros mismos o con el resto del mundo). Hemos postergado de manera indefinida nuestra madurez emocional a expensas de vivir “el aquí y el ahora” aún y cuando nos hemos convertido en nuestro propio peor enemigo y no cansamos de meternos el pie una y otra vez, impidiendo así nuestro crecimiento.

            Los seres humanos tenemos potencial para alcanzar las proezas inimaginables, pero lamentablemente frecuentemente nos estamos autosaboteando para vivir un estancamiento permanente. Ante la presencia de un reto, como si se tratara de una gran montaña frente a nuestros ojos que tenemos que escalar para acceder a un mayor bienestar, nuestra primera reacción siempre es pensar “no puedo”, “no soy digno”, “esto es imposible”, “no lo merezco”, “esto es demasiado para mi”, sabiendo perfectamente que las oportunidades, si no las tomamos, no se esfuman ni desaparecen, simplemente aparece otro y las aprovecha.

            La fortaleza de mente, de corazón y de espíritu es producto de la disciplina, de comprometernos con nosotros mismos a siempre exigirnos nuestro mejor esfuerzo sin importar con qué tipo de obstáculos nos vamos a enfrentar. Por eso, hoy más que nunca debemos transformar la frase “querer es poder” en “ser es poder”. Si somos, sin importar lo que somos, pero al 100% convencidos de lo que somos, definitivamente vamos a avanzar en todos los aspectos de nuestra vida. El “no” es para los débiles, así que deja de hacerte bullying y decide por ti mismo lo que quieres para ti no en el futuro, sino en el aquí y el ahora.

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02-Dec-2015

            Ya enfilados a toda velocidad en la recta final de un año más de nuestras existencias, muchos de nosotros descubrimos, lamentablemente, que parte inherente de nuestra condición humana consiste en siempre encontrar la manera de autosabotearnos y postergar aquellas cosas que (hayan sido o no parte de los recurridísimos “propósitos de año nuevo”) en algún punto de los 11 meses previos a éste surgieron como parte de nuestro proyecto de desarrollo y crecimiento pero que, por equis o por yé,  no supimos o no pudimos implementar las estrategias adecuadas para concretarlas.

            Obviamente, a la gran mayoría de nosotros esto nos causará una enorme frustración y enojo, en primer lugar porque ver cómo transcurre un año más de nuestras vidas sin poder cristalizar esos anhelos y/o deseos en definitiva forma parte de esa cultura del autosabotaje que ya mencioné. Sin embargo, en un análisis más profundo de lo que ocurre o no ocurre en nuestra cotidianeidad, bien vale la pena hurgar en nuestro interior para buscar y encontrar el origen de todo aquello que provoca que nuestra fuerza de voluntad se convierta en cualquier cosa menos precisamente en una “fuerza”.

            ¿Cuántos de nosotros no quisimos bajar de peso y estar en una mejor forma física (tanto por salud como por estética)?, ¿a quién se le ocurrió, de enero a noviembre, que podría mejorar en el aspecto económico saliendo a conseguir un mejor trabajo y acabó con su mismo empleo, ganando poco y sufriendo de más sin haber movido un solo dedo?, ¿o qué tal aquellos que desearon que su relación de pareja (noviazgo y/o matrimonio) se revitalizara implementando nuevas dinámicas y a la hora de la hora siguieron empantanados en la rutina y en el tedio? Puedo seguir con los ejemplos, pero lo cierto es que no dispongo de tanto espacio y ustedes del tiempo para continuar leyendo…

            Lo cierto es que el ser humano, hombres y mujeres por igual, pese a que estructuralmente (emocional y psicológicamente principalmente) están provistos de las herramientas necesarias para hacer frente a los retos más complejos que uno pueda imaginar, por lo regular termina fracasando en diversos de los objetivos que se plantea y se persigue porque carece de la disciplina y el enfoque adecuados para echar a andar la maquinaria que le ayuda a concretar el éxito. Muchas veces se deja llevar por las modas o por imitar a quienes le rodean sin siquiera cuestionarse de manera elemental si esa meta que pretenden hacer suya REALMENTE es para ellos y les redituará un beneficio tangible, pero sobre todo permanente.

            Por otra parte, la gran mayoría de las personas desconoce que para consolidar una meta de gran envergadura se requiere necesariamente de trazar un plan que los lleve a, mediante la autoevaluación de las fortalezas y debilidades propias, ubicar y alcanzar una serie de metas intermedias a las que se debe llegar en determinado tiempo (que se puede medir en días, semanas y meses) y así erradicar el cansancio (sobre todo mental y emocional) y el aburrimiento que conducen a la frustración.

            Y que quede claro, este espacio jamás pretenderá ser de autoayuda o superación personal, pero me parece que en todos nosotros radican fuerzas gigantescas e imparables que nos permiten alcanzar incluso lo inimaginable ¿no creen? Así que, por favor, olvídense del desagradable “no dejes para mañana, lo que puedas hacer… ¡pasado mañana!”.

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25-Nov-2015

            Los terrenos de la sexualidad humana son particularmente apasionantes, pero también sumamente complejos. Hombres y mujeres, cada uno por su lado y a nivel pareja, presentan en el ejercicio cotidiano de su sexualidad características que los identifican claramente como individuos equilibrados o desequilibrados con respecto a ésta. Y en ciertas ocasiones cuando un individuo, más allá de su género, presenta algunos desajustes para manifestar y experimentar su sexualidad es necesario someterle a una valoración clínica que permita llegar a una conclusión lo suficientemente estudiada para poder emitir un diagnóstico sobre comportamientos más allá de lo considerado natural.

            Bajo este contexto, por generaciones y generaciones nos hemos encontrado con diversos casos de hombres y mujeres cuyo pensar y accionar sexuales pueden ser tomados como claros ejemplos de una hipersexualidad (“adicción al sexo”, “obsesión al sexo”, etcétera) que bien puede afectar por completo su desarrollo en el resto de las facetas de su vida cotidiana.

            El comportamiento sexual compulsivo, de acuerdo a especialistas, se convierte en un problema sumamente serio y complejo cuando, al presentarse, interfiere crítica y profundamente en las actividades diarias de los seres humanos que lo manifiestan, afectando profundamente sus relaciones personales. Y sí, como muchas personas lo han llegado a reconocer en sesiones de grupos de terapia, la adicción sexual es muy similar a ser adicto a algún tipo de droga.

            Esta alteración, el comportamiento sexual compulsivo, se manifiesta a través de distintas formas como puede ser tener relaciones sexuales con distintas personas conocidas o desconocidas, aficionarse a la pornografía por internet, utilizar los servicios telefónicos conocidos como hot-lines o contratar sexoservicios con prostitutas o escorts. Al final del día, todas estas actividades, una en particular o todas combinadas para conformar un complejo cuadro de tratamiento, poco a poco van aumentando en intensidad hasta llegar a ser incontrolables para aquella persona que lo padece.

            La hipersexualidad no se detona de forma independiente. Ésta irrumpe en la cotidianeidad de una persona como consecuencia de ciertas circunstancias que llevan al extremo el estrés de aquel que la padece, como bien puede ser una niñez sometida al abuso físico o sexual, crecer con sentimientos de culpa y vergüenza con respecto al sexo o como producto de una severa depresión que provoca que el sexo sea utilizado como un placebo para llenar el hueco emocional que se está presentando. Aquí el común denominador siempre serán los pensamientos negativos empañando o superando los pensamientos positivos.

            Obviamente cuando el comportamiento sexual compulsivo se hace presente se requiere de acudir con un especialista, porque está comprobado que los esfuerzos individuales no son suficientes para que una persona se recupere de este descontrol, descontrol que puede llevarnos a consecuencias verdaderamente devastadoras como gastar cantidades de dinero impresionantes para satisfacer las necesidades sexuales (repito, es como ser adicto a una droga), contraer alguna enfermedad de transmisión sexual (ETS) y  poner en verdadero riesgo nuestro entorno personal, familiar, laboral y social. Complicado ¿no creen?

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18-Nov-2015

            Se dice (y muy bien dicho, por cierto) que “el ser humano es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra”, aforismo que si bien tiene mucho de verdad, lo cierto es que en muchísimos casos se queda corto porque, tanto hombres como mujeres, a la hora de cometer errores, de toda índole, no solamente los que tienen que ver con relaciones de pareja, solemos repetir patrones que sistemáticamente nos hacen cometer los mismos errores.

            Y créanme, cometer errores no sólo es endémico de gente joven e inexperta. Existen personas adultas que a la hora de hacer un inventario de su vida descubren que por un sinfín de causas y circunstancias su existencia bien pudiera presumirse como un verdadero catálogo de yerros y fracasos cometidos con todo y los años vividos y acumulados.

            Pero, ¿por qué nos volvemos adictos a fracasar y a vivir acompañados del error?, ¿cómo es que podemos ser personas exitosas en algunas facetas de nuestra vida (la familiar, la social, la laboral, la personal, la emocional, la sentimental, etcétera) y siempre tenemos proclividad hacia la falencia en alguna de nuestras áreas de desempeño cotidiano como si viniera impreso en nuestro ADN.

            Los motivos para caer en esta conducta son variados, incluso en un análisis clínico-psicológico profundo nos sorprenderíamos al descubrir que muchas aristas de nuestro comportamiento vienen delimitadas incluso desde antes de nuestro nacimiento. Obviamente, todo tiene un origen y éste se remonta a nuestra niñez, a todo aquello que vivimos en el seno familiar y al tipo de relación que tuvimos con nuestros padres y el resto de nuestros parientes (sobre todo los más cercanos, los hermanos, los abuelos y los tíos). De manera directa e indirecta en ellos recae que en nuestros años de formación nosotros podamos ser personas decididas, tímidas, temerosas, atrevidas, seguras, protagonistas, de bajo perfil, etcétera…

            A partir de lo que asimilamos inicialmente en el seno familiar y posteriormente en el entorno social externo contaremos con diversos elementos para construir nuestra personalidad y, a partir de esta circunstancia, nos conduciremos positiva o negativamente a través de las distintas vivencias que se presenten en nuestra cotidianeidad.

            Lo ideal es que desde la niñez, posteriormente en la adolescencia y al final en nuestra edad adultez todos podamos ser personas con criterio y poder de decisión, independientes y balanceadas en nuestros sentimientos y emociones. Sin embargo, insisto, no todo en la vida de las personas es miel sobre hojuelas y las circunstancias negativas acaban por hacer mella en nuestras vidas. Sufrir bullying en la escuela, vivir humillados en la casa por los padres y/o los hermanos, ser poco apreciados por el jefe y los compañeros de la oficina, no tener una buena comunicación con nuestra pareja… todas estas situaciones allanan el camino para que de manera inconsciente acabemos instalados en el fracaso una y otra vez.

            Hay que ser autocríticos, analíticos y muy asertivos con todo aquello que ocurre a nuestro alrededor. Aquellos que persiguen la perfección no necesariamente son personas vacunadas al fracaso, pero tener seguridad en nosotros mismos siempre nos va a ayudar para poder sortear de mejor manera todos aquellos obstáculos que se interpongan en nuestro camino. ¿No creen?

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11-Nov-2015

            Cuando se habla de las relaciones de pareja difícilmente se aborda el tema desde un punto de vista científico. Por lo regular, desde tiempos ancestrales,  cuando alguien cae enamorado a los pies de alguien nos dejamos llevar por el romanticismo más perfil y afirmamos que se trata de “la obra de cupido”. Sin embargo, en un afán de ponernos serios para entender lo que nos sucede a nivel sentimental-emocional, a veces también sirve dejar de lado cierto tipo de conceptos y creencias para adentrarnos un estudio analítico de lo que ocurre con nuestro organismo cuando alguien nos tiene cacheteando las banquetas.

            Por principio de cuentas, la primera situación a desmenuzar tiene que ver con aquello que nos ocurre al momento que nuestros ojos identifican a alguien que nos llama poderosamente la atención. Aquí el cerebro y sus distintas zonas o áreas juegan un papel preponderante, porque es a través de éstas (el hipotálamo, la corteza prefrontal, el núcleo accumbens, etcétera) que diversos químicos son segregados a grado tal que lo que para muchos pudiera llegar a ser incomprensible, como, por ejemplo, ver a una pareja totalmente dispareja (una chica despampanante con un chico más feo que un coche por abajo o viceversa), para la ciencia tiene una explicación puntual y contundente.

            Recordemos nuestros primeros romances en aquellos días de la secundaria o la preparatoria, cuando nos era prácticamente irresistible poder estar lejos de esa persona que literalmente nos tenía hipnotizad@s con su belleza, su personalidad, su magnetismo y otras tantas gracias que le adjudicábamos sólo por el simple hecho que nos parecía encantador o encantadora. Tu mamá, tu papá, tus hermanos o tus amigos o amigas, muy serios todos por cierto, te cuestionaban “¿Pues qué le ves, si está bien feít@?  y tu montabas en cólera enojándote con todos porque criticaban tus gustos. ¡Ah!, pues eso ocurría por obra y magia de la química cerebral.

            Obviamente, nosotros, completamente anestesiados por el enamoramiento del que éramos presas, jamás hubiéramos imaginado que los “culpables” de semejante estado en el que nos postrábamos serían la serotonina, la dopamina, la oxitocina, la adrenalina y la vasopresina. Sin embargo, lo que hoy en día nos aseguran los llamados estudiosos del amor (científicos especializados en cuestiones neurocerebrales) es que estar enamorados o sentir amor por alguien tiene que ver más con cuestiones del cerebro que con cuestiones del corazón u otro órgano del cuerpo humano.

            Así las cosas, hoy sabemos que gracias a diversos estudios la oxitocina, por ejemplo, es la sustancia que nos dispone a buscar estar acurrucados con nuestra pareja y el bienestar que esto nos provoca. Al momento de abrazarnos con alguien el cerebro libera una descarga de oxitocina y así se detona una conexión emocional con otra persona. Y lo mismo pasa, segundo ejemplo, cuando estamos enamorados, con los cerebros de dos individuos liberando oxitocina en episodios frecuentes que les permiten construir una relación afectiva a largo plazo, derribando así por completo la leyenda urbana de que la oxitocina era protagonista únicamente en episodios de sexo, nacimiento y/o lactancia.

            Pero al ser una hormona que fortalece la memoria social de un área específica del cerebro, la oxitocina no sólo es responsable del detonamiento del amor, el apego y la atracción sexual, también se relaciona estrechamente con situaciones negativas como el miedo, la ansiedad, el estrés y los celos, por lo que se vuelve imperativo que cada vez seamos más capaces de entender a través de la lógica nuestro comportamiento en lo que a relaciones de pareja se refiere ¿no creen?

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04-Nov-2015

            Parte esencial en la vida de todos los seres humanos, hombres y mujeres por igual, son los amigos. Se trata, a grandes rasgos, de esas personas a las que encontramos, en cualquier época de nuestra vida, y con las que descubrimos que tenemos coincidencias, afinidades y empatía… mucha empatía.

            Sin embargo, en las distintas etapas de nuestra vida (la niñez, la adolescencia, la edad adulta) es importante que seamos lo suficientemente inteligentes como para saber el tipo de personas que requerimos allegarnos para encontrar en nuestras amistades factores de suma y no de resta porque, consciente o inconscientemente, muchas veces solemos cegarnos con algunas personas que en lugar de beneficiarnos nos perjudican y esto puede ocurrir a todos los niveles.

            Lo que detona una amistad en primera instancia, lo decía el crítico literario inglés C.S. Lewis, son aquellas cosas que tenemos en común con algunos de nuestros semejantes y para descubrir si existe algún tipo de afinidad con alguien más tan sólo se requiere de una primera impresión en la que repentinamente emitiremos comentarios como “¡Oh!, ¿tu también? creí que yo era el único”, porque al final del día sólo se requiere de algún gusto o alguna idea en común con otro individuo para lograr trabar una amistad que, con un poco de buena suerte y muchos cuidados, pudiera ser perecedera.

            Pero (¡sí, aquí viene el espantoso “pero”!), mucho ojo, porque al momento de elegir a un nuevo amigo no sólo debemos dejarnos llevar por lo emocional o instintivo. Requerimos de mucha inteligencia y análisis para allegarnos a nuevas personas a nuestra vida, porque nunca faltan personalidades conflictivas, egoístas, envidiosas, mentirosas, abusivas y un larguísimo etcétera que están al acecho esperando el momento oportuno para irrumpir en nuestra cotidianeidad y prácticamente hacernos la vida de cuadritos.

            ¿Cómo saber que hemos elegido adecuadamente a una persona para que sea nuestro amigo “para siempre”? Pues, aunque no lo crean, en este asunto tan delicado sí cuenta aplicar el sistema de prueba-error-prueba-error. Porque al igual que con nuestra pareja, tenemos que entender que para forjar una amistad se requiere de una química y una compatibilidad considerables, las cuales conjugadas con una serie de intereses comunes, sin olvidarnos del respeto y la tolerancia (porque incluso entre los amigos suelen presentarse marcadas diferencias de creencias y conceptos, es totalmente válido), nos llevan en el día a día a construir una relación capaz de superar cualquier tipo de controversia y dificultad.

            También hay que considerar, al momento de elegir a una persona candidata a ser nuestro amigo, que aquellas personalidades tóxicas aportan muy pocas cosas positivas a nuestro entorno. Tener cerca a aquellos que viven deprimidos y enojados ciertamente nos convierte, aunque no nos demos cuenta, en imanes de lo negativo y la verdadera relevancia de una amistad es que podamos estar junto a personas con las que nos sentimos seguros y protegidos, ¡como en familia! Y no hay recetas secretas o pócimas mágicas para conseguir un gran amigo, todo se reduce a algo simple: el trato frecuente convierte a los conocidos en amigos. ¡Anímate, pero ten cuidado!

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28-Oct-2015

            Considerada perjudicial y pecaminosa, desde su irrupción, la pornografía acompaña al ser humano, a estas alturas podemos asegurar que a hombres y a mujeres por igual, desde el siglo XVIII, aunque fue en la década de los setenta del siglo pasado cuando verdaderamente explotó y, para bien o para mal, eso depende de los ojos y la mentalidad de quien la esté mirando, nos acompaña prácticamente a diario en nuestra cotidianeidad y en nuestras relaciones de pareja obviamente se hace presente provocando muy distintas circunstancias.

            Sin embargo, por principio de cuentas bien valdría empezar por definir qué es pornografía. Yo sugeriría que dejaran de lado aquella definición que podemos encontrar en cualquier lado, incluso en la Wikipedia o Google, y que nos arroja que, dada la etimología, se trata “de la ilustración de las prostitutas o de la prostitución”. Considero que el más adecuado y atingente es aquel que explica que ésta “refiere a todo aquel material que representa actos sexuales o actos eróticos con el fin de provocar la excitación sexual del receptor” y yo le agregaría “poniendo especial énfasis en la exhibición de los genitales masculino y femenino”.

            Ya aceptada la definición, es pertinente puntualizar que la pornografía, a partir del boom del Internet ha alcanzado niveles de difusión y de aceptación impresionantes, porque lo que antes era de difícil acceso y que sólo se podía conseguir prácticamente de manera clandestina en algunos sitios sumamente lúgubres (los puestos de periódicos no vendían pornografía, sino revistas eróticas de desnudo tipo “Playboy”) hoy lo tenemos al alcance de la mano con un simple “click” a nuestra computadora o a cualquier otro gadget (smartphone, tablet, etcétera).

            Y ante el mastodóntico alcance que la pornografía ha alcanzado en la actualidad, hubiera sido incongruente e inconcebible que ésta no haya impactado las relaciones de pareja. En algunos casos el porno, en sus distintas modalidades (como son el softcore, el mediumcore, el hardcore, el postporn y otras tantas más) suelen convertirse en verdadero complementos y detonantes de la intimidad de una pareja, porque le permite a ambos componentes (el hombre y la mujer) tener a la mano “información” de cómo hacer cierto tipo de posiciones o la manera correcta de realizar, por ejemplo el sexo oral y, por supuesto, también para relajarse y desinhibirse a través de observar juntos algunas revistas, videos o películas. Incluso con la proliferación de las sex-shops en tiempos recientes, establecimientos que definitivamente pertenecen al rubro de la pornografía, las parejas también se vinculan a través de una sexualidad más liberada y menos prejuiciosa.

            Sin embargo, también hay que considerar que un abuso de la pornografía al interior de una relación de pareja puede ser perjudicial en varios sentidos porque, en varios casos hay hombres y mujeres que al no saber diferenciar que todos aquellos materiales pornográficos se fundamentan en las fantasías o cosas irreales, suelen confundirse a grado tal que piensan que todos los hombres y mujeres son capaces de emular y superar aquellas proezas sexuales plasmadas en los materiales porno, lo que definitivamente crea muchísimos problemas (psicológicos, emocionales, sexuales, etcétera) a la relación. Y, obviamente, también existen aquellas situaciones cuando un hombre y una mujer, cada quien por su lado y en un afán por estimularse, le dedica más tiempo a la pornografía que a su intimidad real, porque no se puede tapar el sol con un dedo y negar que en la actualidad hay muchísimas personas que se han vuelto adictas a la pornografía y esta condición les impide tener encuentros de sexo real. ¡Verídico!

            En este tema, como en muchos otros, es muy importante que apliquemos nuestro criterio y que en todo momento reflexionemos que siempre es mejor aplicarla famosa frase de “todo con medida, nada con exceso”.

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21-Oct-2015

            No hay nada mejor en esta vida que, decían nuestras abuelas, vivir en pareja y sentar cabeza. Sin embargo, cuando hombres y mujeres decidimos comprometernos en una relación en la que (supuestamente) se tiene que presentar el ya muy desgastado “…y vivieron muy felices”, no siempre analizamos a profundidad de los pros y los contras que vendrán aparejados una vez que hemos tomado la determinación de involucrarnos con una persona a la que si bien amamos profundamente, a veces no tenemos plena conciencia de la conveniencia o inconveniencia de estar con él/ella.

            En un mundo ideal, vivir en pareja debe ser la máxima expresión de una sociedad/complicidad entre dos personas. A través de afinidades, coincidencias y compatibilidades en el día a día el hombre y la mujer van construyendo un vínculo emocional sólido que uno y otro valoran porque un buen día descubren que su pareja les permite sacar lo mejor de sí mismos y, por ende, esa circunstancia les permite afrontar la cotidianeidad con la motivación suficiente para superarse cada vez en beneficio propio, de su espos@ y de ese “tercero” que es la relación per se.

            Sin embargo, no siempre ocurre así y en múltiples ocasiones hombres y mujeres suelen convertirse en un verdadero dolor de cabeza para sus cónyuges e impiden que, con múltiples actos de sabotaje, puedan crecer y desarrollarse para detonar mejoras tangibles para ambos.

            El machismo, los convencionalismos y los complejos son los principales “aliados” de aquellos hombres y mujeres cuyo modus vivendi es apostarle “a veces siempre, a veces diario” a cortarle las alas a su pareja en cualquier inquietud que éste/ésta manifiestan y que podría significarse en alguna mejoría a su entorno.

            Y las escenas son tan frecuentes como distintas: Un hombre que quisiera una mejor oportunidad laboral, pero que para obtenerla requiere estudiar una maestría, pero su esposa, sabiendo que esto significaría que tendría que buscar tiempo para estudiar y que seguramente lo tomará de aquel que le dedica para estar con ella, termina diciéndole “no, mi vida, ¿para qué quieres cambiar de trabajo?, así estamos bien. Además, ¿otro idioma?, pero si todos en tu empresa hablan español”.

            ¿O qué tal cuando una señora le dice a su marido que ya no se siente a gusto con su figura y que necesita urgentemente inscribirse a un gimnasio para sacarse los kilitos de más, pero éste, celoso energúmeno empedernido, creyendo que seguramente en el club deportivo ella conocerá a otros hombres que la inquietaran con sus figuras curpulentas, le sugiere que mejor se ponga a dieta en la casa y que en lugar de gastar dinero en “esas tonterías”, mejor lo utilicen en hacer un viaje?

            Estos son sólo un par de ejemplos de cómo los hombres y las mujeres se convierten en los peores enemigos de sus parejas, en lugar de ser sus principales impulsores, motivadores y cómplices. Y es que cuando el amor se convierte en un grillete que no concede margen de maniobra para alguien que está involucrado en una relación de pareja mejore en todos sentidos, es porque definitivamente requiere replantearse sobre la conveniencia de estar con una persona que no le permite ser. ¿No creen?

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14-Oct-2015

            Pocos conceptos sociales tan claros y bien definidos como lo es el de la paternidad, el cual se refiere, si nos apegamos única y exclusivamente a lo que señala la antropología social, la cual indica que ésta es considerada como una institución sociocultural de filiación que con el paso del tiempo se ha ido transformando para adaptarse a las distintas civilizaciones y momentos históricos.

            Sin embargo, cuando menos refiriéndonos a una sociedad como la nuestra, la mexicana, la cual sigue siendo eminentemente machista, mientras más avanzamos en cuestiones como, por ejemplo, la equidad y la inclusión, en otras como la paternidad responsable irremediable y lamentablemente estamos presenciando cómo muchos hombres, en este caso a los que se les dice “engendradores”, poco entienden la importancia y la sensibilidad que conlleva ser y actuar dentro de los patrones de la crianza y la educación de los hijos.

            No podemos tapar el sol con un dedo, vivimos en la era de las familias disfuncionales, con una de las dos (y a veces hasta las dos) figuras de autoridad parcial o totalmente ausentes. Sin reflexionar en el inmenso impacto y diferencia que causan en el desarrollo de los hijos, muchísimos hombres se desentienden del trascendental compromiso que implica poner cuidado y atención en todo aquello que atañe el sano crecimiento de sus vástagos y con la mano en la cintura le dan la espalda a la responsabilidad y se desentienden del maravilloso compromiso de ser padres, provocándole severos daños psicológicos y emocionales tanto a las madres como a los niños y adolescentes de los que se desentendieron.

            En un mundo ideal, la paternidad tiene que ser entendida como la relación que los hombres establecen con sus hijos y ésta se fortalece en el día a día con la convivencia y una serie de factores sociales, culturales y afectivos que se van transformando conforme los chicos transitan de la niñez a la adolescencia y hacia la adultez. Lamentablemente, insisto, muchos caballeros renuncian a ésta únicamente al quedarse como meros agentes de procreación, lo que a la larga quebranta y resquebraja ese maravilloso binomio conformado entre papás e hijos.

            No olvidemos que, como reza el aforismo, “infancia es destino” y un niño o una niña con un padre ausente, desentendido de la vital responsabilidad de velar por la educación y el bienestar tanto emocional como material de su hijo en el corto plazo impactará en todos los aspectos de la vida de esta persona que en todo momento requiere de todo tipo de apoyos y que van desde lo afectivo (¡qué bello es observar a un chico o una chica que se desenvuelve sabiendo que su padre está ahí en todo momento para respaldarle!) hasta lo económico, porque la manutención también es un aspecto preponderante en el desarrollo y el crecimiento de una persona que todavía no se puede valer por sí misma.

            No permitamos que los constantes cambios de valores, comportamientos e identidades modifiquen la relación con nuestros hijos. Muchos de los múltiples problemas que afectan a nuestra sociedad, como la delincuencia, en mucho se derivan de individuos que tuvieron una infancia y una adolescencia rotas a causa de un padre ausente e irresponsable. Si vives dentro de un matrimonio involúcrate más en las dinámicas de tus pequeños y si hasta el día de hoy sabes que tienes un hijo y no lo has reconocido, ¿qué esperas para ser un factor positivo de cambio en la vida de alguien?

Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

 

07-Oct-2015

            Inmunizado de aquellos convencionalismos sociales que antaño le exigían, por decirlo de algún modo, salir a buscarse una mujer menor que él para empatar con ella, ya fuera en plan de conquista o en plan serio y formal, el hombre actual ya no se fija tanto en cuestiones de edad para hacerse de compañía femenina y en lugar de eso su expectativa ahora va más allá de esa vieja limitante que en el pasado los hacía sentir señalados por preferir la compañía de una fémina madura.

            Hoy por hoy, el dilema al que se enfrentan los hombres al momento de elegir a una mujer madura en lugar de una jovencita o viceversa, va más allá de cuestiones cronológicas y supera aquellas barreras de índole social que, por ejemplo, enfrentaban nuestros padres y nuestros abuelos al momento de fijarse en una dama contemporánea a ellos o, ¡peor aún! (gritaban seguramente los conservadores) mayor que ellos.

            Cierto, sin importar la edad, históricamente las mujeres entre ellas han protagonizado una competencia encarnizada no sólo para acaparar a los ejemplares masculinos, sino también para demostrarse las unas a las otras que son mejores, algunas anteponiendo su juventud y energía y las otras utilizando como principales armas la madurez y la experiencia.

            Sin embargo, al analizar el comportamiento masculino actual, a partir de la década de los noventa, finales de los ochenta si me permiten ubicarlo con mayor exactitud, queda de manifiesto que las mujeres maduras poco a poco han empezado a ocupar cada vez más y más un espacio preponderante en el gusto y preferencia de aquellos caballeros a quienes superan en edad. Tanto, que el término cougar (que se utiliza para referirnos a una mujer madura que prefiere la compañía de hombres menores a ella) es sumamente popular en varios estratos sociales y cada vez es menos visto de forma recelosa por aquellos que solían condenar este tipo de match.

            Y es que tener como pareja a una mujer madura lleva consigo una serie de ventajas (aunque también sus desventajas, claro está) que le permiten a un hombre llevar su relación de manera más estresada que si estuviera con una muchachita veinteañera. Obviamente me estoy refiriendo a una independencia emocional, familiar, financiera, laboral e incluso sexual que le allanan el camino a un varón a poder planear y llevar su relación con menos presiones: los hijos de su pareja ya no son unos niños, ésta tiene una estabilidad profesional (la mayoría de las veces) y en la intimidad el sexo ya no lleva la etiqueta de que “debe ser para procrear”, entre otros factores.

            Sin embargo, para que una relación hombre joven-mujer madura funcione adecuadamente, la interfecta debe de ser bastante equilibrada psicológicamente para que nada pueda enturbiar el panorama entre ambos. No hay que olvidar que las mujeres vivimos constantemente con la autopresión de que cada día transcurrido su belleza y vitalidad irán minando en beneficio de alguna zorra juvenil que pueda estar al acecho. Igualmente (y esto afecta tanto al hombre como a la mujer), se requiere de una inteligencia emocional bastante alto porque a pesar de la apertura y la aceptación para este tipo de parejas, aún existen varias resistencias de distinto nivel que pueden sembrar la duda en ambos. ¿Por qué?, por que a muchos todavía nos afecta en demasía el qué dirán y las críticas de nuestro primer círculo social (familia y amigos).

            Las jovencitas, hay que reconocerlo, también son seductoras y encantadoras, pero está comprobado que hoy por hoy las maduras van ganando terreno en el gusto masculino y para botón de muestra salgan a la calle y pongan mucha atención en las parejas que caminen cerca de ustedes.

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30-Sep-2015

            El éxito o el fracaso en las relaciones de pareja, tanto los noviazgos como los matrimonios, se finca definitivamente en el alto o bajo nivel de reciprocidad entre sus componentes. Hombres y mujeres saben que, además de la atracción, la afinidad y el amor, ambos deben estar dispuestos a dejar del lado el egoísmo y poner todo de su parte para que todo el tiempo su relación sea una calle de doble sentido o, como en la analogía de un juego de tenis, que todo el tiempo ambos participantes estén regresando la pelota por encima de la red.

            Sin embargo, lamentablemente muchas veces damas y caballeros, confundidos por los conceptos que aprendieron y asimilaron desde su seno familiar, literalmente se tiran a la hamaca y hacen muy poco o casi nada para que su relación prospere y se consolide, creyendo que el trabajo, el compromiso y la responsabilidad deben ser cosa de sólo uno de los dos involucrados en ese binomio emocional-sentimental.

            La mayoría de las veces, sin generalizar claro está, muchas mujeres se desentienden de muchos aspectos concernientes al desarrollo y crecimiento de su relación porque, tras manejar un falso concepto, consideran que hay cosas que sólo corresponde labor del hombre y no de la mujer, lo que permite asomar un patrón machista que en su momento ejerció su madre, anteriormente su abuela, antes de ésta la bisabuela y así…

            Pero en estos tiempos de modernidad y equidad, el rol de hombres y mujeres dentro de una relación de pareja se ha redefinido para dar paso a núcleos más compactos y flexibles en lo referente a sus compromisos y responsabilidades. Porque si antes, por ejemplo en la intimidad, se esperaba que el varón fuera quien tomara la iniciativa para propiciar un encuentro sexual, ahora es más que válido que las chicas tengan una postura sexual más abierta, menos sumisa o pasiva e incluso más dominante que los caballeros. Y eso no las vuelve a ellas en cortesanas o a ellos en pusilánimes.

            Igualmente, en cuestiones hogareñas, antes era menester exclusivo de las señoras que ellas se ocuparan de todo lo concerniente a la administración y buen manejo de la casa. Pero ahora todo eso ha cambiado, por eso no tiene nada malo que nos encontremos con chicos que ayudan a lavar los trastos sucios o a planchar la ropa e incluso cuidar a los hijos mientras ella ha salido a trabajar o a tomar sus clases en la universidad. Nada de esto tiene que volver más femeninos a los hombres ni más masculinas a las mujeres.

            Lo importante es que al momento de conformar una relación de pareja ambos protagonistas asuman un compromiso integral y equitativo para el buen funcionamiento de ésta. Hay que dejar de lado aquellos estereotipos que históricamente nos han dividido y que a la larga afectan terriblemente la comunicación con nuestra pareja. Y para eso sólo se requiere de comunicación, mucha comunicación, y dejar sobre la mesa lo que cada uno espera de esa relación, el grado de compromiso que se requiere de cada uno para que las cosas marchen adecuadamente y que el esfuerzo de ambos sea constante y del mismo tamaño. Si queremos detalles, seamos detallistas; si queremos cariños, seamos cariñosos; si queremos atención, seamos atentos…

            Porque, al final del día, lo que estamos dispuestos a dar (y a darle a nuesta pareja) es lo que vamos a recibir. Prediquemos con el ejemplo. No lo olviden.

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23-Sep-2015

            Seamos sinceros, en la actualidad esas famosísimas frases-cliché que antaño se utilizaban para sentenciar el destino de un matrimonio, como en la salud y en la enfermedad o hasta que la muerte los separe, ya solamente sirven para referenciar situaciones muy poco aplicables a la realidad y que sólo escuchamos cuando acudimos a la celebración de una boda religiosa como parte del discurso del sacerdote que oficia la boda o, en su defecto, en los cuentos de hadas que le leemos a los hijos o a los sobrinos.

            Lamentablemente, las relaciones de pareja de hoy (la gran mayoría, porque no es correcto generalizar) se rigen por preceptos y valores muy distintos a los que manejaban nuestros padres y nuestros abuelos. Tan es así que cada vez es más frecuente enterarnos que un hombre o una mujer abandonaron y/o le solicitaron el divorcio a su esposa o esposo cuando uno de ellos cae en enfermedad o se ve atrapad@ en una crisis económico-financiera, lo que pone en evidencia el poco o nulo amor que se le tiene a la pareja y también la poca resistencia hacia situaciones adversas.

            Lo anterior pone de manifiesto que hombres y mujeres cada vez se rigen por conceptos individualistas y egoístas que los llevan a anteponer su bienestar personal por sobre todas las cosas, olvidándose de que en una relación de pareja se debe ejercer la comprensión y la solidaridad, aún por encima de que aquella persona a la que supuestamente eligieron amar por toda la vida esté atravesando por un momento verdaderamente terrible y requiera de apoyo.

            Y es que enfrentar escenarios complicados, tanto a nivel personal como en pareja, no siempre es bien asimilado por los seres humanos, sobre todo aquellos cuyo carácter todavía no está del todo bien forjado y definido. Por eso, antes de dar un paso tan trascendental como lo es contraer matrimonio, siempre es recomendable conocer lo más a fondo posible a esa persona a la que haremos depositaria de nuestro amor, para no llevarnos sorpresas desagradables.

            ¿Qué va a determinar que podamos compartir nuestro proyecto de vida junto a una persona madura, comprometida y solidaria, que no nos va a abandonar a la mitad del camino apenas se presenten las dificultades? Eso sólo lo podremos saber en la medida en la que la convivencia diaria perfile las aristas de nuestra relación porque, es sólo a través de la cotidianeidad que podremos darnos cuenta si elegimos adecuadamente a nuestr@ espos@.

            Sin embargo, en el día a día, sobre todo en esos episodios complicados que se nos vayan presentando, nos iremos dando cuenta de la clase de pareja que tenemos. La actitud que muestre frente a las adversidades, la serenidad con la que se maneje al momento de tener que tomar decisiones en medio de los problemas, su preocupación por ti y el resto de la familia al momento de proyectar un futuro inmediato con circunstancias complicadas… pero sobre todo la resiliencia de la que pueda echar mano cuando el panorama a corto, mediano y largo plazos te mostrarán si esa persona con la que estás sacará a relucir su lado leal y solidario o si, de plano, enseñará el cobre y te dejará sol@ frente a las adversidades.

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23-Sep-2015

            Seamos sinceros, en la actualidad esas famosísimas frases-cliché que antaño se utilizaban para sentenciar el destino de un matrimonio, como en la salud y en la enfermedad o hasta que la muerte los separe, ya solamente sirven para referenciar situaciones muy poco aplicables a la realidad y que sólo escuchamos cuando acudimos a la celebración de una boda religiosa como parte del discurso del sacerdote que oficia la boda o, en su defecto, en los cuentos de hadas que le leemos a los hijos o a los sobrinos.

            Lamentablemente, las relaciones de pareja de hoy (la gran mayoría, porque no es correcto generalizar) se rigen por preceptos y valores muy distintos a los que manejaban nuestros padres y nuestros abuelos. Tan es así que cada vez es más frecuente enterarnos que un hombre o una mujer abandonaron y/o le solicitaron el divorcio a su esposa o esposo cuando uno de ellos cae en enfermedad o se ve atrapad@ en una crisis económico-financiera, lo que pone en evidencia el poco o nulo amor que se le tiene a la pareja y también la poca resistencia hacia situaciones adversas.

            Lo anterior pone de manifiesto que hombres y mujeres cada vez se rigen por conceptos individualistas y egoístas que los llevan a anteponer su bienestar personal por sobre todas las cosas, olvidándose de que en una relación de pareja se debe ejercer la comprensión y la solidaridad, aún por encima de que aquella persona a la que supuestamente eligieron amar por toda la vida esté atravesando por un momento verdaderamente terrible y requiera de apoyo.

            Y es que enfrentar escenarios complicados, tanto a nivel personal como en pareja, no siempre es bien asimilado por los seres humanos, sobre todo aquellos cuyo carácter todavía no está del todo bien forjado y definido. Por eso, antes de dar un paso tan trascendental como lo es contraer matrimonio, siempre es recomendable conocer lo más a fondo posible a esa persona a la que haremos depositaria de nuestro amor, para no llevarnos sorpresas desagradables.

            ¿Qué va a determinar que podamos compartir nuestro proyecto de vida junto a una persona madura, comprometida y solidaria, que no nos va a abandonar a la mitad del camino apenas se presenten las dificultades? Eso sólo lo podremos saber en la medida en la que la convivencia diaria perfile las aristas de nuestra relación porque, es sólo a través de la cotidianeidad que podremos darnos cuenta si elegimos adecuadamente a nuestr@ espos@.

            Sin embargo, en el día a día, sobre todo en esos episodios complicados que se nos vayan presentando, nos iremos dando cuenta de la clase de pareja que tenemos. La actitud que muestre frente a las adversidades, la serenidad con la que se maneje al momento de tener que tomar decisiones en medio de los problemas, su preocupación por ti y el resto de la familia al momento de proyectar un futuro inmediato con circunstancias complicadas… pero sobre todo la resiliencia de la que pueda echar mano cuando el panorama a corto, mediano y largo plazos te mostrarán si esa persona con la que estás sacará a relucir su lado leal y solidario o si, de plano, enseñará el cobre y te dejará sol@ frente a las adversidades.

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16-Sep-2015

            Reza la sabiduría popular que “cada cabeza es un mundo” y en el universo medico los especialistas aseguran que no existen dos casos idénticos de gripe. Si nos basamos en este par de aforismos, bastante contundentes por cierto, para clasificar o identificar el tipo de relaciones de pareja existentes en la actualidad, seguramente nos quedaremos muy cortos para describir las características que cada uno de nosotros, hombres y mujeres por igual, buscamos no en nuestra pareja, sino en nuestra relación de pareja.

 

            Primero que nada no debemos sustraernos a una verdad irreductible y de lo que ya hemos hablado anteriormente en este espacio: una cosa es el hombre o la mujer de nuestros sueños y otra cosa muy distinta es el hombre o la mujer de nuestra vida y rara vez ambos logran combinarse. Sin embargo, fundamentándonos en la experiencia que nos dejan nuestras experiencias previas y el aprendizaje asimilado indirectamente por aquellas parejas que están cerca de nosotros (nuestros padres, nuestros hermanos mayores, nuestros amigos, etcétera), llega a ser un ejercicio bastante sencillo proyectar el tipo de relación en la que queremos estar involucrados y cuyo hilo rector sea el amor.

 

            Hoy por hoy, todavía hay personas cuya expectativa es unirse en matrimonio con alguien más por todas las de la ley, esto es casados por lo civil y casados por la iglesia. Tener una vida matrimonial enmarcada en esta circunstancia a muchos les da plena certeza de muchas cosas tangibles e intangibles. Sin embargo, no es garantía de que vayan a vivir felices para siempre.

 

            Asimismo, estos tiempos actuales nos presentan las parejas que viven en unión libre, lo que hace algunas décadas era causa de un escándalo y un escarnio social mayúsculos, pero hoy ya no lo es. Estas sociedades suelen funcionar muy bien, con acuerdos bien definidos y una noción clara de que pese a no contar con algún papel legal o religioso que los acredite como marido y mujer tanto uno como el otro asumen su rol con total compromiso. Aunque a decir verdad, muchas personas que viven en unión libre viven con el pensamiento de que su relación bien podría no durar mucho tiempo.

 

            También hay parejas muy modernas y sui géneris que con todo y estar vinculados aunque sea por el civil, por su estilo de vida y respeto a su espacio personal deciden vivir separados, cada uno en su casa y reunirse los fines de semana. Y esta circunstancia no necesaramiente tiene que ir aparejada con inmadurez, irresponsabilidad o libertinaje, porque hay parejas que viven bajo este esquema y jamás han experimentado infidelidad alguna.

 

            Igualmente también debemos considerar a las parejas que deciden tener hijos y también a aquellas que deciden no tenerlos. Cada uno de estos dos núcleos cuenta con peculiaridades muy bien definidas que para ser llevados con éxito se requiere de mucha madurez y compromiso. Y en estos dos rubros también hay parejas que determinan, una vez que sus hijos ya son maduros y emprenden el vuelo, dedicarse al 100% en ellos mismos y se compran una casa de retiro en un lugar apartado de donde viven los hijos o invierten sus ahorros para vivir viajando por todo el mundo permanentemente.

 

            En un nivel de parejas más liberales, también debemos considerar a aquellas que para mantener viva la llama de su pasión deciden incursionar en el mundo swinger, lo que les permite ampliar su espectro sexual sin poner en juego sus sentimientos y así no caer en el tedio y el aburrimiento provocados por la monotonía y el transcurrir de los años.

 

            Pero éstos son tan sólo unos cuantos ejemplos del tipo de relación al que podemos aspirar. Existen muchas alternativas más que de acuerdo a nuestro plan de vida y al de nuestra pareja pueden dar paso a relaciones de características y dinámicas únicas y que al final del día sólo son similares en tres ingredientes elementales: el amor, el respeto y el compromiso.

 

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09-Sep-2015

            Si estás atravesando por la llamada crisis de la edad media y cada vez sientes más y más lejos los años de tu juventud, los cuales te niegas a aceptar que se han ido para nunca más volver y te aferras a ellos a través de revivir una y otra vez aquellas dinámicas que te hacían sentir de espíritu libre y rebelde… es porque definitivamente estás convertido irremediablemente en un chavorruco.

            Solteros, casados o divorciados, los llamados chavorrucos hoy por hoy están convertidos en curiosos ejemplares dignos de ser estudiados a través de la psicología, la sociología y otras ciencias dedicadas a desmenuzar a fondo el comportamiento humano. Y no es porque esta muy sui géneris subespecie masculina recién haya hecho irrupción sobre la faz de la tierra. Nada de eso. Porque la verdad es que aunque el término sea de muy reciente creación, lo cierto es que los chavorrucos están plenamente identificados por allá desde finales de los años cincuenta.

            La crisis de la edad media o la chavorruquez, la terminología sinceramente no es como para crear otro tema de debate, porque lo verdaderamente relevante de este fenómeno va más allá de eso, tiene que ver con cómo los hombres, conforme transcurren los años, van dejando de lado (física, psicológica e incluso emocionalmente) y de manera irremediable e irreversible los irrecuperables años de la juventud y aquellas circunstancias que los volvieron tan valiosos para ellos.

            Al presentarse esta situación, muchos hombres empiezan a involucrarse en dinámicas que podemos encontrar muy similares a las que se presentan cuando existe el síndrome de Peter Pan: inconformes con la mayoría de sus logros alcanzados (materiales, sociales, profesionales, familiares, etcétera) comienzan a allegarse de circunstancias que les permitan recuperar de alguna manera aquellas cosas que los hacían sentirse jóvenes e inmortales como comprarse una motocicleta o una guitarra eléctrica, adquirir un guardarropa muy para chavitos, asistir a lugares identificados como puntos de reunión para los jóvenes, adquirir gusto por deportes extremos, andar en la fiesta interminable aunque al día siguiente no se puedan ni levantar de la cama y, para aquellos hombres que son divorciados, también puede presentarse el fenómeno de que empiezan a salir con mujeres que bien podrían ser sus hijas o, lo que es peor, ¡coquetear con las amigas de sus hijas!

            No tiene nada de malo querer seguir siendo joven, pero es terrible vivir el día a día creyendo que has desperdiciado tu vida y que esto te orille a cambiar tus hábitos y convicciones. Ser 100% genuino, aunque se te esté cayendo el cabello y te haya salido una pancita que ni con gimnasio ni yoga se quiera ir, cuesta demasiado trabajo, sobre todo cuando tu entorno está compuesto de circunstancias artificiales y volátiles. Obviamente, tener una personalidad poco definida y consolidada también incide poderosamente que un individuo se desestabilice emocionalmente y pierda la perspectiva de quién es y dónde está parado. La frustración y la falta de resiliencia, cuando se combinan, pueden provocar que un individuo pierda el balance y se ubique en posición de hacer el ridículo sin darse cuenta.

            Por eso, si piensas que Madonna y Gloria Trevi todavía son cool y están de moda, y te la pasas buscando por todas las tiendas tu modelo favorito de tenis Converse de cuando estabas en la prepa… ¡cuidado!

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02-Sep-2015

            Las relaciones de pareja son como los casos de gripe: no hay una igual. Sin embargo, éstas (me refiero a las relaciones de pareja) se conforman de características y peculiaridades que para funcionar adecuadamente siempre tienen que estar presentes. Una de ellas, que si bien parece sumamente sencilla pero conlleva un elevado grado de complejidad es la referente a saber escuchar a esa persona con la que convivimos, convergemos y coexistimos a diario.

            Es por todos conocido que uno de los procesos más importantes, primero en un noviazgo y después en un matrimonio, es el de la comunicación, porque es a través de éste que hombres y mujeres logramos conocer a profundidad las necesidades emocionales más elementales de nuestra pareja y también por medio de éste logramos transmitir nuestros pensamientos y nuestras emociones.

            Saber escuchar a nuestra pareja es sencillo, pero se requiere de un aprendizaje sumamente complejo. Estudios y estadísticas arrojan que muchísimos noviazgos y matrimonios se han roto porque uno de sus dos componentes, o incluso ambos, desconocen la existencia de técnicas adecuadas para escuchar, interpretar y asimilar los mensajes que les están siendo enviados.

            Cuando sabemos escuchar a nuestra pareja estamos demostrando que esa persona es importante para nosotros. Poner atención a sus palabras, sin importar la relevancia del mensaje, nos ayuda a fortalecer el vínculo emocional, porque de esta manera superamos la desagradable fase del “primero yo, después yo y finalmente yo” para dar paso al ideal del “nosotros”. Además, en todas las etapas de las relaciones de pareja, sobre todo en aquellas que ya están consolidadas, comunicarse exitosamente es de elemental trascendencia para aspirar a la solidez.

            De acuerdo a algunos especialistas, existen siete reglas básicas para aprender a escuchar a nuestra pareja:

            1) Observa el rostro de tu espos@. Si estás haciendo otra cosa déjala por un momento y fija tu mirada en la cara de él/ella; 2) Adopta una posición que denote tu interés en lo que te esté diciendo. Si estás sentad@ inclínate en su dirección y si estás de pie que tu postura sea firme y relajada; 3) Que el lenguaje de tu rostro demuestre que estás interesad@ en lo que escuchas, pero no exageres. Levanta tus cejas, inclina la cabeza para asentir y sonríe si algún comentario lo amerita; 4) No está de más que utilices palabras y frases que refuercen que, efectivamente, estás escuchando atentamente: “entiendo perfectamente”, “¡claro, claro!”, “estoy de acuerdo contigo”, etcétera.

            5) Si hay algo que no comprendas, es válido que hagas preguntas (pero que sean bien pensadas y oportunas), pero que no sean complicadas para que no desconcentres a tu interlocutor; 6) No interrumpas ni contradigas. Es sumamente importante que permitas a tu pareja terminar de expresar sus pensamientos y tampoco quieras hacerle saber que está equivocad@. Expresa tu punto de vista y, 7) Después de que tu pareja termine de hablar, es válido que ahora tú tomes la palabra y expreses algún punto de vista, porque así das la impresión de que pusiste atención y que aquello que te dijo te parecía relevante.

            La próxima vez que sostengas una conversación con tu pareja utiliza estas reglas básicas y te sorprenderás de los resultados.

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26-Aug-2015

            El dilema está presente desde tiempos ancestrales y, por lo tanto, el debate en torno a éste muy complejo tema también ha ocupado los pensamientos y las teorías de aquellos que consideramos “expertos en la materia”. Sin embargo, como cada cabeza es un mundo y en el tema del amor todo aquello que lo envuelve ser sumamente subjetivo,  siempre habrá una interrogante que en todo momento confundirá a los hombres a un grado por demás superlativo:

            La mujer de tus sueños o la mujer de tu vida… ¿a cuál prefieres?

            En serio amigos, no se trata de una pregunta capciosa cuyo objetivo es enloquecerlos para que vivan por los siglos de los siglos sumidos en la confusión. Sin embargo, es muy importante que, considerando la inteligencia emocional con la que cada de uno de ustedes se maneja, puedan atingente, asertiva e inteligentemente tener la capacidad de que se trata de dos mujeres completamente diferentes que muy difícilmente en la cotidianeidad se suelen presentar en una sola.

            Por lo mismo, aquí cabe que todo caballero se cuestione a sí mismo sobre lo que espera de esa mujer a la que considerará “la elegida” y cuáles serán los atributos y/o cualidades que ésta deberá poseer para cubrir determinadas expectativas, las cuales en la mayoría de los casos son fundamentadas en estereotipos superficiales o poco sólidos y que tienen su razón de ser en conceptos banalmente manejados durante los años de la adolescencia y que se colapsan al llegar a la edad adulta, dejando a su paso mucha confusión y depresión. ¡No exagero!

            Muchos hombres, la mayoría, siempre desarrollan en su mente y en su intención determinado tipo de mujer que poco tiene que ver con los aspectos prácticos y tangibles de la vida. Y la culpa de esto se la podemos achacar al machismo con el que fueron educados. Quieren una mujer hacendosa, buena madre, sumisa y servicial; pero al mismo tiempo también la quieren inteligente (de preferencia con título universitario), físicamente similar a Salma Hayek o Sofía Vergara, que no sea celosa y que en la intimidad sea un huracán de fuerza avasallante que los deje sin aliento cada noche.

            Pero (sí, aquí viene el horrible “pero”), ¿qué tan altamente calificado está un hombre para poder ser el compañero ideal de una mujer con estas características? Y voy más lejos: como hombre ¿con qué atributos cuentas para estar a la altura de una mujer así? porque no debemos olvidar que esto del amor, cuando menos en un mundo ideal, debe ser una calle de doble sentido y que el éxito de una relación debe cimentarse en la reciprocidad, la comprensión y el respeto de esa persona a la que hemos elegido como nuestra pareja.

            En los sueños y en la vida real los hombres se encontraran en su camino con todo tipo de mujeres (la madre, la “soyla”, la sensual, la sexy, la ejecutiva, la mosca muerta, la abusiva, la indiferente, la solidaria, la celosa, la inteligente, la manipuladora, la bipolar, la madura, la chantajista, la loca tipo “atracción fatal”, la elegante y distinguida y un kilométrico etcétera). Elegir a aquella con la que emprenderán el largo camino de la vida en pareja no es tarea sencilla, pero a final de cuentas todos deberán tomar en cuenta lo que a sus valores y conceptos les viene mejor, en el entendido de que “lo que buscas es lo que encuentras” y “lo que das es lo que recibes”. ¿No creen?

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19-Aug-2015

            Verdad incontrovertible: las redes sociales llegaron para quedarse y también para redefinir las vidas de todos los seres humanos inmersos en ellas. Y eso incluye sus relaciones de pareja porque, a diferencia del pasado inmediato, antes de su irrupción, difícilmente hombres y mujeres ventilaban con tanta facilidad todo aquello cuanto ocurría en sus noviazgos y matrimonios… mucho menos sus amoríos.

            Sin embargo, impulsados por el entusiasmo y la imprudencia, estamos viviendo una era de completa locura en la que todos sin excepción sentimos una imperiosa necesidad de compartir con conocidos y desconocidos todo cuanto nos sucede con nuestras parejas, sin pensar siquiera en el  enorme daño (muchas veces irreversible) que le podemos provocar a nuestra relación.

            Que si estamos felices, que si estamos tristes, que si ya nos tronaron, que si nos peleamos, que si andamos de viaje, que si estamos rumbo a un restaurante para cenar, que si ya llegamos a la casa de la tía Anacleta para festejar su cumple, que si ya nos acompañó para hacernos el papanicolau, que si vamos al baño y no podemos dejar de pensar en él, que si estamos cumpliendo un año-siete meses-veintidós días-catorce horas de novios o de casados… ¡¡¡todo!!! ¡¡¡todo!!! ¡¡¡todo!!!

            Y lo anterior sólo tiene que ver con los posts escritos o estados, porque cuando se trata de fotografías… ¡trágame tierra!, vamos de ridículo en ridículo exhibiendo nuestras inseguridades y avergonzando al interfecto o a la interfecta como si se tratara de un deporte de alto rendimiento y en el que todos estamos compitiendo por el premio al más cursi, al más imprudente o al más inoportuno.

            Tal pareciera que la consigna es hacer incomodar a grados superlativos a nuestra pareja y todo “en el nombre del amor”, para presumirle al mundo entero que tenemos una pareja y que consciente o inconscientemente estamos presumiendo una posesión sin importarnos que las relaciones se conforman de fundamentos esenciales como son el respeto a la intimidad y a la privacidad de la persona con la que estamos compartiendo nuestra vida. Porque la mayoría de las veces podría parecer un juego inocente e inofensivo estar informando al mundo entero sobre todo lo que hacemos con nuestros novios, esposos o amantes, pero la falta de inteligencia emocional, pero sobre todo de sentido común, puede echar a perder hasta el vínculo más sólido.

            Y, lamentablemente, aseguran los especialistas, este tipo de comportamiento tiene mucho que ver con una personalidad llena de complejos e inseguridades, además pone de manifiesto una gigantesca necesidad de aceptación y reconocimiento originada seguramente por episodios del pasado en los que hubo rupturas, rechazos y fracasos al momento de establecer una relación de pareja.

Muchos de nosotros hemos malentendido y sobredimensionado la utilidad de las llamadas redes sociales en nuestra vida cotidiana. Hemos dejado de verlas como una herramienta que nos puede facilitar muchos aspectos de nuestra cotidianeidad para convertirlas (incluso por encima de nuestro noviazgo o matrimonio) en verdaderas protagonistas de nuestra existencia, sin siquiera pensar en el enorme error que estamos cometiendo al proporcionarles tanto poder.

Si eres una de esas personas que vive y muere sólo para publicar en Facebook todo lo que ocurre en tu vida, ¡ten mucho cuidado!, porque estás cometiendo un gravísimo error. Buscar popularidad y aceptación a expensas de tu relación te puede costar muy caro.

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

 

12-Aug-2015

            Considerado la principal interacción y la muestra de afecto más contundente entre dos personas que se aman, incluso por encima del sexo, el beso juega un papel preponderante en la comunicación y el desarrollo de la pareja, por lo que es algo más (¡muchísimo más!) que un mero acto de presionar nuestros labios contra los de otras personas como una expresión de afecto, de saludo o de amor.

            Asimismo, de acuerdo al psicólogo estadounidense David Coleman, autor del libro “Inteligencia Emocional”, el beso es el único de todos los actos de vinculación afectiva entre los humanos (hablando exclusivamente de las parejas) en los que se utilizan los cinco sentidos, por lo que mientras más tiempo invirtamos en besarnos con la persona a la que amamos, nuestra comunicación sexual será más óptima e intensa.

            Al ser un foco extremadamente sensitivo, por las diversas terminaciones nerviosas que ahí se encuentran y que tienen la principal función de transmitir impulsos eléctricos en el reconocimiento del entorno de algún animal, incluidos el de nosotros los seres humanos, que somos animales racionales, desde tiempos ancestrales el beso es considerado como un elemento cultural y social en la vida humana, ya que surge de un patrón instintivo de nuestro comportamiento, por lo que tiene una función social determinante en el proceso de cortejo.

            Refiriéndonos a nuestra sexualidad no debemos olvidar que el contacto labial involucra la acción nerviosa destinada a la estimulación erógena, la cual se manifiesta a través de impulsos eléctricos producidos por la acción neuronal que se desata cuando entran en acción la piel labial, la zona supralabial, la saliva y la lengua. Esto propicia estimulación nerviosa y el resultado cerebral se traduce en la liberación de oxitocina, dopamina y adrenalina, generando así diversos efectos físicos, como la excitación (la erección del pene y la erección del clítoris son claros ejemplos de ello).

            Entre los diversos tipos de besos, podemos considerar desde los más suaves y/o inocentes hasta los más atrevidos y subidos de tono. En un primer nivel de intensidad podemos considerar los llamados besos de piquito el seco, con el primero caracterizándose por haber apenas un roce de labios, siendo muy rápido y el otro tiene como peculiaridad que tiene una duración de acaso un segundo y anuncia que a futuro podría haber un beso más profundo y atrevido… aunque no siempre es así.

            El beso de succión, no siempre es el favorito de algunas mujeres, sobre todo aquellas que sienten asco o repulsión al momento de que sus labios son succionados con un frenesí incontrolable; enseguida viene el beso mordelón, que consiste en el mordisco mutuo de los labios, principalmente el interior. La consistencia de éste puede conducir a una alta excitación.

            El de lengüita de gato es muy conocido y poco practicado en la actualidad, porque much@s ya lo consideran cursi, pero por sus características se trata de un beso juguetón y sorpresivo, porque cuando uno de los dos protagonistas retira sus labios rápida e intempestivamente da un suave, firme y delicado lengüetazo sobre los labios de la persona amada. La sensación puede ser tan sorpresiva como placentera. ¡Inténtenlo!

            El beso de resorbete ya es para los avanzados y se aplica sorbiendo ambos labios de la pareja y pasando suavemente la lengua sobre ellos y explorando a una profundidad media en la boca de la otra persona. Es como cuando uno está saboreando un suculento helado. Sin embargo, no debemos olvidar que al momento de estar con nuestra pareja los besos pueden aplicar en cualquier parte del cuerpo, no sólo en los labios.

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05-Aug-2015

            En las relaciones de pareja, sobre todo en los matrimonios, es muy común que hombres y mujeres, con el transcurso del tiempo, una vez llegados a una especie de zona de confort tras dar por sentado el amor del otro, empiecen a dejar del lado ciertas actitudes y ciertos comportamientos que formaron parte del cúmulo de características y circunstancias que detonaron el enamoramiento de aquella persona con la que estamos conviviendo, convergiendo y coexistiendo en el día a día.

            Sin embargo, cuando esto ocurre no es porque alguno de los dos componentes de la pareja (aunque en ocasiones pueden ser los dos) ya no ame al otro, simplemente sucede porque en esa parte emocional en la que todavía no somos muy madur@s inconscientemente nuestro yo verdadero sale a flote y se muestra tal cual con sus virtudes y defectos.

            Todos sabemos que durante la fase del enamoramiento, hombres y mujeres por igual, siempre queremos mostrar nuestro mejor rostro, aquellas cosas que nos vuelven encantador@s y cautivantes, muy rara vez permitimos que nuestro lado oscuro aflore porque justamente vivimos inmersos en un periodo en el que estamos conquistando a la otra persona y en cada acción, en cada frase, en cada momento nuestras energías van encaminadas a tener éxito en alcanzar la meta de lograr que esa persona que hemos elegido vea que somos excepcionales, maravillos@s, educad@s, galantes, detallistas, cariños@s, sensibles, amoros@s… ¡todo lo bueno!

            Lo anterior no está nada mal, de hecho es la normalidad dentro de las relaciones de pareja. Pero, siendo sinceros, el noviazgo siempre va envuelto de ciertas peculiaridades y características, mientras que el matrimonio provoca que aflore la verdadera personalidad de los individuos.

            Por eso, no es malo que desde el noviazgo tanto hombres como mujeres nos sometamos al sano ejercicio de mostrarnos tal cual somos, para que la otra persona logre conocernos a plenitud y que no se forme falsas expectativas por actitudes y comportamientos totalmente fingidos que muchas veces maquillan y esconden personalidades sumamente disparejas y conflictivas que rompen totalmente con cualquier compatibilidad, afinidad y empatía.

            Las pequeñas y las grandes diferencias, a final de cuentas, son las que a grandes rasgos delimitan el tipo de relación que vamos a tener con nuestra pareja. En el respeto y la aceptación, de nosotros mismos y del otro, vamos a cimentar el éxito o el fracaso de nuestra relación. Tomar en cuenta el origen, los valores, la ideología, las expectativas, los planes, los sentimientos, los sueños, la personalidad, la individualidad, la vida privada y los espacios propios y de la otra persona, será vital para las aspiraciones de nuestra convivencia conyugal.

            La cotidianeidad siempre será una prueba de fuego para que hombres y mujeres saquen lo mejor de sí mismos en beneficio de sus relaciones. A veces (o, mejor dicho, casi siempre) las presiones diarias nos pondrán en calidad de olla de presión a punto de explotar y eso nos hará llegar a casa con una actitud de buscar no a quien nos la hizo, sino a quien nos la pague, pero eso no debe de ser pretexto para que nos convirtamos en individuos desagradables, groseros, egoístas y desconsiderados con esa persona a la que, no lo olviden, elegimos por voluntad propia para ser parte importante de nuestras vidas.

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29-Jul-2015

            Los actuales ya no se parecen a los tiempos de antes. Y las relaciones de pareja, con todo y que el hilo rector siempre será el amor, igualmente han evolucionado hasta presentarnos binomios de características sociales sumamente interesantes y dignos de ser estudiados. Atrás, pero muy atrás, ya quedaron esas épocas en las que las mujeres les hacíamos caso a nuestras abuelas y nos quedábamos a la espera de un macho alfa, proveedor y digno exponente de las tres efes (feo, fuerte y formal). ¡Nada de eso! La actualidad ahora nos enseña que damas y caballeros, basados en la escala de valores e intereses que manejan, salen a buscar a quien está más apegad@ a su realidad y necesidades.

            No hay vuelta de hoja, estos tiempos modernos nos obligan a analizar detenida y profundamente las virtudes y los defectos de esa persona cuyo potencial de esposo o esposa para, en la medida de lo posible, no empantanarnos con cursilerías y conceptos caducos que nos pueden conducir al fracaso. Y no sólo me refiero al fracaso emocional, sino también al fracaso social y al fracaso financiero porque, a final de cuentas, todos en mayor o menor medida, siempre pensamos y decidimos en base a lo que más nos conviene y (también, ¡no nos engañemos!) en esos recordatorios que a diario nos envía el sentido común a modo de memorándums.

            Por lo mismo, ¿es válido considerar el status laboral/económico/financiero de esa persona con la que queremos compartir el resto de nuestros días? Yo creo que sí, porque a final de cuentas, como dice el refrán, cuando falta el dinero, el amor salta por la ventana y hoy por hoy no existe una pareja de novios en todo el mundo que aspire a vivir un matrimonio holgado y sin sobresaltos materiales. Y no es que uno sea materialista o convenenciero, pero hay que pensar con la cabeza fría y ser prácticos y pragmáticos para no terminar enmarañados en las redes del fracaso como le ocurrió a nuestr@ herman@, a nuestr@ vecin@, a nuestr@ compañer@ de la facultad o a nuestros propios padres.

            Lo anterior nos lleva a ser sumamente cuidadosos al momento de llevar nuestro noviazgo, ya sea con nuestra doncella de cuento o nuestro príncipe azul, porque es durante este periodo en donde nos daremos cuenta cuál es el valor y la importancia que ella/él le dan al dinero y al entorno material. ¿Estamos frente a una persona cuyas ambiciones sólo le permiten aspirar a un trabajo de salario mínimo?, ¿pasamos el tiempo con alguien a quien no le interesa terminar la licenciatura para luego estudiar una maestría y finalmente cursar un doctorado y que esto sea vehículo para aspirar a un mejor de vida?, ¿convivimos a diario gente a la que no le importa despilfarrar el poco o el mucho dinero que le cae en las manos, sin una pizca de instinto previsor?, ¿los sueños o ambiciones de nuestr@ novi@ (¡nuestr@ futur@ espos@!) no pasan, en sus conversaciones, por el tener una casa propia en una zona residencial decente y/o disfrutar de unas merecidas vacaciones en el extranjero o tener un lugar de retiro lo suficientemente acogedor tras presentarse la jubilación?

            Repito, los tiempos han cambiado y los matrimonios actuales bien pueden convertirse en una especie de sociedad en todos los ámbitos en donde el esposo y la esposa se pueden convertir en una especie de socios con ambos luchando hombro con hombro para mejorar la posición económica de la familia. No tiene nada de malo si la esposa desea aportar su granito de arena a la consolidación financiera del matrimonio consiguiendo un buen trabajo y que el marido al verla esforzarse de tal manera duplique su voluntad para no perder ese rol de proveedor… en la medida en la que una pareja pase por menos vicisitudes económicas (¡se los firmo ante notario!) tendrá más oportunidades de reforzar su vínculo emocional.

            Nunca es demasiado tarde para intentar salir de ese eterno estado de crisis en el que viven. La planeación, la solidaridad y la disciplina los pueden llevar muy lejos, por lo que en esta ocasión el tamaño (de la cartera, la cartera de ambos) ¡sí importa… y mucho!

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22-Jul-2015

            Vaya dilema más complejo que se nos presenta a hombres y mujeres por igual en distintas circunstancias y etapas de nuestras vidas, no solamente en las relaciones de pareja: tomar la (muy) difícil decisión, como se dice coloquialmente, de cortar por lo sano y agarrar al toro por los cuernos para pasar a otra etapa de nuestras vidas porque la situación actual ya no nos es conveniente.

 

            Y, repito, salir de la zona de confort o romper con la cotidianeidad de una situación o una circunstancia que ya no nos está permitiendo crecer en ningún aspecto no siempre es sencillo porque, ya sea por comodidad o por miedo, siempre vamos a encontrar alguna manera de encadenarnos a ella aunque nos perjudique terriblemente ya sea en nuestra integridad psicológica, emocional, social o incluso física.

 

            Un matrimonio o un noviazgo, un trabajo, una relación tóxica (de cualquier índole y perfil), una adicción… todo aquello que nos resulta dañino por lo regular suele presentarse en nuestro entorno como una especie de “mal necesario” al que nos acostumbramos principalmente porque no somos capaces de romper con él porque como seres humanos todo el tiempo nos autosaboteamos con infinidad de pretextos.

 

            Sin embargo, no debemos olvidar que todo aquello que nos provoca bienestar o malestar por lo regular depende de nosotros mismos desecharlo o que permanezca para nuestro beneficio o perjuicio. Por lo tanto, requiere de mucha madurez y autodeterminación llegar a un punto en el que nos rebelemos hacia todo aquello que nos mantiene estancados y hundidos en la medianía o la mediocridad.

 

            ¿Llevas muchos años de casad@ y tu espos@, con sus palabras y actitudes, no hace más que minar tu autoestima?; ¿después de tanto tiempo de demostrar tu capacidad y disponibilidad al final le dieron el puesto laboral al que tanto aspirabas a alguien que en apenas tres meses subió de escalafón en tu trabajo?; ¿estás cansad@ de que cada Navidad tus padres (con todo y que tienes ¡40 años!) decidan que toda la familia se reunirá en esa aburrida cabaña que odias desde que cumpliste los 11…?

 

            Los ejemplos son interminables y todos, absolutamente todos, tenemos mínimo uno en nuestras vidas en el que clara y constantemente nos preguntamos ¿o me quedo o me voy?

 

            No hay vuelta de hoja, no queda más remedio que ser valientes y asumir que ha llegado el momento de apretarnos el cinturón y tomar, sí o sí, la difícil decision de que ha llegado la hora de comandar nuestras propias vidas y demostrarnos a nosotros mismos que la única manera de alcanzar la plenitud total es siendo dueñ@s de nuestra propia vida y, por ende, de nuestras propias decisiones.

 

            Nadie quiere compartir su vida con alguien débil de carácter o con poco poder de decisión. Es evidente que uno de los rasgos más trascendentes en una persona totalmente libre es su capacidad de forzar y adaptarse a los cambios, por muy mínimos que éstos luzcan. También está más que claro que el éxito siempre acompaña a aquellos que son lo suficientemente valerosos hasta para decidir de qué color se van a vestir hoy o si quieren ponerse tenis o zapatos. Recuerda que en esta vida nada es absoluto… todo es relativo. Así que tu decides: ¿O te quedas o te vas?

 

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15-Jul-2015

            Con ellos siempre hay un antes y un después, pero una vez que se presentan y causan estragos (la mayoría de las veces irreversibles) ya nada vuelve a ser igual. Se manifiestan tanto en hombres como en mujeres, probablemente en igual porcentaje y transforman al más fino caballero y a la más distinguida dama en monstruos energúmenos capaces hasta de matar. Sí, no exagero.

            Me refiero a los terribles celos, esa emoción enfermiza que hace su aparición cuando un individuo percibe una amenaza hacia algo o alguien que considera de su propiedad y que, de acuerdo a la psicología y al psicoanálisis, éstos son producto natural ante el menor indicio de perder una relación importante para aquel que los experimenta y convierten su vida en un verdadero infierno a causa del sufrimiento que provocan.

            Por lo general, cuando una persona siente celos o es celosa es porque existe un motivo y éste siempre recala en la infidelidad, no hay vuelta de hoja. Porque la persona con la que estamos tiene fama de ser infiel, porque tuvimos una relación previa en la que nos fueron infieles (o nosotros lo fuimos) y porque en la inmediatez se percibe la presencia de alguien a quien podemos considerar un/una intrus@. Sin embargo, cuando esta sospecha o desconfianza rayan en lo enfermizo se presentarán situaciones (todas sumamente desagradables) que la persona con la que se convive está trastornada.

            Este comportamiento se conoce científica y médicamente como celotipia y de acuerdo a los especialistas en el comportamiento humano los celotípicos tienden a ser personas que se dejan llevar y dominar por la pasión, la ansiedad, la neurosis e incluso el sadomasoquismo; pero el hilo rector de todas estas emociones y la característica principal de éstos es la baja autoestima y ésta es capaz de llevarlos en cuestión de segundos del amor al odio y de involucrarse en peligrosos episodios de agresión física y psicológica.

            L@s celos@s son personas que tienen pánico a ser reemplazados y al mismo tiempo afirman no ser merecedores del amor de su pareja, por lo que tienden a sentirse menos que los demás. Además, padecen una gigantesca angustia al dolor, por lo regular quieren adelantarse al dolor que les ocasionará la infidelidad y, por ende, el sufrimiento. Pero lo más importante, el yo de las personas celosas está afectado desde su infancia porque posiblemente fueron testigos del engaño de alguno de sus padres, situación que colapsó su mundo y les ocasionó diversos traumas.

            Por todo esto, tenemos que entender antes que nada que la celotipia es un severo trastorno mental, porque ésta ya no tiene nada que ver con esa insignificante inseguridad que podemos sentir con respecto al amor que nos tiene nuestra pareja; la celotipia es un trastorno delirante que ocasiona ideas delirantes… sí, para qué darle más rodeos al asunto, se trata de paranoia y aquellos que la padecen inmediatamente requieren de ayuda profesional, porque sin apoyo de esta índole es muy complicado superarla.

            Si verdaderamente te amas a ti mism@ y amas a tu pareja, por el bien de tu relación y de todos aquellos que te rodean, procura controlar tus celos y si no puedes lograrlo tú sol@, externa lo que estas sintiendo y pide ayuda.

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08-Jul-2015

            Emplazarnos a cualquier actividad de nuestra vida, incluidas nuestras relaciones sentimentales, a saber distinguir lo que estamos sintiendo justo en el momento en el que lo estamos experimentando, no es cosa sencilla. Es más, la gran mayoría de los conflictos existenciales que nos aquejan a hombres y mujeres por igual estoy segura que se derivan de nuestra incapacidad por el desconocimiento (parcial o total) de aquello que nos preocupa, nos inquieta o nos estresa.

            Un claro ejemplo de lo anterior, aunque botones de muestra hay infinidad, tiene que ver con la precaución y/o el miedo, dos sentimientos o circunstancias a las que frecuentemente nos enfrentamos en nuestra vida diaria y a las que en definitiva muchas veces no sabemos distinguirlas una de la otra. Es más, la gran mayoría de las personas, más allá de su entorno, no poseen la capacidad para desmenuzar atingente y asertivamente a una persona precavida de una miedosa.

            Primigeniamente, tanto la precaución como el miedo se fundamentan de una emoción negativa. Pero para entender esto lo primero que debemos hacer es comprender que éstos no son sinónimos y que experimentar, ya sea uno o la otra, es totalmente intrínseco de nuestra condición humana porque, sin importar nuestra edad, nuestro género y nuestra circunstancia, absolutamente tod@s en algún punto de nuestras vidas vamos a sentir miedo y también la necesidad de ser precavidos.

            Sin embargo, aquí viene una muy importante situación que hace muy diferente a estos dos. Por lo regular, el miedo proviene del desconocimiento y la precaución se deriva del conocimiento. ¿Cómo es esto? Simple. Sentirnos temerosos casi siempre tiene relación a algo que ignoramos (ejemplo: si vemos una flama en la estufa e ignoramos lo que es, en una primera instancia no nos acercaremos a ella a tocarla porque no tenemos el conocimiento de lo que es, qué hace y para qué sirve); y el ser precavidos es consecuencia, aunque no siempre, de la experiencia adquirida (ejemplo complementario: evitaré tocar esa flama que sale de la estufa porque en una ocasión anterior me acerqué a tocarla, me quemó, eso me dolió y no quiero volver a sentir eso).

            De la misma manera funcionamos y operamos en todo aquello que tiene que ver con nuestras relaciones interpersonales, incluidas las sentimentales. Tenemos la capacidad de asombrarnos y entusiasmarnos cuando transitamos por terrenos desconocidos, nos vamos enamorando gradualmente y en la medida en que somos correspondidos o rechazados nos formamos una especie de mapa emocional en el que evitamos cualquier situación en la cual podamos estar expuestos a que nos lastimen. Y una vez que hemos acumulado experiencia (y, ¿por qué no? también fracasos), en relaciones posteriores nos la vamos tomando con más calma y de manera mesurada nos autoimponemos límites para no repetir los sinsabores previos.

            Sentir miedo y ser precavidos es totalmente entendible y natural. Pero ser miedosos todo el tiempo, paralizarnos ante cualquier circunstancia que pudiera traducirse en algún tipo de dolor hacia nosotros, puede convertirse en un verdadero problema para crecer emocionalmente. Sin embargo, ser precavidos (siempre o la mayoría de las veces) nos pone un escalón arriba en la búsqueda de la madurez.

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01-Jul-2015

            Para que un hombre y una mujer se puedan conectar, a cualquier nivel, se requiere de un ingrediente casi mágico del que muy pocos sabemos cómo es que funciona a ciencia cierta. Me refiero a la afinidad, la cual, a medida que la relación va siendo más compleja y vinculada, requiere de ser más y mejor definida, sobre todo si a lo que aspiramos es a tener éxito principalmente en nuestras relaciones de pareja.

            Sin embargo, cuando nos estamos refiriendo al macrocosmos que se forja, primero en un noviazgo y posteriormente en un matrimonio, es muy importante intentar comprender cómo es que ese lazo, casi siempre invisible e intangible, pero irrefutablemente existente, nos permite alcanzar un nivel de entendimiento extraordinario con esa persona a la que elegimos para compartir nuestras vidas.

            Antes que nada debemos desechar pensamientos ñoños y superficiales con los que queremos fundamentar y justificar nuestras decisiones más importantes. La afinidad va más allá de que “a él/ella le gusten los atardeceres tanto como a mí”,  que “a los dos siempre nos han dado miedo las arañas” o que “¡es increíble, cuando estamos deprimidos a los dos nos encanta ir de compras”. Nada de eso. Por principio de cuentas tenemos que aprender a identificar las coincidencias, que son una cosa y la afinidad, que es otra… totalmente distinta.

            Refiriéndonos exclusivamente a las parejas, existen tres tipos de afinidad: 1) La afinidad física-atracción física; 2) La afinidad intelectual y social, y 3) La afinidad interna-conexión interna.

            La primera se detona cuando dos sujetos (un hombre y una mujer, en la mayoría de los casos) se identifican por primera vez y se encuentran atractivos el uno al otro, lo que provoca una química que los impulsa a quererse volver a ver para conocerse mejor y compartir momentos juntos. Pero, ojo, esta afinidad suele ser sumamente engañosa, porque dura muy poco tiempo, por lo que debes tener mucho cuidado si quieres construir una relación basándote en esta clase de afinidad. El enamoramiento físico nos tiende muchas trampas y una de ellas es hacernos creer que somos afines a alguien cuando no lo somos.

            La segunda clase de afinidad cuando ocurre el intercambio de ideas y conceptos, y la pareja descubre que existe similitud en sus intereses, que pueden ser culturales, intelectuales, sociales, personales e incluso sexuales. Y no es necesario que sean idénticos o similares, sino complementarios, aunque esta clase de afinidad, que posee una base más firme, no necesariamente augurará felicidad y estabilidad en el futuro a largo plazo de una pareja.

            La tercera y última afinidad, probablemente la más importante de todas, es aquella cuando las metas, los ideales y los propósitos que tiene cada ser humano, así como su manera de alcanzarlos, tienen una gran concordancia y similitud con la otra persona. Aquí es cuando hombres y mujeres alcanzan una admirable capacidad para llenar todos esos vacíos que causan las dos primeras afinidades a las que me referí, puesto que ésta se fundamenta en los principios y los valores de cada individuo.

            Sin embargo, no deben olvidar en ningún momento que la comunicación (verbal y no verbal), la aceptación del uno por el otro, amar sin esperar nada a cambio, olvidar las imposiciones y, sobre todo, apreciar cada detalle de su relación, serán ingredientes trascendentales para consolidar esa afinidad que conduce al respeto y a la madurez.

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24-Jun-2015

            Me imagino que así como existen “Los monólogos de la vagina”, creación de la feminista estadounidense Eve Ensler, en alguna parte del mundo, o quizá en varias ¿por qué no?, bien podrían darse convenciones o asambleas de penes en las que definitivamente el común denominador de las conversaciones entre éstos gira en torno a su eficiencia y atingencia para dar placer a esas vaginas rebeldes que hoy por hoy parecieran ser autosuficientes y hasta restrictivas con los pobres falos masculinos.

            Los hay de todos los tamaños y formas imaginables (incluso inimaginables): largos, pequeños, gruesos, delgados, rosados, morenos, circuncidados, con prepucio incluido, rectos como una regla geométrica o ligeramente torcidos como una rama de un árbol… lo cierto es que en pleno Siglo XXI seguimos viviendo inmers@s en el mito de que el órgano reproductor masculino debe y tiene que ser el protagonista de la intimidad sexual en la pareja.

            Sin embargo, al vivir en una época en la que hemos genitalizado exageradamente nuestra sexualidad, dándole una importancia superlativa tanto a las vaginas como a los penes, lamentablemente hemos llegado a un punto en el que millones de hombres y mujeres vivimos con la falsa y equivocada idea de que para tener una sexualidad plena siempre debe existir el coito y que la penetración es la máxima expresión de ésta.

            Falso.

            Tenemos que aprender, no solamente en lo referente a la sexualidad sino a cualquier aspecto de nuestra cotidianeidad, que todo en esta vida es relativo y que nada es absoluto. Para eso tenemos, vía la sabiduría popular, un par de refranes que ejemplifican a la perfección el tema que hoy nos ocupa: “en gusto se rompen géneros” y “en la variedad está el gusto”.

            Cierto, hay muchísimos hombres que por una cuestión de autoestima consideran esencial poseer un pene de gran tamaño, pero por lo mismo también existen muchísimas mujeres que antes de un miembro de dimensiones considerables es preferible que su amante tenga un buen desempeño general en la intimidad, dejando en un segundo término el tamaño del órgano de su compañero sexual. Lo importante aquí es autocuestionarnos, como hombres y como mujeres, sobre lo que esperamos al momento de tener una relación sexual: reafirmar nuestro ego o sentirnos satisfechos por el nivel de comunicación y placer que alcanzamos y que le hacemos alcanzar a nuestra pareja.

            ¿El tamaño sí importa?, es la pregunta que durante décadas se han hecho millones de hombres a la hora de afrontar su propia sexualidad. Lo cierto es que la respuesta a este cuestionamiento es sumamente ambigua: sí y no. Pero lo que es contundente a la hora de evaluar las preferencias de las mujeres con respecto a las dimensiones fálicas de sus compañeros sexuales es que la gran mayoría estaría más que feliz con un hombre eficiente, buen amante, nada egoísta y complaciente más allá del tamaño de su pene. ¿Por qué?, porque simplemente en la mayoría de los casos, un pene enorme torpemente utilizado más que dar placer lo que provoca es un inmenso dolor y una terrible incomodidad, además de que siempre es preferible pensar que los órganos reproductores, tanto el masculino como el femenino, son sólo una parte de un todo dentro de la sexualidad humana y no los protagonistas principales de ésta.

            En conclusión, el tamaño no lo es todo… ¿o si?

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17-Jun-2015

            Bien dice la canción, y dice bien, que la costumbre es más fuerte que el amor. Sin embargo, hombres y mujeres inmersos en las plácidas y turbulentas aguas del matrimonio, con el transcurrir de los años, lamentablemente van perdiendo el interés por su pareja y poco a poco se van alejando de ella en todos los sentidos, hasta verse en la triste encrucijada de tener que tomar una decisión relativa a continuar con su monótona y aburrida relación acabar terminantemente con ésta.

            Pero, no se crean, no es fácil acabar con una relación de años, tampoco lo es enfrentarse a la compleja situación de pararse frente al esposo o la esposa y decirle “ya no voy más” y lidiar con todo lo que sigue después de esta escena. Y es que para much@s no es nada sencillo romper con una serie de circunstancias que han sido parte de nuestra cotidianeidad durante varios años. Es más, una vez que se ha acabado el amor por la pareja, muchas personas reconocen que a pesar de ello les resulta sumamente difícil desprenderse, sobre todo porque no encuentran la manera de hacerse a un lado porque, en muchísimos casos, ya se han acostumbrado a convivir bajo el mismo techo con una persona a la que ya no aman, que ya no les atrae sexualmente y con quien ya no tienen ninguna coincidencia.

            Y un claro ejemplo de lo anterior, segura estoy que much@s de ustedes lo han vivido muy de cerca, se sintetiza con un el deprimente argumento de “es que seguimos juntos por nuestros hijos”.

            ¡¡¡¿¿¿Y qué hay que hay de ustedes, de su crecimiento, de su desarrollo, de sus sueños, de sus expectativas, de sus anhelos, de sus planes futuros???!!!

            Reconozcámoslo, el …y vivieron juntos felices para siempre de los cuentos de hadas muy difícilmente se puede replicar en la vida real. Cultivar una relación de pareja, hacerla crecer, que rinda frutos, es sumamente complicado. Cuando nos enamoramos de nuestra mejor amiga de la preparatoria, nos vamos a la facultad con ella, a media carrera proyectamos que bien podría ser una buena esposa y que queremos casarnos con ella para vivir a su lado el resto de nuestras vidas no siempre resulta como lo proyectamos en nuestra mente. Todos vamos al altar o al registro civil con la ilusión y con la convicción de que el matrimonio es para toda la vida, pero a veces el éxito y las circunstancias no están de nuestro lado para llevar a buen puerto nuestra proyección. Y, entonces, ¿qué se hace en casos así?, ¿nos aguantamos como los meros machos y seguimos con una relación que en el trayecto nos va a traer amarguras, tristezas, frustraciones, autodestrucción, violencia intrafamiliar?

            Los actuales, afortunadamente, son tiempos muy distintos a los que vivieron nuestros padres y nuestros abuelos. Los convencionalismos sociales cada vez son menos asfixiantes y las generaciones actuales poco a poco han ido entendiendo que si las cosas no funcionan entre una pareja no es necesario encadenarse a ella para siempre, lo que conlleva muchísimas malas situaciones. Cuando un par de personas acaban creciendo cada una hacia lados diferentes y ya no hay coincidencias y compatibilidad entre ellas, lo más recomendable es recurrir al diálogo y tratar de encontrar soluciones prácticas para ambos. El borrón y cuenta nueva sí es posible en las relaciones de pareja. En algunas ocasiones se podrá hacer un alto en el camino y luchar para rescatar nuestro matrimonio; pero en otras eso ya no podrá ser posible, por lo que será necesario comportarse madura y civilizadamente para ponerle punto final a esa situación y seguir adelante.

            Aunque cueste trabajo, ¿no creen?

Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

 

10-Jun-2015

            Tener la sensibilidad, la atingencia e incluso la diplomacia para decir y hacer lo correcto en la intimidad junto a nuestra pareja (novi@ o espos@) no es nada sencillo. A veces, llegar a un nivel de confianza y de conocimiento del otro, incluso cuando damos por sentados los pensamientos y las emociones de esa persona a la que amamos podemos, consciente o inconscientemente, con nuestras palabras y acciones, lastimarl@ irreversiblemente y, de paso, también afectar severamente nuestra relación.

            Prácticamente todo lo que hacemos en nuestra vida diaria, incluida la interacción íntimo-sexual con la pareja, lleva implícito un proceso de comunicación que bien puede ser a través del diálogo y la conversación o también por medio de una especie de lenguaje en el que ya no es necesario recurrir a las palabras porque las miradas, los gestos o las caricias se convierten en protagonistas.

            Sin embargo, así como hemos logrado desarrollar cierta sensibilidad y conocimiento para saber qué es lo que le agrada a nuestra pareja en el terreno sexual, también, la mayoría de los casos por egoísmo, hemos permitido que por medio de las palabras y falta de tacto nuestra intimidad se deteriore porque, abusando de la confianza, decimos cosas terribles en los momentos más inoportunos, carcomiendo a niveles inimaginables la autoestima del hombre o la mujer con quienes compartimos la alcoba.

            Y en ese decir cosas inconveniente créanme que no todo el tiempo somos conscientes que estamos afectando o lastimando a la otra persona. Inclusive podemos hacer algún comentario que a nosotros nos puede parecer inofensivo, pero que en el ánimo del otro resulta devastador. ¿Un par de ejemplos, señoras? Decirle a nuestro esposo “no me importa que no estés como esos tipos del gimnasio, me encantas con esa pancita” o “no cabe duda que están equivocados aquellos que aseguran que el tamaño importa, ¿verdad, mi amor?”.

            ¡Boom!

            Igualmente los hombres también suelen ser sumamente hirientes sin saberlo (o ¿si lo sabrán?). ¿Qué tal si en pleno trance amatorio, en cierta postura sexual muy recurrida, se le ocurre decirle a su mujer “pues a mi me parece que la celulitis te hace ver muy real” o “mira mi vida, te está saliendo un lunar con todo y pelos justo en medio de la espalda”?

            ¡Demoledor!

            Amig@s, tenemos que ser sumamente cuidados@s para que nuestra lengua no afecte las dinámicas que tanto disfrutamos en la cama al lado de nuestra pareja. El hecho de llevar cinco, 10, 15 o 20 años de matrimonio no nos exime de poner empeño en hacer sentir bien a nuestr@s novi@s o espos@s. Por lo mismo, es sumamente trascendental que hagan de la comunicación a su principal aliado, porque es evidente que el paso de los años nos afecta a todos, quizá a algunos más que a otros, pero irreductiblemente ese mismo transcurrir de los años nos debe volver individuos más sensibles, más perceptivos, más comprensivos, más cariñosos y más educados con respecto a nuestra pareja.

            Inténtenlo y ahí me cuentan como les fue…

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03-Jun-2015

            Pareciera que se tratara de una epidemia, porque somos millones los que estamos infectados de ella. No importa que las circunstancias que conforman nuestra existencia sean adecuadas y positivas; igualmente cualquier logro alcanzado, de cualquier índole, luce insuficiente ante la siempre inconforme actitud que muestran hacia la vida porque, como si fuera una enfermedad crónica, las 24 horas del día estamos buscando cualquier pretexto para autosabotearnos ante la irreductible y contundente verdad de que en esta vida es imposible tenerlo todo.

            Se trata de l@s insatisfech@s.

            Son personas que, de acuerdo al psicoanálisis, se muestran patológicamente apegadas, todo el tiempo, a la frustración y a la inconformidad. Frecuentemente estamos recurriendo a múltiples satisfactores (materiales, mentales, emocionales, sexuales…) para sentirnos más plenos y satisfechos, pero la realidad es que los resultados que obtenemos en esa búsqueda son poco convincentes y eso se fundamenta a que interiormente estamos vacíos y aquello que consideramos puede “llenarnos” son elementos que sólo alimentan lo superfluo.

            Ciertamente vivimos en un mundo en donde es positivo ser ambiciosos y competitivos, pero también, por salud mental, es de vital importancia que nuestras ambiciones y nuestro sentido de competitividad tengan un límite fundamentado en nuestras capacidad individuales. Es verdad que todo el tiempo requerimos, es una condición humana irrenunciable, ser aceptados y valorados por nosotros mismos y por los demás. Y aquí es donde vienen aparejadas las necesidades sociales, las cuales entendemos como: a) La motivación de logro, b) La motivación de poder y c) La motivación de afiliación, que tienen que ver con el afán de superación, la necesidad de dejar huella y la necesidad de pertenecer a algún grupo, respectivamente, y en base a estos tres, definimos nuestros patrones de ambición.

            ¿Por qué una mujer entra una zapatería, compra un par de zapatillas y decide comprarse una que le aprieten cuando podía comprarse unos cómodos y a la medida?, ¿por qué otra mujer acepta una relación de noviazgo con un hombre incapaz de proporcionarle el placer suficiente que le permita  tener un orgasmo cuando recientemente dio por terminada una relación con alguien con quien se complementaba sexualmente al 100%?, ¿por qué un hombre se casa con una mujer que a diario lo humilla en distintos sentidos tal y como lo hacía su madre durante su niñez y su adolescencia cuando tuvo la misma oportunidad de contraer matrimonio con una muchacha de perfil opuesto a ese patrón castrante que tanto le hizo daño?

            Las respuestas a estas y otras interrogantes son sumamente sencillas y todas tienen que ver al simple hecho de que nuestro estado egoísta innato jamás nos  permite estar completamente satisfechos y felices. No estar satisfechos, hasta cierto nivel, nos permite estar en constante movimiento y nos ayuda a buscar esa evolución que requerimos todos los seres humanos, pero cuando esta insatisfacción se convierte en algo enfermizo y en un ingrediente que sólo nos aporta malestar, incapacidad, frustración y dolor, ya es momento de poner un alto en el camino e incluso de pedir ayuda profesional. Buscar el éxito material, competir con otros para ver quien logra ser el más conquistador de mujeres, apuntar nuestros esfuerzos hacia objetivos poco duraderos, involucrarnos en dinámicas superfluas, poco a poco causará estragos en nuestra persona a todo nivel.

            Tu decides.

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29-May-2015

            Parte importante, por no decir sumamente trascendental, de la intimidad de las parejas y, por supuesto, también del hombre y de la mujer por separado, los juegos sexuales o eróticos estimulan simultáneamente tanto al cuerpo como a la mente. No debemos olvidar que no hay órgano sexual más poderoso que nuestro cerebro, razón por la cual no debemos dejarlos fuera nunca de nuestra cotidianeidad sexual.

            Vivimos días vertiginosos donde el estrés y las responsabilidades nos aniquilan física y emocionalmente, lo que provoca que la convivencia con nuestras parejas se vea severamente afectada y eso incluye la sexualidad. Hay ocasiones en que al llegar a casa prácticamente no queremos saber absolutamente nada de nada, sólo queremos arrojarnos a nuestra cama, cerrar los ojos y olvidarnos de todo, situación que poco a poco nos va alejando de nuestra pareja y también va mermando nuestra capacidad de vincularnos con ella sexualmente hablando.

            Los besos, las caricias, las palabras incitantes, la situaciones sexis y los llamados juegos de rol obviamente se van quedando rezagados cuando hay situaciones y circunstancias cotidianas que nos obligan a ubicar al sexo cada vez más abajo en nuestra lista de prioridades individuales y de pareja. Por eso, siempre es importante que podamos darnos un tiempo, siquiera unos cuantos minutos, para desconectarnos de la realidad y dejar que sea nuestra zona erógena más importante (nuestra mente) la que ocupe el asiento de conductor.

            Tomando en cuenta la comunicación que tengamos con nuestr@ novi@ o nuestr@ espos@ podemos implementar en nuestra intimidad varias situaciones encaminadas a detonar nuestro libido y así estrechar el vínculo emocional y sexual que tenemos con aquella persona a la que amamos. A veces puede funcionar, por ejemplo, inventar una situación en la que tú y él/ella son un par de desconocidos que se conocen en un restaurante, un bar y una discoteca, fingir que no se conocen y erotizarse el uno al otro. Acercarse poco a poco, incluso inventarse un par de nombres, vestir de manera provocativa y sensual… hasta acabar en un hotel o un motel impulsados por la pasión.

            Otro juego que les podría funcionar muy bien sería realizar algún juego de mesa con un matiz erótico (¿qué tal un póquer?), acompañado de velas, vino, ropa y un bol donde previamente hayan apuntado en un papelito varias actividades sexuales que les agraden a cada uno (besos en la espalda, sexo oral, alguna posición en específico, etcétera) y cada vez que uno gane elija un papel del bol y el que pierda se someta a los deseos a los del otro. ¡Es un juego de ganar-ganar!

            Los disfraces también son una alternativa sumamente recurrida y logran tener un efecto sumamente efectivo, sobre todo en los hombres. Afortunadamente en la actualidad ya existen por todos lados muchísimas sex-shop en las que pueden elegir atuendos que van de lo sencillo a lo espectacular a precios sumamente razonables. Imagínense disfrazados de enfermera, de pirata, de colegiala, de cazador de safari, de súper héroe… ¡el cielo es el límite!

            También los juegos de dominación suelen ser recurrentes en algunas parejas y aquí bien pueden entrar en acción diversos utensilios o implementos que les ayuden a llevar a cabo de manera exitosa esta muy interesante práctica. Corbatas, esposas, pañuelos, cualquier cosa que les pueda servir para atar y vendar los ojos de su pareja… aquí el chiste es jugar con la paciencia y la desesperación hasta que alguno ya no pueda más, siempre y cuando ambos estén de acuerdo y cuidando en todo momento uno del otro. ¿Quieren agregar algún elemento “comestible” a esta práctica? Incorporen fresas, crema batida, chocolate líquido, ¡lo que se les antoje!

            Ahí me platican cómo les fue.

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20-May-2015

            ¿Qué es una sonrisa? Simplemente es la mejor forma de presentación que podemos tener cualquiera de nosotros.

 

Sin embargo esto no siempre pasa así, ya que en muchas ocasiones incluso demuestra inseguridad y enfermedad.

 

En realidad en valor de una sonrisa va mucho más allá de una simple muestra momentánea de felicidad, ya que no sólo está conformada de dos labios en lo que por cierto, dependen importantemente de la forma de las encías de una persona, de 32 dientes, así como de contextos psicológicos que influencian la misma sonrisa y que en contra parte, son influenciados por el tipo de la sonrisa que las personas tienen.

 

En cuanto a las encías podemos decir que dependiendo del tamaño y forma de éstas, así como del estado de salud en el que se encuentran, denotarán una muy buena imagen o una inadecuada sonrisa. Hay personas que al sonreír, por ejemplo, en lugar de mostrar los dientes superiores (los dientes inferiores en una sonrisa prácticamente no se deben de ver) muestran sólo sus encías superiores y esto no es muy agradable.

 

En algunos otros casos las encías se inflaman y sangran debido a un mal conocido como enfermedad periodontal. Todo esto es importante señalar que es posible corregir con un adecuado diagnóstico y tratamientos.

 

Con respecto a los dientes, es importante tenerlos en su totalidad y no sólo bien alineados sino además en perfecto estado de salud, esto por su integridad y por el mal aliento (halitosis) que pueden generar la caries y la enfermedad anteriormente nombrada (enfermedad periodontal).

 

Por otro lado la sonrisa, influye poderosamenteen la personalidad de todas las personas y como muestra basta ver la relación que éstas guardan con el liderazgo.

Todos pensamos que de una manera u otra somos líderes, sin embargo en realidad hasta los verdaderos líderes son seguidores. Es más solemos tener mayor afinidad y por tanto seguir más a los que sonríen más y que cuentan con una bella sonrisa. Basta con decir que si alguien sonríe, los demás sonreímos, pues ésta es tan poderosa que al seducirnos nos dejamos influenciar y con ésta influenciamos a los demás.

 

            La sonrisa es el resultado de un comportamiento reflexivo de los seres humanos, cuando bostezamos, los demás bostezan, al sonreír, los demás sonríen también, es más basta con pensar en bostezar o en sonreír para sentir la necesidad de hacerlo, y es que este comportamiento reflexivo se genera en la parte media inferior del bulbo raquídeo (parte del cerebro) que es donde se controlan funciones autómatas, tales como la respiración, ritmo cardiaco y la presión arterial.

 

La sonrisa además de ser una muestra importante de seducción y de atracción, es una importante muestra de emotividad y por lo tanto de salud y felicidad, al grado que si queremos incluso saber si una persona es pulcra, basta con mirar sus dientes, uñas y zapatos; si éstos están limpios, estamos ante una persona realmente pulcra.

 

Para tener una buena sonrisa, es importante cuidar de nuestros dientes y encías. Existen tratamientos preventivos muy accesibles, rápidos y sin molestia alguna. Lo importante es acudir antes de que existan los problemas para que esto se pueda generar.

 

En conclusión, el valor de una sonrisa tiene más peso que el simplemente verse bien. Radica en contar con una autoestima muy por encima de simplemente ser un líder

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06-May-2015

            Vivir una relación de pareja, un noviazgo, un matrimonio o una unión libre, no es nada sencillo. El día a día viene aparejado, tanto para los hombres como para las mujeres, con un sinfín de situaciones que en todo momento ponen a prueba el vínculo emocional. Lo que sentimos, lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos; pero también lo que no sentimos, lo que no pensamos, lo que no decimos y lo que no hacemos definitivamente tuvo, tiene y tendrá consecuencias de distinta magnitud en lo que se refiere al tipo de relación que buscamos construir.

            Sin embargo, en el terreno de las ofensas y los daños que se profieren al interior de una relación de pareja, también debemos considerar un daño muy peculiar que como una incesante gota de agua que cae una y otra vez nos destruye, primero a nosotros y después a nuestra relación: la culpa.

            La definición de la culpa es simple y contundente. Se trata, en términos jurídicos, de la voluntaria omisión de diligencia en calcular las consecuencias posibles y previsibles del propio hecho. Pero cuando ésta se convierte en “sentimiento de culpa” nos estamos refiriendo a una emoción negativa que surge del hecho de traspasar las normas éticas, personales o sociales y que al hacerlo terminamos perjudicando a alguien.

            Cuando hemos cometido alguna falta y conscientemente reconocemos que esto nos va a acarrear serios problemas, ya sea en el corto o en el largo plazos, aún por encima de si esta violación será conocida por otras personas (en este caso nuestr@ novi@, espos@ o pareja), la culpabilidad terminará causando estragos en nuestro entorno individual y poco a poco afectará todo aquello que nos rodea, sobre todo si regularmente nuestro comportamiento suele ser recto y adecuado.

            De repente tener interés en otra persona que no es nuestra pareja por lo regular suele provocarnos algún tipo de conflicto interno. Platicar con esta persona en cuestión, convivir con ella, socializar cada vez con más frecuencia y más profundamente, empezar a desarrollar cierto tipo de sentimientos fundamentados en la atracción, sentir algún grado de curiosidad sexual, etcétera, va a ser fuente de un desajuste emocional bastante severo, a grado tal que con cada día transcurrido que se alimentará del silencio o la nula comunicación con nuestra pareja respecto al tema, acabará por postrarnos en el más profundo sentimiento de culpa que podemos ser capaces de desarrollar.

            La falta de sinceridad y de honestidad (la verdad, ambas con cosas totalmente distintas) hacia la persona que amamos y hacia nosotros mismos pueden hacer de nuestra vida un verdadero infierno. Vivir en esa peligrosa dualidad de hacer lo que debemos o hacer lo que queremos puede acarrearnos a consecuencias devastadoras. Si no eres capaz de manejar adecuadamente tus sentimientos y emociones, si los valores que te fueron inculcados y los que tú mismo has desarrollado a lo largo de tu vida frecuentemente te envían señales de alerta para que no te desvíes del camino adecuado, lo mejor es que no te involucres en situaciones que indefectiblemente te pueden hacer mucho daño.

            Sentir culpa por aquellas cosas que hemos hecho, pero también por aquellas que no hemos hecho pero que todo el tiempo nos comen la cabeza porque sentimos deseos por hacerlas, se entere o no nuestra pareja, es indicativo de que estructuralmente somos individuos acostumbrados a no causarle daño a nadie. Y eso nos incluye a nosotros mismos.

            Mejor, vamos a portarnos bien.

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29-Apr-2015

            En una sociedad como la nuestra, jurídica y legalmente cada vez es menos complicado que una pareja casada se pueda divorciar. Sin embargo, ajustándonos única y exclusivamente en el marco emocional y social, y refiriéndonos particularmente en los hijos, cuando los hay, es cada vez más complicado para éstos cuando su padre y su madre deciden poner fin a su relación y esta determinación la llevan hasta los juzgados especializados en la conflictiva de lo familiar para hacer material y tangible esta separación.

            Es muy común que cuando en un matrimonio se presentan serias dificultades los principales componentes de éste (el esposo y la esposa) decidan divorciarse o no bajo el argumento (cierto o no) de “lo hice por mis hijos”. Sin embargo, ¿en qué momento realmente un hombre y una mujer están poniendo punto final a su relación pensando y actuando verdaderamente en el beneficio de sus vástagos.

            Los niños y los adolescentes, la gran mayoría quisiera creer, suelen vivir en una especie de mundo ideal en el que todos los conceptos, preceptos y valores los aprenden y asimilan de sus padres. Es con ellos, hasta que comienzan a tener contacto con el mundo exterior (principalmente en la escuela), donde absorben prácticamente todos cuanto los forma psicológica, emocional, cultural y socialmente. Por tanto, todo el bagaje que los forma estructuralmente es responsabilidad de los papás y, desgraciadamente, cuando éstos deciden divorciarse, el mundo se les viene abajo a los chicos.

            Cuando este escenario se presenta, el divorcio, es bien importante que exista muchísimo diálogo entre toda la familia. Los padres tienen la enorme responsabilidad de explicarle a sus hijos que la separación, en primer lugar no es 1) culpa de ellos y 2) no se están divorciando de ellos. Pero, sobre todas las cosas, tienen que hacerles entender que papá y mamá siempre van a ser sus papás. Obviamente, aquí las palabras tienen que venir reforzadas con acciones concretas y sólidas, y, por supuesto, no enviar mensajes equivocados a los hijos diciéndoles una cosa y actuando de manera contraria.

            Así como los hijos no son culpables del divorcio de sus padres, éstos tampoco pueden lograr que sus papás se reconcilien y regresen. Así que es muy importante que, llegado el momento, también es trascendental que los adultos valoren y respeten los sentimientos de los menores y no los utilicen para perjudicarse entre sí y hacerse la vida de cuadritos con una serie de acciones (legales y cotidianas) que poco a poco abonarán en el terreno de distorsionar y afectar, a veces de manera permanente, la imagen y el concepto que los chicos pueden tener tanto de su padre como de su madre. Obviamente aquí es muy importante buscar y conseguir ayuda profesional (un consejero) para todos y que tanto el padre como la madre sean lo suficientemente sensibles para, en presencia de uno y en ausencia del otro, no se dediquen a alienar a sus hijos porque, al final del día, no hay nada más triste en este mundo que ver y escuchar a una mamá y a un papá hablándole pestes a sus vástagos sobre aquel que no está presente.

            Cuando el divorcio se presenta, con éste vienen aparejadas varias nuevas circunstancias para todos. Por lo mismo, es necesario que todos comprendan que hay vida para todos después de la separación y que todos los nuevos cambios que seguramente se presentarán tienen que ser manejados con mucha inteligencia, respeto, sensibilidad y amor. Pero no olviden que la responsabilidad de llevar a buen puerto esta situación recae única y exclusivamente en los padres.

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15-Apr-2015

            Para aquellos hombres que no son homosexuales y que por equis o ye circunstancia provocan que el resto del mundo, no sólo aquellas que pertenecen al llamado sexo opuesto, se haga esta pregunta en torno a ellos, suele ser bastante incómodo y molesto. Sin embargo, hay veces, la mayoría de las veces sinceramente, que dicho cuestionamiento se detona por una serie de comportamientos que, ya sea en forma individual o en conjunto, ponen en duda la hombría de quien es sujeto de sospecha.

            Pero, ¿cuáles son las causas por las que un hombre es señalado de ser gay sin serlo? ¿Por su manera de comportarse?, ¿por su forma de hablar?, ¿por sus costumbres?, ¿por el estilo que adopta al vestirse?, ¿por su exagerado cuidado que rebasa los límites de la metrosexualidad?

            Sea como sea, cuando nos adentramos en un tema tan delicado como lo es el proyectar la masculinidad de aquellos que de algún modo, consciente o conscientemente, en su hacer o decir distan del estereotipo que por generaciones identificamos de los llamados hombres de verdad (como esos que nuestras abuelas decían pertenecían a “El club de las tres F”, por feos, fuertes y formales), es muy importante, en una primera instancia, ir a la raíz del por qué se comportan como se comportan y siembran la duda de tod@s por todas partes.

            Cierto, a las mujeres nos agrada un hombre que sea refinado integralmente, que luzca arreglado y atractivo, que nos trate con educación y sensibilidad, y que en la intimidad sea capaz de llevar la batuta pero sin agresividad ni violencia (aunque sé de casos de féminas masoquistas que para qué les cuento…). Pero, como reza el dicho, “en la manera del pedir está el dar”, y es a nosotras a quienes nos corresponde, cuando se trata de las relaciones de pareja, de encauzar a nuestro hombre cuando apenas percibamos que se está desviando del camino. Sí, vivimos en una era en la que se están redefiniendo los roles de los hombres y las mujeres en todos los ámbitos, pero estoy segura de que ninguna de nosotras queremos que el varón que hemos elegido para estar a nuestro lado nos compita en aspectos que ancestralmente han sido asignados y desarrollados única y exclusivamente por las hembras. El papel de los machos alfa, por decirlo de algún modo, es otro y todos lo sabemos.

            Amigo, si no eres gay y el resto del universo sospecha que sí lo eres, ha llegado el momento de que abras muy bien los ojos y hagas una autoevaluación exhaustiva de tus hábitos y tu comportamiento en lo general. ¿Qué es lo que deseas proyectar a todo el mundo, principalmente a las mujeres?, ¿de qué manera te quieres “promover” en todos los círculos en los que te desenvuelves para que te perciban como un individuo exitoso y enfocado? Todo eso depende nada más y nada menos de ti, de nadie más. Analiza qué estás haciendo mal y que está provocando que estés enviando las señales equivocadas. Exagerar en los tratamientos estéticos (faciales, manicures, etcétera), pasar demasiado tiempo eligiendo el guardarropa adecuado para cada ocasión, que en tu agenda tengas apuntadas más clases de yoga que noches de fiesta con los cuates, que prefieras ir al cine a ver “Las cincuenta sombras de Grey” en lugar de buscar pornografía por internet, tienes más amigas que amigos… ejemplos hay miles ¡despierta!

            El éxito de cada individuo radica primordialmente en el simple hecho de que cada uno de nosotros estemos cómodos en los zapatos que hemos elegido para andar. Pero si por algún motivo todavía te encuentras en la indefinición, más te vale que te apresures…

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25-Mar-2015

            No es exageración ni mucho menos un llamado de alerta desproporcionado. Much@s piensan que en la vida cotidiana escenarios como los que se han presentado en películas como “Atracción Fatal” (1987) o “Cercana Obsesión” (2015), estelarizadas por Michael Douglas y Jennifer Lopez, respectivamente, sólo son argumentaciones fantasiosas producto de las inquietas mentes de los cineastas. Sin embargo, bien haríamos en nunca olvidar que “la fantasía siempre (¡sí, siempre!) supera a la realidad”.

            ¿Estás aburrid@ porque en tu noviazgo o en tu matrimonio el tedio, el aburrimiento y la rutina se han apoderado de todo lo que sucede alrededor tuyo o y de tu espos@ o novi@?, ¿en tu oficina, en tu gimnasio y/o en tu calle ha llegado una chica despampanante o un galán que supones debe ser toda una fiera en la cama y quisieras echarte una canita al aire?, ¿has tenido deseos, en alguna fiesta o reunión, de abordar a una persona que tan sólo de mirarla te manda los estrógenos y la testosterona hasta el espacio sideral, esperando tener un espectacular encuentro de sexo casual?

            ¡Ten cuidado, porque puedes pagarlo muy caro!

            Y, de hecho, no necesariamente requieres estar casad@ o estar involucrad@ en una relación de noviazgo para estar expuesto a un encuentro de sexo casual que pudiera tener consecuencias (sin referirme a las terribles enfermedades de transmisión sexual) fatídicas en tu vida. Incluso si eres solter@ también puedes ser candidat@ a vivir un verdadero infierno si corres con la mala fortuna de enredarte con un hombre o una mujer desconocidos de quienes prácticamente no sepas absolutamente nada sobre su vida personal y su forma de ser y que al día siguiente de un encontronazo épico resulta ser una acosadora o un psicópata de magnitudes inconmensurables.

            ¿Vale la pena arriesgar tu tranquilidad, tu trabajo, la integridad de tu espos@ e hijos (en caso de que los tengas) y la tuya misma por simplemente pasar “un buen rato” con alguien que de repente te va a salir con un largo expediente de patologías mentales que apenas haya concluido el breve momento de placer que compartiste con él/ella prácticamente te va a hacer la vida de cuadritos?

            Y, en serio, no exagero. Conozco a personas (hombres y mujeres por igual) que lo han perdido ¡absolutamente todo! por no tener cuidado al momento de enredarse con personas desconocidas y que son dueñas de perfiles psicológicos sumamente peligrosos: psicópatas, acosadores, obsesivos, manipuladores, paranoicos, esquizotípicos, esquizoides, de personalidad límite, abusadores sexuales y un larguísimo etcétera.

            Es muy importante que siempre actuemos de manera mesurada y razonada ante cualquier circunstancia. El deseo sexual por lo regular siempre tiende a obnubilarnos la mente y nos impide, en la mayoría de los casos, detectar y diagnosticar si podemos estar ante una eventual situación de riesgo de cualquier tipo. Sin embargo, tenemos que cuidarnos a nosotros mismos y también proteger todos los componentes de nuestro entorno (familiares, amigos, trabajo, etcétera) cerrándole la puerta a todas esas posibilidades que en una primera instancia se ven llamativas y seductoras pero que en el inmediato plazo pudieran transformarse de tal forma que acabarían provocándonos un terrible daño a nosotros y a aquellos a quienes más amamos.

            ¿Estás dispuesto a arriesgarte?

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18-Mar-2015

            Complementando la entrega de la semana pasada, donde abordamos la nada agradable circunstancia de tenerle miedo a estar o quedarnos sol@s, en esta ocasión nos adentraremos en territorios donde la soledad no sólo resulta benéfica sino que puede llegar a convertirse en una estupenda aliada de quien está inmerso en ella.

            Para empezar, destaquemos que hay múltiples estudios que comprueban científicamente que aquellos hombres y mujeres que permanecen solos por decisión y convicción personal suelen involucrarse en dinámicas sumamente benéficas y productivas. Porque si bien es cierto que los seres humanos somos animales sociales por naturaleza, también es cierto que podemos alcanzar grandes avances individuales cuando le sacamos provecho a las sinergias emanadas de la soledad.

            Cierto, la mayoría de las veces cuando se presenta, la soledad puede provocarnos un enorme vacío emocional y éste irremediablemente sí o sí nos puede conducir a la depresión. Pero si echamos mano de nuestra inteligencia mental y fortaleza emocional rápidamente podremos adaptarnos a nuestra nueva circunstancia y voltearle la tortilla a nuestra cotidianeidad. ¿Qué tal si comenzamos por empezar a cuidarnos a nosotros mismos, descubrir nuevas aficiones y pasatiempos, retomar los estudios para mejorar nuestro escalafón laboral/profesional, salir a buscar nuevas amistades a las que no les incomode de vez en cuando convivir en manada y que también sepan disfrutar de la introspección que deriva de una muy bien entendida y comprendida soledad? Las posibilidades son infinitas…

            Otra enorme ventaja de estar solo se relaciona con el buen estado físico de nuestro cuerpo. Está demostrado que l@s solter@s dedican más tiempo a mantenerse en forma y a practicar algún deporte que aquellos que se mantienen en pareja. L@s solitari@s, por ende, suelen presentar una mejor salud que aquellos que han contraído matrimonio y se dejan engordar, porque, aquí regreso de nuevo a los famosos estudios científicos: aquellos que están involucrados en una relación duradera tienden al sedentarismo y eso ocasiona que ganen kilos, y esto se debe a que cuando uno vive en un matrimonio feliz la preocupación por seguir atrayendo al otro desaparece. ¡Verídico!

            Asimismo, si en un momento dado estás sol@ y al mismo tiempo desemplead@, hay más posibilidades de que puedas encontrar un trabajo que estando en pareja o casad@, porque aquellos que permanecen solteros, hombres y mujeres por igual, tienden más a aventurarse cuando les surge una propuesta laboral fuera de la ciudad en donde residen. Y de la independencia económica mejor ni hablemos, cuando estamos solter@s no tenemos que estar rindiendo cuentas sobre a dónde va a dar todo el dinero que ganamos trabajando y también nos podemos dar nuestros caprichitos sin tener que pensar en posibles reclamos. Si estás solter@, seguramente estarás de acuerdo conmigo en que tus finanzas personales actualmente se encuentran más estables que en aquellos momentos en los que viviste en pareja.

            Por último, también la sexualidad de las personas que están solas suele ser más completa y placentera que la de aquellos que están en pareja y/o casados. El no tener compromisos sentimentales con nadie les permite afrontar esta faceta de su vida de manera más desparpajada y sin tener que preocuparse por las exigencias de alguien fijo. Resumiendo, estar solo (claro, siempre y cuando tengamos la madurez necesaria para entender esta circunstancia como una oportunidad de crecimiento) impacta positiva y benéficamente nuestra autoestima y nos prepara para ser mejores personas ante la eventual llegada de alguien con quien quisiéramos involucrarnos. Además… ¿olvidé mencionar que tu espacio es sólo tuyo y de nadie más?

            A final de cuentas, más vale sol@ que mal acompañad@ ¿no creen?

Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

11-Mar-2015

            Considerada una de las causas más comunes de angustia en los seres humanos (en hombres y mujeres por igual), la soledad significa estar solos, sin acompañamiento de una persona u otra cosa y ésta tiene su origen en diferentes causas, como puede ser por la propia elección del sujeto, por una enfermedad contagiosa o por hábitos sociales distraídos, aunque también hay individuos que tienden hacia la soledad por cuestiones de privacidad o espiritualidad. Sin embargo, la autofobia (no crean que se trata del miedo a los coches, sino a estar sol@ en la vida) estriba primordialmente en el temor a la sensación de abandono o a la desconfianza en las capacidades personales para salir adelante.

            Si nos fundamentamos en el psicoanálisis freudiano que argumenta que el sujeto requiere de otro para alcanzar una total completud, es importante que entendamos que nuestra vida no debe fundamentar su sentido en relación a la presencia de tener o no tener a alguien a quien amar y que nos haga compañía.

            Este temor al que me estoy refiriendo se origina desde la primera infancia, cuando el bebé tiene alguna necesidad que no fue atendida o satisfecha, principalmente por parte de sus padres, lo que ocasiona que el niño o la niña crezcan en constante estrés por el miedo a ser abandonados. Pero en contraparte, también debemos valorar que la gran mayoría de los seres humanos nacemos solos y aunque a lo largo de nuestras vidas forjamos distintos lazos afectivos, en esencia debemos aprender a valernos por nosotros mismos desde una edad muy temprana, lo cual se entiende también como una gran responsabilidad.

            Cuando la soledad se presenta en nuestras vidas, ya sea por elección o por irrupción, tenemos que comprender que más allá de la angustia que podría provocarnos esta situación, debemos entender que tenemos frente a nosotros la enorme oportunidad de conectarnos con nuestros verdaderos sentimientos y también de realizar un análisis de autoaceptación, porque, siendo sinceros, ¿cuántas tonterías no hemos hecho por miedo a quedarnos solos?, ¿cuántas veces no hemos aceptado que nuestra autoestima sea vapuleada basados en el axioma de que “no es bueno que el hombre/la mujer estén solos? Todo el tiempo estamos presionados por los convencionalismos de la sociedad a la que pertenecemos y estar en soledad para muchos implica sentirse poco valorados.

            Una vez estando en soledad, repito ya sea forzada o por elección, tenemos que aprovechar el tiempo para meditar, conocernos y reflexionar sobre quiénes somos. Poco a poco nos iremos dando cuenta que somos nuestra compañía; en una situación así, el mundo tecnológico también puede ser una magnífica amiga: la televisión, la radio, el internet, nuestro teléfono celular y, obviamente, la lectura y la música, nos pueden ayudar a nutrir el espíritu y a ejercitar nuestra imaginación.

            Trabar amistades duraderas y evitar las compañías superficiales nos ayudan a construir conexiones íntimas con otras personas y aún cuando no estemos en compañía de ellas nos nutren inconmensurablemente, porque sabemos que esas personas estarán ahí justo cuando las necesitemos, aún cuando estén lejos. Pero si todo lo anterior te resulta insuficiente y considerar que tu soledad es muy fuerte, es válido acudir a un terapeuta que te pueda ayudar a encontrar la raíz de tu problema.

            Y, lo más importante: no es lo mismo estar solo que sentirse solo.

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04-Mar-2015

            Producto de ese gen machista hemos traído en el ADN por generaciones, los hombres y mujeres de esta sociedad (y de otras más, no crean), hemos sido educados por nuestros padres y nosotros como padres hemos educado a nuestros hijos con una altísima proclividad a manipular, controlar, limitar, censurar, castrar, exasperar y sofocar a grado tal que al momento de estar inmersos en una relación de pareja (noviazgo primero y después matrimonio), digamos más o menos estable,  presionamos tanto a nuestr@ novi@ y espos@ que, pasado el tiempo y llegado el momento, ést@ grita desesperad@ ¡¡¡déjame vivir mi vida!!!

            ¿Qué nos lleva a fastidiarle la vida alguien a quien supuestamente amamos profunda y poderosamente? ¿Celos?, ¿inseguridad?, ¿complejos?, ¿prepotencia?, ¿sobreprotección?, ¿miedo a perderl@?

            Lamentablemente a nivel relación de pareja, insisto primero en el noviazgo y después ya en el matrimonio, esta peligrosa dinámica comienza con cosas muy pequeñas, casi insignificantes y cuando menos nos hemos dado cuenta tenemos enfrente de nosotros a alguien que lo está decidiendo todo en nuestras vidas o, peor aún, uno mismo se convierte en una suerte de dictador (de la pareja, los hijos, los amigos, los compañeros de trabajo, etcétera) cuyo gigantesco afán por controlarlo todo alrededor nuestro y alrededor de los demás nos termina convirtiendo en una persona con la que nadie quiere convivir y con la que nadie quiere estar.

            Y no exagero. ¿Qué tal cuando comenzamos un noviazgo y nuestra pareja nos propone ir al cine a ver una película o ir a algún restaurante a comer algo y nosotros casi como por reflejo condicionado respondemos “no sé, mi vida, tú escoge cuál” o “no te preocupes por mí, yo como lo mismo que tú, elige por mi”. Sin darnos cuenta y de manera, por decirlo de algún modo, inocente, estamos cediendo nuestro poder de elección a otra persona que, en automático comenzará a tener cierto control sobre nosotros, lo que nos neutralizará en un futuro no muy lejano de manera sumamente grave en lo que respecta a lo que por derecho nos pertenece desde el primer día que nacemos: el libre albedrío.

            Desde la lectura del psicoanálisis, existen tres tipos de estructuras, las delimitantes de nuestra personalidad: la neurótica, la psicótica y la perversa. Y es en base a las experiencias vividas (principalmente durante la infancia) que el sujeto perfilará su carácter psicológico. El amor, el cariño, el afecto, la separación, el rechazo, el descuido, la falta de reconocimiento, la destrucción, la humillación, el abandono, la frustración, la satisfacción, entre otras, le van a dar forma a su estructura y en base a todas éstas perfilará su carácter y su trato para consigo mismo y para con aquellos que lo rodean.

            El manipulador y el controlador es de naturaleza psicótica. Vive aterrado de que los eventos de su cotidianeidad y aquellos que la conforman actúen de forma independiente y no lo tengan en consideración. Por eso se impone, por eso su palabra es la ley y la puede hacer valer incluso a través de la violencia (verbal y/o física), pasando totalmente por alto que no es posible controlar los actos, pensamientos, sentimientos y decisiones de los demás; y cuando su deseo es ése, el de controlar todo este entorno, se establece una dinámica de violencia y de agresión que podría tener un desenlace nada agradable para nadie.

            Por eso, toma el control de tu vida y no permitas que nadie decida nada por ti, ni siquiera el color de los calcetines que te quieres poner hoy.

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25-Feb-2015

            Estrenada a nivel mundial hace apenas 11 días, la cinta “Cincuenta Sombras de Grey”, pobremente dirigida por Sam Taylor-Wood y sosamente actuada por Jamie Dornan (Christian Grey) y Dakota Johnson (Anastasia Steele), ha resultado ser hasta el día de hoy todo un fenómeno taquillero al recaudar a nivel mundial algo así como 400 millones de dólares. Aquí en México rompió récord de preventa al colocar, a 13 semanas de su lanzamiento, 435 mil 721 boletos.

            Sin embargo, esta cinta clasificación “C” que se desprende de  la trilogía literaria producto de la mente calenturienta de E.L. James (una ama de casa británica aburrida y desempleada que plasmó en tres libros el cúmulo de fantasías eróticas que siempre deseó llevar a cabo pero que jamás se atrevió a realizar), lamentablemente, cuando menos en nuestro país, ha terminado por decepcionar a la gran mayoría de personas que han acudido a las salas cinematográficas (un altísimo porcentaje son mujeres adultas, de 30 años para arriba) a comprobar si en su versión para la pantalla grande resulta ser tan atrevida y punzante como en los libros que devoraron aún sin ser fanáticas de la lectura.

            Y la decepción se deriva, además de las pésimas actuaciones de Dornan y Johnson, en que los personajes de la película se quedan demasiado cortos en intensidad y erotismo a los que E.L. James plasmó en su trilogía. Incluso hay opiniones de quienes los catalogan como demasiado fresas. Y es cierto, una gran parte del éxito de “Cincuenta sombras de Grey”, “Cincuenta sombras más oscuras” y “Cincuenta sombras liberadas”, que a la fecha ha vendido 31 millones de copias de estos libros en 37 países, radica en que un cúmulo sumamente importante de mujeres maduras se veían reflejadas en Anastasia y muchas querían ser ella, lo que obviamente despertaba en ellas el enorme deseo de vivir (siquiera en su imaginación) el sinfín de peripecias sexuales al lado del seductor Christian Grey, quien en su versión cinematográfica acabó siendo un Ricky Ricón metrosexual con muy poco de perverso y parafilíco, mientras que la heroína sexual del filme a lo más cachondo que llegó fue a morderse el labio dizque de manera cautivante.

            Cierto, el marketing ha hecho maravillas con esta muy mala película, tanto en México como a nivel mundial. Pero si ejercemos rigurosamente un analítico juicio de valor sobre del producto cinematográfico que se nos entregó en las salas de proyección a quienes gustamos del llamado “séptimo arte” (no me refiero a los expertos que por oficio y profesión analizan, desmenuzan y critican las películas, sino a las personas comunes y corrientes), la verdad es que nos tocó chutarnos una cinta que ni siquiera a clasificación “C” llega. La verdad es que me ha tocado ver a videohomes más eróticos en la cadena Cinemax a medianoche.

            Lo que también es verdaderamente digno de un análisis profundo y exhaustivo (a nivel sociológico, psicológico y sexual) es sobre lo deficiente que sigue siendo la educación sexual no sólo en nuestro país, sino también en otras naciones, porque es realmente preocupante que millones de mujeres referencien su sexualidad a través de estos pésimos trabajos literarios y cinematográficos. Aún seguimos en penumbras con respecto a muchísimos temas y el simple hecho de que esta trilogía se haya convertido en una especie de saga de Harry Potter para las mujeres adultas es verdaderamente preocupante, porque más allá de ser un producto extremadamente exitoso a nivel marketing y consumo, “Cincuenta sombras de Grey” distorsiona de manera muy triste uno de los aspectos más hermosos de la vida: la sexualidad humana.

            Y mejor ya no hablemos del tema de los valores, la dignidad y la violencia entre la pareja, porque no acabamos…

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18-Feb-2015

            Más que una declaratoria de amor, esta antiquísima frase cliché a muchísimas personas, hombres y mujeres por igual, bien les puede sonar a una terrible condena inconmutable. Sin embargo, cuando analizamos, superficial y profundamente el significado de estas seis palabras juntas, nos damos cuenta del enorme peso específico que poseen en las vidas de aquell@s quienes verdaderamente se las tomaron en serio y aunque llueva, truene o relampaguee están totalmente dispuest@s a respaldar con sus acciones el compromiso que éstas conllevan.

            Tener una relación de pareja, primero de noviazgo y posteriormente de matrimonio, tiene serias implicancias que impactan el sentir, el pensar, el decir y el hacer de ambos componentes porque, más allá del emocionante y efímero enamoramiento, cuando aterrizamos nuestras emociones en un plano de pretender construir con ellas un proyecto de vida con otra persona, se vuelve de vital importancia reflexionar lo que estamos dispuestos a hacer para forjar un vínculo sólido y duradero con ese hombre o esa mujer a quien elegimos para pasar el resto de nuestras vidas.

            Cierto, todo va relacionado con la escala de valores que desde niños nos inculcaron en el seno familiar. Si crecimos al interior de un hogar en el que el precepto más alto es la unidad y ésta es producto del amor irrestricto, ese que es capaz de superar obstáculos, problemas y dificultades, lo más seguro es que ya en la adultez nuestra aspiración será buscar una relación duradera, inquebrantable y llena de compañerismo. En pocas palabras, el sentido de trascendencia será el fin y no el medio.

            ¿Cuántas veces hemos escuchado, a lo largo de nuestras vidas estas palabras? “Prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, amarte y respetarte todos los días de mi vida…”. Ahora bien, ¿cuántas veces (incluida aquella o aquella en las que nos tocó recitarlas) verdaderamente hemos reflexionado respecto al significado de éstas? Tenemos y debemos entender que nuestra existencia se define por el tipo de contribuciones que deseamos dejar en el mundo y los juramentos, en la mayoría de los casos, siempre nos ayudan a aquilatar el verdadero específico de la seriedad con la que tomamos a nuestra pareja. Cierto, la frase “hasta que la muerte los separe” cambia de significado a medida que transcurre el tiempo de nuestro noviazgo y nuestro matrimonio. Los años confirman y reafirman las promesas hechas y, nos guste o no, los años no se pueden detener y mucho menos las transformaciones que éstos provocan en los hombres y las mujeres que cohabitan, coexisten y conviven de lunes a viernes los siete días de la semana.

            Damas y caballeros por igual, estando juntos y por separado también, aspiran a cosas totalmente distintas a lo largo de sus vidas. Las luchas individuales y colectivas los van a definir como individuos y como pareja, por lo que se requiere no sólo de amor y respeto para alcanzar la estabilidad en su vínculo matrimonial. Ser amigos, socios, cómplices, amantes y colegas en el día a día requerirá de mucho esfuerzo, compromiso, dedicación, respeto, tolerancia, paciencia y un kilométrico etcétera por ambas partes. Por ello, todos tenemos que entender y aceptar que el “hasta que la muerte los separe” significa darlo todo y sin medida hasta que ya no nos queden fuerzas, en un marco de total libertad y convencimiento, porque al final eso será justo lo que nos dará nuestr@ espos@.

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            Contacto: alessandriniyazmin@yahoo.com y www.lapoliticamedarisa.mx

 

11-Feb-2015

            No hay vuelta de hoja. Enojarse no es nada agradable. Caer en la oscura dinámica de la ira no es bueno ni para el que la externa ni para aquel quien la recibe. Una vez que se ha destapado esa caja de Pandora no se puede esperar nada positivo para aquellos que se ven involucrados. Nos hace daño y le hace daño a los demás, sobre todo cuando hemos elegido como receptáculo (consciente o inconscientemente) de nuestra furia a alguien a quien amamos, toda vez que ese huracán de adrenalina es capaz de conducirnos, sin exagerar, a la autodestrucción y a escenarios depresivos nada recomendables.

            Sin embargo, como todas las emociones humanas, intentar reprimir la furia también puede hacernos mucho daño, ya que la relación entre el enojo y las enfermedades cardiovasculares es sumamente conocida, tanto que hay estudios científicos que comprueban tangible y contundentemente que tener una permanente actitud hostil incrementa las posibilidades de padecer enfermedades cardíacas.

            Cuando se trata de las relaciones de pareja (noviazgos, matrimonios) es común que, debido a las diferencias obvias y naturales (más allá de las referentes a la cuestión de género) entre los involucrados, se presenten discusiones que deriven en enojos, algunos más fuertes que otros; pero un entorno de estas características, debemos entender que se presenta porque existe amor y donde hay amor también hay temor. Por ello, es trascendental que logremos encontrar mecanismos que nos permitan manejar la ansiedad, la frustración y el dolor, detonantes indiscutibles del enojo.

            Un estudio muy reciente publicado por la Universidad de Amsterdam en Holanda señala que el enojo también suele ser considerado una herramienta para lograr negociaciones, pues enfatiza la necesidad de arreglar un problema existente y facilita la existencia de concesiones para alcanzar un acuerdo. Pero, mucho ojo, esto no significa que vamos a ganar todas las discusiones que sostengamos, aunque expresar nuestras molestias definitivamente allanará el camino para que podamos mejorar nuestras relaciones. Sin embargo, el enojo también debemos convertirlo en un útil detonante para el cambio interno que nos conduzca a la reflexión y la comprensión de aquellos que nos rodean.

            No hay que olvidarnos que somos dueños de nuestros sentimientos y nuestras emociones, por lo que somos 100% responsables de lo que hacemos con ellos. Los conflictos nos tienen que conducir a entornos de cambio frecuente, pero de ninguna manera podemos y debemos adoptar una actitud de agresión y enojo de 24x7 hacia todo aquello que nos rodea. La ira puede ser una poderosa energía que si la utilizamos de modo creativo nos hará mejores personas. Hacer ejercicio, escribir y meditar complementarán adecuadamente todo aquello que buscamos mejorar porque, al final del día, nada se soluciona sólo con gritos y sombrerazos.

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04-Feb-2015

            Hay quienes aseguran que una ruptura, refiriéndonos exclusivamente en términos sentimentales y emocionales, o sea romper con un noviazgo o un matrimonio, puede llegar a ser incluso más doloroso que atravesar por la muerte de un ser amado.

            ¿Será?

            Definitivamente, tanto para hombres como para mujeres, es ésta una de las pruebas más duras para la estabilidad emocional. Sin embargo, a pesar de la desolación y del dolor que se experimentan al momento de ser parte de una ruptura (sí, sólo somos una de las dos partes, aunque a veces hay más actores involucrados), siempre es importante analizar los motivos por los que se presenta. Los vínculos y las dependencias nos remiten a forjar sentimientos encontrados que nos confunden, nos enojan, nos entristecen y nos ubican en una situación en la que, cuando menos en una primera instancia, sólo podemos sentir dolor… mucho dolor.

            Pero, ¿alguna vez se han puesto a analizar la legitimidad de este dolor?, ¿por qué surge éste y cuál es la verdadera razón por la que lo estamos experimentando?, ¿se trata acaso de un dolor real emocional o un falso dolor producto de ver mancillada nuestra autoestima o por quedar socialmente expuest@s debido al rompimiento que se nos está presentando? Muchas son las interrogantes que podemos plantearnos para diseccionar nuestros sentimientos al momento de querer descubrir las verdaderas causas que no tienen postrados en un (aparente) estado de definitiva desolación.

            Una relación de pareja, y todo lo que viene aparejado con ella, es una especie de proyecto de vida en la que invertimos muchísimas cosas tangibles e intangibles: tiempo, esfuerzo, sentimientos, planes, tod@s a inmediato, corto, mediano y largo plazos. Poco a poco, junto a esa persona a la que hemos elegido para vincularnos en todos los sentidos, vamos construyendo un sinfín de circunstancias y situaciones que nos hacen ir entregando cada día más y más y más… hasta que un (mal) día el destino puede presentarnos un viraje totalmente inesperado y resquebrajar desde los cimientos todo aquello por lo que hemos luchado durante años.

            Una infidelidad, una deslealtad, las llamadas diferencias irreconciliables… la verdad es que pueden ser muchísimas las razones por las que un hombre o una mujer deciden ponerle un alto definitivo a su relación de pareja y propiciar una ruptura, la cual en la mayoría de los casos viene acompañada de consecuencias devastadoras que nos afectan profundamente en todos los sentidos. A veces la fortaleza espiritual y mental de cada uno nos permiten salir adelante por nosotros mismos, pero en otras ocasiones para superar el dolor, el trauma, el marasmo, requerimos de muchísima ayuda: de nuestra familia, de nuestros amigos e incluso de un profesional en estos entreverados temas.

            Apostar a encerrarnos en nuestro propio dolor y desdicha no nos ayudará en nada para encontrar la luz al final del túnel. Es importante emprender una evaluación y una autoevaluación de la coyuntura que se nos está presentando y no permitir que las nubes de la duda, el resentimiento, la autoconmiseración y la venganza oscurezcan nuestro sentir, nuestro pensar y nuestro hacer.

            El dolor es real y definitivo. Depende de nosotros si queremos vivir con él y en él de manera permanente o si queremos superarlo y aprender la lección que nos viene a enseñar cuando se presenta.

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28-Jan-2015

            Definitivamente eso de que “los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus” suena más a frase cliché que a otra cosa. Sin embargo, cuando nos referimos a su estructura psicológica y emocional cuando hay que definir lo que para unos y para otras es la infidelidad, el axioma cobra un peso específico, porque prácticamente nos estamos metiendo en camisa de once varas porque,  pues más allá de conceptos, valores y sentimientos, el contexto de los tiempos actuales prácticamente está redefiniendo el esquema y la estructura de las relaciones de pareja.

            ¿Qué significa para las mujeres ser infiel?, ¿qué significa para los hombres ser infiel?, ¿cómo les afecta ésta (la infidelidad) cuando la cometen y/o cuando la padecen?, ¿es posible que existan diferentes tipos de infidelidad?... la verdad es que el abanico de cuestionamientos con relación a este tema es brutalmente extenso.

            Vista desde cualquier ángulo, la infidelidad es dolorosa y cuando se hace presente al interior de una relación sus consecuencias son devastadoras. Pero, ¿qué tal si un hombre y una mujer (el escenario hipotético luce sumamente complejo y complicado) pudieran llegar a ponerse de acuerdo para definir lo que para uno y para otro significa ser infiel y que esto impacte negativamente en su relación? Vivimos tiempos muy diferentes a los que vivieron nuestros padres y nuestros abuelos, lo que, insisto, nos ha llevado a una redefinición de conceptos en varios ámbitos incluidas las relaciones de pareja.

            Y aquí es donde bien vale la pena abordar la situación del vaso medio vacío y el vaso medio lleno, porque de acuerdo a los conceptos que maneja cada individuo se puede “negociar” (si ustedes así lo desean) una especie de decálogo de lo que para uno y para otro significa ser infiel, desleal o traicionero.

            Imaginen a un hombre y a una mujer casados explicándole el uno a la otra lo que es una infidelidad y lo que no es una infidelidad:

            1) Ir a un establecimiento donde ofrecen masajes con final feliz y ser atendido por una desconocida de la que no se sabe absolutamente nada, ni siquiera el nombre; 2) tener candentes sesiones de cybersex con un hombre o una mujer a quien no se tiene el deseo de conocer en persona; 3) pensar en el ex novio o la ex novia cuando se está haciendo el amor con él/la espos@; 4) acudir a un table-dance para solicitar un privado con la bailarina más despampanante, toquetearla y llegar a algo más, para después marchar a casa como si nada; 5) tener una casa chica y dejarle en claro a tu amante que eres casad@ y que no te piensas divorciar de tu esposa; 6) echarte una canita al aire cuando te toque viajar al extranjero por parte de tu compañía (alguna capacitación, curso, etcétera), aplicando el gastadísimo “ojos que no ven…”. Lo cierto es que los ejemplos y las circunstancias son inagotables. A cada uno de nosotros se nos podría ocurrir una situación.

            Sin embargo, dejando de lado esa confusa visión de los tiempos modernos, sería muy importante que a nivel personal cada quien (solter@ o casad@) revalorara la importancia y el peso específico que tiene en su vida esa persona a la que eligieron amar y respetar; además de aterrizar una cuestión igual de trascendente: ¿estarían dispuestos a soportar que su pareja hiciera lo mismo, que también él/ella le entre al juego de la infidelidad? Porque, al final del día, el amor es una calle de doble sentido.

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21-Jan-2015

            ¡Por supuesto que existe! Y se trata de aquel escenario en el que un matrimonio, tras varios años de relación, se replantea la circunstancia de permanecer juntos o alejarse de manera definitiva. Y es que, de acuerdo a diversos estudios de tipo sociológico la llamada luna de miel entre un hombre y una mujer que contraen nupcias dura en promedio siete años y que pasado este tiempo, principalmente (pero no necesariamente) por medio de la tentación de la infidelidad, uno u otro (principalmente el hombre) busca proveerle a su vida cotidiana, que ha caído en el tedio y en la monotonía, elementos de novedad que le permiten reavivar esa chispa, sobre todo sexual.

            Sin embargo, cuando un hombre o una mujer están próximos a sucumbir a la tentación de recurrir a la infidelidad para revitalizar diversos componentes de su cotidianeidad, bien valdría que uno y otro se replanteara, a manera de reflexión, si están conscientes de los riesgos que pueden correr, pero sobre todo el precio que deberán de pagar por ser infieles.

            Cierto, una relación de pareja pasa por altibajos y momento sumamente complicados en los que nuestros sentimientos y deseos son puestos a prueba constantemente. La mayoría de las veces por alcanzar nuestros objetivos laborales y profesionales, ocuparnos por los hijos y darle demasiado tiempo a nuestros afanes individuales acabamos alejándonos de nuestr@ espos@ y dejamos de lado los detalles para con él/ella y sus necesidades ya no son prioritarias para nosotros. Pero caer en el peligroso axioma de que el amor está muerto y nuestra relación está perdida por determinados diferendos con nuestra pareja, sin intentar buscar resolverlos, es caer en el terreno del facilismo y la inmadurez.

            ¿Es válido experimentar la comezón del séptimo año (término que inventó el dramaturgo George Axelrod allá por la década de los años cincuenta) y dejarnos llevar por esa vorágine de sentimientos y deseos, la mayoría de las veces juveniles, para satisfacer ciertas fantasías sin pensar en lo mucho que podríamos lastimar a otras personas? La verdad es que ¡no! De ninguna manera.

            El aburrimiento en cualquier relación es malo. El aburrimiento en un matrimonio es mortal. Por eso, es necesario que ambos trabajen en dinámicas que les permitan ejercitar y fortalecer ese músculo invisible que se llama amor, anteponiendo la comunicación y dejando de lado el egoísmo. Si te sientes poco apreciado en casa, si consideras que has perdido contacto directo con tu pareja o si hay alguien en tu trabajo que te llama poderosamente la atención, definitivamente es momento de sentarte a platicar con tu espos@ y trabar juntos una estrategia que les permita recuperar lo más valioso que tienen.

            El diálogo constante nos permite conocer los pensamientos y los sentimientos de la persona con la que compartimos nuestro proyecto de vida. Las tentaciones existen tanto para uno como para otro, pero éstas no podrán afectarlos si ambos tienen bien definido el objetivo de su relación. En el día a día construiremos el acercamiento o el alejamiento que deseamos tener con nuestr@ espos@. El transcurso de los años no tiene que ser un pretexto para separarnos, sino una razón para acercarnos. ¡Piénsenlo bien!

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14-Jan-2015

            No es ningún secreto que el transcurso de los años le vienen fantástico a una pareja cuando queremos referirnos a términos de estabilidad. Sin embargo, también es un hecho incontrovertible que en cuanto a la intimidad, a la vida sexual, estos mismos años suelen ser devastadores porque cuando éstos llegan vienen acompañados del aburrimiento, de la rutina, del tedio, de la monotonía, el desinterés y de todas esas cosas que al final acaban por convertir a dos personas que se aman en un par de perfectos desconocidos.

            Y no importa cuántos años de casados (o de unión libre si es el caso) lleven esas dos personas de las que pudiéramos estarnos refiriendo. Pero lo cierto es que bien pudiéramos estarnos refiriendo a nosotros mismos, porque nadie, absolutamente nadie, esta vacunado contra ese peligroso cáncer que asesina la vida sexual de las parejas conformen transcurren los años.

            Adentrándonos en los terrenos de la seducción y en el tipo de situaciones que detonan nuestra sexualidad, tenemos más que claro que hombres y mujeres nos movemos por senderos diametralmente opuestos. Mientras los caballeros tienden ir más hacia lo visual,  a las féminas les agrada más ser seducidas por el oído. Por lo mismo, conquistar a unos y a otras en el día a día requiere de distintas habilidades para que podamos salir bien librad@s de esa gesta emocional. Pero cuando verdaderamente estamos interesados en nuestra relación y realmente amamos a esa persona con la que dormimos todas las noches y despertamos todos los días, bien vale la pena hacer cualquier esfuerzo que nos permita mantener vida la llama de la pasión.

            Para mantener el erotismo en nuestra relación (y, por supuesto, en nosotros mismos), es importantísimo que frecuentemente recorramos nuestros cuerpos de manera distinta a la habitual. Cambiemos las rutinas que empleamos para autoerotizarnos y eso nos permitirá descubrir en nosotros zonas erógenas diferentes a las comunes y corrientes.

            Asimismo, así como cuando éramos novios, busquemos siempre estar agradables para nuestra pareja. Que esos encuentros diarios, cuando él o ella regresa del trabajo, estemos bien arreglados y visualmente llamativ@s. Bajo ninguna circunstancia erradiquemos el cuidado personal de nuestros hábitos diarios; lo mismo aplica para esa sutil seducción que debemos aplicar durante todo día (sin llegar al acoso), para que cuando llegue la noche los primeros momentos en la alcoba puedan ser propicios para el erotismo, tengan o no tengan contacto sexual.

            Háblense cariñosamente (sin caer en la cursilería o la ramplonería). El buen trato mutuo es detonante para que entre los dos siempre exista un buen ambiente. Cuando uno pase cerca del otro no desperdicien la oportunidad para rozarse un hombro, la mano, tocarse el cabello, etcétera. Visualicen las cosas que le agradan a uno y al otro para llevarlas a cabo, sin censuras. No permitan que los problemas de la vida diaria los agobien y los rebasen tanto como para olvidarse de que siempre es posible estar enamorados.

            Y ya en terrenos íntimos, muy íntimos, si quieren implementar algunas rutinas o actividades distintas a las hasta ahora desplegadas, es muy válido que lo hagan, no tengan miedo. Pero antes que nada comuníquense, dialoguen y lleguen a acuerdos sobre lo que les gustaría hacer, porque en ciertas ocasiones la sorpresa mata el erotismo. Si quieren incorporar juguetes, juegos, situaciones, salir del área de la alcoba (trasladarse a la sala o a la cocina, por ejemplo), autorizarse una noche en algún motel u hotel, interpretar algún rol provocativo… todo es válido, siempre y cuando lleguen a acuerdos que convengan a ambos.

Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

 

07-Jan-2015

            ¿Egoísmo?, ¿convicción?, ¿miedo?, ¿congruencia? Lo cierto es que este par de modalidades, contraer matrimonio con la muy sui géneris circunstancia de no querer tener hijos o, en su defecto, optar por tener vástagos sin necesidad de casarse, bien podría estar poniendo en jaque a la institución monolítica social más preponderante de la que tengamos memoria.

            Sin embargo, bajo el contexto de los llamados tiempos modernos estas dos alternativas vienen provistas de muy complejos cuestionamientos y razonamientos que bien vale la pena analizar, sobre todo en el sentido del porqué hombres y mujeres ya no contemplan esquemas preestablecidos en los que se recargaron cuasi religiosamente generaciones anteriores.

            Cierto, los convencionalismos sociales durante siglos han dictado cómo debemos comportarnos para ser aceptados en núcleos donde lo políticamente correcto consiste en sentir, pensar, hacer y decir justo como sintieron, pensaron, hicieron y dijeron nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros bisabuelos… pero ¿qué de todos esos roles o esquemas adoptados por nuestros antepasados nos son útiles y viables en nuestro entorno individual? ¿En verdad es un requisito sine qua non para tener una vida plena casarse, tener hijos y “vivir felices para siempre” como dictan los cuentos de hadas o es válido aspirar a un estado de cosas distintos y desechar ese cartabón al tiempo de aspirar al éxito individual ya sea casándose sin querer tener hijos o tener hijos sin que sea necesario apegarse a la sagrada institución del matrimonio?

            Antes que nada debemos recalar que, basando todas nuestras acciones (desde las más sencillas hasta las más complejas) en un contexto en el que el libre albedrío debiera ser uno de los preceptos más fundamentales, tener hijos y casarse, o no casarse y no tener hijos debe ser antes que nada una decisión. Si estás solter@, entonces debe ser una decisión individual y si estás casad@ obviamente esto se traduce en una decisión tomada en pareja.

¿Los matrimonios con hijos son más dichosos que aquellos en los que predomina la ausencia de niños?  Esto no podemos darlo como por una verdad absoluta, pero debemos entender que cada individuo posee necesidades que lo hacen único. Hay países, por ejemplo, en los que las mujeres universitarias, con una licenciatura o un posgrado, cada vez son menos afectas a casarse y también a no querer procrear. En Canadá, en el Reino Unido e incluso en Irán este patrón se está presentando cada vez con más frecuencia y esto va más allá de argumentos feministas o de empoderamiento… se trata sólo de decisiones tomadas. Punto.

Igualmente también podemos encontrarnos con hombres que, dentro de las características de su universo individual, les resulta sumamente complicado mantener relaciones duraderas y estables con mujeres, pero en contraparte son extraordinarios padres y llegan a tener hasta 3 o 4 hijos sin necesidad de estar casados. Obviamente, ése es un patrón que le resulta útil y funcional a quien lo adopta.

La verdad es que ésta es una cuestión en la que nadie tiene la razón absoluta y nadie está bien o está mal. Todo es de acuerdo a las necesidades individuales y de pareja, igualmente a la escala de valores que cada uno maneje. ¿No creen?

Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

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10-Dec-2014

            Considerada en los terrenos masculinos como el santo grial, porque todo mundo habla de ella pero muy pocos verdaderamente saben de qué se trata, la sexualidad femenina durante siglos se ha erigido como una especie de misterio sin resolver por parte de los caballeros, quienes indefectiblemente (sin generalizar) tienden a forjar juicios, prejuicios e incluso tabús con respecto a ella.

            Biológica y socialmente, la sexualidad femenina posee características diametralmente opuestas y contradictorias en relación a la sexualidad masculina. Sin embargo, ésta es 100% complementaria. Hombres y mujeres tenemos roles perfectamente delineados cuyas peculiaridades nos permiten desempeñarnos de manera individual pero también combinada, vinculada. Por ello, se vuelve una cuestión sumamente delicada que ambos géneros logren forjar un vínculo basado en el entendimiento y la comprensión de lo que es uno y de lo que es el otro.

            El sexo mueve al mundo, ese es un hecho irreductible. Y la presencia o la ausencia de éste en la cotidianeidad de los seres humanos puede marcar una marcadísima diferencia en torno al balance emocional de todos. Ciertamente, aunque muchos hagamos hincapié de esta condición a manera de broma o para fastidiar a aquellas personas cercanas a nosotros, el sexo suele marcar el estado de ánimo de la gente, para bien o para mal. El simple hecho de percibir a una persona contenta o enojada en su diario devenir nos permite a veces conocer si está satisfech@ o insatisfech@ con su vida sexual.

            Pero ¿cómo entender en específico a la mujer con respecto a su sexualidad?, ¿qué factores son determinantes para que un hombre pueda considerarse un conocedor de ésta y de qué manera éste se vuelve en un factor de peso para que su pareja logre, a través del sexo, encontrar balances emocionales definitorios?, ¿qué inspira a una mujer a estar dispuesta a trabar intimidad con un varón que le resulte atractivo y con el que exista una buena química de por medio? Éstas, indudablemente, son estupendas interrogantes, ¿no creen?

            Primero que nada, para que un hombre pueda tener acceso pleno a la sexualidad de una mujer debe dejar de lado el egoísmo y desplegar un comportamiento que transmita confianza y atracción. Tiene que ser sensible, detallista, caballeroso y atender a la perfección con sus cinco sentidos las necesidades emocionales y sexuales de su pareja (novia, esposa, amante…), entender la causa/efecto de recordar en todo momento que la persona que tiene enfrente es distinta a él y que sus necesidades, por ende, también son distintas.

            La frigidez; los orgasmos fingidos; las disfunciones sexuales; el temor a ser rechazada por las formas de su cuerpo desnudo: los tabús y prejuicios; la falta de lubricación vaginal; la frecuencia del coito (a veces uno quiere más que otro); la falta de apetito sexual; el estrés, la ansiedad y la depresión; e incluso algún abuso registrado en el pasado pueden ser factores que abonen en el terreno de un buen o mal entendimiento de la sexualidad de nuestra pareja.

            Hay que estar muy atentos y muy cuidadosos al momento de adentrarnos en los terrenos sexuales de esa persona en la que estamos interesados y a quien amamos. Al final del día, nos conviene ¿no creen?

            Espero verlos el año próximo por aquí (regreso el 7 de enero) y no olviden que todos los sábados nos vemos en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky). ¡Felices fiestas!

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03-Dec-2014

            Estamos próximos a vivir y disfrutar lo que muchos consideramos la época más feliz del año: la Navidad. Llegó el momento de postergar la tristeza, la amargura y el estrés para dar paso a la alegría, los festejos, los regalos, disfrutar de la familia y los amigos…

            ¡Sí, cómo no!

            De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), anualmente se registran en todo el planeta un promedio de 900 mil suicidios, o sea, cada 40 segundos una persona se quita la vida, razón para considerar esta práctica entre las 20 causas de muerte más importantes en el mundo y ésta se presenta, de acuerdo a los especialistas a causa de las llamadas enfermedades mentales (depresión principalmente) y los trastornos derivados del consumo excesivo de alcohol y de drogas. Claro, sin olvidar el altísimo nivel de violencia, directa o indirecta, que a diario manejamos en nuestro día a día.

            Sí, se trata indudablemente de un problema de salud pública. Pero afortunadamente es previsible si se detecta a tiempo y si el suicida en potencia coopera para salir del estado depresivo en el que se encuentra.

            Estos son días donde los casos de suicidio repuntan. El frío de la temporada invernal, la nostalgia y la frustración por no haber alcanzado los propósitos trazados al inicio del año, la soledad y hasta las crisis económicas (tan características y recurrentes en las naciones del llamado Tercer Mundo) son poderosísimos factores por los que en esta época del año solemos caer en depresión.

            Conflictos derivados por el mal manejo de nuestras relaciones sociales y familiares, el aislamiento, la pérdida del apetito, el insomnio y la baja frecuencia en nuestras relaciones sexuales bien pueden ser considerados síntomas de depresión e indicativos de que una persona está empezando a perder el cuidado de sí misma. En términos médicos, este conjunto de síntomas delimitan un síndrome que ataca primordialmente a la esfera afectiva: estar tristes, decaídos, irritables y malhumorados incide en nuestro rendimiento laboral y/o escolar, además nuestra actividad habitual también se ve afectada y las causas que provocan todo este cuadro pueden ser conocidas o desconocidas.

            Extrañar a las personas amadas, ausentes ya sea por la distancia o por la muerte y recordar con nostalgia ciertas vivencias en particular que ya no podremos repetir se puede traducir en pensamientos negativos. Por ello es muy importante que solicitemos ayuda a un profesional para que nos impida focalizar nuestra atención y nuestra (poca) energía en acontecimientos o en personas que ya no están próximos a nosotros. Rememorar el pasado sólo sirve para entristecer el presente y oscurecer el futuro. No olvidemos que la idea de la felicidad que nos venden los medios de comunicación y la publicidad no tienen nada que ver con la realidad que viven la mayoría de las familias, porque al interior de éstas siempre se presentarán dificultades de todo tipo (personales, económicas, laborales, sentimentales, etcétera). Pero será nuestra fortaleza la que nos permitirá salir adelante. Disfrutemos la vida, hagamos ejercicio, procuremos reírnos de todo lo que pasa a nuestro alrededor y mantengamos siempre una buena comunicación con nuestros familiares y amigos.

            …Pero, sobre todo, aléjense de los pensamientos y emociones negativas. ¡No se depriman y disfruten la vida.

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

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26-Nov-2014

            Nos guste o no, formamos parte de una sociedad en la que la monogamia, con sus ventajas y sus desventajas, forma parte de los componentes monolíticos sociales que durante siglos se nos han inculcado, tanto a hombres como a mujeres, para (supuestamente) poder vivir y convivir con nuestros semejantes. Sin embargo, en pleno Siglo XXI, empiezan a presentarse manifestaciones y comportamientos en los que pareciera que ésta, la monogamia, ya no representa el pensamiento y el sentir actual de aquellos a quienes les gusta vivir en pareja.

            ¿Es cierto que la monogamia fragmenta a las sociedades y convierte a aquellos quienes la practican en seres excluyentes? Probablemente sí. Pero siendo o no una especie de imposición social que nuestros padres nos transmitieron, que nuestros abuelos transmitieron a ellos, que nuestros bisabuelos a su vez se la transmitieron a éstos y que nosotros seguramente se la transmitiremos a nuestros hijos, bien valdría la pena reevaluar si esta decisión que tomamos cada uno de nosotros de ser monógamos es susceptible de poder cambiar, al igual que nosotros como individuos cambiamos constantemente a lo largo de nuestras vidas.

            ¿Queremos o tenemos que ser monógamos? ¿Nos sentimos sofocados ante la imposición de ciertos convencionalismos sociales que hoy por hoy los percibimos caducos y poco apegados a nuestra realidad? Muchas personas, hombres y mujeres por igual, actualmente se muestran reacios a abrazar esa noción de exclusividad que impide de tajo poder tener vari@s candidat@s con quienes trabar ciertos vínculos emocionales. En nuestra sociedad, cuando tenemos novi@ o espos@ automáticamente nos vemos a obligados a abandonar una condición que hasta cierto punto nos es intrínseca por el simple hecho de que contamos con instintos y que son éstos los que nos permiten sentirnos atraídos hacia aquellos de nuestra especie que son del género opuesto, ya sean uno, cinco, treinta mil, ¡millones!

            Vivimos en una época en la que el discurso de la monogamia está más apegado a una perspectiva política, económica y social que a la biología y a la genética humana per se. Incluso los prejuicios nos han orillado a criminalizar otras prácticas (como el poliamor o la poligamia) que de acuerdo a los conceptos caducos que se nos inculcaron son contrarias a la “naturaleza” (más bien conveniencia) de la monogamia. Ya lo dijo en alguna ocasión Sigmun Freud, el padre del psicoanálisis: “Todos somos polígamos reprimidos”.

            El pensamiento occidental, al que pertenecemos los mexicanos, nos ha enseñado a ver con muy malos ojos todo aquello que es distinto a lo que nosotros adoptamos como práctica social. Así las cosas, para muchos de nosotros es sumamente fácil condenar y criticar, por ejemplo, que en el mundo hay 47 países (principalmente en África y Asia) en los que la poligamia es permitida por la ley e incluso cuentan con marcos legales perfectamente definidos.

            La monogamia es, hasta cierto punto, un mito, una construcción social humana producto de las culturas, las creencias y las costumbres. Sin embargo, no es una ley divina y que más allá de las hipocresías de la sociedad burguesa y consumista en la que vivimos, cada uno como individuos debemos valorar a nuestra propia conveniencia y la de nuestra pareja qué tipo de rolas estamos dispuestos a adoptar y a desempeñar para que nuestras relaciones sean duraderas, pero sobre todo honestas.

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19-Nov-2014

            El divorcio, al igual que la muerte, representa para aquellos quienes lo experimentan, una verdadera tragedia porque al hacerse presente, tanto en hombres y mujeres, arrasa por completo con lo que suponíamos era un proyecto de vida en la que ambos protagonistas o involucrados apostaban a la felicidad como objetivo principal. Pero…

            Tomar la decisión de divorciarse no es nada sencillo, al contrario, porque afectan totalmente todas las áreas de la vida de esas dos personas que se están divorciando: la personal, la familiar, la laboral, la económica, la social, etcétera. Sin importar quien lo solicita y las causas por las que lo está solicitando, indefectiblemente se trata de una situación que trastocará por completo el entorno de los involucrados: el esposo, la esposa y (en caso de haberlos) los hijos; incluso el impacto va más allá de éstos y termina cambiándole la vida a todos los demás miembros de la familia.

            Quien atraviesa por un periodo o un proceso de divorcio, sobre todo aquel a quien se lo han solicitado, de inmediato cae en una profunda depresión en el que el ingrediente principal es la pérdida de la autoestima, porque se siente rechazad@ y fracasad@; además de que desarrollará un gigantesco sentimiento de culpa por no haber podido establecer una relación estable y evitar la separación; enseguida se identificará a sí mism@ como tont@, mal@, incompetente y en caso de que otras personas cercanas (familiares y/o amigos) también l@ perciban así, pues irreductiblemente reforzarán esa mala autoimagen que ha desarrollado a consecuencia del divorcio.

            Obviamente el pensamiento de una persona que atraviesa por un divorcio estará encaminado al miedo, al enojo, a la frustración, asumiendo una postura de que tanto el presente como el futuro. Sin embargo, este estado de cosas (siempre y cuando se muestre buena actitud, a pesar de lo nebuloso del panorama) no es permanente, por lo que tras una serie de ejecuciones, introspecciones y proyecciones, sobre todo individuales, se logrará ver la luz al final del túnel.

            No hay motivos para suponer o para creer que el divorcio de una amiga es como el que sufrió nuestro hermano o un compañero de trabajo. Debido a las distintas aristas psicológicas que poseemos cada uno como seres humanos y al carácter personal de cada uno, es que estos procesos bien pueden ser mesurados y racionales o totalmente traumáticos y desesperantes. Una de las cosas más complicadas que se nos presenta a lo largo de nuestra vida es saber tomar las decisiones adecuadas tanto para las situaciones más simples como para las más complejas; pero si buscamos estar involucrados todos los días de nuestra vida en un marco de progresión, es totalmente necesario que seamos completamente autosuficientes, sobre todo en lo emocional, para procurarnos situaciones y circunstancias que nos acarreen cierto tipo de bienestar.

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12-Nov-2014

            Los hombres latinos, y muy en específico los mexicanos, anhelan poseer los talentos y habilidades del personaje ficticio creado en 1844 por el español José Zorrilla, Don Juan Tenorio, de quien cuenta la leyenda, logró conquistar en un año la friolera de nada menos ¡76 mujeres! Sin embargo, esta condición, aterrizada en un realidad y abordada desde un punto de vista psicológico, sexual y social, nos lleva a considerar a aquellos caballeros que adoptan este arquetipo de macho seductor, conquistador y osado a hacerlos dignos sujetos de estudio.

            El donjuanismo (sí, así se le conoce a este peculiar fenómeno consistente en conquistar como un mero acto de cacería para enseguida perder el interés el interés una vez alcanzada la presa) puede tener varios orígenes, por lo tanto existen distintos tipos de don juanes, incluso los hay femeninos y homosexuales. Pero en líneas generales un Don Juan es nada menos que una persona inmadura y con severas dificultades para interrelacionarse emocionalmente. Y todo comienza básicamente en la adolescencia, cuando buscamos afanosa e insistentemente en ser queridos y aceptados tanto en el terreno afectivo como en el sexual, pero esto se complicará o se facilitará (según sea el caso) de acuerdo al tipo de valores que manejemos, los cuales indefectiblemente se absorben durante la infancia y en el seno familiar.

            Así las cosas, en ese afán por confirmar y reafirmar que somos jóvenes y atractivos, acabaremos por adoptar patrones de comportamiento de tipo neurótico y/o narcisista que nos impedirán establecer relaciones afectivas francas y duraderas porque nuestro único interés será convertir a esa persona en la que hemos fijado nuestra atención en un mejo objeto de deseo cuyo único peso específico en nuestro esquema emocional será proporcionarnos un incremento de la autoestima. Nada más.

            Los donjuanes modernos son fácilmente identificables, son encantadores, simpáticos, bien parecidos y en algunos casos también son poderosos o famosos, lo cual los vuelve sumamente atractivos. Pero también poseen otras armas de naturaleza más sutil: son estupendos conversadores y excelentes escuchas, lo que los hace sumamente irresistibles; además, son detallistas y en todo momento están al pendiente de lo que puede interesar y cautivar a la persona en la que fijaron su atención. Resumiendo: son impresionantemente manipuladores para lograr lo que quieren: adulación, admiración y sexo.

            Pero, ¡mucho ojo!, no me estoy refiriendo únicamente a los hombres. Está comprobado que en la actualidad las mujeres e incluso los homosexuales y bisexuales adoptan patrones que recalan en terrenos que pertenecen al donjuanismo.

            Por todo esto, bien valdría la pena aclarar que no todos los donjuanes son mujeriegos y machistas. Éstos son como el personaje de la literatura que todos conocemos y que se ha visto reforzado por un sinfín de versiones cinematográficas en donde sus características más encantadoras son destacadas y exageradas. Lo que más vale en un Don Juan es la seducción, la cacería, la presa (mientras más difícil, mejor). Son los maestros en el fino arte del engaño, tanto, que lamentablemente acaban engañándose a ellos mismos.

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29-Oct-2014

            No se confundan, el encabezado de mi plana/columna de esta semana no tiene nada que ver con aquel simpático e inolvidable ser producto del ingenio del señor Steven Spielberg y que nos enterneció a todos en la década de los ochenta. Me refiero a las temibles y terribles Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) y que también identificamos como Infecciones de Transmisión Sexual o Enfermedades Venéreas, las cuales desgraciadamente vienen en un extensísimo catálogo que ataca por igual tanto a hombres como a mujeres.

            Como su nombre lo indica, éstas son infecciones que se adquieren por sostener relaciones sexuales (contacto heterosexual u homosexual) con alguien que esté contagiado y se adquieren a través de bacterias o parásitos. Muchas se pueden mantener bajo control, una vez que alguien se haya contagiado, con medicamentos; y el uso correcto del condón de látex disminuye enormemente, pero no lo elimina, el riesgo de adquirir una ETS.

            Sin embargo, para protegernos tanto a nosotros mismos como a nuestras parejas (en caso de tenerla) de las ETS, lo más adecuado es tener una vida sexual mesurada y responsable, algo que en sociedades como la nuestra lamentablemente no se presenta ni se ejerce adecuadamente. La cultura de la sexualidad, tanto en el hogar como en las escuelas, tiende a presentarse con huecos verdaderamente dramáticos que provocan que niños, niñas y jóvenes crezcan con conceptos y valores poco claros y poco sólidos a la hora de enfrentar un tema tan delicado como lo es el sexo.

            Y para botón de muestra de lo serio y complejo que es este tema, en Estados Unidos, por ejemplo, al año se diagnostican 13 millones de nuevos casos de ETS, por lo que uno de cada cuatro estadounidenses entre 15 y 55 años de edad en alguna etapa de su vida contraerá clamidia, sífilis, gonorrea, herpes genital y, en el peor de los casos, SIDA/VIH.

Sobre las interrogantes que rondan el escenario de cómo puede ser posible que una persona evite contraer o contagias una ETS a lo largo de su vida, hay varios puntos a considerar, siendo el principal que en una relación monógama entre dos personas no contagiadas de nada es la mejor manera de evitar contraer una ETS; igualmente, insisto, el uso adecuado y consistente del condón (siempre nuevo en cada acto sexual) allana el camino para alejarse de un potencial contagio y, en una última instancia, si alguno de los dos componentes en una relación ya tuvo en el pasado, inmediato o lejano, alguna enfermedad venérea, lo más honesto y atingente es comunicárselo a su pareja, para que ambos puedan llevar con éxito su sexualidad. Aquí también cabe que acudan regularmente con un médico familiar o un ginecólogo para que los revise.

Vivimos tiempos de muchos avances médicos, pero al mismo tiempo estamos experimentando una especie de insensibilización y retroceso en torno a temas (incluido el sexual) que hasta no hace mucho afrontábamos con mayor seriedad y profundidad. Todos, absolutamente todos, estamos expuestos a ser contagiados o a contagiar alguna ETS, razón de más para concientizarnos de nuestro entorno y no caer en indiferencia e ignorancia. Cierto, la fidelidad ayuda mucho para mantenernos 100% sanos, pero también hay que informarnos lo suficiente para aprender sobre la prevención.

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22-Oct-2014

            Vivimos en una época en la que los seres humanos (hombres y mujeres por igual) prácticamente hacemos de todo para poder contar con un entorno que nos permita vivir plena y satisfactoriamente. Recurrimos a la naturaleza, a los animales y a la ciencia para encontrar soluciones y remedios que nos permitan mejorar todo cuanto se presenta en nuestra vida cotidiana… el sexo y la alimentación no podían quedar fuera de esto.

            Vinculadas poderosamente, la sexualidad y la alimentación son dos componentes trascendentales en nuestra vida. La nutrición humana está directamente relacionada con la generación del deseo sexual, ya que ésta proporciona los nutrientes necesarios al cuerpo humano para que física y mentalmente estemos aptos para el momento en el que se presenta el acto sexual. Sin embargo, con un día a día tan estresante como el que vivimos millones de personas, en el que el sedentarismo y los malos hábitos se vuelven parte de nuestra cotidianeidad, se vuelve prácticamente imposible que nuestra “máquina biológica” este al 100% hasta para las actividades más comunes, ya no digamos para el sexo…

            Al momento de comer (desayuno, comida y cena) no debemos olvidar que los alimentos se encargan de ayudarnos a reponer la energía perdida; a fabricar y estabilizar los niveles de nuestras hormonas (incluidas las sexuales) y a disminuir el estrés y la depresión, binomio destructor que se encarga de alterar los niveles de las hormonas, provocando la disminución del deseo sexual.

            Para tener un deseo sexual considerable y saludable debemos empezar por una buena alimentación y otro tipo de hábitos. Para tener un cuerpo sano requerimos de una buena dieta y ejercicio. En todos los alimentos existen muchos nutrientes que pueden aumentar y optimizar el impulso sexual, la resistencia y mejorar la manera en como percibimos el sexo y a nosotros mismos como entes sexuales.

            Algunos de los alimentos que nos ayudan para esto son: el huevo (importante para la testosterona), la espinaca (vitales para la generación de estrógenos), el aguacate (buenísimo para aumentar la libido), los aceites y los frutos secos (ayudan a prevenir el daño en los ovarios) y las ostras (una altísima fuente de zinc, ingrediente primario para producir esperma), entre muchísimos otros más…

            Conforme transcurren los años la libido, tanto en hombres y mujeres, tiene a disminuir considerablemente a causa del desequilibrio hormonal que de manera natural experimenta el cuerpo humano. Eso significa que nuestra producción de hormonas también desciende. Éste es un proceso natural e inalterable, a todos nos va a llegar el día y la hora; sin embargo, una alimentación inteligente nos puede ayudar a compensar estos desequilibrios que indefectiblemente impactarán en nuestro desempeño sexual.

            Así que no olviden incluir en su alimentación diaria a esta docena de súper héroes sexuales: vegetales, cacao, ostras, hígado, huevo, plátano, linaza, semillas de calabaza, nuez moscada, pescado, cacahuates y aguacates. ¡Ya después platicamos!

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08-Oct-2014

            Temible y terrible. Así podemos catalogar el Trastorno Dismórfico Corporal (TDC), que también suele ser conocido como El Síndrome de Dorian Grey y que se caracteriza por ser la excesiva preocupación de muchas personas (hombres y mujeres por igual) por corregir los defectos (reales o imaginarios) de su apariencia personal al extremo de vivir en un constante pánico por envejecer o sufrir algún tipo de deformidad física por muy mínima que ésta sea, lo cual deja al descubierto una serie de problemas de índole psicológico y emocional de quienes lo padecen.

            Adentrarnos en los terrenos del TDC es involucrarnos con un conjunto de elementos que hacen su aparición en el individuo, repito hombres y mujeres por igual, durante su adolescencia o en la edad adulta, etapas en las que comenzamos a recibir un sinfín de críticas relacionadas con nuestro aspecto físico, donde a través de burlas, críticas e incluso bullying o mobbing podemos empezar a ser rechazad@s porque no cumplimos con ciertos estándares estéticos impuestos a través de la publicidad, el marketing, los medios de comunicación y ciertos círculos sociales en donde la frivolidad y el narcicismo juegan un rol preponderante.

            Lo anterior detona en el individuo afectado que emprenda una (a veces interminable) carrera en búsqueda de la perfección física cuyo objetivo, además de la aceptación de otros, va encaminada a evitar el proceso natural del envejecimiento. Primero, lo hará a través de procedimientos cosméticos (maquillaje, bronceado artificial, teñido de cabello, pupilentes de colores, protesis en la nariz, etcétera) y posteriormente, al no encontrar una entera satisfacción con las alternativas iniciales, recurrirá a métodos más severos e irreversibles, como son las cirugías plásticas o estéticas.

            Quien sufre o padece el TDC lamentablemente experimenta un evidente deterioro en su calidad de vida, porque al vivir en constante presión social por ser perfect@ eso provocará que la mayor parte del tiempo vida sumid@ en un profundo estado depresivo que incluso en algunos casos puede llevar al suicidio, lo que definitivamente nos sugiere que, en caso de tener a alguien cercano a nosotros experimentando este Trastorno Dismórfico Corporal, de inmediato le llevemos a recibir atención psiquiátrica o psicológica. Los especialistas, cuando se trate de casos verdaderamente severos, de inmediato recetarán inhibidores de la recaptación de serotonina porque, a final de cuentas, quienes se someten frecuentemente a cirugías estéticas para intentar cambiar su apariencia física suelen presentar una sintomatología similar a la de los farmacodependientes.

            Nuestra relación con el espejo y el tiempo que invertimos embelleciendo nuestros cuerpos deben manejarse de manera muy responsable. La perfección es un concepto totalmente subjetivo que debemos desarrollar en total intimidad con nosotros mismos y no en base a patrones manejados por otras personas desde el exterior. Es totalmente normal sentirnos insatisfechos a veces por la manera como lucimos. Pero no podemos permitirnos que sean otros quienes decidan lo que es bueno o lo que es malo para nosotros, porque eso irremediablemente nos conducirá a la obsesión y a la infelicidad.

            ¿Y tú, cómo te sientes contigo mism@?

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

 

24-Sep-2014

            No se requiere de un profundo debate para reconocer y aceptar que el trance más emocional por el que puede atravesar un ser humano es la muerte de las personas que más ama y de entre éstas, indudablemente el fallecimiento de su pareja (novi@ o espos@) se cuenta como la más traumática y difícil de digerir de todas.

            La muerte es una experiencia intransferible. Cuando ésta hace su acto de aparición, provoca que cada ser humano reaccione a ella de manera totalmente diferente y esto se debe a que las emociones son tan fuertes e incontrolables que por muy familiarizados que podamos estar con ésta (porque la conocemos, sabemos en qué consiste y qué la puede provocar) simplemente nos es prácticamente imposible aceptarla, soportarla y sobrellevarla.

            Emocional y terrenalmente adentrarnos en los terrenos de la muerte de la persona que más amamos, ya sea en lo hipotético o en lo tangible, puede resultarnos una experiencia, además de desagradable, sumamente traumática y dolorosa a más no poder. Sin embargo, con todo y que se trata del hecho más trascendente después de nacer, lo cierto es que en nuestra sociedad (y probablemente en las demás) no contamos con una cultura lo suficientemente sólida como para planificar un escenario como éste en el inmediato, corto, mediano o largo plazos.

            Antes que nada se requiere de mucha madurez y diálogo (muchísimo diálogo) para sentarte con tu pareja a pensar cuáles serán las estrategias a tomar una vez que se presente la posibilidad de que uno se vea forzado a tener que atravesar por el difícil trance de continuar su vida sin  la presencia del otro. Ya se trate de un accidente, de una enfermedad o simplemente de una causa totalmente natural, es imperativo que consideren todos escenarios posibles. Tienen que, literalmente, abrirse de capa, para conocer a bien cuál es el terreno que están pisando cada uno en lo individual y también como pareja. Es válido y muy sesudo que toquen el tema de los testamentos, las herencias, las pólizas de seguro de vida, las deudas y todo aquello que en vida conformó su proyecto como pareja. No posterguen nada, no dejen nada al azar, por el bien de ambos.

            Una vez que la muerte se presente, será genuinamente lógico, entendible y legítimo que quien sufra la pérdida experimente bloqueo, enojo, ira, tristeza, depresión, alivio, desapego, sentimientos de irrealidad, etcétera. El proceso de lidiar y sobrellevar un fallecimiento es complicado, porque transforma y trastoca por completo la cotidianeidad de aquellos quienes la sufren. Tenemos que reconstruirnos y refundarnos por completo a través de la tragedia, a veces completamente solos.

            Lo importante aquí, bajo una situación de esta índole, es que vayas enteramente a tu ritmo y que no te presiones o no te dejes presionar por nada y por nadie para salir del difícil estado en el que suele postrarnos la muerte del ser amado. Sanar, física y mentalmente, es un proceso totalmente individual, cuyas características son diferentes para todos y cada uno. Algunos atraviesan por él exteriorizando, ya sea llorando, acudiendo a terapia (con un tanatólogo o cualquier otro especialista), haciéndose rodear de sus seres queridos (familia y amigos) y otros más lo hacen interiorizando, aislándose del mundo material, refugiándose en el silencio, mostrando una aparente tranquilidad… los ejemplos son infinitos.

            La muerte nos hace preguntarnos un millón de veces qué podíamos haber hecho para evitar un desenlace como éste; también nos vamos a culpar y nos vamos a castigar hasta darnos cuenta de que ya no existe nada en este mundo que pueda alterar la realidad y el irreductible hecho de que esa persona ya partió. Una vez que logramos asimilar esto, el duelo para aliviar nuestra pena comienza a desvanecerse. Y sí, jamás dudes de esto: perdiste a la persona que más has amado, estás en tu derecho de sentirte triste.

            Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

            E-mail: yazminalessandrini@yahoo.com.mx Twitter: @yalessandrini1

 

 

10-Sep-2014

            El abuso emocional se presenta frecuentemente en la vida de casi todos los seres humanos. Éste puede presentarse desde el seno familiar,  a una edad muy temprana y se extiende cuando ya somos adultos a través de nuestras relaciones de pareja, primero en el noviazgo y después en el matrimonio. A diferencia del abuso o la violencia físicos, que suele provocar moretones, hemorragias y un dolor tangible, el abuso emocional provoca en quien lo sufre tremendas consecuencias devastadoras y duraderas, por lo que recuperarse de él requiere de un esfuerzo verdaderamente mastodóntico.

            Y es que cuando sufrimos de abuso emocional (a cualquier nivel), lo primero que se ve impactado es el respeto que sentimos por nosotros mismos. Permitir que una persona a la que le profesamos amor nos lastime y nos humille en primer lugar habla de un gigantesco desbalance emocional individual porque estamos desarrollando un apego o dependencia extremadamente dañinos que, de poco en poco, va minando nuestra autoestima, atentando contra nuestros valores individuales y también contra nuestro amor propio. Negociar la dosis afectiva que requerimos a diario a cambio de golpes (físicos o emocionales) irremediablemente nos postra en una posición de indefensión pero también de una tremenda falta de respeto hacia nosotros mismos.

            En este mismo espacio hemos hablado anteriormente sobre los llamados “matrimonios por conveniencia”. Cuando una persona, hombre o mujer indistintamente, acepta involucrarse en una dinámica de esta índole, automáticamente se está faltando al respeto, pero también se está ubicando en una posición de riesgo constante, porque negoció su bienestar, su estabilidad e incluso